Las personas firmantes consideramos que en la región metropolitana de Barcelona la industria turística provoca un conjunto de impactos negativos sobre la población y el territorio. Asimismo, esta industria hace que Barcelona sea excesivamente vulnerable, porque queda condicionada, en todas sus dimensiones, a la llegada de un turismo masivo que no hace sino agravar situaciones críticas como la crisis medioambiental, las desigualdades sociales, el acceso a la vivienda y, en definitiva, la pérdida de calidad de vida.
La administración pública ha sido durante muchos años tibia, como mínimo, a la hora de regular este desaguisado. Es necesario que asuma la responsabilidad de reducir la actividad turística en Barcelona y su peso en la economía local y nacional y que promueva, al mismo tiempo, un debate ciudadano que establezca los objetivos y las prioridades en relación a esta actividad.
Barcelona recibe anualmente a cerca de 30 millones de turistas. Considerando la estancia media por persona, representan el 10% de la población cada día. Esta masificación, sumada a la proliferación de alojamientos turísticos, a la especialización de la economía y del trabajo en el sector y su huella ecológica, provoca:
- Dependencia económica de una industria altamente volátil y sujeta a eventos imprevisibles (sequías, pandemias, terrorismo, conflictos geopolíticos, modas, etc.).
- Expulsión del vecindario y la sustitución de hogares por alojamientos turísticos, con la subida de precios asociada.
- Especialización laboral en un sector muy precarizado, a menudo con contrataciones irregulares y sobreexplotación.
- Debilitamiento del tejido de comercio de proximidad y pérdida de espacios comunitarios.
- Concentración de las ganancias en pocas manos y precarización de la población, es decir, un aumento de las desigualdades y las injusticias sociales.
- Alta influencia de grupos empresariales en la gobernanza de la ciudad en áreas estratégicas, como urbanismo, vivienda o espacio público, con el consiguiente déficit democrático.
- Aumento del gasto público en servicios que benefician directa o indirectamente al sector turístico (transporte, limpieza, seguridad, mantenimiento o sanidad, entre otros).
- Empeoramiento de las condiciones ambientales con un fuerte impacto en la salud de las personas y en la crisis climática, por el elevado tráfico aéreo y de cruceros (3/4 del CO2 emitido se debe al tráfico aéreo, según fuentes municipales).
- Banalización y mercantilización del patrimonio de la ciudad, convertido en objeto de consumo.
- Empobrecimiento de la cultura local: identidad, lengua y cultura se ven diluidas en medio de los mercados globales.
Por todos estos motivos, instamos a los gobiernos y a la administración pública, a todos los niveles, a actuar para:
- Terminar con la promoción turística de Barcelona con fondos públicos.
- Eliminar subvenciones y exenciones fiscales a la industria turística.
- Impedir las ampliaciones de infraestructuras portuarias y aeroportuarias.
- Detener la celebración de megaeventos (Mobile World Congress, Copa América de Vela, Fórmula 1 y Primavera Sound, entre otros).
- Reducir la oferta de alojamiento turístico. No otorgar ninguna nueva licencia, prohibir el alquiler turístico y de temporada, y reducir la oferta de residencias de estudiantes (a menudo hoteles encubiertos).
- Reducir progresivamente el tráfico de cruceros hasta su total eliminación a medio plazo.
- Mejorar y garantizar las condiciones laborales de las personas trabajadoras del sector turístico (revisar sueldos al alza, eliminar horarios hiperflexibles, externalizaciones, trabajo irregular, etc.)
- Reorientar la economía de la ciudad, diversificarla y priorizar actividades productivas sin huella de carbono y en sectores estratégicos para la vida.
- Impulsar la formación de los trabajadores del sector turístico en otros ámbitos laborales.
- Reconvertir instalaciones turísticas y reorientarlas hacia otros usos, como vivienda pública, geriátricos, centros sociosanitarios y cívicos, trabajo cooperativo o espacios comunitarios.

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