Claire Auzias
En el mes de mayo de 1968 yo tenía apenas 17 años y no estaba en Nanterre, ni en La Borde, sino en Lyon y en el instituto. No tengo recuerdos de los acontecimientos de Nanterre sino de un conjunto de sucesos acaecidos en las universidades durante el invierno de 1967-1968, y tengo el recuerdo precisamente del atentado contra Rudi Dutschke. Pero eso no sucedió en Nanterre, sino en Berlín.

El 3 de mayo de 1968 yo debía participar en un debate en mi instituto. No lo hice, ya que asistí a una mani. Con mi compañera Claire.
Fundamos un CAL-22 Mars1. Los ‘enragés’2 de Lyon eran anarquistas, luxemburguistas, situacionistas, etc., así que nosotras fuimos el CAL-22 Mars, nada menos.
Y estudiantes de secundaria, eso lo cambia todo.
Esta peculiar situación señala también la peculiaridad del movimiento estudiantil de Enseñanza Secundaria: heredó los desarrollos teóricos del 22 de Marzo, en los que se inspiraban sus prácticas. Pero el movimiento de estudiantes de Secundaria se diferenciaba del resto del movimiento estudiantil por la singularidad de haber nacido, justo, en Mayo. El nacimiento político de los individuos se inscribía en otro momento de las trayectorias individuales y sociales de sus vidas. Esta diferencia entre las dos generaciones políticas de Mayo, los mayores y los menores, fundada en un acontecimiento colectivo —levantábamos las barricadas juntos—, marca las apuestas y las formas de actuar de Mayo de un modo, aún por determinar, para comprender cómo hemos podido hacer juntos de una forma tan diferente una misma Historia.
(…) No sé por qué algunos, al hablar de Mayo, mezclan los tiempos con tanta precipitación. Yo no puedo liquidar Mayo con semejante ligereza.
En Mayo, yo era Nosotros. Los “millares de grupúsculos aislados” que se brindaban gozosamente a sí mismos una rebanada de historia (…). (…) Claire, mi compañera de clase, pertenece a una familia católica y militante de izquierda. El apoyo al FLN3 fue activo; se acuerda de los regalos que llevaron a casa los argelinos de pequeña. Participa del catecismo de la JEC4 donde, según dice ella: “se pone en tela de juicio la tradición integrista de la Iglesia”; eso fue importante porque yo apostaba por la rebeldía. Se reflexionaba sobre el tema del amor y el ligoteo. Era absolutamente necesario que el primero fuera el bueno. Yo tenía necesidad de “un espacio de intercambio”.
En vísperas del 68, Claire no es más militante que yo. Su educación todavía es de la “corriente católica progresista” y su ruptura con el catolicismo se produce en Mayo.
Cero en conducta

Unos estudiantes de secundaria a los que no conozco más que de vista —apenas nos hablamos— dirigen el cineclub; deben de tener un hueco por rellenar en el calendario de actividades. Me dijeron: “¿no podrías dirigir un debate?”. De acuerdo. Será este: La cuestión escolar. Está previsto para el 3 de mayo. Yo habría atacado educadamente el valor escolar, una mezcla repetitiva de antiintelectualismo y anticreatividad
En casa de mis padres no hay televisor; los intelectuales están en contra. Hay prensa y radio; y comentarios en abundancia.
En la aglomeración lionesa, solo un lugar recuerda a los complejos universitarios modernos made in USA: el INSA, Institut National des Sciences Appliquées (Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas). De hecho lo llaman “el campus”. Donde da clases mi padre. No me ha costado mucho enterarme de los revuelos del INSA, al estilo de Nanterre.
El INSA convoca un mitin en el campus, el 3 de mayo. Voy a ver a la gente del cine club. “No puedo ocuparme del debate, voy a la manifestación”. “Nosotros también”. ¡Anda! Claire era mi alter ego. Así que fuimos a la manifestación. Recuerdos nebulosos de una multitud. Al rojo vivo. Vuelta al instituto; llegan los del cineclub, un chico, una chica, van de la mano. Imágenes de amor en la revolución.
Claire y yo nos volvemos inseparables; Claire y Claire.
He vuelto a ver a Claire. No habíamos intercambiado una sola palabra sobre Mayo desde hace 20 años.
(…)
Claire Auzias (C. A.): — Cuéntame. Mayo. ¿Cómo empezó, para ti? ¿En qué momento?
Claire Saymat (C. S.): — ¿Mayo? Era el 68. Al principio llegó por la prensa y por la tele; y era París. El comienzo era París. Fue el 22 de Marzo. Para mí, era Cohn-Bendit en las barricadas. Eran los tíos que no podían recibir visita de las chicas en las habitaciones de las residencias. Fíjate, en realidad empezó por ahí. Y después de eso hubo toda una marea. Me metí en eso muy rápido. Y además con mi amiga Claire, lo pasamos muy bien.
Lo pasamos bien solo con recordarlo. Las manis, los folletos, las asambleas generales, los piquetes de huelga: hacíamos todo juntas. La Huelga General de los Institutos a cuatro manos, para un CAL-22 de Marzo.
Primera mani de mi carrera este 3 de mayo del 68. Ya lo había visto antes. Me acuerdo de Nueva York, de una mani proestadounidense de apoyo a la guerra de Vietnam que vi desfilar delante de Central Park. Yo todavía no me he manifestado nunca. Da gusto estar con toda esa gente, a la que todavía no me parezco.
En la radio se suceden las noticias. Las escuchamos en familia. Las comentamos y las comentamos también en el instituto.
La acción, las decisiones fueron inmediatas, nuestra opción fue Dany Cohn-Bendit. Le oía hablar en la radio, como todo el mundo. Lo pillé todo: las posiciones, los compromisos. Mi elección estaba hecha. No la cambiaría ni un ápice.
De todos modos, cuando más de diez años después vi Morir a los treinta años, la preciosa película de R. Goupil, no reconocí en ella mi Mayo de estudiante de secundaria.
Esos estudiantes de secundaria del cine club son anarquistas. De los auténticos, del grupo Bakunin. De donde son también los viejos, los no estudiantes. Uno o dos merodean a la salida del instituto. Una mañana muy bonita leo en los muros de la escuela: “LA PASIÓN DE LA DESTRUCCIÓN ES UNA PASIÓN CREADORA”, firmado: BAKUNIN. Incorporado. Se convierten en mis compañeros.
Las manis se suceden. Para los folletos y la información vamos a la Asociación General de Estudiantes de Lyon (AGEL), sede de la UNEF5. Tomamos posesión de la agitación en el Instituto. Hacemos como en Nanterre: pequeñas reuniones en los recreos. Se paran las clases. Los rigores se suavizan en esta primavera. Ya era hora. Nos estábamos asfixiando.
A la salida del Instituto, los chicos distribuyen un folleto: ‘Potache, sublévate’6. No conocía la palabra: ‘Potache’. Y por lo de la sublevación…, gracias: ya está hecha. Uno de ellos lleva un parca verde, tiene un pelo magnífico, negro, largo, ondulado alrededor del rostro. Lleva barba, es muy guapo. Se llama Patrick, pero todo el mundo le llama Jésus.
Unos días después, delante de la verja, reparten un texto que les quitan de las manos. Nuestros compañeros de Bakunin venden El Manifiesto del 22 de Marzo. Agotado en el acto. R. y A. corren en todas direcciones; F. y J. también. El héroe más popular del grupo Bakunin aparece en los alrededores. Un estudiante de sociología es el contacto entre Nanterre y Villeurbanne. Los estudiantes de Bakunin tienen algo muy de ellos, de entre ellos. Somos efectivamente amigos, nuestras posiciones son comunes; pero hay alguna cosa que Claire y yo no compartimos con ellos. Se ríen mucho y se animan. Comentan cosas de su local, donde están todo el tiempo. Nosotras no conocemos ese “local”.
Después, a J. se la lleva su padre. La secuestra en el campo para que no se subleve en Mayo. Nunca más he vuelto a ver a J., privada de Mayo por un padre celoso.
En aquella época las chicas no tenían fácil la existencia.
Un solo estudiante de secundaria estalinista frente a todos esos sesentayochistas: no había riesgo de que nos impidieran revolucionar a nuestro aire. El equilibrio de fuerzas nunca titubeó jamás en ese instituto, ni en los demás centros de Villeurbanne. Estaba el instituto Charrial, donde L. llevaba sus asuntos muy bien. Cantaba Ma graine d’ananar7. Había un instituto tecnológico. Venían a vernos para coordinar esfuerzos. También estaba contaminado por la fiebre libertaria. Eso fue un éxito absoluto. Aprendí a hacer piquetes de huelga. Pasábamos por las clases para decir: “Se para todo”. Y a traer de refuerzo a nuestros compañeros estudiantes. En otros lugares los estudiantes de secundaria no tenían esa suerte.
Al igual que Claire, tampoco tengo recuerdo de los CAL (comunistas). Teníamos una mayoría tan abrumadora que ellos no traían ninguna resolución que no fuéramos a aceptar nosotros. Hubo institutos moderados. El Recamier era de esos. Los CAL moderados ingresaron tarde en el movimiento y se distinguían por el hecho de que no abandonaron jamás las reivindicaciones corporativistas. Admitieron la participación. Nosotros aportábamos una crítica antiautoritaria del instituto y ese “todo es política” en que consistía Mayo y en el que nosotros contribuíamos con aire fresco. A los estudiantes de secundaria menos libres de movimientos les ofrecíamos las noticias de los soviets de al lado, camaradas Estudiantes y Obreros. Así que cuando los institutos se declararon en huelga y se dedicaron a debatir sobre un proyecto de sociedad reconstruyendo una escuela mejor, mi interés desapareció. Dejé el instituto para instalarme en la facu. Ocupada. Era mediados de mayo.
Desde el día 3 hasta mediados de mayo habíamos constituido un CAL-22 de Marzo y preparado la Huelga General de los Institutos de la ciudad. Institutos clásicos y tecnológicos. Ya está. Todo el mundo en huelga. Los debates en las clases, fuera de las clases; las Asambleas Generales. Los enseñantes, la administración: van a tener que escucharnos. Y cuando nos escuchan, e incluso algunos quieren hablar — “a todos y cada uno de nosotros nos concierne” (otra palabra mágica de Mayo) —, Claire y yo nos vamos a otro sitio.
Nos declaramos instancia organizativa en la cima, es decir, en la facu. Para hablar solo de Mayo, de los felices tiempos de Mayo y de la acción; del acontecimiento; eso va del 3 al 10 de mayo, más o menos. Quiero decir que no sé qué pasó concretamente. Primero descubro a esos estudiantes de secundaria de Bakunin; sorpresa y felicidad. Sin embargo, no acabamos siendo los mismos. Claire tiene a ese respecto las ideas más claras que yo. Guarda relación con nuestros diferentes itinerarios posteriores. He olvidado tanto que, sin ella, es como si mi memoria se ausentara. Claire es, sobre el Mayo de los estudiantes de secundaria, el nuestro, muy elocuente. No se ha estancado en los sucedáneos de un Mayo que, de todas formas, no recuperaremos.
— C. S.: Lo que me gustó era esa eclosión. Gente que se expresaba, que tenía ganas de poner todo en cuestión, las estructuras, la jerarquía. Ya sea en las empresas o la jerarquía de la escuela. Me adherí a eso de inmediato, sin reflexión política. Eso se inscribía en un recorrido ya hecho. El vocabulario no era político. En el transcurso de mayo descubrí lo que quería decir la bandera roja. Sabía lo que eran los comunistas; sabía lo que eran los tíos de derechas.
Muy deprisa, me convertí en responsable de los Comités de Acción de los Estudiantes de Secundaria y descubrí el mundo estudiantil, que no conocía más que de oídas. En el instituto hacíamos montones de Asambleas Generales. Yo decía: ‘Hay que elegir a los profes, hay que quemar los libros escolares’. Era la consigna. Así que: ‘Se acabó el control, trabajo en grupo. Hay que cambiar a los profes o hay que elegirlos, que se elija al director’. No se escribió nada. Se hicieron algunos folletos, pero no tengo ninguno. Estábamos en Primero A. Estaba en filosofía: la anarquista de guardia. Enseguida volvimos a ver a los tíos de la facu, ¡y eran “los grandes”! Tenían un montón de cosas que aportarnos. Iba a escuchar lo que se decía en las Asambleas Generales de la facu y, luego, lo transcribía para los institutos.
Con ese nombre de Comité de Acción de Estudiantes de Secundaria creo que seguimos el movimiento. Venía sin duda de París. Creo que lo oí en la facu, porque en el lapso de tres o cuatro días formé mi conciencia política. Porque fue un arranque emotivo.
No tengo recuerdo de mi primera mani. Tengo recuerdos de montones de manis. Tengo recuerdos de palabras como “hop-hop-hop”. Tengo el recuerdo de los servicios de orden. De vez en cuando yo formaba parte del servicio de orden. Y tengo el recuerdo de que nuestro peor enemigo eran los comunistas y no el gobierno de la derecha.
—C. A.: El cual nos importaba un pimiento.
—C. S.: Eran sobre todo los comunistas, con su aire rígido. Por supuesto, lo relacioné enseguida con la religión. Con el lastre de una religión. Puede parecerse. Tengo el recuerdo de las alegrías. Y de las manis. Las manis estaban asociadas al movimiento, a la alegría, a la libertad.
Las banderas negras, era la Anarquía. Eran los anarquistas. Y eran muy amiguetes. Ellos eran nuestros compañeros. Tenían las banderas negras, me acuerdo; se estaba bien con ellos.
Éramos afines a su espíritu más libre, sobre todo a su rechazo a ciertas ataduras; y su rechazo a querer crear movimientos dogmáticos, ya que el Movimiento del 22 de Marzo era el movimiento de la libertad. Los maoístas y los trotskistas, recuerdo que ambos nos ponían de los nervios. Nosotros apoyábamos lo que era de verdad —por eso éramos muy sectarios—: los anarquistas y el 22 de Marzo. Y el resto nos fastidiaba. En lo que a mí respecta, el dogma o mi conciencia política eran muy débiles. Aguda. Mi conciencia reflexiva era aguda. Mi conciencia teórica era tenue. Por eso nos adherimos: porque no éramos tampoco demasiado prisioneras, de esos esquemas. Mucho menos que los trotskistas, mucho menos que los maoístas, quienes ya tenían un dogma mucho más fuerte que el 22 de Marzo. Es por eso que el Movimiento del 22 de Marzo era para mí… la eclosión. Era la primavera. Era la yema que brota en la rama y que ve todo de color de rosa a su alrededor. O todo blanco, como la flor de un manzano o un peral. Eso se correspondía bien con la imagen de los estudiantes de secundaria. Yo he descubierto y he aprendido al mismo tiempo. Y eso es maravilloso, vaya.
Esos son los momentos que no olvidaré jamás y que creo han influido mucho en mi visión de la vida después. Estaba J., una guapa morena, viva, con una vocecita. Estaba F., la amiga de A. Ella era de un entorno proleta, lo que no era nuestro caso. En relación a nosotras, ella se mantenía un poco en la reserva; éramos las intelectuales. Teníamos el empuje de nuestra clase, donde la palabra es el privilegio del poder, el privilegio del saber. La facultad de expresar aunque digas gilipolleces, o aunque no tengas todas las palabras, allá vas: tienes el empuje porque proveníamos de un entorno donde la gente hablaba, donde se hablaba. ¿Por qué, como por casualidad, somos nosotras dos quienes hemos organizado todo?
—C. A.: De un día para otro lo haces todo, tienes argumentos para todo, lo organizas todo. Nunca antes has dicho una palabra. Y encima dejas sin palabras a los militantes.
Durante ese periodo, hay paros en las fábricas. La facu está ocupada. El Partido Comunista Francés todavía no ha lanzado a sus tropas a la calle.

La república de los niños
(Para Janusz Korczak8)
Comités de Acción de Estudiantes de Secundaria (CAL) es una denominación que nos viene en efecto del 22 de Marzo de Lyón. Grupo Bakunin + ex JCR = 22 de Marzo. En el grupo Bakunin es principalmente Michel quien hacía la conexión con Negro y Rojo9. Hay otros, claro. Hay gente del INSA, viejos compañeros del antiguo grupo Elisée Reclus que han recorrido el siglo, nosotros los estudiantes de secundaria, estudiantes de historia y de sociología, y algunos más.
La JCR (Juventud Comunista Revolucionaria) de Lyon tiene poco que ver con la de París. Es disidente. El 3 de mayo se disuelve para fundar el 22 de Marzo con el grupo Bakunin. A lo que se une a este núcleo gente venida de otros itinerarios de los sesenta. Negro y Rojo la conoce hoy todo el mundo. Era un anarquismo nada ecuménico, por completo disidente de la FA. Así que tratándose de estudiantes de secundaria, más aún que de universitarios, en Mayo el anarquismo era muy liviano.
Quiero repetir este corpus con el orgullo que merece, en un momento en que la mayoría de las producciones en torno a Mayo se afanan por desdibujar los antagonismos de entonces, los compromisos y el abandono de unas prácticas que algunos solicitaban.
En cuanto al luxemburguismo, a mi feminismo actual no le parece mal que la Gran Dama del pensamiento político fuera elegida por aquellos mayores, aunque fuera por la triple negación de su sexo, su nacionalidad y su judaísmo. Eran marxistas, como Rosa Luxemburgo. Ni ella, ni ellos a su vez, hicieron de estas identidades una expresión política. ¿Una elección inconsciente? Acerca de la relación de las mujeres con el pensamiento, de la constitución sexual de los saberes y de la definición de la intelectualidad para las mujeres, resulta que nada de todo esto es ajeno, ni independiente de estas elecciones. En cambio, no era para nada una Rosa Luxemburgo revisada y corregida por las necesidades de dar un toque feminino al marxismo, ni al de entonces ni al de hoy. Era una Rosa Luxemburgo antileninista, por lo que el grupo Bakunin podía reconocerse en ella; una Rosa Luxemburgo de la Democracia Directa, una Rosa Luxemburgo espartaquista —y esta JCR se decía espartaquista— asesinada en Berlín. Cuando mucho después pregunté a su fundadora10 qué era para ella Rosa Luxemburgo como pensadora sexuada, ella, que bajo ningún concepto sería feminista, me dijo: “Yo leo a Rosa Luxemburgo a partir de 1959-1960, sus textos originales. Pienso que [de entre todos] es la única teórica marxista que había seguido a Marx hasta el punto en el que él se había quedado, con el fin de proseguir con los datos que Marx no tenía, en particular sobre el imperialismo. Es el único análisis del imperialismo que se tiene en pie. Mucho antes, había leído una biografía de Rosa Luxemburgo. Leer a Rosa Luxemburgo era muy importante para mí porque ella caracterizaba el marxismo moderno”.
Por lo que, obstinada, pregunto:
–¿Qué te indica su sexo? ¿Está presente?
–Sí y no, –contesta-. Sí, en el sentido de que yo pensaba que llegar tan lejos, es decir, llegar hasta el final en la investigación del sentido solo puede hacerlo una mujer, dado que no tiene afán de poder. Lo que bloquea el pensamiento masculino en el encaminarse hacia el sentido es que en un momento dado de su carrera, su notoriedad, su imagen de marca, cuenta más que la verdad.
Volveré sobre algunos aspectos no circunstanciales de Mayo. Por el momento, es conveniente encuadrar ese precisar el ‘ABC’ nuestro al filo de los días de Mayo. En esencia, nosotros, los estudiantes de secundaria, tampoco es que acabáramos de caernos del guindo.
¿Espontaneístas? Veremos. ¿Ingenuos? No más que eso.
En aquellos días Claire y yo trabajamos con todas nuestras fuerzas en la huelga general de los institutos:la República de los Niños.
Comité de Acción era la expresión clave de la época.
Para decidir sobre la huelga general de todos los institutos de la ciudad, nada más simple: basta para eso, ser al menos dos, con unas cuantas complicidades, una facu ocupada en la que reunirse, encontrar un aula vacía con una pizarra negra, confeccionar en ella la lista de los Centros de Secundaria, así como una evaluación de sus efectivos. Se calcula entonces cuántos piquetes hacen falta. Se hace el inventario de las fuerzas de Secundaria. Y se completa con los estudiantes universitarios. Puede ser que entonces se imprima un folleto para difundir la noticia. Puede que vengan otros CAL a repartirlos, puede que también se impliquen en ello. Por fortuna, no se había previsto ocupar los institutos: habría sido un engorro. El corazón del acontecimiento, donde todo eso late, es en esa vieja y buena universidad del centro de la ciudad.
Hay más de 20 institutos; es mucho trabajo. Desde hace unos días hemos ampliado nuestros conocidos en el 22 de Marzo, desde los anarcos hasta los ex JCR. Empezamos a identificar a la gente según criterios mucho menos fríos: a quién se ve dónde, a quién con quién, en lo que se refiere a las redes, quién imprime los folletos en la AGEL, quién los lleva y distribuye qué. Nuestra autonomía política se hace realidad en una semana. Añadiendo a la decodificación de las redes, que es igualmente una geografía de los sesentayochistas, la gramática que se acuña aquí de lo deseable y lo indeseable. Los hombres y las mujeres, cómo son, juntos y por separado. Puede ser que la facu no esté todavía ocupada cuando llegamos las dos a la AGEL a buscar los folletos. Encontramos allí a un conocido que responde a nuestra sed de información: “¿Los estudiantes [universitarios]? No os preocupéis; lo haréis mejor que ellos”. Nos interrogamos con la mirada, asombradas. Una única explicación: ¡está verdaderamente desmoralizado!
Empezamos a tener un lugar en la revuelta. ¿Podían imaginar los ‘enragés’ de los primeros días que serían relevados por los estudiantes de secundaria tan deprisa?
Cuando estamos preparando esta huelga, la facu está ocupada desde hace dos días. Veo allí, bajo la euforia del éxito, algunas de las imágenes más bellas que veré en la vida. Me acuerdo muy bien de algunos que acabaron siendo mis amigos, en ese momento los vi allí por primera vez, con una pinta que no volverían a tener jamás, y con razón. Quiero decir, esa mezcla de cansancio y luminosidad en medio de los acontecimientos. Ahí me fijo en el hombre que se convertirá en mi amado después de Mayo, porque Mayo se acabará. Los amores de Mayo no se parecen a ningunos otros.
Sigo viviendo en casa de mis padres. No he hecho por allí más que apariciones furtivas desde el 3 de mayo, pero siempre tengo un hueco.
Una vez ganada la huelga, no nos quedamos un día en el instituto y no volvimos hasta los últimos días de junio para la clausura del curso. Entonces, ¿por qué nos fuimos después de haber puesto en marcha la secundaria? Los debates corporativistas no me tentaban. En aquella época se decía “participación”. Nosotros estábamos en contra. Sin embargo, hasta los estudiantes de secundaria más moderados tenían mucho que decir. Acerca del recinto del instituto, de su funcionamiento, de la enseñanza, de si el contenido era interesante. Si no hubiera sido Mayo…, porque por muy avanzados que fueran, no era esa la cuestión que nos impulsaba. Era la revolución. El instituto debía reunirse con la vida, no a la inversa. Y la vida estaba por el momento en la facu y en la calle.
Hubiese sido mortalmente aburrido emplearse en querer reconstruir un instituto mejor. No queríamos nada de eso, sino ningún instituto en absoluto. Había una fuerza crítica que hoy se elude. Nuestra perspectiva no consistía en señalar quejas a las autoridades tutelares. Lo habíamos hecho los primeros días, y desde las grandes manifestaciones, nos salíamos del estricto marco interno. Nuestra tarea estaba cumplida. Podíamos reunirnos con nuestros compañeros.
A la facu venían los CAL de los distintos institutos para informarse, para recoger los folletos y para el seguimiento de los acontecimientos. La República de los Niños, chavalines que no han abierto la boca hasta el momento se arriesgan ahora. Hablan en sus clases. Con sus profesores, o contra ellos. Con la administración, más bien en contra. Hacen comisiones por temas, debaten. Y eso era un fracaso para nosotros, ya que, de este modo, el deseo revolucionario se canalizaba y controlaba. Huimos de ello para preservar este deseo. Pero para los que querían jugar a ese juego fue una suerte y, sin duda, este tiempo fue capital también para ellos desde sus posiciones. Nuestros compañeros anarquistas en los institutos hicieron lo mismo. Fue un movimiento. Pero en cuanto entró en acción el grueso de los efectivos, el conjunto se resintió considerablemente. Unos decían: “nuestros profes están de acuerdo con nosotros, ya no sabemos qué hacer”. Eso nos consternaba. Pero era exactamente así: eran numerosos los profesores que apoyaban a los alumnos. Aunque para Claire y para mí predomina el recuerdo de la facu.
—C. A.: Parece que dejaste el instituto bastante pronto en mayo, ¿no?
—C. S.: Sí, muy deprisa. No paraba de ir y volver de la facu al instituto y del instituto a la facu. Así que todo lo que aprendía en la facu lo traducía al instituto.
—C. A.: ¿Y el instituto estaba ocupado?
—C. S.: No tengo recuerdo de haber ocupado el Instituto. Recuerdo haber hecho asambleas generales, el recuerdo de haberme negado a ir a clase; de decir, bueno, hay clase, pero hablamos de lo que está pasando. No tengo el recuerdo de haber ocupado. En cambio, sí la facu.
No sé dónde fueron a parar los archivos, suponiendo que algunos de nosotros hayamos tenido esa preocupación en un movimiento que era ante todo explosión de presente. Hubo intentos bajo influencia izquierdista en otros centros. Pero el conjunto no estaba a la altura de la fuerza de la risa, del juego, del placer, de la mofa de los estudiantes de secundaria. El movimiento de secundaria era creativo. Jugaba… Por supuesto, los militantes ‘de carné’ trataban de mantener el control, de mantenerse en la vanguardia, incluso los anarquistas. Pero no funcionó. Era una marea y todas las referencias se resquebrajaban. Nos encantaba el anarquismo porque se podía jugar. No como un conjunto de moral, de preceptos; no como corpus ideológico. Devorábamos sus versos en las paredes. Pero hay que decir que fue por eso por lo que el movimiento de secundaria fue exactamente típico del 68. Es en el movimiento de secundaria donde se lee todo lo que no es decimonónico en el 68; todo lo nuevo, ya que hacíamos nuestra y de inmediato la alquimia de un poco de situacionismo, un poco de anarquismo, mucho del 22 de marzo, eso que ya no se puede pronunciar hoy: la fiesta. Esa fiesta que nos venía de la Revolución Francesa, que todas las explosiones revolucionarias conocieron, que era para nosotros la única verdad: una revolución con aburrimiento… podéis quedaros con ella.
Por el momento, estamos en los alrededores del día 13; puede ser que el Partido Comunista haya inaugurado la contraofensiva manifestándose. Olemos la chamusquina. Primeras inquietudes. Y nosotras, las pequeñas que no eramos verdaderamente una generación espontánea, aprendimos allí nuestra lección de historia más gigantesca. Con todos los relatos servidos a domicilio sobre las ignominias estalinistas no podía hacerme una idea de lo que era una práctica cincuentenaria golpista. Por supuesto que no era España; no era Barcelona en el 37. Pero nosotras, jóvenes veteranas, por poco obreristas que pudiéramos ser, no lo olvidaremos jamás. Lo que nos hicieron. Jamás.
Celine y Julie van de barricadas
Si hay una fecha que he retenido es realmente el 24 de mayo. Todo se desmoronaba; todo el mundo se ponía en huelga, uno detrás de otro. Fábricas, teatros, bares, gasolineras.
El aula anfiteatro Quinet no se vaciaba. Se debatía todo. Nunca una decisión aislada. Los repartos de poder no eran del todo transparentes; cada uno protegía su asuntillo; sobre todo, ninguna prisa en ocuparse del vecino en Mayo. Había que hacerse mayor enseguida, saber lo que se quería, cada cual, enseguida, decidir, defenderlo y defenderse.
Dormíamos en la facu. Yo trabajaba en la imprenta: no se queda una a no hacer nada en momentos como ese. Vendía en la puerta, delante de la verja, entre tenderetes de todo tipo, la literatura de la época. Carteles de Bellas Artes, manifiestos, un sinfín de folletos. Después nos íbamos de la facu, con paso decidido, a manifestarnos. Y funcionaba: la Internacional, las banderas negras —y rojas—, los eslóganes.
Los transportes estaban paralizados. No pasaba por casa más de una vez cada tres días. Nadie me reclamaba nada. Nada habría podido retenerme. Es entonces cuando mi hermana pequeña, de 11 años, me dice: “Claire, ¿porqué el Partido Comunista es malo?”. Di mi primera clase de primaria.
—C. S.: Bueno, en Lyon hubo barricadas. La tarde de las barricadas, yo me desaté… Llevaba una camisa blanca y vaqueros; y tiraba trozos de adoquines a la policía desde el Pont Lafayette. Tenía un toque de juego, claro. Ahora, cuando vuelvo a pensarlo, me enternece todo aquello. Pero Mayo del 68 se acabó para mí el 24 de mayo. Terminé, mi hermano y un compañero vinieron a buscarme a las barricadas y me llevaron a casa ‘manu militari’.
—C. A.: ¿Te llevaron a casa?
—C. S.: Pues sí: en esa época mandaban mis padres, yo no era mayor de edad en Mayo del 68; la mayoría de edad estaba en los 21 y yo tenía 17; así que puf, puf, puf.
—C. A.: ¿No estaban de acuerdo contigo?
—C. S.: ¡Ah, tenían miedo! Mis padres estaban muertos de miedo. Sabían que yo estaba en las barricadas y que cuando hago algo, en general, lo hago a fondo. Así que yo estaba en las barricadas y pasaba trozos de macadán a los compañeros que se los tiraban a la policía.
—C. A.: ¿Tú tirabas?
—C. S.: Claro, tiré. Después, los pasaba. Y se acabó: no quería irme; por eso se vieron obligados a llevarme ‘manu militari’; dos tíos grandes y fuertes que me cogieron por los pies y los brazos y… directa a casa. ¡Yo estaba furiosa! Y me revolvía; fíjate, llevaba una trenza en el pelo. Ese año hubo un tío que me dijo: “me gustaría hacerle un retrato porque parece usted salida de un cuadro de Botticcelli” Y me acuerdo de una sola cosa: las lágrimas. Las lágrimas por las bombas lacrimógenas; lloraba y lloraba. Estaba manchada de negro y me caían las lágrimas por las mejillas —siempre llevaba rímel— e insultaba a los dos tíos diciéndolos: “sois unos auténticos fachas”. Así que no terminé la barricada. Había barricadas en las calles por todas partes. La avenida Lafayette, en llamas, había coches incendiados y montones de barricadas, tras la avenida Lafayette. Me arrastraron a casa de mis padres, furiosa…
Pasa un camión, venía del muelle. ¿Desde cuándo estamos ahí? ¿Y esa fila negra de gente, de cascos, a lo lejos? ¿Acaso dan miedo? ¿En la mitad del puente? Un hombre de confianza grita: “Repliegue a la facu”. Decepción. Sin duda, tendrá sus razones. Nos vamos.
El tiempo de las cerezas11
—C. S.: De las barricadas —acontecimiento concreto— conservo un recuerdo bastante nítido. Es verdad que el recuerdo que tengo es verme en medio de la tormenta; por un lado la policía y por otro el traslado al serrallo, vamos. Y después, al día siguiente, la lectura en los periódicos del asesinato del comisario en el puente Lafayette.
—C. A.: Esa historia nos sorprendió, no la creíamos.
—C. S.: Sí, porque allí había un muerto; el juego tomó una vertiente dramática.
—C. A: Lo recibimos con incredulidad.
—C. S.: La muerte, sí, pero el hecho de que fuéramos responsables, no.
—C. A.: Enseguida sospechamos del embrollo.
—C. S.: Para nosotros, que él estuviera muerto era lamentable. De todas formas, que no hubiera hecho un trabajo tan asqueroso. Razonábamos como los fanáticos.
—C. A.: La violencia era la vida cotidiana misma.
—C. S.: Sí, era la vida cotidiana. Además, la violencia no era forzosamente mala. Era mala cuando estaba del lado malo; pero no era mala en sí misma. Es el recuerdo que tengo. Había violencias sanas. Pero desde luego, ¡no la violencia del gran capital! (Risas).
—C. S.: Ocupamos la facu de Derecho. Los estudiantes de Derecho estaban con exámenes. Habíamos ocupado y tirábamos sus ejercicios desde lo alto del segundo piso. Y nos disfrazábamos con las ropas de los doctos enseñantes de Derecho, en medio de los abucheos de los estudiantes, que gritaban: “¡Sacrilegio! ¿Os dais cuenta? Os vestís con la ropa de nuestros queridos profesores”. Y nosotros joviales, muertos de risa.
En París estaba la coordinación nacional de los Comités de Acción de Estudiantes de Secundaria. Claire fue allí. Yo no tengo ningún recuerdo. Hice al menos un viaje de ida y vuelta a la Sorbona. A buscar material, sin duda, recuerdos vagos de los tenderetes, cada uno el suyo. Banderas. Orientarse en ese laberinto hasta la comisión que buscabas.
—C. S.: Así que estuve en París. Me acuerdo de una cosa: en el Comité de Acción de Estudiantes de Secundaria estaban los comunistas, estaban los anarcos y estaba el 22 de Marzo. En tanto que anarca-22 de Marzo me acuerdo muy bien de haber tomado una vez la palabra, subida en una mesa, diciendo “hay que quemar los libros escolares” y siendo aclamada por los anarcos y el 22 de Marzo y abucheada por los comunistas. No sé en qué insti fue; o en qué facu. Eran los CAL de ámbito nacional. Había muchísima gente. Y me acuerdo de aquella intervención subida en una mesa y aclamada por los tíos del 22 de Marzo y los anarcos. Y yo estaba allí: ¡hay que quemar los libros escolares! Me fui, en tren, sin pagar, con mi noviete de aquella época.
Porque están muy bien los acontecimientos, los hechos: a tal hora tal fábrica llama a la centralita ocupada de la facu y pide dos estudiantes de refuerzo para debatir. Tal otra fábrica está en huelga. ¡Saludos fraternales a los camaradas estudiantes en lucha! Eso me interesa, quiero conocer esos hechos también. Pero, sobre todo, no tengo ganas de que se me reconstruya un Mayo lustroso, muy presentable; quiero conservar lo salvaje de Mayo, la cacofonía de 68. A pesar de los grandes esfuerzos de coordinación día y noche, esas incoherencias coherentes de Mayo nos trastornaron bastante.
Durante siglos perdí todo ese Mayo. Había olvidado los placeres de Mayo. La inteligencia de Mayo. Lo que sucedió, era como una palabra hueca.
El juez me preguntó: “Entonces, díganos, ¿cómo era?”. Pienso en Lacan, dirigiéndose a las mujeres psicoanalistas: “Entonces, díganos, ¿eh?, ¿qué es la Mujer?”.
Pero, ¿cómo explicar la felicidad de Mayo a un tribunal judicial?
La crítica de la autoridad a partir del instituto ponía en juego el estatuto del menor; la mayoría de edad ciudadana estaba fijada en los 21 años y las tutelas abarcaban, en el bachillerato, todos los aspectos.
No había especificidad sexuada en Mayo: todos éramos menores, chicas y chicos. Pero la minorización de las chicas era considerable y llamarla doble minoridad sería incluso decir poco.
—C. A.: ¿Había muchas mujeres en el 68? ¿Qué recuerdo tienes de la imagen de las mujeres, de las chicas?
—C. S.: Bueno, tengo el recuerdo de que había muchas chicas; si consideramos el movimiento de los Comités de Acción de Estudiantes de Secundaria, tengo desde luego la imagen de un montón de tías. Pero, por supuesto que también había tíos allí. Los tíos estaban allí también y hacían cosas. Pero ya éramos un fermento.
Los estudiantes de secundaria eran menores. Era su no estatuto político. Eran los niños.
Nosotros no teníamos gran cosa para pensar en esta expropiación de nuestras vidas, como decíamos entonces. No hay razón para sorprenderse de que el movimiento de Secundaria fuera masivamente antiautoritario. Estaban definidos de antemano por la autoridad que se ejercía sobre ellos. Dar la palabra y ceder un espacio a ese estatuto fue una gran cualidad de Mayo.
Los escasos militantes de carné de los Institutos antes del 68 no tenían mucho peso desde la perspectiva de las acciones del CAL durante Mayo y había que ser un ‘enragé’ para acceder a la disolución de criterios específicos, como la edad. Por amor a la rabia, se podía hacer causa común. El lenguaje izquierdista era inapropiado. Provenía del marxismo científico, donde las identidades quedaban aplastadas bajo el predominio economicista que devolvía a los estudiantes de secundaria a frentes “secundarios”. Ni las identidades sexuales, ni las culturales emergieron en Mayo. Apareció la juventud. Para algunos se convirtió en dogma demasiado pronto. En Mayo estamos en la elaboración tumultuosa de lo que luego se enunciaría como NI VIEJOS, NI AMOS.
Por eso el movimiento de estudiantes de secundaria es tan significativo de Mayo. Los estudiantes ‘enragés’ del 22 de Marzo tenían algún camino ya andado antes de Mayo en lo teórico y, a la vez, algunos añitos de más, lo que comportó grandes consecuencias.
El resultado por el momento es que los estudiantes de secundaria son los olvidados de Mayo y que carecieron de estructura después de Mayo. Quienes no venían de organizaciones anteriores a futuro tampoco irían a ninguna otra. En cuanto a los que llegaron sin haber pertenecido a alguna organización, siempre podían rehacer la trayectoria del combatiente por sí mismos; para el colectivo no había nada estaba a la espera.
Los menores de Mayo tuvieron con los mayores divergencias que tienen que ver con la edad. Los unos terminaban sus estudios, los otros los iniciaban. Los unos estaban instalados en su vida amorosa y sexual, los otros la inauguraban. Por mucho que todos carecieran de proyectos alternativos, los unos estaban dispuestos a construir, los otros no. Éramos jóvenes, teníamos todo perdido —Mayo— y teníamos la vida por delante. Una vida de aburrimiento asegurado, según la terminología de la época.
Las alternativas exigían un mínimo de proyección futura; nosotros no la teníamos. Por ejemplo, las comunas: hacía falta un poco de organización, de seriedad, de disciplina, de recursos; nosotros no estábamos en eso. Así mismo, las revistas necesitaban un seguimiento, una toma de posesión del instrumento, de la palabra y de la escritura. Estas formalizaciones significaban la toma en consideración de un presente por construir. Nosotros teníamos el inmenso mundo por explorar, para vivir sin tiempo muerto, a falta de disfrutar sin límites.
Algunos se dejaron llevar merced de los logros de otros. Nosotros éramos transeúntes en todo, aunque hayamos cambiado el mundo como los demás, sin dejar allí huellas tangibles. Nos replegamos en esas prioridades de lo vivido. La Vida era una urgencia en sí misma. Necesitábamos tiempo y devoramos el tiempo con tanta gula que fue cada vez más patente que perdíamos Mayo irremisiblemente.
El nomadismo fue esa voluntad sublime, gente viajera, la Gypsy Band. De ahí que la música, el jazz antes que el rock, que los negros antes que las mujeres, que la revolución sexual antes que la política de géneros, sin perder la perspectiva del rechazo a la propiedad, ocuparon su lugar con posterioridad a Mayo.
La historia la hacíamos nosotros, lo sabíamos. La historia nos fue confiscada, en buena lid. La política volvió a sus formas de actuar: profesionales y clase política. Veinte años no han bastado para engullir al 68 y ya sabemos que queda de él tanto como de otras revoluciones que conjugamos cantando, riendo: España nuestra favorita. España, ella no estaba los manuales escolares los que nos la enseñaban, eran los que procedían de España, nuestros compañeros. Toda la historia revolucionaria desfilaba en unos días, en unas noches, y si saqué un notable historia en el el año siguiente no fue porque yo fuera una buena alumna, sino porque era… ¡la República de Weimar! ¡Rosa Luxemburgo y Spartacus! ¡De eso ya sabía algo!

Elijo hablar en primera persona porque pienso que así hacemos la historia y la historia se hace en vivo y en los documentos. Allá donde no hay sujeto no hay historia; y allá donde no hay sujeto no hay revolución. También se puede decir Deseo. Hubo grandes teóricos del deseo revolucionario y pienso, como ellos, que la revolución es un deseo. Sin que yo sea precisamente una inflacionista de la palabra. Nuestra revolución, nuestras revoluciones, porque hemos hecho varias, fueron ante todo un deseo de revolución: Revolutioon for the hell of it.
No hemos terminado de reflexionar sobre lo privado político y la historia del sujeto. Quienes repudiaron el sujeto de la historia están hoy sin historia y sin revolución: unos borran, otros niegan, otros deambulan.
Así que sueño con la opera del mendigo que escribimos con nuestras vidas, con nuestras decisiones, lo más cerca posible de las trayectorias imaginadas para rehacer algo que se sostiene y nos sostiene.
Unos estaban blindados en grandes certezas; otros despreciaban esas tonterías poco filosóficas.
Lo fácil gana siempre; es humano.
Era Mayo y alguien decía: las revoluciones no benefician nunca a quienes las hacen.
Milena Jesenka12 explicaba: “En el momento en que la experiencia empobrece —porque lejos de enriquecer, la experiencia se empobrece—, en ese momento, se deja de ser joven… Adivinamos vagamente que las cosas no cambiaron apenas, que es precisamente eso, la vida, la que producirá acontecimientos interiores, pero no una revolución, y que hace falta asumirlo”. Un joven no lo soporta. Un joven crea sin siquiera saberlo. Con cada día que pasa, con cada libro que lee, crea y lucha, ama y odia, defiende, se defiende hasta llegar a la sangre, busca, busca, corre, vuela armado de un revólver imaginario y, como si fuera un dios ciego, inventa la infalible trayectoria de su vida.
”En el momento en que toma conciencia de lo que crea, pierde los dos grandes dones de su vida: el don de la desesperación absoluta ante la muerte y el de la infinitud del yo”.
Se nos devolvía a la infancia, ¿qué digo?, a los pañales. Reinventábamos la memoria del siglo, esos hijos rebeldes de principio del siglo XX, de los que solo uno traspasó el olvido en aquel momento: Otto Gross13, el ser sepultado del 68. Pero en el caso de Gross, el 68 no bastó para devolverle la vida.
A la izquierda, las organizaciones existentes, acostumbradas a cuantificar, no negaron el acontecimiento: lo trocearon a su gusto. Para los de los años veinte —entiéndase el Partido Comunista y su sindicato— fue Grenelle14; para los trotskistas fue el ensayo general, donde el texto de 1905 significaba que lo mejor todavía estaba por venir; para los maoístas, no había tenido lugar nada, pero algo vendría, con la condición de salir de Ulm15 para llegar a Flins. Así se hizo sencillamente: unos se “establecieron”16 sin homenajear a Simone Weil17, otros se metieron en el maquis en memoria de un significante proscrito.
Para los sesentayochistas, en resumen, no había más que un presente sin rodeos, sin avatares, aquí y ahora, a pie de obra. Para esos no hubo ni negación del acontecimiento ni Grenelle que valga, ni mucho menos un porvenir mejor y un inconsciente soberano.
Tuvo lugar el baile de los vencidos renacidos de sus cenizas. Sabíamos que la revolución es ese ave fénix. No todo el mundo había olvidado a Durruti, no todo el mundo ignoraba a los ‘enragés’ de 1793, ni el ágora de la época clásica. Para aquellos, no hubo aplazamiento a otros amaneceres. En junio, supieron que nunca más degustarían la embriaguez. Quienes vivían al pie del Monte Vercors18 no confundian todas las formas de poder. El nazismo sólo tenía un nombre: la Peste Negra. La derecha tenía sus razones para negar el acontecimiento, era un conglomerado heteróclito de demócratas. La izquierda no lo negaba; dejaba atrás sus contornos inaccesibles, negaba lo que no era su léxico.
Quedaba la mayoría alegre de los insumisos y los patanes: la ópera de los mendigos19. Iban con muletas, de repente reanimados, con la velocidad del rayo. Los burgueses se alteran al ver pasar a los mendigos.
Los mendigos han regresado al silencio de los vencidos, según ese pasar de mano en mano que Marguerite Yourcenar denominó El denario del sueño20.
*He titulado ‘Un Mayo menor’ porque escribí este artículo en 1988, por sugerencia de Mimmo Pucciarelli, para la revista ‘IRL’, en referencia al libro de Gilles Deleuze y Félix Guattari Kafka, pour une littérature mineure (Kafka, por una literatura menor), ediciones de Minuit, 1984. Yo mantenía en ese momento un vínculo muy estrecho con Kafka, una lectura vital, y la explicación de su posición de menor por los dos colegas Deleuze y Guattari fue extraordinaria. Ellos llevaban al paroxismo lo que habíamos formulado en Mayo de 68. La subversión es menor, lo menor es subversivo. Lo opuesto a esta formulación, lo que se considera como mayor, es el conformismo.
“Una literatura menor no es la literatura de una lengua menor, sino la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor”, escriben los autores en la introducción del libro. “La segunda característica de las literaturas menores es que en ellas todo es político. La tercera característica es que todo adquiere un valor colectivo. Las tres características de la literatura menor son la desterritorialización de la lengua, la conexión de lo individual sobre el inmediato político, la disposición colectiva de los enunciados”.
Nota del editor: Este texto fue publicado en Muiña, Ana y Villalba, Agustín (Eds) Esplendor en la noche. La linterna sorda. Madrid, 2017. El original se publicó con el título ‘Un mai mineur’ en la revista IRL, nn. 77-78 en 1988, cuando se cumplía el 20 aniversario de Mayo del 68.
- AL, Comité d’Action Lycéenc, Comité de Acción de Estudiantes de Educación Secundaria, – 22 de Marzo. (N. del T.) ↩︎
- ‘Les enragés’ fue el nombre que se dieron algunos de los estudiantes más radicales de Nanterre, próxi- mos a los Situacionistas. Tomaron el termino “enragés” del grupo radical que actuó en 1793. (N. del T.) ↩︎
- FLN, Front de Liberation Nationale (Algeria), Frente de Liberación Nacional de Argelia. (N. del T.) ↩︎
- JEC, Jeunesse Etudiante Chretienne (Juventud Estudiante Cristiana). (N. del T.) ↩︎
- AGEL, Asamblea General de Estudiantes de Lyon. UNEF, Union Nationale des Etudiants de France (Unión Nacional de Estudiantes de Francia). (N. del T.) ↩︎
- Potache: en el argot francés, estudiante de secundaria. (N. del T.) ↩︎
- Celebre canción de Léo Ferré: Mi semilla de anarquista. (N. del E.) ↩︎
- Korczak estaba a favor de la emancipación del niño y del respeto de sus derechos, incluso promovía el autogobierno de los niños. (N. de E.) ↩︎
- Noir et Rouge, revista de un colectivo en el que se integraron algunos de los anarquistas de Nanterre como Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil. (N. del E.) ↩︎
- Entrevista a Françoise Routhier realizada por Claire Auzias para La Revue d ́en Face, 1984. Fundadora de las JCR y cofundadora del 22M de Lyon junto con el grupo Bakunin. Evolucionó hacia el luxemburguismo. (N. de E.) ↩︎
- En francés Le temps de cerises, título de una canción escrita en Francia en 1866, con texto de Jean-Baptiste Clément y música de Antoine Renard, muy asociada a la Comuna de París. Se cree que fue dedicada por el autor a una enfermera muerta durante la Semana Sangrienta, cuando las tropas del Gobierno francés derrocaron la Comuna. (N. del T.) ↩︎
- Milena Jesenská, Vivre, Lieu Commun, París, 1985. (N. de E.) ↩︎
- Otto Gross fue un psiquiatra, psicoanalista y anarquista austríaco. (N. de E.) ↩︎
- Los “acuerdos de Grenelle” entre el Gobierno y los sindicatos puso fin a las huelgas de Mayo. (N. de E.) ↩︎
- Ulm, nombre de la escuela normal superior donde se formó buena parte de la intelectualidad maoísta del 68. Flins, nombre de la localidad, cercana a París, donde se ubicaba la última fábrica Renault que se resistió a abandonar la huelga con el apoyo de los maoístas y del 22 de Marzo. (N. de T.) ↩︎
- Establecerse significaba en el lenguaje maoísta de la época abandonar trabajo o estudios para entrar a trabajar en una fábrica. (N.de T.) ↩︎
- Simon Weil trabajó en la Renault como obrera durante 1934 y 1935. “Allí recibí la marca del esclavo”, dijo posteriormente. En 1941 trabajó como obrera agrícola. (N. de E.) ↩︎
- Monte Vercors, cadena montañosa de los Alpes. (N. de E.) ↩︎
- En referencia a las Ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht, adaptación de la Ópera del mendigo de John Gay. (N. de E.) ↩︎
- En referencia a la Ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht, adaptación de la Ópera del mendigo, de John Gay. (N. de E.) ↩︎