Myrtille para los Giménologos.
Extractos de la tesis de Pablo Pablo Benítez Gómez: “República, retaguardia y justicia militar en la Serranía de Ronda (1930-1940)”1
“El conflicto social durante los años treinta [es] caracterizado por una espiral de violencia que desemboca en su brutalización definitiva en la guerra civil”
(Lucía Prieto Borrego, 2003, p. 238).
Como en Málaga, el golpe de Estado militar fracasa en Ronda el 19 de julio de 1936. Los carabineros se negaron a apoyarlo y la Guardia Civil permaneció indecisa, lo que llevó a la inmediata detención —ordenada por el alcalde— de los conspiradores civiles falangistas, tras intercambios de disparos entre estos últimos y la población, que se movilizó rápidamente. La población fraternizó con los militares leales.
La primera oleada de arrestos afectó a miembros del partido Acción Popular, falangistas, grandes terratenientes e industriales, seguida de registros en sus domicilios y de la incautación de armas, que fueron redistribuidas de inmediato entre los habitantes que habían participado en los combates. El carabinero Santiago Trujillo Rodríguez2 fue nombrado jefe de las milicias por las fuerzas leales. En un principio, la situación estuvo bajo la autoridad del alcalde, quien aplicó las directrices del gobernador civil, pero pronto pasó a manos del Comité de Defensa, formado rápidamente (pp. 91-95).
El hecho de que el cuerpo de Carabineros asumiera el liderazgo de la organización miliciana explica la rapidez con la que esta se estructuró. Pronto se reforzó con militantes de las organizaciones obreras socialistas y anarcosindicalistas locales, así como con campesinos que acudieron en gran número a Ronda tras conocerse la intentona golpista.
Las fuerzas republicanas organizaron una operación rápida y eficaz para inclinar a su favor a los pueblos aún indecisos. El 24 de julio, la columna de Trujillo partió hacia Grazalema para neutralizar un cuartel de la Guardia Civil y unirse a las fuerzas milicianas dirigidas por Pedro López Calle, un cenetista experimentado y carismático, alcalde de Montejaque entre 1931 y 1933 y miembro del Comité de Defensa de Ronda. Juntos sofocaron otros intentos de sublevación en la región (p. 210). Pronto, 2000 milicianos se enfrentarían a la constante amenaza de las tropas insurgentes en la provincia, mientras que la Sevilla de Queipo de Llano se convertía en la base de partida de las ofensivas nacionales hacia Ronda.
El 20 de julio, las instituciones republicanas habían perdido gran parte de su poder en Ronda. Tras la creación del Comité de Defensa —presidido por el socialista Miguel Escalante—, se establecieron un Comité de Guerra y un Comité de Abastecimiento, ambos administrados en su mayoría por representantes de la CNT y la UGT. En los comités de otras localidades de la Serranía3 había cenetistas, socialistas y también miembros de Izquierda Republicana (pp. 90-96).
Una de las primeras medidas del Comité de Defensa de Ronda fue liberar a los prisioneros político-sociales y encarcelar a los golpistas y a las personas de orden detenidas en toda la comarca (p. 102). Pronto, la cárcel se llenó, por lo que los detenidos fueron trasladados a otros edificios donde, de hecho, estaban menos controlados por las autoridades republicanas (p. 149). Se produjo una saca el 27 de julio, en la que 41 personas fueron ejecutadas como represalia tras la toma de Ubrique por los nacionales y tras el hallazgo, en la vivienda de un secretario municipal, de una lista negra con los nombres de cuatrocientos obreros y sus familias, marcados para ser eliminados una vez triunfara el golpe (pp. 150-154).
Temiendo que las prisiones fueran asaltadas, el gobernador civil de Málaga ordenó el 10 de agosto de 1936 el traslado de todos los detenidos de las ciudades de la provincia a la prisión de la capital. Quince prisioneros de Ronda fueron así trasladados. Sin embargo, a medida que los nacionales avanzaban en agosto y septiembre, se realizaron en Ronda nuevas detenciones de derechistas —falangistas, propietarios, industriales— y de miembros de su red clientelar, considerados cómplices de la explotación y humillación de los obreros y campesinos: comerciantes, abogados, médicos, notarios, jueces, capataces, caciques, guardias civiles, guardas rurales, sacerdotes y religiosos. Los prisioneros fueron nuevamente extraídos de sus celdas y fusilados a mediados de agosto y luego el 16 de septiembre, justo antes de la caída de la ciudad.
El autor ofrece un registro muy detallado con fechas, nombres, profesiones y afiliaciones políticas de las 317 víctimas civiles caídas en Ronda y en la Serranía entre julio y septiembre de 1936 (pp. 154 y 192).
En general, en los pueblos de la comarca, los comités locales —formados mayoritariamente por militantes de la UGT y la CNT, pero también del PSOE e Izquierda Republicana— actuaban con mayor autonomía, incluyendo en la aplicación de represalias. No obstante, una columna miliciana fue “expresamente requerida por el Comité de Guerra de Ronda para la identificación y neutralización de los enemigos políticos” que pudieran proporcionar información a los nacionales. Se trataba de la columna conocida como “Grupo Flores-Montesinos”, liderada por tres hombres con trayectorias bastante distintas:
- Pedro Flores Jiménez, natural de Igualeja, un campesino buscado por la Guardia Civil desde 1931 por el asesinato de un primo y su familia tras una disputa de tierras. Era sobrino del bandolero local Francisco Flores Arrocha.
- Francisco Montesinos García, alcalde de Igualeja.
- Francisco Becerra Coca, un ex carabinero.
La columna fue requerida por el Comité para desarmar los “puestos” considerados “facciosos” y capturar a los “facciosos” de Ronda refugiados en los alrededores. Algunas de las personas detenidas fueron ejecutadas en Ronda, aunque otras fueron liberadas por Pedro López Calle, uno de los miembros influyentes del Comité de Guerra. Entre los liberados se encontraba el sacerdote José Gutiérrez Jaén, antiguo párroco de Montejaque, junto con otros tres hombres de su parroquia a quienes López otorgó un salvoconducto, con la condición de que no abandonaran la ciudad (p. 176)4. Uno de ellos, un militar, decidió huir y fue capturado por un grupo de milicianos —“quizás en desacuerdo con la decisión de Pedro López”— que lo ejecutaron.
Benítez menciona tensiones entre el Comité y los milicianos en Gaucín, donde aún quedaban prisioneros a principios de septiembre. La mañana del día 7, el carabinero Becerra elaboró una lista con veintiséis de ellos y exigió al Comité que se los entregara. Tras resistirse, el Comité finalmente accedió a entregar a catorce hombres, quienes fueron llevados el día 8 y asesinados más adelante por otro grupo de milicianos.
Según Benítez: “la naturaleza de la violencia ejercida en Ronda y en algunos de los pueblos de mayor importancia como Gaucín y Grazalema durante el verano, no difiere de los parámetros que se han reconocido en la generalidad de la retaguardia republicana. Se caracterizó por un clima de ‘terror’, en tanto que, la represión quedó en manos de actores y grupos incontrolados, que enfervorecidos, actuaron en Ronda al margen del Comité de Guerra, el órgano que en teoría debía controlar la violencia. De hecho, en la ciudad se dieron varios episodios que demuestran la dificultad de retener a determinados actores que actuaban por cuenta propia y que fueron detenidos por orden de las nuevas autoridades revolucionarias” (p. 151). Menciona un caso en el que el Comité de Ronda arrestó a tres de ellos, comunistas notorios, uno de los cuales se autoproclamaba “el Lenin de Ronda” (ibid.).
La toma de Ronda el 16 de septiembre representó un éxito importante para Queipo de Llano, ya que permitió liberar la línea ferroviaria Bobadilla-Algeciras, esencial para el transporte de tropas. A partir de entonces, una parte de la población civil de Ronda y de los pueblos cercanos emprendió una huida desesperada hacia Málaga, bajo el fuego de la aviación nacionalista. Benítez documenta en este contexto actos de represalia especialmente crueles, como los ocurridos en Cortes de la Frontera, donde, antes de abandonar el lugar: “las organizaciones obreras acorraladas por el avance rebelde ordenaron el fusilamiento de los presos” (p. 169). Pero en la mañana del 22 de septiembre, se prendió fuego a la prisión con treinta y dos detenidos dentro, en su mayoría falangistas, además de la presidenta de la CEDA. No morirían en el incendio, pero serían igualmente fusilados el día 23, por decisión del Comité.
Todas las milicias también se replegaron hacia el sur y se reorganizaron para intentar recuperar Ronda. El autor menciona la columna Flores-Montesinos, establecida en Igualeja, en la zona suroccidental de la Serranía, que no sería conquistada por los nacionales hasta diciembre de 1936. La columna de Pedro López instaló su cuartel general en los alrededores del Puerto del Madroño, a medio camino entre Marbella y Ronda: “Desde este espacio, el pequeño ejército integrado por campesinos anarquistas tomó la zona sur de la serranía retrasando el avance de las tropas nacionales hasta diciembre” (Benítez, 2005, p. 87).
La militarización de las milicias se hizo efectiva a finales de septiembre, transformándose en un Batallón. El de Pedro López fue comandado por su hermano Bernabé, un ex guardia civil que había combatido en Marruecos. Se afilió a la CNT al inicio de la guerra y colaboró en la formación del comité revolucionario y de las milicias antifascistas de Málaga. El Batallón llevaría a cabo “numerosas incursiones hacia Ronda y numerosos actos de sabotajes y hostigamiento tanto sobre las tropas como la población rural, que se veía obligada a ofrecer alimentos, escondites e información sobre el avance del frente. […] Durante los cincos meses que las columnas de los hermanos López ofrecieron resistencia, las operaciones militares respondían a las únicas directrices de Bernabé, quien no se sometía a autoridad ninguna que no fuese la suya o la de su hermano” (Ibid., pp. 88-89).
La violencia ejercida entonces contra los civiles, especialmente contra aquellos que cruzaban de un lado a otro del frente y eran sospechosos de espionaje, sería calificada de “represión de frontera”: “En los pueblos del Valle del Genal la agudización de la represión se relaciona con la caída de Ronda y sería responsabilidad, según los informes recogidos en la Causa General, de las columnas milicianas mandadas por Pedro López que asesinaron en varios cortijos a mujeres y niños sospechosos de ofrecer cobertura a las tropas sublevadas5. Una violencia que difiere notablemente del carácter selectivo de la emprendida en la comarca meses antes. Su autoría y su naturaleza aparece matizada en los procesos militares, lo que permite dudar de la exclusiva responsabilidad de las fuerzas que al mando del alcalde de Montejaque sostuvieron en solitario el frente establecido al sur de Ronda, una vez conquistada la ciudad. Por el contrario, nuevos actores entre los que destacan milicianos de Genalguacil y Jubrique se revelan como responsables de esta ‘represión de frontera’ desatada a fines del treinta y seis” (Benítez, 2021, p. 204).
Estos pueblos, como aquellos del sector de la columna Flores-Montesino, “fueron los epicentros de una violencia ejercida al margen de cualquier poder que no fueran las propias columnas. Las víctimas que se les atribuyen aparecen inscritas sin ningún tipo de anotaciones que permitan vincularlas a la filiación política. […] Ello demuestra, hasta cierto punto, un carácter menos selectivo que el de la represión ejercida en los pueblos que se mantuvieron en zona republicana hasta el otoño de 1936. […] La eliminación de los enemigos en la retaguardia parece más vinculable a la situación de guerra que al proceso revolucionario, surgido de la sublevación6” (Ibid. p. 177).
No deja de ser cierto que esos asesinatos son “un ejemplo de los efectos de la violencia política sobre una población civil desconcertada, que se vio inmersa en aquella locura colectiva de una huida sin retorno y cuyo balance en vidas humanas está por calibra”, según concluye Benítez (2005, p. 88).
La ruptura del frente se produjo el 9 de enero de 1937, y Málaga cayó el 9 de febrero. Decenas de miles de refugiados se agolparon en doscientos kilómetros de carretera, encajonados entre el mar y la montaña. Los bombardeos franquistas y fascistas italianos, tanto desde el aire como desde el mar, causarían entre 5.000 y 15.000 muertos7.
[NdT: Las traducciones del francés al español han sido realizadas con la asistencia de ChatGPT y revisadas].
Notas:
- Universidad de Málaga, 2021. Capítulo “La represión en la retaguardia de Ronda”, pp. 148-207. ↩︎
- Será juzgado y ejecutado por el campo franquista en Málaga el 13 de abril de 1940 (Ibid. p. 214). ↩︎
- Entre ellas, dos mujeres y dos niñas fueron asesinadas por milicianos en desbandada. ↩︎
- Ver el informe del vicario de Gaucín, Don José Gutiérrez Jaén, único sacerdote sobreviviente del presbiterio, quien elogia la figura de Pedro López y que, según el testimonio personal del hijo de Pedro López, instó en varias ocasiones a Pedro y su familia a regresar del exilio en Marruecos bajo su protección, como recompensa por haberle salvado la vida (Archivo Diocesano de Málaga, Sección Málaga, L. 12, “Informe de los Hechos Ocurridos con motivo del levantamiento Cívico Militar del 18 de Julio”, en Benítez Gómez, Pablo, “Resistentes y refugiados. La militarización de la columna ‘Pedro López’ en San Pedro Alcántara, 1936″, Revista Cilniana n°18, 2005. ↩︎
- Benítez remite al artículo de Lucía Prieto Borrego: “La violencia republicana en las comarcas de Marbella y Ronda”, en Ortiz Villalba, Juan (ed.), Andalucía: Guerra y Exilio, Sevilla, UPO / Fundación El Monte, 2005, pp. 231-242. Cabe señalar en passant que Pietro Adamo se “inspiró” quizás en este hecho atribuido a la columna del cenetista Pedro López para crear su puesta en escena de la liquidación dantesca de toda la población de Ronda por parte de los anarquistas. ↩︎
- Se encontrará (Ibid., pp. 177-178) un cuadro de las treinta y nueve “Víctimas atribuidas a las columnas milicianas” para el período de septiembre-diciembre de 1936. ↩︎
- https://serhistorico.net/2018/03/15/malaga-febrero-de-1937-la-desbanda/. Para la traducción: https://florealanar.wordpress.com/2019/01/09/malaga-fevrier-1937-la-desbanda/ ↩︎