Tan solo habían transcurrido unas poquísimas horas desde el último suspiro de Octavio y ya había estallado en el firmamento un primer cohete anunciando y comentando el entristecedor evento.
A partir de ese instante le siguieron decenas y decenas de cohetes que iluminaron el cielo como si se tratase de un enorme y colorido fuego artificial. Eso, en efecto, era de esperar, y a nadie puede sorprender porque así de profunda y de extensa era la huella que dejaba Octavio.
Los textos que relatan el aprecio, los recuerdos y los sentimientos suscitados por Octavio son tantos, son tan bellos, y tan emotivos que nos parece superfluo añadir ahora uno más.
Por eso, en lugar de reiterar las conocidas cualidades de Octavio, y sabiendo de la enorme valoración que otorgaba a lo colectivo, nos ha parecido, a Floreal y René Álvarez, a Tomás Ibañez y a Juanito Marcos, es decir a algunos de los poquísimos compañeros aun vivos que fuimos co-participes del intenso proceso de lucha en el cual Octavio se involucró desde el año 1962 hasta finales de esa década, que el mejor homenaje que nosotros podíamos brindarle consistía en evocar el entramado colectivo que hizo posible la gesta de los años sesenta, e insertar sólidamente Octavio entre sus compañeros de lucha. En este momento queremos arroparlo en la cálida red de complicidades, de sustos y de alegrías, de sueños compartidos, también de desavenencias alguna vez, pero siempre desde un gran afecto mutuo.
Aquí, tan solo vamos a mencionar algunos nombres, de entre los militantes más destacados de aquellos años, limitándonos además a nombrar quienes ya han fallecido.
* Y cabe empezar por Floreal Ocaña, el otro joven libertario que junto a Octavio abandonó México en 1962 para pasar a la clandestinidad, volcándose de lleno en la lucha anarquista contra el franquismo, y atreviéndose a penetrar en las tierras de la Dictadura.
* Seguimos con Salvador Gurucharri, Antonio Ros, Agustín Sánchez, Luis Andrés Edo, Martín Bellido, unos comprometidos militantes que tampoco rehuyeron adentrarse en las tierras regentadas por el ogro.
* Continuamos con Luis Sos, Vicente Martí, Paco Abarca, Enric Melich, José Morato, Monserat Turtós, Jordi Gonzalbo, Jeaninne Lalet, sin olvidar a las víctimas del garrote vil, Joaquín Delgado y Francisco Granados.
*Así mismo, sería imperdonable no mencionar valiosos veteranos, tales como Cipriano Mera, José Pascual Palacios, Pedro Moñino, o Marcelino Boticario.
* y, por fin, ahí estaban también los italianos Franco Leggio, Amedeo Bertolo, Eliane Vincileone, el escoces Stuart Christie, o el francés Alain Pecunia.
Seguro que aun podíamos haber mencionado muchos mas nombres, pero creemos que con estos basta para dar idea del denso tejido colectivo en el que estaba inserto Octavio Alberola.
Conociendo el gran valor que Octavio otorgaba a lo solidario y a lo colectivo estamos firmemente convencidos que le hubiese gustado mucho más ser recordado y evocado como destacado integrante de una entusiasta fraternidad de luchadores y luchadoras, antes que como una estrella singular resplandeciendo en el firmamento libertario.