Rafael Uzcátegui
Rechazar las políticas de Donald Trump no implica —ni debería implicar— apoyar dictaduras como la de Nicolás Maduro.
Las libertades se defienden con coherencia: el autoritarismo se rechaza venga de donde venga, sin dobles estándares ni simpatías tácticas.
Oponerse a discursos de odio, xenofobia o políticas dañinas en Estados Unidos no obliga a cerrar los ojos frente a la represión, la corrupción y las violaciones de derechos humanos en Venezuela. Trump esta debilitando la democracia de su país y ha desatado una cacería y deportación de migrantes. Maduro no es mejor: Ha expulsado a un tercio de su población, tiene la cantidad de presos políticos más grandes de la región, su élite se ha enriquecido mientras el pueblo se encuentra en la miseria y está siendo investigado por la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad.
La libertad no tiene bandos: la defensa de la dignidad derechos humanos es universal o no es defensa real. No seas un tonto útil de los poderosos «de izquierda» y sus dobles raseros: Rechacemos TODO autoritarismo, venga de donde venga.
Venezuela: No ser tontos útiles de las oligarquías (de izquierda)
El ataque de Estados Unidos a Venezuela es condenable desde muchos ángulos. Por primera vez, el país es bombardeado en su propio territorio por un gobierno extranjero. Pero en política las apariencias suelen engañar. Con la poca información disponible —y observando los hechos y el comportamiento de los actores— la trama del conflicto venezolano parece haber dado un giro inesperado: un golpe interno dentro del chavismo, facilitado por el “imperialismo”.
Los acontecimientos siguen en desarrollo, pero hasta el momento de escribir esta nota hay cuatro hechos que permiten sostener una hipótesis preliminar: el ataque en sí, las declaraciones de Donald Trump, las declaraciones de Delcy Rodríguez y la decisión del Tribunal Supremo de Justicia.
1) El ataque: fuerza aplastante, defensa inexistente
Luego de meses de asedio y presión, y tras ataques contra lanchas que dejaron más de 100 víctimas, el ejército de Estados Unidos atacó Venezuela en la madrugada del sábado 2 de enero. No existe un parte oficial de daños. Según reportes, fueron bombardeados al menos varios puntos de naturaleza militar en Caracas, La Guaira, Aragua y Miranda, con especial foco en Fuerte Tiuna, donde se encontraba Nicolás Maduro.
Hasta ahora, el gobierno no ha publicado cifras de muertos y heridos. El New York Times habla de al menos 40 fallecidos, entre militares y civiles. Se especula que la mayoría de las bajas ocurrieron durante la captura de Maduro.
Lo más llamativo no es solo el ataque, sino la ausencia de respuesta militar venezolana. Pese a que se había anunciado la posibilidad de un operativo de extracción, la reacción fue nula —por no decir inexistente—: no hay imágenes de fuego defensivo ni señales de resistencia sostenida. Algunos analistas ironizaron con que “los helicópteros gringos se pasearon como Pedro por su casa”. La periodista especializada Sebastiana Barráez afirmó que, para ese momento, la mitad del personal militar estaba en “permiso navideño”. Trump, por su parte, aseguró que no hubo pérdidas de equipamiento ni incidentes con el personal estadounidense durante la operación.
2) Trump: la confesión implícita de un nuevo guion
El segundo acto fue la rueda de prensa de Donald Trump, donde ratificó la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores. Ahí soltó frases que, juntas, suenan menos a propaganda y más a señales de un arreglo: dijo que había “hablado largamente con Delcy Rodríguez”, que “Rodríguez haría todo lo que ellos dijeran”, que “gobernaría a Venezuela durante un tiempo”, y remató desestimando a María Corina Machado con una frase deliberadamente humillante: “una mujer inteligente, pero sin respaldo dentro de Venezuela”.
Más allá del tono, el mensaje central fue claro: Trump ubicó a Delcy como interlocutora y como pieza de transición.
3) Delcy: antiimperialismo de trámite, omisiones cruciales
Después habló Delcy Rodríguez. Usó, sí, la jerga antiimperialista típica del chavismo y dijo que Venezuela “no sería una colonia”. Pero su discurso tuvo un centro distinto: exigir una fe de vida de Maduro y exhibir una carpeta con el supuesto decreto de “estado de conmoción exterior” —un articulado cuyo texto nadie conoce— para pedirle al TSJ una interpretación.
Y, sobre todo, su primera alocución estuvo llena de omisiones y giros difíciles de ignorar:
– Desconvocó las movilizaciones que otros voceros chavistas habían promovido contra el ataque, y pidió “calma” y “quedarse en casa”.
– No dio cifras de muertos y heridos ni habló de la magnitud de los daños.
– Se apartó de la narrativa de “ataque contra la población” y, pese a algunas frases duras, sonó inusualmente condescendiente con Estados Unidos luego de una agresión de esa escala.
En una situación así, lo que no se dice suele decir más que lo que se pronuncia.
4) El TSJ: el atajo para no llamar elecciones
Finalmente, la decisión del Tribunal Supremo de Justicia. Meses antes, Nicolás Maduro había hablado de activar un “decreto de estado de conmoción exterior” en caso de agresión. Su contenido, hasta ahora, se mantiene en secreto. Lo relevante no es el misterio: es la utilidad política. Ese decreto, supuestamente, incluiría una fórmula para definir quién ejerce funciones presidenciales en caso de ausencia.
Delcy pidió una “interpretación” al TSJ y el tribunal respondió con velocidad: la nombró “presidente encargada”.
El problema es que la Constitución no contempla la figura de “presidencia encargada”, “provisional” o “interina” en caso de ausencia del presidente. El artículo 233 establece que si hay falta absoluta antes de cumplirse cuatro años del período, el Vicepresidente Ejecutivo asume para convocar nuevas elecciones en 30 días (y juramentar al electo, según el procedimiento). Con la simulación del “decreto de conmoción”, Delcy evita el punto decisivo: no declara la falta absoluta y no convoca comicios.
Dicho de forma simple: el TSJ fabricó una salida para conservar el poder sin pasar por la ruta constitucional.
El trasfondo: una facción preparada para administrar la continuidad
Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez han sido piezas centrales de la cúpula chavista durante años. A Jorge se le atribuye inteligencia fría, capacidad de maniobra y talento para negociar: ha dirigido la parte oficial en distintos procesos, incluido el Acuerdo de Barbados. También ha tejido puentes con empresarios, partidos “opositores” y sectores de sociedad civil que han sido calificados como “normalizadores”.
En los últimos meses, además, se habría promovido en Estados Unidos una operación de posicionamiento —incluyendo entrevistas en medios— para presentar a Delcy como una figura “confiable” y “moderada”. Si esto es así, entonces lo ocurrido no sería un accidente: sería la fase operativa de un plan.
Conclusión: no es la “clásica invasión” imperialista; es algo más turbio
Tendremos más datos en las próximas horas, pero hasta ahora todo apunta a una situación sorprendente: una facción del chavismo habría entregado a Maduro para conservar el control del poder, con apoyo o aval de Estados Unidos.
Si en este momento estás genuinamente indignado por la incursión estadounidense —y con razón: el precedente es terrible—, no te conviertas en tonto útil de las oligarquías de izquierda. Esto no parece la postal simplona de una “invasión imperialista” tradicional. Huele más bien a reacomodo interno, a sustitución controlada y a continuidad maquillada. Una traición negociada.
No me creas a mí. Busca, contrasta, conecta los puntos, hazte preguntas. Y, sobre todo: piensa por ti mismo.