Jacinto Ceacero
Redacción de Redes Libertarias
Fue en el contexto del pasado XXVI Festival de cuentos En Úbeda Se cuenta, celebrado entre los días 14 al 21 de junio de 20025, organizado por la asociación Malión, y dedicado a la recuperación tradición oral, a los cuentacuentos, cuando tuve la oportunidad de conocer, en la sección de narración oral programada conjuntamente con el centro asociado de la UNED de Úbeda, al artista Alberto Celdrán. Asistí a su actuación titulada Voces que cuentan (un viaje desde la sombra del baobad al techo del mundo).
El espectáculo y el artista me parecieron sobresalientes y me decidí a contactar con él proponiéndole algún tipo de colaboración —una entrevista, un diálogo, un texto, un cuento…— para la revista Redes Libertarias, al considerar que su sensibilidad, puesta en escena, expresión corporal, profesionalidad, seriedad y confianza en las historias, en los cuentos que narraba así como en los libros y cuentos que editaba, merecían ser conocidos en nuestro ámbito de redes de afinidad y cordialidad. Allí, esa tarde de junio, pude escuchar de viva voz asombrosos cuentos teatralizados de diversas partes del mundo además de maravillosamente editados e ilustrados —El sueño de la tortuga, basado en un cuento de tradición oral africano con texto de Alberto Celdrán e ilustraciones de Ruth Bañón; La liebre y el genio de la selva, basado en un cuento de la etnia wólof de Senegal, Zambia y Mauritania con texto de Celdrán e ilustraciones de Vicente Cruz; o El Murciélago o de cómo nació el Arcoiris, basado en una leyenda del pueblo chinanteco en Oaxaca de México con texto de Celdrán e ilustraciones de Jose Such—.
Tras ese primer conocimiento mutuo, del pro‐yecto artístico de Alberto Celdrán y de su compañía (https://fabricadeparaules.com) y de nuestra revista/web, consensuamos que podíamos dialogar en torno a unas preguntas mínimas.
Lo primero que pedí a Alberto fue que se presentara, que resumiera brevemente su bio‐ grafía, su perfil más individual tanto personal como artístico para posteriormente conocer sus proyectos, sus motivaciones, sus concep‐ ciones del arte… Previamente me documenté a través de la página web de su actual com‐ pañía (Fàbrica de Paraules).
Alberto Celdrán estudió en la Universidad de Alicante la licenciatura de Filología Francesa. Su vida ha estado siempre ligada al teatro y la narración. Desde pequeño le gustaba perderse en los libros, jugar a convertirse en muchos personajes extraños entre las patas del teatro de su cole, y observar a su abuela separar granitos de arroz y coser en su vieja máquina a pedal…
Poseía desde la infancia una gran vocación por las artes escénicas, pasión que le ha llevado de manera autodidacta a hacer del teatro, los títeres y los cuentos su oficio desde hace más de veinte años y aprender a coser para fabricar lo que su imaginación le dictaba. Para sus cuatro hijos, Alberto es actor, director de teatro, titiritero, escritor, cuentero, profesor, promotor cultural… un ser inquieto.

En 1998 funda y dirige la compañía LocosporelTeatro, un proyecto artístico de inclusión social donde trabaja con actores con diagnóstico de enfermedad mental y actores no diagnosticados.
A partir del año 2004 dedica gran parte de su tiempo al oficio de «cuentero» trabajando como narrador en bibliotecas, museos, plazas… construyendo su repertorio a partir del cuento tradicional, con el deseo de recuperar y mantener viva la memoria de sus abuelos.
Posteriormente, en el año 2015 funda, en el municipio de Sant Joan d’Alacant, Fàbrica de Paraules, su actual compañía, de teatro, títeres, narración oral y música, con los objetivos de centrar su investigación artística en el universo de la infancia y el lenguaje de los títeres; aunando sobre el escenario títeres y actores; armando espectáculos y proyectos teatrales dirigidos a la infancia y las familias cuyo carácter simbólico y evocador permita el desarrollo de nuevos imaginarios, y así seguir recorriendo nuestro país y el propio mundo (Marruecos, Túnez, Senegal, Nepal, Francia, Chile…). Los proyectos, el trabajo, la trayectoria y los pilares —Resistencia, Refugio y Voz— de Fàbrica de Paraules son un claro reflejo de cómo es su mirada al mundo y de la misión que asume como artista comprometido con la sociedad en la que vivimos, es el reflejo de su búsqueda de un lenguaje propio que promueve a través del arte, la transformación social.
Alberto presenta así su compañía:
Si somos capaces de brindar al ser humano instancias para que cree y levante imágenes en su cabeza, podremos pedirle que transforme esas imágenes en proyectos, ideales y sueños para enfrentar el futuro.
Sus historias parten de la tradición oral, de los recuerdos de la infancia, de su mirada al mundo, de lo que les conmueve. Construyen sus marionetas y escenografías a partir de objetos y materiales antiguos, plagados de historias personales, recuperados del olvido, para unir a actores, a músicos, hasta construir un todo armónico, que promueva un cambio en nosotros mismos, y en nuestro entorno más inmediato.
En el año 2015, funda y dirige el Instituto Intercultural de la Narración Oral, un espacio de reflexión y recuperación de la tradición oral desde el que imparte cursos, talleres y conferencias en escuelas, asociaciones, espacios culturales y artísticos, empleando el teatro, los cuentos y los títeres como herramientas para el desarrollo personal, la mejora de la educación y la transformación social.
En su faceta de pedagogo teatral o de formación se ha involucrado en proyectos culturales nacionales e internacionales, trabajando con diversos colectivos: personas privadas de libertad (Chile), profesores, jóvenes de etnia gitana, personas de la tercera edad, personas con enfermedad mental (Senegal, Bélgica y Francia), niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad (Nepal y Senegal), familias, niños con necesidades educativas especiales…
A partir de este conocimiento básico establecimos un diálogo virtual, del que transcribo las ideas básicas principales.
¿Cómo te defines artísticamente?
Me defino como un artista en búsqueda, abierto constantemente en la búsqueda de lo que me inspira, lo que me conmueve, tal y como dice la propia palabra, lo que me mueve después a crear, a subirme a un escenario, a contar historias, a dar una conferencia, a crear un espectáculo, o a escribir un libro. Al mismo tiempo, artísticamente me defino como un ser sensible, muy sensible a lo que sucede a su alrededor, sobre todo con las personas que lo rodean y comprometido con todas estas cosas que la vida me va enseñando.
Ahora, después de diez años de nuestra compañía Fàbrica de Paraules, quise reflexionar sobre qué es lo que habíamos estado haciendo, qué era lo que nos movía, lo que nos conmovía, y encontré que la clave era querer ser voz para los silenciados y querer ser refugio y resistencia. El pequeño texto Sobre Nosotros con el que empieza la presentación de la compañía en la página web creo que es fundamental para entender cuál es mi mirada como artista:
Creamos para construir un refugio cálido donde poder crecer en libertad al abrigo de las palabras las canciones y las imágenes que evocan otras alternativas
Creamos como acto de resistencia a las prisas de un hoy que nos deshumaniza. Creamos para construir un refugio cálido donde poder crecer en libertad al abrigo de las palabras, las canciones y las imágenes que evocan otras alternativas. Creamos para traer la voz de los que han sido silenciados. Creamos, conmovidos por este mundo que deseamos transformar.
¿Cuáles han sido tus principales proyectos?
Durante quince años fue trabajar y dirigir la compañía Locos por el Teatro, una compañía formada por actores con diagnóstico de enfermedad mental, trastorno bipolar o esquizofrenia y actores que no tenían diagnóstico y que querían vincularse a un proyecto de inclusión a través de las artes. Fueron años generando todo el tiempo creaciones colectivas que hablaban de la enfermedad mental, del aislamiento, de la soledad, de la estigmatización y de todas estas cuestiones que vivían y marcaban la vida de las personas que tenían enfermedad mental.
Ese proyecto me ha llevado también a trabajar en salud mental, en dos cárceles, en Chile, en el hospital psiquiátrico, en Senegal y también en proyectos de cooperación cultural por España y Europa.
Y los otros los dos proyectos en los que trabajo ahora y nuestra compañía Fàbrica de Paraules, que de repente, por una necesidad personal mía, recentra todo mi trabajo creativo, dirigiéndolo a la infancia y la familia en un intento de recuperar esos eslabones que el arte conecta emocionalmente entre las distintas generaciones de una familia y todo el trabajo, que para mí está completamente vinculado, de la tradición oral.
Contar un cuento, recuperar una historia, darle un formato más teatral, o más musical o mantenerlo en una dimensión como la que tú compartiste conmigo, que es la más narrativa, al final no dejan de ser distintas formas de lo mismo. El objetivo es reconectar familias a través de la oralidad, a través del juego alejado del mundo tecnológico, del mundo que nos invita a correr, pararnos, hacernos presentes. Y en todo esto, ir compartiendo las que nos inquietan en la vida, en la mirada que tenemos hacia los otros, la apertura, lo que es diferente, el respeto, la mirada igualitaria, la valoración de toda la gente que nos rodea.
Ahora mismo, ese es nuestro proyecto como compañía, mi proyecto principal que me hace trabajar con títeres, crear canciones, escribir libros, contar, montar espectáculos o proyectos de carácter social como el que desarrollamos en Senegal a través de «La Petite École des Marionnettes», que es la escuela‐taller de títeres para niñas y niños en una aldea en Senegal, en colaboración con la Asociación Kasumay para el desarrollo humano. Tras un par de experiencias de colaboración con la Biblioteca Teba Diatta de Oussouye, aldea situada al sur de Senegal, en los años 2020 y 2023, decidimos impulsar a principios de 2024 un proyecto de larga duración dirigido a las niñas y niños del lugar cuyo objetivo es generar un espacio de crecimiento y desarrollo personal a través de la construcción de marionetas y su posterior trabajo de manipulación durante la representación de funciones de títeres para toda la comunidad.
Otro proyecto social es «Hilando Raíces» en Nepal, para contribuir, a través de talleres de costura creativa (confección de camisetas; confección de muñecos de amigurimi junto a Amatxi Pilar, una mujer de 86 años…), al desarrollo educativo, económico, artístico y social de distintos colectivos de jóvenes que se encuentran en situación desfavorecida y lo hacemos en colaboración con la Asociación Dhanyawaad.
¿Cómo surgen tus proyectos, de qué fuentes bebes, qué, quién o quiénes te inspiran?
Me inspira la vida cotidiana, lo que sucede alrededor, la gente con la que me encuentro. Me inspiran las fortalezas humanas en situaciones de desigualdad cuando viajo y veo cómo la gente «tira palante» con su vida y se la pelea, tiene sueños y eso es al final lo me incita a crear la necesidad de lanzar una mirada mucho más amorosa al mundo y a las personas que lo constituyen.
El arte está para devolverle la voz a toda esa gente que ha sido silenciada, para poner el foco en otras realidades
Desde este punto de vista en el que te conduces por la vida, ¿qué es para ti el arte?
Creo que el arte está para remover conciencias, para tambalearnos en nuestras creencias, esas que sentimos más arraigadas, está para emocionarnos y a través de esa emoción conmovernos. Otra vez esa palabra, llevarnos, movernos a la acción, al cambio. El arte es una herramienta poderosísima para transformar este mundo, para hacerlo mucho más humano, característica que siento perdemos cada vez más como sociedad, y para embellecerlo. El arte permite superar la mucha fealdad que existe en este mundo que vivimos. El arte está para devolverle la voz a toda esa gente que ha sido silenciada, para poner el foco en otras realidades, para sacarnos de nuestro espacio de confort.
Empecé a hacer teatro cuando tenía nueve años en la escuela y nunca he dejado de hacer teatro. Fue lo que me empoderó en lo personal después de ser un niño sensible que vivía una situación de acoso en la escuela. El teatro me dio la fortaleza de plantarme frente a los demás y de expresar todo aquello que quería compartir, ponerme en el foco y darme cuenta de que era valorado en positivo por algo que hacía bien y que me sentaba tan bien y esta misma experiencia es la que he intentado hacer a lo largo de todos estos años. He puesto en marcha un montón de laboratorios con colectivos específicos trabajando con jóvenes, trabajando con profesores, con personas de etnia gitana, con personas que carecían de libertad, con personas de la tercera edad, con personas con enfermedad mental, que habían sufrido violencia de género y me he dado cuenta que el arte es algo poderoso y desde ese poder transformador que tiene, siento que ahí continúa mi misión.

¿Por qué optas en unos años iniciales por el teatro inclusivo (Teatro de Locos) y más concretamente trabajar con personas diagnosticadas de enfermedad mental?
En realidad no fue una opción, fue algo que me vino dado porque empecé a trabajar en una asociación con personas con enfermedad mental dentro de un programa de ocio en la comunidad y como venía de haber hecho teatro a lo largo de mi vida, cuando me preguntaron en la entrevista de trabajo qué podía aportar a la asociación para que fuera distinta si me contrataban plantee el tema del teatro y así fue como empecé a trabajar en un taller de teatro, al principio solo con personas con enfermedad mental, personas que aseguraban que nunca se subirían al escenario a representar nada frente al público por el estrés que les generaba y que con los años fueran ganando confianza en sí mismos, pudieran preparar espectáculos. Así fue como terminé dirigiendo una compañía inclusiva a la que fueron entrando personas de teatro y sensibles con el colectivo que estuvo girando por Europa en proyectos de cooperación cultural.
¿Qué concepto tienes de la salud mental?
La salud mental sigue estando estigmatizada en la sociedad actual, pues no contribuye a que vivamos desde la serenidad, la tranquilidad, el encuentro. Es una sociedad que no refuerza las vías que nos permiten mantenernos con la cabeza sana como son el afecto, el vínculo entre las personas, el apoyo, el sostenernos.
Hay una evolución desde este Locos por el teatro a la Fàbrica de Paraules en contenidos y público. ¿Cómo se produce esa evolución, si es que la consideras como evolución?
La transición fue una evolución natural. En realidad, viene marcada por el nacimiento de mis dos hijas pequeñas y mi dedicación, junto a mi compañera, a la crianza de nuestros cuatro hijos, lo que me impedía pensar en seguir saliendo de giras teatrales. Decidí parar y dejar de dirigir Locos por el teatro para poder centrarme en la familia. La compañía se disolvió de manera natural y yo dejé de trabajar durante dos años. Mis hijos iban creciendo y se hacían muchas preguntas sobre el mundo, preguntas acerca de la salud mental, sobre esos actores con los que había estado trabajando durante años… lo que me hizo sentir que tenía necesidad de ayudar a la infancia y a las familias en esta fusión de adulto/niño que conviven, intentando aportar preguntas, y quizá, alguna respuesta.
¿Qué público valoras más, te interesa más: el familiar y adulto o el infantil?
No es una cuestión de que me guste más un público determinado. Hay historias que me motivan, que quiero contar y compartir en formato narrativo, en formato teatral o en un libro y siento que esas historias tienen un público concreto, que son historias para compartir con la infancia o la familia o con un público adulto. Creo que cada historia tiene y busca su propio público y cada público tiene también su manera de escuchar cada una de esas historias.
La tradición oral es algo a recuperar ya que nos engarza con nuestro pasado y raíces, especialmente en estos tiempos digitales. Valorar la trascendencia de lo que ha significado histórica y culturalmente la narrativa oral es algo necesario frente al asedio de la tecnología multimedia que nos ha extirpado la imaginación, el interés y la propia capacidad de atención. En ese mismo ámbito de Festival En Úbeda Se cuenta, la investigadora de la palabra oral y sus relaciones con la música y el cuerpo, la cuentacuentos y escritora Estrella Ortiz pudo deleitarnos con su conferencia La poesía también cuenta en la que remarcó la importancia de memorizar, recordar y repetir siempre que podamos textos, estribillos, canciones, cuentos, poesías… que potencien nuestros recursos cognitivos en lugar de avocarnos a la apatía, inmediatez, indiferencia y estrés que nos provocan las nuevas tecnologías. ¿Qué importancia das a la tradición oral? ¿Encuentras similitudes entre la tradición oral de los diferentes países que conoces y has trabajado?
La tradición oral nos mantiene conectados con nuestro pasado y nos proyecta hacia nuestro futuro. Así ha sido siempre y lo seguirá siendo a pesar de que nuestra época digital esté planteando algo distinto. Creo en el poder de la tradición oral, poder que radica precisamente en que mujeres y hombres han soñado las mismas cosas a lo largo y ancho del planeta. Existen muchísimas similitudes en la tradición oral de las distintas culturas, porque al final hay toda una serie de historias cosmogónicas, de leyendas que sirven para explicar la creación del mundo, los fenómenos de la naturaleza, el comportamiento animal, las propiedades de las plantas, es decir, todas esas historias que por un lado permitían que se fuera transmitiendo el saber que iban atesorando los distintos pueblos y por otro lado intentar conectarse y explicar este mundo. Esto es así en todas las culturas, por eso hay cuentos tan similares en unas tradiciones y en otras. Existen todas esas historias en el mundo de las fábulas que cambian los animales de un sitio a otro pero mantienen el mismo poder, ese de identificar a los animales con las personas y los distintos comportamientos para de alguna manera generar un esquema ético y de valores que rija la comunidad y eso es algo universal.
Finalmente, ¿has detectado diferencias significativas (ideológicas, atencionales… entre el público de hace unos años y el actual?
Sí hay diferencias. El público evoluciona conforme evoluciona la sociedad porque el público es la sociedad. Hay muchas dificultades ahora mismo en la infancia con respecto a su capacidad de atender, de concentrarse y de disfrutar, por ejemplo, de la narración oral o incluso cuando nos metemos en planteamientos más visuales, como es el teatro. Noto que la capacidad de atención se ha ido mermando. También es cierto que esta capacidad requiere en el público que escucha un esfuerzo. Yo evoco algo, pero tú lo tienes que construir en tu mente y eso no está hecho, no es la televisión, no es el cine, no es una pantalla. El teatro, la tradición oral, exige un rol activo por tu parte y no pasivo como es estar pasando de una publicación a otra en las redes sociales. Sin duda, el desarrollo tecnológico está interfiriendo en esta capacidad de atender y de recrear en la mente lo que uno está contando.
Alberto, muchas gracias por tu tiempo, por tu«militancia artística» en estos tiempos de deshumanización galopante. Mucha mierda para todos tus proyectos. Salud.