Myrtille, Gimenóloga
Pepitas de Calabaza y Fundación Anselmo Lorenzo, 2024
Paco Marcellán
Este segundo volumen de una ambiciosa trilogía sobre las raíces y el desarrollo del comunismo libertario en España no solo tiene un valor de rememoración histórica, sino que constituye una importante contribución a una revisión crítica de la historia del movimiento libertario en España, dramáticamente cercenado en 1939 por la derrota de las clases populares frente a la alianza de la oligarquía, la Iglesia y el ejército.
Un elemento clave, plasmado en el primer capítulo, para entender las claves del periodo analizado es la difusión del anarquismo en el mundo antes de 1914 (comienzo de la Primera Guerra Mundial) y la posterior de 1917 (revolución rusa). Estas fechas significan una disrupción en el seno de los equilibrios de los poderes de los estados (desaparición de los imperios preexistentes), sino la confrontación entre modelos productivos (libre mercado frente a capitalismo de Estado) que condicionarán las respuestas del movimiento obrero (choque entre el sindicalismo revolucionario y el de matriz socialdemócrata). Pero también de un movimiento anarquista que deberá articular una estrategia de actuación diferente de la seguida hasta esa fecha.
El periodo 1910‐1919 delimitado por el congreso de constitución de CNT y el segundo congreso celebrado en Madrid, contempla la visión de la Huelga General como instrumento de acción en el marco de una radicalización de los conflictos sociales en los ámbitos agrario e industrial, la necesidad organizativa de los trabajadores en los mismos en base a principios como la acción directa y el apoyo mutuo. Todo ello en un marco condicionado por elementos exógenos como la «unidad del proletariado», la disrupción que representa la III Internacional. La nueva estructura de la CNT basada en las Federaciones de industria, aprobada en el segundo congreso, generará un debate ininterrumpido entre las diversas sensibilidades en la organización sindical y el movimiento anarquista en España. Se configura, en un documento distribuido, pero no aprobado, en dicho congreso, una definición del concepto comunismo libertario en cuyos ejes son la abolición de la propiedad privada, la circulación de toda clase de moneda, unas bases de la organización social en la que el individuo, el grupo y la comuna bajo el paraguas de la confederación de todas estas estructuras, son elementos clave y omitiendo el papel de los sindicatos.

El Capítulo tercero aborda la lucha de tendencias en el anarquismo y el anarcosindicalismo en el periodo 1919‐1930, enmarcado por los enfrentamientos armados entre trabajadores y la patronal y el Estado, con una amplia repercusión en Cataluña. Estos hechos sirvieron de excusa, entre otras, a la proclamación de la Dictadura de Primo de Rivera con el consentimiento y apoyo de Alfonso XIII. La vuelta a la actividad clan‐ destina de la CNT, la reformulación de los grupos anarquistas con la creación de la FAI y los intentos posibilistas de acción sindical en la línea desarrollada por UGT, son analizados exhaustivamente. También la progresiva ausencia de CNT en el medio agrario tras la disolución, en 1918, de la Federación Nacional de Obreros Agricultores de España (FNOA), creada en 1913.
Personalmente he disfrutado del análisis del capítulo cuarto centrado en la lucha por Barcelona y la comunidad de barrios, que bebe de las fuentes de las innovadores aportaciones de Pere López y Chris Ealham sobre los espacios urbanos de solidaridad y resistencia. Raval y Can Tunis son ejemplos destacados. Asimismo, se profundiza en el rol de las mujeres en el seno de organizaciones fuertemente masculinizadas y que son frecuentemente silenciadas y/o despreciadas por ser elementos competitivos en los puestos de trabajo o por la valoración del trabajo en casa o en talleres en los que no había presencia sindical. El congreso fundacional de la CNT había reafirmado la prioridad de la función de madre y educadora de los hijos, así como una corriente mayoritaria en el seno de CNT no aceptaba que las mujeres fueran iguales a los hombres, ni en la vida cotidiana ni en el lugar de trabajo.
En el capítulo quinto se analizan las dinámicas de las dos principales corrientes del anarquismo y del anarcosindicalismo en el periodo delimitado por el congreso de 1931, tras la proclamación de la segunda república, que lleva a la escisión treintista, y la colisión con las dinámicas insurreccionales que constituirán un elemento distintivo de la acción de CNT, y el congreso de Zaragoza en mayo de 1936. El debate sobre el comunismo libertario, en base a la «síntesis» de Isaac Puente genera una acción de cara al corto y medio plazo en la perspectiva del fenómeno revolucionario. Hay que destacar que Puente fue la primera persona de aquel momento que rompió explícitamente con el cálculo del tiempo de trabajo del hombre. Concebido éste como fuente del valor capitalista, retoma un punto central del anticapitalismo de los primeros anarco‐comunistas y deja abierta la posibilidad de modificar sus opciones dando cabida tanto al modelo sindical como a la comuna rural, habida cuenta del peso del mundo agrario en la economía española de los años treinta. Un análisis detallado de la obra de Diego Abad de Santillán El organismo económico de la Revolución muestra la orientación de la corriente sindicalista industrialista, con la afirmación del trabajo como seña de identidad tanto de la sociedad presente como del proyecto de futuro y en la que se resalta que el grupo de afinidad no tiene una función específica en la vida económica.
Saben a poco las 16 páginas dedicadas al Congreso de Zaragoza en el último capítulo en el que se enfatiza en la situación político‐militar, el paro y la reforma agraria, así como en la resolución sobre «la concepción confederal del comunismo libertario» elaborada por una comisión en la que entre otros figuraban Federica Montseny, Juan García Oliver, Eusebio Carbó y Juan López, representantes de las sensibilidades en el seno de una CNT concebida como argamasa unificadora de las mismas.
Finalmente, me gustaría resaltar el interés de los tres esclarecedores anexos relativos a la génesis del anarcosindicalismo en Francia, los grupos de acción anarquistas contra el pistolerismo (1919‐1923) incluyendo notas biográficas de algunos militantes, así como los grupos Solidarios y Nosotros y los Comités de Defensa de la CNT (1923‐1931) y un oportuno análisis teórico/conceptual sobre el anticapitalismo truncado de los anarcosindicalistas y los anarquistas españoles. Como nudo argumental, se enfatiza el hecho de que la distinción entre la subsunción formal y real del trabajo bajo el Capital consiste en que el capitalismo, en su primera fase, organiza el trabajo existente sin modificarlo, mientras que en su segunda fase produce su propio marco productivo, que se traduce en una profunda modificación del mismo. Tal y como señala Vincent, gimenólogo, «El trabajo asalariado no es una relación social únicamente a nivel de la producción, sino que también se establece como tal en la vida fuera de la producción, en la economía de consumo y en las formas de vida vinculadas a ella […] La subsunción real de los trabajadores, lograda mediante el uso de tecnologías renovadas de forma incesante, los desposee de su propia cooperación […] La inteligencia colectiva y los innumerables insumos necesarios para las técnicas de producción se funden en una especie de inteligencia del capital, una inteligencia que está muerta, pero que es impulsada irresistiblemente por todos los dispositivos de la valorización».
La anterior aproximación exige una permanente actualización de las formas de combate contra el Capital y el Estado, el papel de un sindicalismo de lucha frente al de concertación, la acción contra la dominación cotidiana por parte del poder y sus vías de transmisión. Lectura muy recomendable para conocer mejor el pasado y aprender para nuestra acción inmediata.