Jorge Ortiz Robla
A lo largo de su quehacer poético, que aborda un amplio horizonte temático desde el palpitar íntimo y familiar de la vida cotidiana hasta la denuncia ecológica y social, Jorge Ortiz Robla ha obtenido diversos premios literarios. Su voz se eleva con decidido aliento humanista y solidario, a través de una poesía próxima y diáfana, no exenta de relampagueantes imágenes líricas, incesante en su afán de verdad: «Me exige mi ciudad que crezcan huracanes/ que absorban el odio y la desdicha».
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Revolutio
A mí las palabras
abiertas, cerradas, curvas o rectas.
A mí las palabras como un ejército de sílabas
que marcan los territorios de sus pasos.
A mí las palabras trémulo, golpe y compañía.
A mí las palabras de frente
pero también las que guardan su doble significado
como un resto de ceniza
o el umbral tenue de una sombra
que es a la vez materia y abismo.
A mí las palabras que se rompen
y se clavan como astillas bajo uña;
grieta y mortero
barro, nogal,
terco y brasa viva.
A mí las palabras.
Bendita sea su revolución.
Pompeya
Bajo la Villas de Civita Giuliana,
a la sombra del Vesubio,
los cuerpos dormidos para siempre en piedra
guardan intactos todos sus sueños.
Seguros Aulus, Kaeso y Fabia
esconden sus denarios bajo la almohada
como tú guardabas grageas de chocolate
y dos magdalenas frescas para el desayuno.
Porque al igual que tú, papá,
los hombres de Pompeya
tampoco esperaban su muerte.
Gaza
Has visto el campo cubierto de amapolas.
Has visto los olivos y su verde fruto.
Has visto las abejas danzar sobre los higos.
Has visto caer las bombas
como un granizo que rompe.
¿Has visto?
En la misma tierra en que nacen las flores
los niños se entierran.
Para que sirve un rey
Para qué sirve un rey, me preguntas,
mientras clavas tu mirada interrogativa
en mi escurridiza pupila.
Y yo te cuento que un rey sirve para cerrar acuerdos,
presidir mesas, inaugurar ferias y aeropuertos.
Para que las familias reunidas en Nochebuena escuchen
palabras endulzadas que poco dicen de nuestra sociedad.
También para entregar trofeos deportivos
y acumular camisetas, libros, gorras, bufandas,
motos, coches y placas con su nombre.
Incluso hay reyes que portan maletines tras días de caza
mientras toman champagne en vuelos diplomáticos.
Reyes y reinas campechanos y campechanas.
Reinas severas, rotundas,
Reyes altos, guapos y serios
u otros simpáticos que bailan con todas las chicas a la vez.
Para qué sirve un rey, me preguntas:
Para que los bufones dancen.
Karuna y Ahimsa
Cuentan que el Dalái Lama pronunció
que la compasión y la no violencia
son criterios imprescindibles
con beneficios prácticos
incluso para la ética.
Es decir, sufrir junto y con el otro,
no tan solo compadecerse,
sino hacer el amor con el dolor.
Ser gota junto a gota
en el lago común de la existencia.
Hambre
Callaron las campanas de Nínive.
Babilonia con sus adarves humeantes
cerraba las puertas al trigo.
Maldecía sus colinas Sarajevo.
No es nuevo el hambre, ni el cerco.
Solo cambian los nombres
de los que miran
y los que mueren.
Antes eran los ríos los que separaban
o el polvo y la piedra
los que sellaban los caminos.
Ahora es el cielo;
cuchillo azul que parte el pan
antes de que llegue a las manos del pueblo.
Todo está escrito en cada ruina:
el silencio bélico de Stalingrado
la sed de Gerona
el clamor de Mariúpol
Hambre:
la palabra más antigua de la guerra.
Ebanistería
Así como el ebanista suaviza
la veta de una plancha de cerezo
y ajusta los sargentos
que dan presión a las uniones encoladas
y busca el ángulo perfecto en cada ensamble,
entiendo yo el amor.
Como el hueso que en el centro del fruto
espera el momento en que será revelado.
Crucerios
Dos rectas solemnes
que el mundo entrelaza.
Piedra maciza
donde aún descansan
la memoria, la fe
y los pájaros.
El corazón de la manzana
A Agustín Robla
Recuerdo a mi abuelo,
el sillón de mi abuelo.
Jugábamos juntos a las damas y a la escoba
sobre una mesa de mármol.
Buscábamos en sus vetas las figuras
que otros buscan en las nubes.
A veces nos escapábamos a comprar bolas de anís.
[Toda infancia es una excusa,
que ancla la madurez al sueño]
Nunca me habló de la guerra.
Demasiado chico decía.
Quiso ser aviador, pero le faltó la talla.
Tenía la letra en la sangre,
era maestro
cuando la palabra maestro aún significaba.
Comía media manzana,
le arrancaba el corazón
y el resto
se lo ponía al canario.
Hay que da de comer a la belleza
–decía–.
El corazón de la manzana guarda dentro una estrella.
Luego la cortaba en transversal.
Nunca me habló de la guerra.
Le pegaron un tiro en la cabeza,
raspó su carne
con un silbido de muerte.
Vivió para conocernos,
supo ocultar lo innecesario,
supo decir:
–La vida es vuestra–.
Curiosidades
Es curioso que nuestra sociedad
no acierte con la historia.
Cuando toca progresar
la política se estanca
y cuando la economía entra en crecimiento
los derechos se recortan.
Es curioso que la pobreza infantil destaque
en un país en el que los reyes
aumentan año a año su legado.
Es curioso que ningún gobierno acierte
cuando hasta los relojes parados,
dos veces al día,
dan la hora correcta.
Julio
Mi madre nació el mismo día
que Wislawa Szymborska
con veintiocho años de diferencia.
Hija de maestro, mayor de tres hermanas,
cambió la era por el internado en León
tiempo antes de estudiar enfermería.
En su primera residencia
las monjas les hacían coger
los cuerpos de los niños muertos en sus brazos.
Tal vez por eso sabe hacer de tripas corazón
y presentarnos, a pesar del golpe
y de la perdida
que cada día es una nueva oportunidad
para la belleza.