Hay una enorme diferencia entre la violencia de los oprimidos y la de los opresores: la primera se rige por una ética, la segunda no. (Sara Ardizzone)
Nuestra capacidad de expresarnos y comunicarnos no nos permite adentrarnos por los caminos inexplorados de la responsabilidad por los riesgos asumidos en primera persona. Cualquier discurso en este sentido resulta inevitablemente provisional, insuficiente. Buscar la libertad de forma concreta —en su forma auténtica e integral, no en las falsificaciones que el Estado nos concede e impone— significa adentrarse en la dimensión del riesgo inherente a la propia búsqueda. En este lugar, nuestras elecciones, a menudo salvajes y solitarias, marcan el surco de un camino sin retorno. La libertad es una cualidad que se experimenta poniéndose en riesgo.
Lo decimos sin ninguna indulgencia retórica: los dos anarquistas hallados muertos tras el derrumbe de una casa rural en Roma, Sara Ardizzone y Alessandro Mercogliano, son nuestros compañeros fraternos, y estamos orgullosos de tenerlos como compañeros. Los plumíferos a sueldo, por cuya basura periodística nos hemos enterado del suceso, escriben en repetidas ocasiones sobre la explosión de un artefacto. Las tomas de distancia preocupadas, siempre destinadas a garantizar una vergonzosa seguridad, no son las nuestras. Estamos acostumbrados a no creer ni una palabra de lo que profiere la maquinaria propagandística, pero si hubiera un atisbo de verdad en las informaciones «filtradas», no podemos dejar de detenernos en el hecho fundamental: Sara y Sandro murieron en acción, murieron luchando. La guerra social no es una farsa, un estilo de vida o una subcultura. Es, ante todo, una guerra. Sara y Sandro son un ejemplo luminoso de la unión indisoluble entre pensamiento y acción que inspira el anarquismo, de los revolucionarios hasta el último instante de su vida, y en la muerte.
Sara y Sandro son y serán para siempre una parte de nuestro corazón, un corazón que no puede sino negarse a escribir un obituario.
Las delirantes declaraciones de hoy de los señores de la Inquisición y la represión van de la mano con las de los amos de la guerra y la explotación. Los asesinos, los masacradores, los productores de muerte claman escandalizados por las bombas de los anarquistas.
Con Sara y Sandro hemos compartido la pasión inextinguible por el pensamiento y la acción anarquistas. Con ellos, algunos de nosotros hemos convivido, compartiendo la intensidad febril de momentos que ningún reloj podrá marcar jamás. Con ellos, cuando fuimos interrogados por la maquinaria de represión del Estado, mantuvimos nuestra dignidad y consolidamos la tenacidad de nuestras decisiones. Estamos seguros de ello: esos días infinitos que vivimos nunca se convertirán en un recuerdo desvanecido. Momentos que no se basaban en charlas ideológicas, sino en la convicción de nuestros caminos, en los sentimientos, en la confianza mutua, en la alegría de vivir. Los que los conocimos profundamente sabemos que nunca existirán palabras adecuadas para describir su modestia, su dulzura, su dignidad.
Por eso la voluntad revolucionaria de Sara y Sandro tiene la fuerza de ir más allá del tiempo, venciendo al sufrimiento y al dolor. Su pasión por la vida será más fuerte que la muerte. Su integridad será siempre una advertencia contra todo opresor.
Marzo del 26
Circolo Culturale Anarchico “G. Fiaschi” (Carrara)
Circolo Anarchico “La Faglia” (Foligno)
Danilo Cremonese e Valentina Speziale
Circolo Anarchico “G. Bertoli” (Assemini)
Nucleo Anarchico “É. Henry” (Cagliari)
Biblioteca Anarchica Sabot (Roma)
Natascia Savio
Luigi di Faenza
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