El viejo roble (The Old Oak)

Laura Vicente

Ken Loach, 2023

En «El viejo roble» se encuentran dos comunidades asoladas: la de un pueblo del noreste de Inglaterra, donde la gente sobrevive como puede tras el cierre de las minas en la década de los ochenta del siglo XX y un grupo de familias sirias que huyen de la guerra en su país de origen.

El trasfondo de la película es la huelga más larga que se llevó a cabo en el Reino Unido: un año (1984-1985). Las fotos que han quedado olvidadas en la trastienda de la taberna del pueblo («El viejo roble») en que transcurre la historia así lo acreditan. El gobierno de Margaret Thatcher anunció 20.000 despidos y el cierre de 20 pozos en 1984, enseguida se declaró la huelga en todo el sector. El conflicto fue declarado ilegal gracias a la legislación aprobada por el gobierno conservador que obligaba a los trabajadores a aprobar la huelga en referéndum, cosa que no hicieron. Eso sirvió de excusa para que el Partido Laborista y el TUC (Confederación Sindical Británica) no se solidarizaran con la huelga y el Gobierno interviniera las cuentas bancarias del sindicato.

Lo que estaba en juego era algo más que la minería, se trataba de barrer los derechos sociales y laborales y desmoralizar al resto de sectores industriales. La represión fue brutal, pero la solidaridad fue enorme por parte de trabajadores y trabajadoras y organizaciones sociales que tenían claro qué se jugaban. Efectivamente, la derrota de la huelga consolidó el avance «neoliberal».

El neoliberalismo en estado puro es lo que encontramos en la película de Loach: la vida comunitaria destrozada, la solidaridad olvidada, paro generalizado, subsidios que no cubren las necesidades básicas de la población que no ha migrado, especialmente de la población más pobre (personas mayores, mujeres y población infantil), racismo (ahí está el Brexit para demostrarlo), viviendas deterioradas, individualismo, abandono por parte de los gobiernos y todas las lacras del neoliberalismo.

Y en esa situación desembarca un grupo de familias sirias que huyen de la guerra en su país pero que conservan los lazos comunitarios y familiares de solidaridad y apoyo mutuo. El choque entre comunidades se produce, el racismo emerge en toda su variedad de estereotipos hacia el migrante, hacia el extranjero, hacia «el otro».

Ken Loach no sería Ken Loach si no tuviera confianza en que de los rescoldos puede inflamarse de nuevo la llama de la solidaridad y así es. Las mujeres que tuvieron un gran protagonismo en la huelga de los años ochenta, son también las protagonistas de la película. De ellas, más que de los hombres, surge la solidaridad. La taberna de «El viejo roble» será el epicentro de la conexión y la empatía de las dos comunidades.

Dijo Carlos Boyero en El País respecto a la película: «no existe ningún momento en el que me sienta implicado emocionalmente»; yo en cambio sí me emocioné. El relato no es una novedad: la solidaridad como salida a los problemas sociales y migratorios. La posición de Ken Loach puede parecer muy manida, pero es el único horizonte factible que veo para hacer frente al individualismo, el egoísmo del «sálvese quien pueda», el nacionalismo de cortas miras y el darwinismo social. Quizás Boyero está demasiado obsesionado con el arte y se pierde la emoción de una película social digna.


Descubre más desde Redes Libertarias

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 comentarios en “El viejo roble (The Old Oak)

  1. La fusión entre la realidad y arte , el compromiso social, político y el compromiso artístico, una realidad ajena y muy distante del concepto que el señor Boyero tiene del arte… El arte no es más que una invención de realidades, una recreación artística, que no todo ojo puede captar.

    Le gusta a 1 persona

Responder a Ahmed Khomsi Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *