Con Paco Marcellán y Laura Vicente por Redes Libertarias
Pau Texidor es licenciado en Cine y Audiovisuales por la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). Desde 2006 ha trabajado en los equipos de dirección de más de una veintena de películas. En 2011 estrena su cortometraje Leyenda en la Sección Oficial del Festival de Sitges. En 2017, su cortometraje Cunetas estuvo nominado a Mejor Cortometraje en los Premios Gaudí. Su ópera prima, Purgatorio, se estrenó en 2014 en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Alumbramiento, su segundo largometraje, se ha alzado en 2024 con los premios al mejor director y a la mejor actriz en el BCN Film Fest.
Filmografía
- 2011 Leyenda. Cortometraje de ficción
- 2014 Purgatorio. Largometraje de ficción
- 2017 Cunetas. Cortometraje de ficción
- 2024 Alumbramiento. Largometraje de ficción
Redes Libertarias (RRLL): ¿Cuándo y cómo supiste que querías dedicarte al mundo del cine?
Pau Teixidor (PT): Recuerdo un momento, con 6 o 7 años, en el que alguien en el colegio me explicó que las películas no las hacían los actores que salían en la pantalla, sino que había alguien detrás, escondido, que se encargaba de organizarlo todo. Eso fue determinante y me alivió mucho pensar que para hacer una película no tenía que protagonizarla y que podía permanecer oculto. Por otro lado, la sala 1 del antiguo Cine Bosque de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) fue determinante en mi formación cinéfila. Con capacidad para más de mil personas, recuerdo salir impactado una y otra vez desde pequeño. Pronto vi que eso era lo que yo quería hacer, emocionar a la gente a través de una pantalla.
«Vi que eso era lo que yo quería hacer, emocionar a la gente a través de una pantalla»
RRLL: ¿Cómo valoras la formación recibida en la ESCAC?

PT: Para mí fue fundamental porque me juntó con gente que tenía la misma pasión que yo por hacer cine y esa energía, de alguna forma, nos retroalimentaba unos a otros. Pasaba doce horas al día estudiando, rodando y hablando sobre cine. No podía ser más feliz. Es cierto que una escuela no es la vida real, ahí a fuera todo es más complicado y al salir de ella tienes que ser consciente de que empiezas desde cero en una industria en la que no le importas a nadie, y quizás esa sea la parte más difícil, salir del cascarón. Pero como nos dijo Josep Maixenchs, el fundador de la escuela, en mi primer día de clase: «hacer cine es una carrera de fondo». Es un oficio en el que hay que ser muy persistente, tenaz y pensar en el largo plazo. Luego está el tema de que los estudios de cine son mayormente privados y por tanto solo pueden tener acceso a ellos gente con una posición económica elevada, pero ese es otro amplio y complejo debate que, desgraciadamente, también tiene que ver con el tipo de películas que se terminan produciendo.
RRLL: Explícanos tu filmografía hasta llegar a este segundo largometraje.
PT: Los cortos siempre son duros de levantar porque no tienes una infraestructura que te sostenga y tienes que pedir innumerables favores a gente que sabes que nunca se los vas a poder devolver. En mi caso, tras unos años trabajando en la trastienda de los rodajes como auxiliar de dirección, vi que si quería dirigir tenía que ponerme las pilas. En 2011 decidí hacer un corto de terror porque quería estrenarlo en Sitges, que era el festival al que iba desde pequeñito y en el que trabajaba regularmente. Ese corto, Leyenda, me da la posibilidad de rodar mi primer largo en 2014, Purgatorio, una cinta de bajo presupuesto de terror psicológico. Tras terminar el largometraje me di cuenta de que me apetecía tener el control completo de las historias que quería contar y escribí Cunetas, cuyo rodaje fue bastante complejo y tuve que volver a pedir favores a cascoporro. Con ese corto, en 2017 me adentro de alguna forma en el tema de la memoria histórica sin abandonar el terror. Sobre 2019 empecé a desarrollar una película con el tema de los bebés robados como telón de fondo, y ahí es donde se empieza a forjar Alumbramiento.
RRLL: ¿Cómo valoras la distribución cinematográfica en España? El papel de las plataformas versus salas convencionales.

PT: Creo que la pandemia nos trajo la aceleración de un cambio de paradigma que había empezado su camino de forma silenciosa a finales de la década pasada. La explosión de las plata formas durante el confinamiento cambió por completo la forma en cómo la gente podía seguir viendo películas y eso, nos guste o no, ha llegado para quedarse. Por un lado, quizás habría que empezar a valorar la taquilla de una película sin comparar las cifras con las de antes de la pandemia, ya que es prácticamente imposible volver a igualar esos números en un futuro inmediato. Cuanto antes lo asumamos, más justo será el análisis que hagamos sobre el éxito o el fracaso de una película en un contexto como el actual. Es absurdo seguir analizando la industria con las mismas cifras que cuando no existían las plataformas, todo ha cambiado. Por otro lado, nuestra obligación como cineastas es la de seguir creando proyectos para ser vistos en comunidad y con la calidad suficiente como para seguir dando argumentos a la gente para que siga acudiendo a las salas. Nada es comparable con ver una película en una sala de cine. El problema es que es más cómodo (y más barato) quedarse en casa. Veremos cuál es la tendencia que se termina imponiendo en los próximos años. Son cambios estructurales que necesitan mucho tiempo para asentarse y poder ser analizados en perspectiva.
RRLL: Pau, parece que has pasado del género de terror a temáticas de memoria histórica. ¿Significa esto que has abandonado el terror o seguirá presente en el futuro?
PT: Nunca se sabe, aunque de alguna forma mi formación como espectador se ha visto influenciada en buena medida por el cine de género, así que supongo que es algo que siempre estará latente en mí. Al fin y al cabo, «terror» o «memoria histórica» no dejan de ser etiquetas creadas para guiar a la gente a la hora de saber a qué tipo de película se va a enfrentar, pero tampoco creo que tengan mayor importancia. Lo importante es contar buenas historias y que cada película tenga su propia razón de ser y encuentre su público. En mi corto Cunetas, por ejemplo, creo que se aúnan ambas temáticas cuando a priori suenan opuestas, y precisamente ese fue el planteamiento del corto: ¿es posible hablar de la memoria histórica abordando la Historia desde la perspectiva del cine de terror? Ese bastardismo genérico, de hecho, es algo que me atrae profundamente. No creo que una película tenga que responder o estar encorsetada necesariamente en un solo género. De hecho, cuanto más ambigua y misteriosa sea, cuanto más cueste seguir el rastro de su creación, más interesante será su lectura.
RRLL: ¿Qué dificultades materiales tiene una persona joven para dirigir?
PT: El acceso a los medios de producción. Como decía Orson Welles, para escribir Guerra y paz solo necesitas pluma y papel, pero para hacer una película necesitas un ejército. Hacer cine es algo muy caro y significa pertenecer a una industria en la que confluyen muchos tipos de intereses distintos con un único fin: ganar dinero. Demostrar que pese a la juventud uno va a poder liderar y rentabilizar una película siempre es complicado porque tiene que ver con tu capacidad de seducción. Todas las producciones se crean siempre de la misma manera, con un guion de noventa páginas con el que poco a poco vas a tener que ir convenciendo a todo el mundo de que ese libreto merece ser producido. Por eso es lógico empezar haciendo cortos, luego películas modestas, y así poco a poco hasta trazar una trayectoria que tenga sentido propio para uno mismo y que sea capaz de generar confianza en el resto de actores implicados. Creo que es algo común a cualquier ámbito de la creación artística, hay que demostrar que vales para poder acceder a proyectos cada vez de mayor envergadura.
RRLL: ¿Qué papel puede jugar el cine de ficción en la memoria popular de hechos pasados? ¿Crees que el hecho de que sea un instrumento en parte visual puede hacer más mella entre los espectadores para quienes los libros tienen como instrumento la palabra escrita?
PT: Creo que tanto el cine como la literatura tienen la misma función a la hora de hablar del pasado y de utilizar la ficción para explicarnos a nosotros mismos como individuos y como sociedad, pero utilizan herramientas y estrategias diferentes. La palabra escrita tiene la ventaja de penetrar en cualquier mundo y con la extensión que desee, no hay límites y su capacidad de profundizar en un relato no tiene parangón: puede ser infinito. El cine, sin embargo, está más limitado en cuanto a su capacidad de producir imágenes, pero tiene algo que la literatura no posee: es capaz de acercarte a la experiencia de «lo real» a través del tiempo. Concretamente a 24 imágenes por segundo. Quizás por eso las series han sufrido un éxito importante en los últimos años, se acercan mucho a relatos más largos y profundos que, quizás, antes solo estaban al alcance de la literatura.
RRLL: Alumbramiento narra la vida de seis jóvenes embarazadas «acogidas» en un centro de tutela en el barrio de Peñagrande en Madrid en el año 1982. ¿Por qué el interés de abordar este tema en ese momento histórico? ¿Es significativo que la protagonista Lucía llega acompañada de su madre al centro el día de la victoria electoral del PSOE?

PT: Cuando descubrí la existencia de centros como Peñagrande y del Patronato de Protección a la Mujer, tuve la impresión de que era una realidad desconocida para el gran público y que el cine español aún no la había abordado. Peñagrande era un centro especializado en acoger tanto a menores embarazadas como a jóvenes madres a las que permitían residir allí con sus hijos hasta los tres o los cuatro años. La existencia de esos centros supuso un apoyo fundamental para muchas de esas menores y adolescentes desamparadas, pero también una drástica forma de privarles de su libertad. No creo que la película desprenda una sola lectura del centro porque cada caso es un mundo y entran en juego las particularidades de cada situación. Pero lo que está claro, es que todas esas mujeres acabaron en esos centros porque no tuvieron apoyo familiar. Por eso la película refleja la relación de Lucía con su madre, porque es precisamente ese rechazo el que desencadena el ingreso de todas esas mujeres en esos centros. El hecho de que la película arranque su narración el día de la victoria socialista tiene que ver con situar al espectador en un contexto histórico sin necesidad de usar rótulos ni cartelas, por un lado, y para poner el foco en el cambio político y social que se estaba produciendo en la España de 1982 por otro.
«Ante situaciones tan duras como las que algunas atravesaron, los cuidados y la sororidad entre ellas se convirtieron en parte de su centro gravitacional»
RRLL: Las diferentes situaciones afectivas de las protagonistas tratan de ser superadas a través de una empatía entre ellas con un protagonismo especial de Lucía y Candela/Cuqui que resultan ser personajes entrañables sobre los que gira la trama. ¿Cómo diseñaste este protagonismo?
PT: Cuando entrevisté a las mujeres que habían pasado por Peñagrande, muchas incidían en la relación que habían establecido con otras internas. Ante situaciones tan duras como las que algunas atravesaron, entendí que los cuidados y la sororidad entre ellas se convirtieron en parte de su centro gravitacional, en aquello que les permitía mantenerse a flote emocionalmente. En las primeras versiones del guion la historia se desarrollaba con mucha más crudeza, pero tras las entrevistas, pensé que la ternura debía jugar un papel fundamental a la hora de construir los personajes. Vivimos en una época marcada por unas cotas de elevado cinismo y siento que la ternura ha ido desapareciendo de los relatos contemporáneos por su tendencia natural a fundirse con el melodrama. En Alumbramiento he tratado de ser especialmente cuidadoso con el tono y de hacerla aflorar con toda la honestidad de la que he sido capaz.
«No quería correr el riesgo de hacer una película panfletaria. Para mí lo importante eran la soledad y el abandono, ahí es donde quería anclar la película»
RRLL: Una escena impactante tiene lugar en el comedor donde se refleja el enfrentamiento de clase entre las «acogidas» de pago y las internas que son siervas de ellas y desarrollan tareas domésticas a cambio de la «gratuidad» en el alojamiento. Sin embargo, este hecho no aparece reflejado posteriormente. ¿Cuál es la razón de no ahondar en el tema?

PT: En una película no todo tiene cabida y hay muchos aspectos de Peñagrande que no han podido ser plasmados. Siempre pasa, hay que elegir. Me parecía importante que ese tema quedara fijado en esa escena, pero había muchos más temas que tratar y no sentía que la película debiera profundizar en eso. A mí lo que me interesaba era el material emocional de la historia, los temas coyunturales que aparecen en la película para mí tienen que ver con el paisaje, el contexto de la historia. Ni siquiera se incide en la problemática de los bebés robados de una manera relevante. No quería correr el riesgo de hacer una película panfletaria. Para mí lo importante eran la soledad y el abandono, ahí es donde quería anclar la película.
RRLL: El aspecto «educativo» del centro queda reflejado en la sesión de diapositivas en relación con el aborto con esa diapositiva final que señala «el aborto es el camino más directo al infierno». Y esa frase de la monja tras el parto de Lucía «Estar embarazada no te da derecho a ser madre». ¿Cómo traduces este mensaje en la sociedad actual?
PT: Me interesan las películas de época cuando interpelan a los espectadores desde el presente, y el tema del aborto era uno de los que evidenciaba de forma más clara que hay cuestiones que siguen generando, cuarenta años después, una gran división social. Señal de que, quizás, en el fondo no hemos cambiado tanto. En un escenario político internacional como el actual, en el que parece desvanecerse la idea de una globalización que nos prometió hacer de este un mundo más libre, y con la ultraderecha ganando la carrera por el relato, era de esperar que todas esas conquistas sociales se vieran, tarde o temprano, seriamente amenazadas. Y todas aquellas que tuvieran que ver con los derechos de las mujeres iban a ser las primeras en estar en el punto de mira, lo cual, no por previsible, es menos descorazonador.
RRLL: El parto de Rosa y su grito ante el secuestro del bebé, el suicidio de Inma, el incendio en la habitación de Lucía, son muestras desgarradoras de la pérdida de autonomía vital. La reacción de Lucía ante el anuncio del fallecimiento de su bebé y la decisión final de optar por vivir al margen de su madre ¿es una afirmación personal ante la miseria futura que le espera?
PT: Sin duda es algo que deberíamos de poder preguntarle a la propia Lucía, pero ante esa imposibilidad tengo la sensación de que toma esa decisión porque no le queda otra, porque no tiene nada que perder y porque es una mujer valiente. Cuando escribíamos el guion con Lorena, nuestra script doctor, Neus, nos dijo: Lucía es como el bambú, se dobla, pero no se parte. Creo que es una frase que sintetiza muy bien la naturaleza del personaje. Esa escena final, con Lucía avanzando de espaldas por la carretera, para mí tiene que ver con esa fortaleza. No sabemos si el futuro le deparará miseria o porvenir, pero lo que es seguro es que lo afrontará con la dignidad necesaria. Lucía resurge de sus cenizas, sí, pero… ¿A dónde va?
¿En busca de quién? Esas preguntas las estamos lanzando a los espectadores de 2024.
RRLL: La oscuridad del edificio (actualmente es el instituto de bachillerato Isaac Newton), la rigidez de las monjas y la educadora, la tristeza estructural solo aliviada por la alegría de momentos puntuales, contribuyen a la creación de un ambiente lúgubre que es una rémora psicológica. ¿Cómo lo diseñaste y que proyección de futuro tiene?
PT: Tiene que ver con las entrevistas que hice y los relatos que esas mujeres me hicieron de sus propias historias. En la mayoría de casos estaban llenas de tristeza y de heridas que nunca han llegado a cicatrizar. Las expresaban desde el convencimiento de haberse sentido olvidadas. Sentí que ese dolor era del que tenía que impregnar la película. Los momentos más luminosos responden a una actitud muy humana, que tiene que ver con nuestra capacidad de supervivencia: incluso en las situaciones más duras, somos capaces de refugiarnos en el amor o la alegría. Quería que el guion respirara todas esas caras y que no pareciera todo excesivamente diseñado. Ahora estamos arriba y ahora estamos abajo. Así es el ciclo de la vida, y más cuando eres adolescente.
RRLL: ¿Esta memoria de una época oscura, marcada durante la dictadura franquista por el robo de bebés en los hospitales, la demonización de la mujer como fuente de pecado y al servicio sexual y doméstico del varón, el papel de la iglesia como instrumento represor, es importante ponerla en evidencia tanto para jóvenes (que desconocieron ese periodo) como para una sociedad amnésica de su pasado?
PT: A mí lo que me interesaba era contar la complejidad de todo aquello. No todo era blanco o negro. Las tramas de las chicas de nuestra película son todas distintas porque pretenden reflejar una situación coyuntural compleja. Los hechos que recoge la película son la consecuencia de cuarenta años de dictadura y de una sociedad que tardó algún tiempo en entender en qué consistía realmente la democracia, si es que acaso lo hemos comprendido ya nosotros. ¿La película se posiciona a favor o en contra del aborto?
¿Peñagrande era un centro que privó de libertad a todas las chicas que acogió o pudo suponer un sustento y una ayuda real para otras? ¿Formaba parte el Estado español de las tramas de robos de bebés o sólo actuó como sujeto pasivo? Estas son las preguntas que me gustaría que generara la película, más allá de poner el foco en las actitudes denunciables más evidentes. Me gusta que la película mantenga parte de ese misterio y ambigüedad en algunas de las cosas que cuenta. Al menos para mí, la hace más interesante.
RRLL: Y para concluir, Pau, tras Alumbramiento, ¿has pensado en nuevos proyectos?
PT: Estoy terminando de escribir el guion del próximo proyecto, pero faltará la parte más difícil, que es la financiación, así que aún queda mucho para saber si podré llevarlo a cabo o no. Prefiero no desvelar la trama por aquello de no gafarlo antes de tiempo.
RRLL: Te deseamos mucha suerte. Gracias por todo.
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