Alma, Alicia, Anna y Tania.  Sobre la guerra ruso ucraniana

Ana Claudia Molinari y Sofía Olhovich

Alma

Sobrellevo esto como un muerto andante. Soy ucraniana, si es que eso significa algo. Tengo 37 años y no profeso ninguna religión, me llamo Alma Saurus, es mi nombre artístico; yo nací en Odessa y me preparaba en la Universidad para ser una gran artista. Por eso fui a vivir a México, donde buscaba un ombligo del arte. Pero de pronto, un día, Rusia le declaró la guerra a Ucrania y mi vida dio un vuelco, se cayó a un vacío donde no tengo control de mis acontecimientos.

La noticia me afectó gravemente, saber que mi madre estaba allá. Decidí regresar a Ucrania para hacerle compañía y convencerla de salir conmigo. Estuve con ella durante cuatro meses rogándole que viniera. Está sola y aun así, mi madre prefirió quedarse con su familia felina en la costa del Mar Negro.

Me fui sin ella a vagar por Europa mientras esperaba mis papeles, ya no pude regresar a México, me vi obligada a aceptar el asilo en Canadá, a donde llegué hace unos meses. Me siento frustrada, además de ucraniano y español, hablo ruso e inglés, pero paso hambre en Vancouver, una ciudad en donde todo me es ajeno y hostil. No tengo trabajo, no tengo amigos, ya no tengo dinero. Fumo marihuana y tomo cerveza para no acordarme de ella, porque se me hace difícil respirar pensando en mi madre.

Y toda esta desgracia me ocurre por una guerra declarada en altas esferas, por las antiguas ambiciones cavernícolas de Rusia y todos sus gobernantes, por su sexismo, su avaricia y la necesidad de comprobar algo. Es obvio que no habrá conciliación entre rusos y ucranianos. Primero, esta guerra acabará con todos los ucranianos y con Ucrania misma. Un genocidio que nadie ve y del que nadie se hace responsable. Por eso me siento incomoda con este interrogatorio, me resulta impertinente. No les diré nada más.

Alicia

Ustedes quieren saber sobre mi punto de vista en la guerra ruso-ucraniana ¿cierto? De acuerdo, pero es el mío, no sé si lo van a entender, es muy distinto a la propaganda oficial rusa. Desconozco las razones de esta agresión, se me hace totalmente infame, estúpida, sin sentido. Lamento mucho lo que está pasando.

Me llamo Alicia, tengo 42 años, soy traductora. Además de ruso, hablo inglés y español, este lo aprendí en la Universidad Estatal Lingüística de Moscú y lo practiqué mucho en México, dónde di a luz con una partera tradicional, que me enseñó a hacer el temazcal.

Mis padres son artistas y yo crecí en ese ambiente, quizá por eso estuve abierta a percibir la magia mexicana. Soy empresaria independiente.

Lo que más me conmociona es que ¿saben? Rusia tiene una tradición pacifista que guarda la memoria de la Gran Guerra Patria; que parecía ser el fundamento de la identidad rusa: un pueblo que se opone a la guerra, que construye una alternativa civilizatoria diferente; una tradición que en febrero de 2022 se rompió de modo grotesco y sin previa consulta a la ciudadanía. ¿Por qué Rusia tenía que atacar militarmente en la frontera? No era necesario. Me pueden decir que para proteger a la población rusa de aquella geografía, me pueden decir que si no atacábamos nosotros, atacarían ellos, que fue una acción preventiva, que detrás de todo están los americanos, pero no era necesario, nada justifica el proyecto bélico. Ahora nosotros los rusos resultamos los agresores en un conflicto que sin duda rebasa los límites fronterizos y regionales del Donbass. Y ¿saben qué es lo que más me molesta? La apatía de la gente.

Recuerdo que un día antes, una amiga me llamó para decirme que cancelara el viaje a Kiev, donde nos veríamos esa siguiente mañana para trabajar. “Cancela tu viaje y no vengas”, me advirtió, “Porque Rusia atacará Ucrania mañana”. ¿Qué dices?

Ahora para mí está cancelado toda labor en el extranjero, ningún banco me acepta mi tarjeta de crédito, mi identidad está proscrita, sobre todo en Ucrania, también en el Facebook, donde las publicaciones se inundaron con una ola de odio y rusofobia ¿Se dan cuenta? Los rusos de a pie hemos sido estigmatizados a nivel financiero en Occidente, a causa de las sanciones impuestas por Estados Unidos.

El hecho es que, un día antes del ataque, no le creí ni una micra a mi amiga ucraniana. Estaba completamente segura de que se trataba de una fake news, convencida de que Rusia jamás haría eso, algo tan bajo como atacar a otro país hermano.

Hay maneras más civilizadas para solucionar los problemas. Pero el país está dividido. ¿Por qué apoyar la guerra? Hay un sector de la población que respalda al gobierno. Lo hacen porque necesitan algo de qué sostenerse, la idea de la grandeza rusa que va a enseñarle a los americanos quién es La Potencia.

Y yo claro que me sentí fatal, sobre todo al comienzo, los primeros meses fueron duros en la conciencia y un sentimiento de culpa muy pesado, pero, la vida sigue. Aunque aquí en Moscú parece que se tratara de una guerra extranjera, una guerra que está en los noticieros. Me dan coraje muchas muertes innecesarias, la persecución de los medios de comunicación independientes y la manipulación de la conciencia pública.

Por eso no les voy a dar una visión estándar, como mis compatriotas que apoyan al gobierno en esta empresa y confían en que el Kremlin sabrá resolver el tema. Sobre todo los que miran la tele, ven al presidente como un sabio que les indicará a dónde ir.

Yo me opongo, yo no soy mi gobierno. Opino aquí, con ustedes escuchándome, que esto del conflicto ucraniano es un retroceso, un sinsentido, al principio tenía fuertes discusiones con mi marido que apoya a Putin, estuvimos cerca de divorciarnos. Yo era la que pensaba en separarme, no podía concebir vivir con alguien que aceptara esta situación como algo natural. Al final decidimos seguir juntos, solamente que en mi casa la “Operación Especial”, es un tema tabú.

Anna

Mi abuela Anna sigue en Ucrania. Nos comunicamos con ella por medio de Skype, la llamamos dos o tres veces a la semana. Lamentablemente vive sola aunque es muy autónoma. Esta guerra hizo más fuerte y evidente la sensación del vínculo familiar entre nosotras.

Saber que lo más probable es que jamas voy a ver a mi abuela me destroza el corazón. Tiene 84 años y no puede salir de su pueblo. Ella dice que lo único que desea es ver a sus hijas, nietos y bisnietos una vez más.

La abuela nos contaba historias de la Segunda Guerra Mundial cuando éramos niños. Cómo llegaban los militares alemanes a su casa y se llevaban la comida. Aunque había otros que daban dulces a los niños. Cómo todo el pueblito se escondía en los bosques; cómo veían casas quemadas después de la salida de los militares del pueblo. Cuando fuimos más grandes, Anna y otras personas nos hablaron de estos grupos armados nacionalistas que llamaban “banderanos”. Que incluso, nos contó la abuela, se llevaron a un pariente lejano y le mataron. Escuchando las historias de nuestra familia nos formamos con la creencia que la guerra es algo más horrible y destructivo que te puede pasar.

No estoy viendo la situación en blanco y negro. Hay hechos de ambos gobiernos que no apoyamos en casa. Por ejemplo, la formalización del nacionalismo en Ucrania y las restricciones al uso del idioma ruso en el país, son cosas que no podemos aceptar como una imposición. En la familia usamos los dos idiomas. Somos ucranianos y somos rusos.

Como todos los que me conocen en México saben de mis raíces ucranianas, recibí mucha solidaridad y apoyo de su parte. Con los amigos ucranianos es diferente. Han enviado mensajes de odio, culpándonos personalmente. Sé que tienen derecho de sentirse así – agredidos por Rusia-  pero no esperaba tanto odio. Vale decir que sí hubo amigos que separaron lo de la política y lo personal y estoy muy agradecida a ellos, que no me hicieron sentir persona non-grata solo por el color de mi pasaporte.

Desde mi niñez estuve muy impresionada por lo que ha pasado con la humanidad en la primera mitad del siglo XX. Según yo, muchas generaciones de la gente en la Unión Soviética y después en Rusia, han sido crecidos con la actitud “¡NO a la guerra!”. Pero el 24 de febrero del 2022 me sentí traicionada por mi país, por los paisanos (los que si apoyan la guerra). Y me llevó cerca de dos meses acomodar todos mis sensaciones y pensamientos y dejar de reaccionar dolorosamente a cada noticia.

Creo que la guerra fue una falla diplomática tremenda de ambos países que quebraron los acuerdos que tenían entre sí. Pero Rusia empezó los ataques y entonces siempre será la parte agresora y la culpable. Durante los primeros meses estuve apoyando mucho a la política de Ucrania, pero después de que dejaron de negociar el tratado de paz, cambié la opinión. La guerra es un negocio lucrativo, las cantidades de dinero involucrado son inimaginables. Ni de uno de los países veo la preocupación por la gente civil, ni por los soldados de parte de los gobiernos. Me duele la separación entre estas dos naciones, tan cercanas y tan mezcladas. Es una separación impuesta por los gobiernos y promovida por la propaganda ucraniana y rusa.

La estoy intentando evitar, esta tristeza, manteniendo las relaciones con mis amigos ucranianos. Comencé a leer libros de historia de mis dos países, para entender por qué nos ha ocurrido esto. Ambas naciones están muy enfadadas, los gobiernos se encuentran satisfechos sacando dinero y los militares encantados con la guerra. No veo que el conflicto puede terminarse pronto.

Tania

Yo nací en un país que ya no existe, un país sostenido por mujeres. Así dice mi pasaporte, que nací en la Unión Soviética. Vengo de una familia ruso-mexicana. Mi mamá murió muy joven, era ucraniana. Mi padre ya está grande, su papá era ruso. A veces lo visito, el otro día lo escuché conversar con un primo, llamada de larga distancia. Mi padre indicándole que “Putin no atacó a Ucrania” , como dicen en todos los noticieros, sino que “defiende su país”. Mi primo, generación milenial, respondiendo que “en Kiev están hartos de la invasión rusa”.

Papá es un célebre cineasta influenciado por la escuela soviética; él y yo montamos la primera academia de cine en México. Yo soy actriz. Me llamo Tania. Estudié actuación en Rusia. Nací en Kiev pero llegué a México en brazos de mamá a la edad de un año, siempre he vivido aquí.

Mi primo Igor en Kiev se ha casado recientemente y ya es padre de una bebé. Tras el conflicto bélico con Rusia, su esposa y su hija han tenido que migrar a Alemania, mientras que él se ha integrado a las filas de soldados ucranianos; conoció a su hija varios meses después de nacida y no ha podido verla después de entonces. Yo, le pedí a papá, no volver a hablar con su familia política si no es para preguntar ¿necesitan algo? ¿Está bien tu hija, tu esposa?

En mi imaginario ruso-ucraniano, la familia es un equipo. Entre ellos se ayudan mucho, son amigos. Y eso es la amistad, tu familia escogida. He tenido el privilegio de haber viajado por muchas partes del gran planeta. Y el mejor concepto de lo que es la amistad lo encontré en el mundo soviético: ucranianos, rusos, bielorrusos, georgianos, uzbekos y más. Un mundo conciliador que se ha perdido. Eso era un poco el modo soviético, la diversidad llevada a la práctica. Hoy en cambio, una fiebre nacionalista recorre el mundo.

Esta guerra, que yo sigo por medio de los noticieros, me ha provocado una tristeza infinita, siento un hoyo existencial en el pecho. Y sin embargo, me informo, leo, busco, investigo, veo cine, comparto, pregunto, lloro. Algunos días evado también. Necesito explicarme. Viví entre 1989 y 1995 en Moscú y en Kiev y nunca vi ni sentí algún tipo de enemistad entre estos dos territorios hermanos. Pero sé de donde viene todo y quién está alrededor. El poder de divide y vencerás.

Yo veo este conflicto entre Rusia y Ucrania, sobre todo como una guerra de intereses, una guerra geopolítica entre Occidente y Oriente. Visto desde el tiempo, este proceso del fin de la URSS, que fue la Perestroika, abrió la ventana muy rápido, muchas repúblicas salieron volando de la jaula rota, y el gobierno norteamericano con sed de dominar, entró con mano en la cintura. Y fue el inicio de lo que ocurre hoy. Cierto que se necesitaba una reestructuración, pero no hubo orden. Y entonces, todo empezó a dividirse. El punto de quiebre fue el Euromaidán. A partir del golpe de Estado en 2014, los gobiernos ucranianos comenzaron a recibir influencia y recursos de Estados Unidos. Los norteamericanos y la OTAN están detrás de los ucranianos empujando. Sí, Putin dio el primer paso. Pero no creo que fue una invasión, sino un ataque de defensa. Y bueno, al final del día, la guerra siempre provoca más guerra, y tampoco lo apruebo.

Todo indica que no es momento para la reconciliación. Pero lo será en un futuro. La memoria aguarda.

Fuentes

Este testimonial, literatura de no ficción, ha sido posible gracias a la investigación realizada por la doctora Claudia Molinari, la etnóloga Sofía Olhovich y el doctor en Filosofía de la Ciencia, David Sámano, entre abril de 2023 y febrero de 2024, en torno al testimonio de mujeres de origen ruso-ucraniano, acerca de la guerra entre Rusia y Ucrania que comenzó el 22 de febrero de 2022. Un proyecto de etnografía cibernética realizado  desde México con la idea utópica de avistar algún camino no bélico para la futura humanidad. Agradecemos la invaluable colaboración y el apoyo desinteresado de Tatiana Olhovich Greene Filonova, Anna Ivanova, Alisa K. y Alma Saurus.


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