Teresa Garbí
Publicado en Redes Libertarias núm. 5 (primavera 2026)
Teresa Garbí ha ido conformando una extensa trayectoria literaria como narradora, poeta, ensayista, traductora, crítica de arte y editora.
Su nítida voz consigue transmitir con transparencia espacios y edades sin frontera. Percibe la naturaleza y aconteceres cotidianos más allá de lo visible. Y consigue expresarlos conduciendo al lector con delicadeza, paso a paso, sin tropiezos, adonde no esperaba, hacia lugares impensables del tiempo, a través de una línea salvadora del mismo color blanco de la pureza y de la muerte
Palabras para una piedra
Lo ignoro todo sobre ti.
No es nada extraño, pues ignoro lo más
elemental.
No sé por qué eres tan rotunda y permaneces,
sin esperar que alguien, fugitivo como yo,
te tome entre sus manos y te traiga a una
habitación, en donde adornas una mesa.
Aún te cubre el polvo original de tu gran sueño.
Imposible entender el mapa complicado de tu
piel, en el que brillan heridas y desastres.
Están ahí las manchas, veladuras, muescas y
detritus, aglutinados a la huella de otros seres
que contigo se fundieron en su muerte.
Y forman parte de ti, que vives hace tiempo,
para venir un día azaroso a la caricia de estas
manos, que no te sobrevivirán. Aunque me lleve
contigo, no sé a dónde, el brillo destilado de la
tierra.
(Sakkara, 2015)
*
Preámbulo
Ahora habitamos la tierra. Vemos la sombra en
el bosque. Escuchamos el canto del ruiseñor y el
estruendo de la tormenta, para que luego nos
recuerden y nos vean pasar en el aire encendido.
Caminar siempre en un bosque, con la luz que
un día tuviste la fortuna de ver.
Caminar por la cuerda tensa, entre líneas sin
salida.
Somos supervivientes. Una multitud de muertos
poseen la tierra. Ellos han abierto el camino.
*
Se ha abierto el camino de la muerte. No hay
nada que temer, puesto que tu madre-cuna
te ha enseñado a caminar. Segura irás hacia
ella, madre-tumba. Has aprendido la lección.
Porque ha cambiado el rumbo de la vida: vivir es
retroceder hasta su muerte para entender que
todo lo que vivimos era para siempre: imágenes
que nunca olvidarás.
Ella ha regresado en sueños. Extiende una
esquirla de su no historia. Ha contado lo que
será tu muerte: otra vez la luz plateada –la
palabra prohibida–, las hojas en el suelo del
bosque.
*
Al lado del fuego último estás, junto a la cadiera
en donde desfilaron tus padres y los padres de
tus padres, todos muertos, como tú, ahora. Me
dices: perdona nuestros errores. No sabíamos,
eso es todo, no lo sabíamos, como tú tampoco
lo sabes. Y ahora, este ahora de los muertos, nos
reúne para hablar, por debajo de todo, una balsa
de agua que vibra y eleva nuestras palabras.
Todo lo que sé y lo que no sé lo aprendí de
vosotros.
*
Por encima de su ausencia tu madre continúa en
algún no-lugar. No habla, pero el viento trae su
carne, hecha polvo, tierra. Ya no te necesita.
Descanse en paz: que los jilgueros aspiren su
cuerpo cuando canten, que las aguas la lleven a
Shanghai, y que un niño la acaricie al beberla en
el cuenco de sus manos suaves.
*
Míralos: están muertos, no temas.
Todas las vidas se quedan en nada.
En esa nada has vivido.
*
-Qué pena abandonar esto, dices, al mirar los
árboles que brillan en el jardín. Pasas la vista
suavemente, mientras sonríes al ver la tierra
húmeda, los montes lejanos, el cielo azul.
*
Si abres la puerta, te encontrarás a todos los
muertos que amaste. Uno por uno los besarás.
(De El aire encendido, Renacimiento, 2022)
Toda la vida en el aire
I
Escucho el silencio de la ciudad
desierta.
El canto de los pájaros dibuja
bosques.
II
Llueve sobre el mundo detenido.
La tierra reposa y brilla el aire.
Grillos y abejas, tejones y zorros han vuelto.
Han vuelto cuando la Danza de la Muerte
nos hace saltar.
La arena y la nieve lo cubren todo.
Cada vez más tierra.
III
La muerte se ha llevado
las palabras de los muertos:
-Era todo un engaño, han dicho.
Y se han ido, mientras contemplan
a otros muertos que los aguardan.
IV
Abrir la tapa del frasco de miel
y aspirar su perfume blanco:
Toda la vida en el aire.
*
Cuánta tierra en el canto de un pájaro:
bosques, selvas, cielos estrellados.
En un solo tono.
Mientras, se derrumba el mundo.
*
Has subido a la colina
de muertos.
Desde allí has visto
el mar.
*
Sin libertad.
Qué frágil e incierta la vida.
Ya no somos personas, sólo muertos,
un código de barras,
sin tierra.
*
Un pájaro canta.
Dejas el balcón abierto.
Has entrado en el corazón del bosque,
sin caminar,
a solas con el canto que te alumbra.
*
Violetas en un prado, en la montaña,
bajo la sombra de un pino albar.
Nadie las contempla.
Sube el sendero hasta la cumbre,
teñido de azul.
*
Si tienes que morir,
no importa:
vivirá tu tierra.
(De Cada vez más tierra, Renacimiento, 2023)
*
No temes la muerte,
sino la eternidad.
Gira la rueda de Fortuna,
y tu sombra sigue sobre la tierra.
Todo es desde siempre,
para siempre.
*
I
Hace trece mil años
una mujer y un niño caminaban
sobre el barro.
Perduran sus huellas fosilizadas.
No todo acaba
si unos pasos bajo la lluvia
permanecen.
II
Una niña camina siete kilómetros
sobre el barro.
Abierta y rota dejó su casa.
Entre cemento y hierros camina.
Tiembla su sombra gris, sola en la noche.
*
Las historias entran y salen entre las grietas del aire.
De pronto, muestran el otro lado,
unos segundos,
y desaparecen.
Sabemos que se puede abrir la puerta.
*
Conozco la montaña y la tormenta,
la frustración y el fracaso,
y algo más frágil que hace sonreír.
*
El bosque, el río,
las cabras que bajan a beber.
Pietà Rondanini, en medio del bosque.
La madre ha traído al mundo
la vida y la muerte.
Si concibió al hijo, si lo nació,
lo entierra ahora entre sus brazos:
abraza su cuerpo,
lo funde en su cuerpo,
tierra y árbol, raíz y resina.
*
Desde siempre los animales han ido de un
lado a otro: flamencos, cangrejos rojos, ñus,
golondrinas…
Van y vienen por cielo y mar. Y por la tierra,
afrontando peligros, porque otros sobreviven con
su carne.
Los seres humanos también viajamos desde
siempre. Si son viajes cortos, se tolera. Pero si un
día, una familia tiene que huir por hambre, guerras
o persecución política, ya no son cocodrilos quienes
los esperan en un río fronterizo: son hombres
armados quienes les impiden el paso a una tierra en
donde vivir un tiempo, hasta que tengan que partir
de nuevo.
Ese es su sino: como el de cualquier animal de
bosques, estepas o desiertos.
(De Algo más frágil, Renacimiento 2026)
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