Paco Marcellán
Autor: José María Olaizola Albéniz
Editorial: Descontrol, Barcelona, 2026
Número de páginas: 389
Está asentada en la cultura libertaria una tradición memorialística en la que compañeros y compañeras que han participado de manera activa en las organizaciones anarquistas y anarcosindicalistas llevan a cabo una revisión de su compromiso y actividad militante. A la vez, quienes han compartido con ellos y ellas esa pasión por la libertad constituyen un elemento de contraste de interpretaciones, en muchos casos subjetivas, y que los historiadores, que ya no ejercen una labor memorialística, se encargarán de revalidar, aclarando luces y sombras de la narración y el relato.
José María Olaizola (Tolosa, 1947) nos brinda la oportunidad de volver la vista atrás en nuestros recorridos militantes y reflexionar sobre lo que fuimos, hicimos y vivimos en el contexto no solo de la lucha antifranquista sino de la Transición y la consolidación de un sistema político en las que las libertades individuales y colectivas han experimentado vaivenes que han reforzado una globalización económica y política y apartado a “los y las de abajo” de su capacidad de cambiar la realidad.

Como se señala en el prólogo “Este texto tendrá mi impronta, a pesar de las intenciones desmitificadoras y autocríticas con que lo acometo. Mi subjetividad. Mi ideología anarquista. Mis imperfecciones. Serán sentimientos y sensaciones, no sólo del instante, sino de muchos años después. En relato estará marcado por mis virtudes y defectos. No es un libro de historia: es de historias. Será mi verdad. Mi ética”. Una declaración de intenciones que el lector, más aún si ha compartido con José Mari muchos momentos que se describen a continuación, acometerá con interés y tratará de articular en su pasado y su realidad presente.
Desde un punto de vista cronológico, el libro se configura en cinco grandes bloques. En cada uno de ellos se articula una narración de sus vivencias con reflexiones que enmarcan un contexto en el que la narrativa individual se subsume en el hecho de que teoría (análisis) y práctica (acción) siguen un modelo no lineal sometido a un contraste permanente y colectivo que sintetiza una frase (página 277) de José Mari: “Si hay que hacer o ir, hago y voy”.
En el primer bloque, que denominaría Los inicios de militancia, los tres primeros capítulos reflejan su realidad familiar, su vinculación a Hernani y la descripción del grupo afín que representa la cuadrilla como elemento aglutinador en Euzkadi. A través de esos elementos de socialización entra en el Partido Comunista de Euzkadi (PCE-EPK) donde se encargará de labores de propaganda. El marco sociopolítico del tardo franquismo aparece reflejado de manera impactante con una represión de la discrepancia que utiliza la tortura policial y pone en evidencia el papel de una respuesta violenta protagonizada por ETA, que en aquellos momentos goza de un apoyo popular relevante en Euzkadi. También la respuesta de una clase obrera altamente movilizada en favor de unas mejores condiciones de trabajo atrae la atención de José Mari pese a su débil vinculación con el mundo laboral más allá de su compromiso organizativo antes descrito. La narración de la realidad interna del EPK y la política del PCE es un elemento de interés para el lector y sirve de base para entender su posterior desvinculación y acercamiento a CNT a mediados de los 70 tras una vinculación al Instituto de Promoción de Estudios Sociales (IPES) en Donosti. El IPES fue una de las muchas plataformas creadas en aquellos momentos para la formación de militantes y la ampliación de espacios de reflexión colectiva en un marco marxista y nacionalista.

En los cinco capítulos siguientes del segundo bloque (La militancia cenetista) se describen el proceso de construcción de la CNT en Euzkadi, en un terreno de gran dificultad organizativa para la configuración de un movimiento libertario que había perdido su presencia tras la debacle de 1939 y la difícil persistencia de un exilio con enfrentamientos permanentes y una visión anclada en mitos y desconectada de la realidad. José Mari formo parte del núcleo dinamizador no sólo en Hernani sino asumiendo responsabilidades en la configuración de federaciones locales y secciones sindicales, con especial intensidad en el caso de Gasteiz y la potente organización en Michelin, cuyo papel protagonista en la lucha sindical a mediados de los ochenta es analizado con detalle en el capítulo 7. La descripción de la reconstrucción cenetista a nivel estatal, los problemas inherentes a lo que José Mari llama acción “desde arriba”, el conglomerado de grupos y tendencias sobre lo que debía ser CNT vinculados a personalismos descritos de manera directa y sin tapujos. Pero también el papel de la acción sindical en un contexto delimitado por las leyes de concertación con el apoyo de CCOO y UGT como sindicatos del sistema y los Pactos de la Moncloa que implicaron un endurecimiento de las condiciones laborales y una reconversión industrial que alteró profundamente la estructura socio-económica del país no facilitaron el asentamiento del proyecto cenetista cuyos ejes solidarios y de acción directa chocaron con la realidad circundante. El fallido V Congreso de 1979 y la escisión “anunciada” que se tradujo en la CNT-Congreso de Valencia, se describen sin alharacas y permiten tener una visión de lo que no pudo ser. Las respuestas violentas por parte de los “poseedores de las esencias” no permitieron un sosegado análisis de la acción de futuro y la dinámica posterior se concretó en un congreso de unificación con sectores de la CNT-AIT que abandonaron su estéril organización y que se celebró en Madrid del 29 de junio al 1 de julio de 1984. Los preparativos del citado congreso y las dificultades en los consensos se describen de manera exhaustiva pues José Mari estuvo estrechamente vinculado tanto a través de la CNT de Euzkadi como en el SP de la CNT-Congreso de Valencia comandado por Chema Berro que prefiguró dicho evento y en el que fue Secretario de Organización y Relaciones Internacionales hasta 1983.
El tercer bloque (El exilio) comienza con el traslado de José Mari en el año 1984 a Pedrera, Sevilla, para iniciar un proyecto autogestionario con trabajadores del campo de dicha localidad. En el mes de noviembre de 1984 se producen detenciones de ocho militantes de la CNT Renovada en Vitoria, la mayoría de ellos ex trabajadores o trabajadores de Michelin, vinculados a la lucha sindical en la empresa y que fueron acusados de estar relacionados con un atentado contra un directivo de dicha empresa así como de pertenencia a banda armada. José Mari es buscado por la policía y decide huir a Francia donde encontrará acogida en la red libertaria parisina formada por militantes anarquistas franceses y españoles exiliados. Durante cuatro años vivirá en condiciones de clandestinidad e indocumentado hasta su regreso a España acogiéndose a las medidas de reinserción social del gobierno de Felipe González. Este tercer bloque del libro, que abarca el capítulo titulado “Un largo viaje” y unas reflexiones sobre la violencia al hilo de la conclusión del recorrido judicial de los compañeros de Vitoria, le lleva a concluir (página 246): “Reducir la violencia al terrorismo de determinados grupos políticos, con una finalidad partidaria y por intereses políticos, reduce la violencia a una parte mínima de la misma, dejando la mayor parte como algo que sucede de forma natural. Nosotros fuimos y somos hijos de la violencia. La sufrimos directamente. La tuvimos al lado. Convivimos con ella. Tomamos decisiones. A veces acertadas; otras no”.

El cuarto bloque (capítulos 12 y 13), que denominaré Vivencias de un secretario general de CGT, describe su reincorporación al esquema organizativo de la CGT de Euzkadi y las tareas de reconfigurar la CGT a nivel estatal tras un agitado proceso desencadenado por los antecedentes y resultados del XI Congreso celebrado en diciembre de 1989 en Madrid, generador de conflictos entre dos orientaciones: si se quería una organización abierta a otras sensibilidades no específicamente libertarias o se mantenía una identidad específicamente anarcosindicalista. La descalificación de esta segunda opción no me parece ajustada a la realidad tal y como la viví. En mi opinión, los argumentos expresados por José Mari en el libro creo no reflejan y de hecho simplifican una realidad más compleja
Se traslada a vivir a Madrid y en el XII Congreso, celebrado en Colmenar Viejo, Madrid, del 9 al 12 de octubre de 1993, es elegido Secretario General de CGT, cargo que ejercerá hasta 2001. Su descripción del estado interno de la CGT, sus debilidades, sus retos, el papel de los y las militantes, desde esa posición le dota de una visión global y crítica en la que se conjugan el papel de los congresos y los estatutos como elementos articuladores con la difícil puesta en práctica de acuerdos adoptados colectivamente. Temas como la liberación sindical, las cotizaciones, las subvenciones, entre otros, son ejes de su reflexión desesperanzada mientras que aspectos más ilusionantes como el ampliar y articular las relaciones con colectivos libertarios de países europeos y latinoamericanos, el apoyo e impulso decidido a la prensa confederal (en especial Rojo y Negro así como Libre Pensamiento, en el que me involucré desde sus comienzos y ha constituido una de mis más entrañables experiencias militantes en CGT). Resalto su valoración de Libre Pensamiento (página 292) como “revista de gran calidad, mal aprovechada por la militancia y sin capacidad por parte de la organización de proyectarla al exterior, junto a su intento de que el colectivo de redacción contara con gentes ajenas a la CGT y se convirtiera en un foro de opinión, no se saldó con éxito”.

El quinto bloque (capítulo 14), Descompresión y nuevas perspectivas, narra su periodo posterior a 2001, promoviendo iniciativas como la red Apoyo Mutuo, sus dos etapas de apoyo al anarquismo latinoamericano, con la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) como elemento motor y el intento fallido de crear en 2011 una organización anarquista vasca denominada Euskal Herrietako Libertarioak (EHKL) en la línea de la Embat-Organització Llibertària de Catalunya.
En el (breve) capítulo 14 se destaca la introducción de una conferencia pronunciada en la universidad de Burgos en 2005 con el título “Ciudadanía, derechos económicos y sociales” cuyo contenido, centrado en el reparto del trabajo y la riqueza, reflejaba su pensamiento y propuestas producto de una experiencia militante de lucha y sus lecturas, defendiendo “el salario social, la semana de 35 horas, hacia la de 32 y muchas menos, entre otras, como una necesidad vital en un mundo contradictorio en el que conviven la abundancia y la acumulación de riqueza con la miseria y la muerte por el hambre, la falta de atención sanitaria, por la falta de medicamentos, de agua potable, por desnutrición y por la extrema pobreza en la que viven más de 1.100 millones de seres humanos” (página 373).
El epílogo constituye su reflexión sobre “lo hecho, sus decisiones con errores y contradicciones entre principios y realidad, un camino lleno de tensiones, agitación, incertidumbres, de momentos felices y duros, había que seguir pasase lo que pasase. Era mi vida, también un aprendizaje necesario para superar dogmatismos y sectarismos […] Entrega y dedicación con un coste personal asumido personalmente pero un coste intolerable e injusto de quien lo sufre sin haberlo elegido. Es el caso de los más cercanos (esposas e hijas, en mi caso). Se quedaban a la espera, sufrían la ausencia, vivían en la incertidumbre de qué me pasará, de qué nos puede pasar, era la angustia. En definitiva, autoritarismo y machismo, lo contrario de los ideales que decía defender. Por ello, es imprescindible que dicha dedicación tenga un equilibrio e igualdad entre la entrega a la sociedad y la vida privada”. La experiencia personal a nivel familiar de José Mari, su relación con sus compañeras e hijas, de una dureza derivada de su rigidez activista en muchos momentos, y que aparecen a lo largo del libro, me llevan a la necesidad de un equilibrio emocional en la perspectiva familiar y también laboral, que sirva de contrapeso en relación con el compromiso y dedicación en la vida militante. Luchar por mejorar la vida de los demás implica luchar por la vida y las relaciones con las personas más cercanas.
Me quedo con su última aportación. “Sin duda en la Humanidad hay mucha, mucha gente, mujeres y hombres, que llevan a cabo una acción extraordinaria en diferentes lugares y actividades pero ellos no deciden, deciden otros y es el momento de tomar una decisión y hacer y hacer”.
Compartir activamente, no solo como lector, esta aportación de José Mari Olaizola puede servir para reconstruir nuestra historia personal y colectiva en el movimiento libertario con una visión crítica y pensando en el futuro inmediato más allá de la desesperanza y el recogimiento en lo individual y más cercano.
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