La lógica del Monopoly

Luis Ángel Campillos Morón

  1. El Monopoly (llamado inicialmente El juego del propietario) fue inventado por Elisabeth Magie para llevar a cabo una crítica del sistema capitalista.
  2. No tardó en convertirse en lo que hoy conocemos como Monopoly.
  3. El Monopoly posee unas reglas de juego. No obstante, hay varias versiones, con sus propias reglas.
  4. Sin embargo, todos los Monopoly, es decir, todos los tipos de capitalismo, poseen un tablero, el mismo tablero: esta es, precisamente, la tesis de El capital de Karl Marx.
  5. Para producir un tablero, sea de cartón o madera, se ha de configurar, en primer lugar, una línea. Con cuatro líneas se genera una superficie (cuadrado, rectángulo, poco importa eso), el lugar donde se juega.
  6. Esa primera línea puede ser representada, por ejemplo, como el corte de motosierra sobre un tronco de árbol. A partir de esa línea se puede producir un tablero de madera donde jugar al Monopoly.
  7. Esta primera línea es clave. Como dice el profesor Jesús Ezquerra (Universidad de Zaragoza) en su lectura de Hegel: al principio fue la herida. Esta herida es fruto de la separación, del corte.
  8. Con esa herida se construye el tablero.
  9. El tablero está manchado de sangre. Todos los tableros. Siempre.
  10. El burgués y el proletario, el fondo buitre y el inquilino, todos ellos se encuentran sobre ese mismo tipo de tablero. Porque este tablero, recordemos, proviene de la separación entre unos y otros.
  11. El sudor de la frente de los trabajadores no es más que lágrimas que lavan la sangre del tablero. De ahí la máxima anarquista de no trabajar jamás.
  12. Marx quería hacer ciencia, ciencia crítica: es decir, quería hacernos ver que nos encontramos sobre el tablero. Nacemos ahí. Pero ese tablero no se ve, aunque esté ahí. Según dicen, los peces no ven el agua: no son conscientes de su existencia ya que no podrían vivir sin ella.
  13. Este es el máximo objetivo de cualquier clase de capitalismo: hacernos creer que no hay tablero. Impedirnos imaginar otros mundos.
  14. Siempre que se juegue en el tablero, poco importa el rol que se despliegue: ser trabajador autónomo, vivir de las rentas, consumir poco, tener una empresa, poseer buenas condiciones de trabajo, conseguir ciertos derechos laborales…
  15. A su vez, recordemos, lo único necesario es el tablero, no las personas que lo ocupen. Nadie es imprescindible excepto el tablero.
  16. Cualquier tipo de comunismo, socialismo u otras formas pseudodemocráticas, situadas sobre el tablero, son, en esencia, capitalistas. Están manchadas de sangre y ocultan la violencia primigenia.
  17. El tablero tiene dos caras. La cara de arriba es donde se juega. La cara de abajo permanece oculta. Ahí están, entre otras, desde Elisabeth Magie a Mari Carmen. Ahí están las víctimas, los árboles, los negros, las mujeres, las transexuales y ese larguísimo etcétera sangriento.
  18. El tablero, en la parte de arriba, está iluminado continuamente, siempre dispuesto, abierto al juego. Cualquiera es bienvenido. 24/7. Todo cabe, siempre que se acepten las reglas del juego. Ya se sabe, está el factor suerte. Podría tocarte un piso, o la lotería.
  19. El tablero, en la parte de abajo, está oculto. No es agradable jugar sobre un charco de sangre, vísceras y gritos de dolor y horror. A tal efecto, el tablero posee un silenciador.
  20. Hegel concebía los acontecimientos históricos como materia que hay que arreglar. Desde esta lectura Idealista, hay alguien allí arriba, una suerte de Espíritu Absoluto, que se encarga de ordenar y dirigir todo lo que ocurre abajo.
  21. De modo similar, el materialista Marx afirma que los explotadores (arriba) disponen de los explotados. Estos son tratados, dirigidos, organizados, según los intereses de aquellos.
  22. La separación entre esencia y existencia en Hegel, o entre burgués y proletario en Marx puede ser simbolizada mediante aquel corte primigenio: la herida.
  23. El capitalismo se basa (tablero de juego como base), precisamente, en esta violencia primigenia.
  24. Si se levanta el tablero, se ve todo este reguero de sangre. De hecho, se debe levantar con cuidado pues se trata de un rojo diluvio universal. Todo el pasado sangriento se hace presente. Así se escucha a las víctimas, como quería Walter Benjamin.
  25. Pero todavía falta algo más. No sólo hay que levantar el tablero para observar la parte de abajo, sino que también hay que destruirlo por completo. Solo así todas esas víctimas podrán vivir en paz de una maldita vez. Y nosotras con ellos.

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