Historia de la filosofía anárquica 2. Entre Sócrates y Foucault. El Cinismo antiguo y la Anarquía. Primera parte.

Simón Royo Hernández

1.071. Sócrates / Exiliado ///

Habrá / que-inventar / otra-lengua / otro-esperanto / para-poder / cantar-bien / la-Odisea / de-la-Comuna ///

Exiliados / estamos / de-la / palabra-poética / (William H. Gass) // pero / nación / no-hay / más / que / una / plural / Terra / se-llama / a-la-que / pertenecemos / todos // no enfrentar / a-los-pueblos / humildes / buenos / entre-sí / para / mayor / gloria / de-tiranos ///

Así / ni-la / música / (Schopenhauer) / ni-la / pintura / (Leonardo) / son / las-artes / supremas / tampoco / el-habla / o-la / escritura // ¡hasta / allí / pérfida / se / introduce /  jerarquía! ///

Exiliado / Sócrates / ya-no / encuentra / mercaderes / sofistas / esclavos / a-los / que / preguntar / por-geometría // solamente / encuentra / compañeros / de-un / exilio / éste / positivo // un / alejarse / desvincularse / separarse / del-inmundo // para / habitar / Terra ///

Exiliados / del-útero / materno / del-cobijo / atendido / nos / convertimos / en / tábanos / aguijoneando / vejaciones / del-existir // sin / habitáculo / alguno / protector // lo-mejor / de-renacer / es / el-nuevo / habitar ///

Sócrates / no-toma / la-cicuta / acepta / el / destierro // encuentra / tras / su-rechazo / incluso / de-Atenas / una-nueva / vida / en-compañía / de-otros / exiliados // república / de / exiliados / del-inmundo / extranjeros / todos / pero / ya-no / extraños / sino / desalienados // la-Comuna / su / en-común / no-es-ya / castigo / expulsión / tormento / sino-premio / hallazgo / liberación / dichosa // descanso ///

Renunciad / a / toda / filiación / no-libremente / elegida / menos / a / la-filiación / de-los / desafiliados / escogida ///

En / lugar / de-ser / una / mutilación / el-exilio / será / crecimiento / de-un / nuevo / órgano / el-séptimo / sentido / la / ayuda-mutua / en / libertad / e / igualdad ///

Los / anarcántropos / nos / exiliamos / de-la / raza / humana ///

Nos / expulsa / el-inmundo / sin-herida / narcisista / pues / ni / nos / quiere / ni / le / queremos /// Nos / vamos / voluntariamente // llevando / lo-que / cabe / en-una / maleta / lo-esencial / del / pasado / sin / arrastrar / sus-lastres / ni / pelusas ///

(Platón) / propuso / ingenuo / o / malvado / el-exilio / de-lospoetas / de-los / artistas / creadores / más / son / los-poetas / los-exiliados / por-excelencia // cada / palabra / nueva / que / inventan / destruye / el-inmundo / y / crea / otro-espacio / común / compartido ///

Habría / que / inventar / otra-lengua / otro-esperanto / para / poder-cantar / bien / la / Odisea / de-la / Comuna ///

(Fragmento del libro: Anarkia / anarcolepsis. Editorial Manuscritos. Madrid 2024).

Nosotros, a diferencia de otros filósofos e historiadores, no consideramos la cronología como un devenir progresivo de atrás hacia adelante, no somos progresistas, sino que, de otro modo, vemos, retrospectivamente, desde el presente hacia atrás, que el anarquismo, en cuanto an-arché, en cuanto negación de todo principio, dominación, mando o jerarquía, ha aflorado, con diferentes nombres, a lo largo de la Historia. Por tanto, el anarquismo puede rastrearse desde la actualidad hasta la era más primitiva de la humanidad.

Asimismo, ya hacia delante, la anarquía nos habla desde el futuro, destella como utopía y nos manda mensajes que vienen del mañana y que podemos desencriptar, para traer un mañana mejor al presente actual.

De este modo, por tanto, vemos que la Anarquía estará presente en todas las épocas y lugares, en todo tiempo y espacio, se habrá manifestado, eso sí, eminentemente, políticamente, en los movimientos anarquistas del siglo XIX, y realmente, en la Comuna de París o ya en el siglo XX, en las Comunas de Cataluña y Aragón durante la Guerra Civil española, así como en el siglo XXI entre los kurdos de Rojava o entre los manifestantes antiglobalización contra la cumbre del G8.

También se habrá manifestado, además, de histórica y realmente, antropológicamente, psicológicamente, artísticamente, científicamente, todo ello a partir de su matriz filosófica y de su manifestación ontológica, de su deriva oculta una vez que, al instituirse un arché, principio, mando, jerarquía, se sumergió su oposición previa preexistente.

La Anarquía surge a partir de lo an-arché, que es previo a lo árquico. Adviene de lo sin principio, sin fundamento, mando, dominio o jerarquía, de una libertad primigenia que tiene que reivindicarse cuando se ha perdido.

De ahí que nuestro planteamiento difiera en cuanto a la cronología, en lo relativo a la consideración de la historicidad, transhistoricidad, epocalidad e intempestividad, de la Anarquía, con los planteamientos de otros autores, que consideran el anarquismo exclusivamente como un movimiento político del siglo XIX con algunos antecedentes y consecuentes a lo largo de la Historia.

Exploraremos y rastrearemos, la Anarquía implícita en el cinismo antiguo y en Sócrates. Y así, más que mostrar al cinismo o al socratismo como antecedentes en algunos aspectos del movimiento anarquista, trataremos de considerarlos como anárquicos en sí mismos, aunque no se autodenominasen a sí mismos antaño de ese modo, ni se les caracterice actualmente con semejante término.

Desde nuestro punto de vista el cinismo o la figura de Sócrates son ya dos modalidades del anarquismo, y lo son, por ser ambos una puesta en práctica de la Anarquía, son un anarquismo avant la lettre.

Nos dice la autora de uno de los libros sobre Filosofía y Anarquía más importantes de los últimos tiempos al hablar de los cínicos y el anarquismo, tema, tratado también por Michel Foucault:

«Cinismo y Anarquismo. ¿Cómo entenderlo? Foucault insiste en la relación que existe entre el cinismo y el anarquismo. De hecho, el cinismo aparece, en El coraje de la verdad, como la primera cara del anarquismo por venir. “El cinismo, la idea de un modo de vida que sería la manifestación irruptiva, violenta, escandalosa de la verdad, escribe Foucault, es parte y ha sido parte de la práctica revolucionaria y de las formas que tomaron los movimientos revolucionarios a lo largo del siglo XIX. El bios cínico anuncia la vida revolucionaria”1».

Para Foucault el cinismo como modo de vida y el decir la verdad, sin tapujos, de manera insolente, directa, sin atender a las consecuencias, estaban ligados: «El cinismo me parece, por tanto, una forma de filosofía en la cual modo de vida y decir veraz están directa, inmediatamente ligados uno a otro2».

Pero Foucault no insiste en la relación que existe entre cinismo y anarquismo -como señala Catherine Malabou- sino que toma el cinismo como foco desde la antigüedad a nuestros días para irse remontando sobre el tiempo histórico hasta llegar a nombrar al anarquismo.

A nosotros nos interesa más el movimiento inverso, como venimos explicando: partir de la Anarquía en la actualidad, esto es, de la ontología anárquica en todo tiempo y lugar, para, desde el presente, rastrearla, ya como filosofía, ya como forma de vida, retrospectivamente, en todo lugar anterior y, prospectivamente, en todo lugar futuro.

Vemos que para Foucault y con razón, el cínico o Sócrates, eran quienes tenían la parresia, lo cual, significa, el decir veraz, ya no solamente el de la democracia ateniense, exclusivo de los ciudadanos, sino el decir veraz incluso contra un Estado democrático como el de Atenas, el manifestar la verdad libre y para todos por parte de cualquiera, sin distinción de clases o rangos, sin bandos ni partidos, sin pertenecer a una facción u otra del gobierno.

En Sócrates hay ya esa parresia ética que desplaza a la que no ve posible el filósofo en la política. Por ejercerla es que fue condenado a muerte, eliminado por la propia democracia ateniense, de ahí que Agustín García Calvo viese en Sócrates a un anárquico, antes que, como Fernando Savater siguiendo a I.F. Stone, a un reaccionario:

«¿Cómo desconocer la evidente indiferencia de Sócrates por los cambios de régimen y las actualidades políticas de Atenas?: él se dedicaba a preguntar, entre otras cosas, qué es eso de “gobernar un Estado”, y esa es una pregunta que a ningún tipo de Gobierno le sienta bien; sólo que a Sócrates la mayor parte de su vida le tocó hacerla bajo una Democracia»3.

Bajo ningún gobierno se es libre, solamente se alcanza libertad en la medida en que se logra el autogobierno de uno mismo consigo mismo y con los otros, el cuidado de sí mismo y de los demás, poniendo las cosas en común mediante confederaciones de multitudes y bienes en común.

Vamos a ver a continuación que Foucault se equivoca al diferenciar entre cuidado y vigilancia cuando el emplazamiento es jerarquizado, porque cuando hay un gobierno piramidal y una jerarquía, las relaciones de cuidado se convierten en sumisiones a un poder soberano:

«La epiméleia no es la vigilancia ejercida por un cómitre sobre sus esclavos, no es la vigilancia de un carcelero con respecto a quienes están presos. Es la solicitud positiva de un padre de familia para con sus hijos, de un pastor para con su rebaño, de un buen soberano para con los ciudadanos de su país. Es la solicitud de los dioses hacia los hombres»4.

¿Padres, Pastores, Soberanos? ¿Los hay buenos? ¿No son los carceleros de niños, ovejas y ciudadanos? ¿No son los dioses dueños de sus esclavos los hombres? La jerarquía y la consideración según la cual pudiera haber, al mismo tiempo que un desnivel profundo, un «buen gobierno», impiden a Foucault ser del todo consecuente con la anarquía socrática o cínica, más aún con el anarquismo clásico decimonónico, parece olvidar reiteradamente que hubiera dicho que el poder no es necesario. Al ver micropolíticamente al poder en todas partes cuesta mucho pensar el espacio sin ejercicio del poder en que consiste la comuna anárquica, por eso, aunque avanzó mucho en el camino anárquico, trataremos de ir incluso más allá de Foucault.

Su interpretación de Sócrates está viciada por no tener muy en cuenta que es Platón quien nos está contando el relato del Fedón y tergiversando la vida de Sócrates a su favor. Ese ya no es un diálogo socrático, sino que está muy intervenido por su antes escriba y discípulo, por ese Platón que sobre sus anchos hombros erigirá deslavazado en diálogos el primer sistema de filosofía, el primer compendio de sabiduría omnicomprensiva para ordenar y jerarquizar toda la realidad.

Como el Foucault que dicta la lección que seguimos está ya enfermo de muerte no podrá aceptar que Platón haya caracterizado falazmente a Sócrates como diciendo como últimas palabras de su vida, que «la vida es una enfermedad», pues así es como se lee e interpreta el enigmático y famoso autoepitafio de Sócrates: «Critón, debemos un gallo a Asclepio»5.

Conceptos como el griego epimeleia y el alemán Sorge que significan cuidado, tanto en el sentido de cuidar como en el de tener cuidado, están sinonímicamente bien emparentados con el de la ayuda mutua, con uno de los conceptos anarquistas por excelencia, hasta un punto que la filosofía ha ocultado y no ha querido reconocer.

Desde un punto de vista anarquista buena parte de «los cuidados» que ofrece el Estado no son sino una forma de proteger a un rebaño adocenado y dirigido que se explota sin cesar y se exprime como si fuesen naranjas de las que sacar zumo (dinero); de tal modo que, el llamado «Estado del bienestar», donde se abandona a niños y ancianos, enfermos mentales y parados, a inmigrantes y personas consideradas no-productivas nos domina aparentando protegernos.

El Estado capitalista solamente procura que su inversión, los seres humanos que producen, generen la mayor riqueza para los capitalistas, beneficiarios de toda la producción, por cuidar de la gente como los pastores del ganado cuya carne van a vender en el mercado, un cuidado distorsionado y manipulado que nos vende seguridad a cambio de perder cada vez más libertad.

Existen otras formas de cuidar y de cuidarse, las que operan teniendo cuidado, que no son las del Estado y la productividad capitalista, sino que son formas de organización horizontal, autónomas y cooperativas, en las cuales no se tiene una finalidad crematística, donde no se reducen los cuidados a una cuestión de dinero, estadísticas y porcentajes. Esas formas de organización en ayuda mutua son las que el anarquismo denomina «cuidados», que habrá que distinguir de los otros.

Cuidar de uno mismo y de los otros es todo lo contrario que el evangelio de la lucha y la competencia entre individuos aislados arrancando a lo social lo que pueda preservar con vida a quienes trabajan.

La parresia de Sócrates, su hablar veraz, está indisolublemente unido a ese cuidar de sí y de los otros, a esa preocupación por el bienestar colectivo más allá y más acá de la política.

Si sobre todo le preocupaban los jóvenes es porque éstos todavía no estaban tan maleados como los adultos y eran más permeables a sus mensajes de liberación, aunque bien sabido es que Sócrates hablaba, dialogaba y refutaba a toda clase de gentes de todas las clases sociales, desde los esclavos hasta los nobles.

Su ironía era muy semejante a la de los cínicos o los cómicos, fruto de un talante anárquico. Por eso le llamaban «el tábano», por insistir y picar con sus refutaciones mayéuticas a quienes creían que sabían y que por ello debían gobernar y mandar.

Desde las fuentes más antiguas y exiguas sobre Sócrates, que no dejó nada escrito, esto es, Aristófanes, el joven Platón y Jenofonte, hasta las legiones de historiadores y filósofos que se han acercado a su figura, se ha novelado e interpretado su figura de mil maneras, pudiéndose incluir las figuraciones literarias como la de Marcos Chicot. La pluralidad de versiones sobre Sócrates autoriza a incluir el Sócrates anárquico en el elenco de posibilidades de interpretación de su vivir y su pensar, pues ninguna puede ser definitiva ni acercarse a la objetividad dada la escasez y variedad de datos, tendenciosos, sobre el personaje.

Interesa a las ideologías religiosas y políticas que atraviesan la historiografía filosófica que el Sócrates anárquico quede soterrado bajo unas supuestas verdaderas históricas establecidas, las cuales, cuando se analizan, se muestran endebles y sesgadas. Bien sabemos que los historiadores que cuidan de que se registre la historia han sido como pastores para los rebaños, herederos de los exegetas bíblicos en busca de su verdad revelada.

Pero no son los dioses, ni los gobernantes, los pastores o los historiadores, los que se ocupan, cuidan, de los hombres, ni la religión ni la política ni la llamada ciencia histórica valen para ello, pues su cuidar es como el pastor moderno de su rebaño, que trata de organizarlo para explotarlo y sacar provecho.

Son los seres humanos quienes han de cuidarse entre sí.

Volvamos para demostrarlo a la lectura de Agustín García Calvo:

«En fin, el colmo de la cosa debe de ser cuando, como muestra del desprecio de Sócrates por la Democracia, le reprocha el sr. Stone no haber en su defensa apelado al Principio de la Libertad de Expresión, genial invento que si Sócrates hubiese usado le habría disculpado de corromper jóvenes y de meter dioses nuevos. Como si Sócrates no hubiera hecho al Principio Democrático de la Libertad de Expresión el más directo y fino homenaje que se puede, a saber, el de usarla, soltando el día del juicio, igual que cualquiera de los de su vida, lo que le salía por esa boca, sin cuidarse mucho de sus consecuencias»6.

Foucault acierta también en poner a Sócrates como principal exponente de la libertad de palabra, de la parresia, junto con los cínicos, porque la retirada epicúrea de la política incitaba más bien a callarse y no enfrentarse con el poder establecido, ya fuese oligárquico, democrático o imperial, aunque en los epicúreos y los estoicos también habrá tendencias anárquicas.

El modo de veredicción, de decir la verdad, de Sócrates y los cínicos, con valentía, con coraje, sin guardarse ni ocultar nada, no es otro que el de la filosofía tomada inicialmente como praxis y no como teoría, y eso es algo también totalmente en consonancia con el anarquismo.

Aun cuando distintas, como actividades orientadas a la libertad, la teoría y la praxis, finalmente, se encuentren, porque inicialmente son praxis, son un hacer, solamente rechazable en tanto en cuanto esté orientado hacia la dominación y el gobierno de los otros. El hacer de palabra o de acción, la vida, cuando está orientada hacia la libertad, puede calificarse como anárquica.

Por eso para diferenciar a Sócrates y los cínicos de Platón y los platónicos habría que tener muy en cuenta esta observación de Foucault sobre el Laques de Platón, el famoso diálogo sobre la valentía:

«Aquí, el objeto designado en el transcurso del diálogo como aquello de lo cual debemos ocuparnos no es el alma, es la vida (bíos), esto es, la manera de vivir»7.

Hay que ocuparse de la propia vida y no permitir la biopolítica, no admitir que otros se ocupen de la organización de la vida, de administrar nuestra existencia, evitar que los gobernantes sean quienes dictaminen el modo de vivir en general para todos. No hay que dejar que los que dominan administren la vida y dicten cómo debe ser nuestra existencia.

Lo que los maestros, como Sócrates, pueden hacer con los alumnos, no es conducirlos y educarlos hacia inserirse en la organización social vigente, sino ayudarles a que consigan la mayor autonomía y a que se relacionen con los otros en condiciones de libertad e igualdad, ayudarles a que consigan llevar un modo de vida libre incluso en medio de una sociedad que más lo impide que lo facilita.

Sócrates no podía ser funcionario, ni político, porque esa manera de ayudar, poniendo en cuestión el modo de vida vigente, deslegitimando y desfundamentando a la administración y la polis, no resulta admisible en las Instituciones. Por eso Sócrates sabe que no se puede enseñar, enseñar es adoctrinar, pero al menos muestra, con su modo de vida, otras posibilidades de vivir, alternativas a las impuestas. Las acciones de Sócrates, que derrocan todo gobierno, son lo mejor para la ciudad, lógico entonces que se le acabase condenando a muerte.

Y es que pocos son los que tienen el valor de asumir esta verdad: que no hay principio –arché; fundamento, gobierno, mando, jerarquía- que valga, sino que hay que vivir en anarquía, –an-arché-, en comunión libre e igual con uno mismo y con los otros.

Atreverse a actuar, a lanzarse a vivir, por fin equilibrados y en armonía, resolviendo frustraciones, represiones, tensiones, una vez adoptada una estética de la existencia anarquista, que es, al tiempo, un atreverse a pensar, a un pensar deconstructor de todo conocer, luego también sin gobierno, mando o jerarquía, se puede habitar la tierra de otro modo y crear lazos comunales con los demás.

El quehacer de Sócrates fue un pensar y actuar primeramente en oposición al mundo de la dominación y la competencia, ese que resiste y reacciona, para luego ser, al tiempo, un pensar y actuar libre, común, y en común, constructivo y generoso, primitivo y del mañana. Esa actitud anárquica está claramente presente en Sócrates y en los cínicos, como venimos demostrando.

El cinismo antiguo fue todo lo contrario de lo que esa palabra ha venido a significar, pues hoy se denomina cínico al que miente y engaña, a quien no cree en lo que hace ni en lo que dice, pero lo hace y lo dice con la finalidad exclusiva de beneficiarse, sobre todo, económicamente, a sí mismo.

También el término anarquía ha sido desvirtuado y denostado hasta la significación negativa y peyorativa que remite solamente a caos, destrucción, violencia y terrorismo.

Las palabras que el poder más teme y que no pueden ser borradas de la historia se tergiversan violentando su etimología hasta hacerlas decir lo contrario de lo que en realidad significan.

Señala Foucault también en sus lecciones, como hacemos nosotros, que el hablar francamente y con insolencia, sin respetar ni atender a jerarquías sociales, tras ser lo propio de Sócrates, fue también algo propio de los cínicos, y además, nos recuerda, que dijo Diógenes el cínico, que eso era lo más bello que había en los hombres.

Se junta así al modo de vida cínico (o socrático) y a su decir la verdad que otros ocultan, con la belleza, con la vida más bella, un tema recurrente en los griegos clásicos ese de la vida bella y buena.

Luego la forma de vida más hermosa, para los anarquizantes, no es la basada en la virtud, ni en la valentía, no la del honor, ni la de riqueza, ni siquiera la de la reputación o la posición pública y social, sino la del no engañar ni engañarse, la de ser veraz y auténtico.

Una vida auténtica, vida propia y apropiada, se contrapone a cualquier forma de vida inauténtica, a todas las vidas expropiadas, alienadas, sojuzgadas, que se han hecho de otro, que ya tienen un dueño, un amo, dirigidas por un gobernante, por un poder ajeno a lo que sería uno mismo con los demás en un plano de libertad y de igualdad. Una vida que es dominada, organizada y mandada, no es una vida propia ni auténtica, no ha conseguido que la confederación de yoes de su multitud interna, se equilibre evitando que ninguno se torne hegemónico. Lo llamado individual, indivisible, es ya un colectivo, siendo las relaciones y vinculaciones con los demás, relaciones y vinculaciones entre agregados cada vez mayores.

La metafísica del alma bajo un mando, por ejemplo, en el cristianismo el de Dios y su jerarquía, o en la Modernidad el del Capitalismo, admite varias formas de vida, diferentes modos de un deber ser de unos subordinados de los otros, engañosa pluralidad de los modos de dominación. Por el contrario, la estética de la existencia anárquica es la forma de la sensibilidad libre e igual compartida por la diversidad de singularidades asociadas sin imposiciones ni jerarquías.

La filosofía es para el cínico un modo de vida, una praxis, no una teoría, es un modo de ser en el mundo, un vivir verdadero frente a una sociedad que lo falsea y lo manipula, que esclaviza y que miente, de ahí que rechace lo social y trate de vivir conforme a la naturaleza. La radical revuelta cínica de la antigüedad es una muestra, en el inicio de la filosofía Occidental, de esa rebelión radical a la que llamamos Anarquía. Y ya solamente la presente simple y sencilla caracterización, bastaría, para considerar al cínico de la antigüedad como un anarquista, esto es, como un practicante de la Anarquía.

El modelo de vida cínico es anárquico porque: «El cinismo no se conforma pues con acoplar o hacer corresponder, en una armonía o una homofonía, cierto tipo de discurso y una vida con arreglo a los principios enunciados en el discurso. El cinismo liga el modo de vida y la verdad de una manera mucho más estrecha, mucho más precisa. Hace de la forma de la existencia una condición esencial para el decir veraz. Hace de la forma de la existencia la práctica reductora que va a dejar lugar al decir veraz. Y, para terminar, hace de la forma de la existencia un medio de hacer visible, en los gestos, en los cuerpos, en la manera de vestirse, en la manera de conducirse y de vivir, la verdad misma. En suma, el cinismo hace de la vida, de la existencia, del bios, lo que podríamos llamar una aleturgia, una manifestación de la verdad»8.

Muchas practicas vitales se muestran como corroboradas por los signos externos de vivir, vestirse, moverse, conducirse en sociedad. Los cínicos fueron unos admirados punkies de la antigüedad grecolatina, aunque su apreciación cultural iba mucho más allá de la que la contracultura haya podido tener en la era de la Modernidad, con lo cual, la comparación se queda corta. El cínico antiguo prescinde de todas las falsas creencias de la sociedad en la que vive, mantiene una frugalidad que manifiesta que sus necesidades son pocas y sus capacidades son muchas. Luego resulta el cínico un peculiar anti-sistema que, a diferencia del moderno, no se lanza a los excesos, no vive deprisa para dejar un bonito cadáver, sino que prescinde del consumo, precisamente, para poder apartarse de la sociedad de consumo, rechazarla y criticarla.

Si se nos aparecen grupos o personajes parecidos a los cínicos a lo largo de la historia, anárquicos insistimos en decir nosotros, es porque tal modo de vida y pensamiento aflora y brota con diferentes nombres y en distintas sociedades, bien que, con sus particularidades relativas a esos otros contextos, en distintas épocas, insistimos, acontece anarquía en todas las eras.

Los cínicos son caracterizados como vagabundos o dedicados a la mendicidad porque rechazan la acumulación de bienes materiales y todas las obligaciones inútiles e innecesarias. No apegados a nada, la autarquía o independencia en ellos, y en general, se caracteriza por necesitar poco, rechazando convenciones superfluas y normas impuestas. Ellos ejemplificaron toda una terapéutica anarquista, una depuración en general de lo sobrante, una demostración de que el poder y la jerarquía social no son necesarios, que para ser verdaderamente rico basta con tener lo que realmente se necesita, que es poco, siendo el que acumula más esclavo que el esclavo en tanto en cuanto está poseído por sus bienes superfluos.

Altas capacidades y pocas necesidades son precisamente lo que caracteriza a una comuna anarquista, excedentaria, por tanto, donde es posible el a cada cual según sus necesidades y de cada cual, según sus capacidades, porque está formada por singularidades parecidas a las de los cínicos de la antigüedad, generan libremente, no obligatoriamente, más de lo que gastan.

Cuando Kropotkin expone la idea de la ayuda mutua la ve ya en los animales, luego, la señala en las comunidades primitivas o en los gremios medievales, porque la cooperación y la solidaridad, aunque revista diversas formas, se ha dado siempre, tanto en la naturaleza como en la cultura.

Por eso el cinismo, como bien dice también Michel Foucault, es, transhistórico, pues a su juicio no se limita al siglo IV a.C., no se queda en un periodo antiguo de la Historia de la Filosofía, sino que atraviesa tiempos y lugares, manifestándose en diferentes épocas y bajo diversas formas:

«Voy a dar un rodeo e intentaré mostrarles por qué y cómo el cinismo no es simplemente, como suele imaginárselo, una figura un poco particular, singular y en definitiva olvidada de la filosofía antigua, sino una categoría histórica que atraviesa, bajo formas diversas, con variados objetivos, toda la historia occidental. Hay un cinismo que se confunde con la historia del pensamiento, la existencia y la subjetividad occidentales. En la próxima hora me gustaría recordar un poco ese cinismo transhistórico»9.

De ahí que insistamos nosotros en que el anarquismo, caracterizado por un vivir autárquico sin necesitar de Estado y de Mercado, en esencia, por no necesitar de una sociedad jerarquizada, ni la del dinero ni la del poder, pueda decirse heredero de la franqueza cínica y su modo de vida, de su separación de una sociedad dominante y de su decir y manifestar francamente la verdad.

Incluso podemos invertir esa consideración y decir más bien que la anarquía estaba en el cinismo, que fue la que lo hizo surgir y que antes de considerar la historia del cinismo tenemos en consideración que su manifestación contestataria es en lo profundo parte de la historia del anarquismo.

Para mostrar el carácter transhistórico del cinismo, Foucault, lo que hace, primeramente, es señalar cuatro libros recientes, alemanes, cuya existencia conoce y que versan sobre el tema, los libros de Paul Tillich, Klaus Heinrich, Arnold Gehlen y uno que reconoce no haber leído, de un tal, Peter Sloterdijk:

«Para terminar, [el] cuarto libro, pero que no conozco -me lo señalaron hace poco-, aparecido el año pasado en Alemania, en Suhrkarnp, es de alguien que se llama Sloterdijk y lleva el solemne título de Kritik der zyniscben Vernunft (Crítica de la razón cínica). No se nos ahorrará ninguna de las críticas de la razón, ni la pura, ni la dialéctica, ni la política, y ahora, por lo tanto, “crítica de la razón cínica». Es un libro en dos volúmenes sobre el cual no sé nada. Me han dado opiniones divergentes, digamos, acerca de su interés. En todo caso, es seguro que encontramos en la filosofía alemana contemporánea, desde la guerra, toda una problematización del cinismo en sus formas antiguas y modernas»10.

Tras esa señal académica y profesoral, que muestra que era tema de discusión entre los filósofos alemanes de su tiempo, viene lo importante, lo histórico propiamente dicho: al cinismo se lo puede encontrar uno aflorando, tras la antigüedad, dice Foucault, en la Europa cristiana, en los ascetas y los peregrinos, en los movimientos heréticos de la Edad Media, en los místicos, en las ordenes monacales y mendicantes, en los franciscanos y su despojamiento, entre otros: «Los franciscanos, con su despojamiento, su vagabundeo, su pobreza, su mendicidad, son en verdad, hasta cierto punto, los cínicos de la cristiandad medieval»11.

Y luego, se le encuentra, ya en la Modernidad, según Foucault, en los movimientos políticos revolucionarios, en las sociedades secretas, en la militancia como forma de vida. Entre éstos últimos ve Foucault la mayor conexión entre cinismo antiguo y anarquismo, en la idea de llevar una verdadera vida que impugne la vida falsa existente y muestre, escandalosamente, que otro mundo es posible.

Cuando nos dice el filósofo que «es fácil mostrar la existencia permanente de algo que puede aparecer como cinismo a través de toda la cultura europea»12, vemos con ello asegurada, en un nivel de emergencia posterior, nuestra tesis según la cual: es fácil mostrar la existencia permanente de algo que puede aparecer como anarquismo a través de toda la cultura universal.

Lamentablemente, Foucault, el anarquismo que finalmente señala como continuador del cinismo antiguo, es, el anarquismo de carácter terrorista, el nihilismo. Como ejemplo de la herencia cínica en el anarquismo moderno se va a la peor versión y más denostada del anarquista, cuando, precisamente, la violencia les era bastante ajena a los cínicos antiguos:

«Habría que estudiar a Dostoievski, por supuesto, y con él el nihilismo ruso; tras éste, el anarquismo europeo y americano, y asimismo el problema del terrorismo y la manera en que el anarquismo y el terrorismo, como práctica de la vida hasta la muerte por la verdad (la bomba que mata incluso a quien la pone) aparecen como una especie de paso al límite, paso dramático o delirante, de ese coraje por la verdad que los griegos y la filosofía griega habían presentado como uno de los principios fundamentales de la vida de verdad. Ir a la verdad, manifestar la verdad, hacer prorrumpir la verdad hasta perder la vida o derramar la sangre de los otros, es algo cuya prolongada filiación encontramos a través del pensamiento europeo»13.

Más importante nos parece la ligazón del anarquismo con todo lo demás de los cínicos que refiere Foucault, sobre todo con el modo de vida verdadero y el no sometimiento a los dictados de una sociedad jerarquizada, que las manifestaciones violentas en el nihilismo europeo. Y si bien no es del todo vana esa aportación y señalamiento del filósofo francés, sí que late en ella una pertinaz difamación hacia el anarquismo, una consideración peyorativa que sorprendentemente cala hasta en Foucault: aquella que se caracteriza por reducirlo a ser un movimiento violento y terrorista.

Acierta más Foucault a continuación, al ver al cinismo conectado y aflorando en el estilo de vida del izquierdismo, entendido como una vida auténtica, digamos entonces nosotros que frente y contra la fachada, frente a la vida inauténtica del facha, como vida del antifascista.

A la hora de dar testimonio con la vida, los soldados de un ejército o los del terrorismo fascista y militarista, como en la inmolación de los soldados religiosos, cruzados o legionarios, ese martirio de derechas, se distingue mucho, pero se parece también en algo, al testimonio vital de los anarquistas que dieron o quitaron la vida por la libertad y la liberación: todos se parecen a los mártires de las religiones monoteístas que les precedieron, porque mártir es palabra griega que significa testigo. Ser testigo de un credo dando la vida por ello, como el terrorista musulmán por Alá.

Habría que matizar entonces mucho la consideración de Foucault en este punto, quizá con un análisis de Los Justos, de Albert Camus, puesto que allí se diferencia claramente entre los nihilistas y los anarquistas, algo que Foucault amalgama en el pasaje anteriormente citado. Pero como eso nos desviaría demasiado del tema del cinismo y la Anarquía, tendremos que dejarlo aquí señalado, para desarrollarlo en otra ocasión. Baste decir que la idea de hombre rebelde de Camus distingue entre el anarquista, que llegado a la violencia no está dispuesto a matar niños y lucha por amor a toda la humanidad, y el terrorista, que no tiene limitaciones y lucha por odio a una parte de la humanidad.

Respecto al estilo de vida escandaloso, cínico en ese sentido, o más bien anárquico como venimos argumentando, lo veríamos, más eminentemente aún representado, con posterioridad, más bien, en los movimientos de mayo del 1968, movimientos que Foucault quizá tiene demasiado cercanos para verlos con perspectiva en el momento en que se ocupa de los cínicos, en esos hippies que serían más representativos de lo que ha llamado izquierdismo.

No es en la militancia de corte militar de los camaradas marxistas que pudiera verse reaparecer el escándalo cínico para la sociedad burguesa, con su uniformidad de vestimenta y su modo de caminar al unísono, algo que sería del todo ajeno a cínicos y anarquistas, sino en el compañerismo de los izquierdistas de la revolución del 68 y sus tribus urbanas o grupos de afinidad. Allí sería, donde pudiera mejor verse un afloramiento o acontecimiento anárquico.

Y desde luego se encuentra ese tono anárquico y el escándalo de desnudar la verdad, como tema cínico, reapareciendo, tanto en el arte como en la literatura.

Foucault señala en su texto esa otra importante línea de fuga: la de la vida artística del bohemio en tanto en cuanto consonante con el cínico antiguo -y el anarquista moderno, añadimos-, las vidas del escritor, el pintor o el músico que se liberan de las normas sociales y escandalizan a los burgueses bienpensantes con su existencia libre y desenfadada, ajena a las convenciones sociales. Por ejemplo, la de una mujer anarquista y libre como Emma Goldman.

Las vidas y obras de ciertos intelectuales, artistas o escritores son emblemas anarquistas, manifiestos contestatarios, donde vida y obra se manifiestan mutuamente en su verdad, diferente y divergente a la establecida. Los artistas, a la manera cínica, de manera anárquica, desnudan la existencia de su falsedad y alienación y sacan a la luz lo que se esconde y lo que podría ser de otra manera.

En ese sentido Foucault señala primero a los franceses Baudelaire, Flaubert o Manet. Nosotros, para no nombrar solamente franceses, podríamos incluir a tres ingleses, bien anarquizantes: Percy B. Shelley, Lord Byron y Oscar Wilde.

Después señala Foucault la tendencia antiplatónica de esos artistas, digamos para aclararlo que antiplatónica significa antipuritana y antivictoriana, es: «una tendencia profunda que encontramos de Manet a Francis Bacon, de Baudelaire a Samuel Beckett o Burroughs. Antiplatonismo: el arte como lugar de irrupción de lo elemental, puesta al desnudo de la existencia»14.

Según Foucault, además, está el arte moderno y contemporáneo, que rechaza cualquier canon estético anterior, cualquier forma ya adquirida y busca la ruptura para crear y liberar nuevas formas, lo cual, está en consonancia con el proceder rupturista frente a lo establecido del cinismo y del anarquismo.

Ese tipo de arte y de artistas, sin embargo, el tipo de los artistas anárquicos, podemos encontrarlos en todo tiempo y lugar, corroborando, de un modo u otro, el modo de vida libre. No hay que olvidar que, en la literatura, eminentemente en la comedia y la sátira, abundan también, de forma recurrente, los temas cínicos y anárquicos, rompiendo con lo establecido y creando nuevas formas de expresión.

En el anarquista, como en el cínico antiguo, la vida puede ser tomada como una obra de arte y una manifestación de la verdad:

«Creo, pues, que la idea de la vida de artista como condición de la obra de arte, autentificación de la obra de arte, obra de arte en sí misma, es una manera de retomar, bajo otro aspecto, bajo otro perfil, con otra forma, por supuesto, el principio cínico de la vida como manifestación de ruptura escandalosa, a través de la cual la verdad sale a la luz, se manifiesta y cobra cuerpo»15

El anarquismo como cinismo aflorará también, además de en el arte moderno y contemporáneo, en prácticas como las fiestas, desde el carnaval a las raves, que trastocan el orden social y lo ponen en cuestión. En el potlach primitivo, las Saturnales romanas o los Carnavales, se destruyen las convenciones establecidas y el curso de los acontecimientos organizados por la sociedad dominante para compartir todo en común desde la igualdad y la libertad.

Nos atrevemos a decir que el escepticismo y el cinismo que propiciaron el nihilismo, ya filosófico, la muerte de Dios según Nietzsche, motivo de vacío de poder, pero también, y por ello mismo, de regocijo y fiesta dionisiaca, son tendencias anárquicas.

Hemos visto que en Foucault el decir la verdad de los cínicos está vinculado al cuidado de sí mismo y de los otros, a una pretensión de autarquía muy cercana a la autosuficiencia y autonomía que postula el anarquismo, autonomía individual en común, no solipsista, y todo ello referido a una serie de prácticas antes que a una teoría.

Si anarquismo y cinismo han sido considerados como pobres en la teoría es porque son antes que un quehacer teórico una praxis vital:

«El hecho, en todo caso, está atestiguado: el cinismo fue una filosofía, por un lado, de implantación social amplia, y por otro, de armazón teórica restringida, exigua y elemental»16.

El anarquismo pese a tener por ejemplo una armazón teórica inferior a la del marxismo tuvo una implantación social tan amplia como aquél, si bien el socialismo autoritario y totalitario acabó por imponer su dominio (arché) expulsando y persiguiendo a los libertarios como enemigos de su revolución. No por más simple y comprensible, no por menos pedante y farragoso, el anarquismo tiene menor consistencia lógica que el marxismo, eso de que lo más enrevesado es más profundo y teóricamente superior no es sino un prejuicio de los académicos en el que cae incluso Foucault.

La anarquía, como el cinismo, fluye esencialmente por el camino corto de la praxis no tanto por el camino largo de la teoría y de los discursos, que le vienen a posteriori. A diferencia de otros modos de vida y pensamiento, el anárquico cínico, primero actúa, luego piensa, y ya después, rectifica su actuación en una retroalimentación de la praxis que atraviesa la teoría pero que parte de la praxis y nunca la olvida. Al contrario de las filosofías edificantes, abiertas y libres, las filosofías sistemáticas, pretenden pensarlo todo y leerlo todo antes de actuar, de ahí que a menudo se queden en meras palabras.

La enseñanza anárquica no consiste en aprenderse ninguna doctrina, ni siquiera la anarquista, sino en actuar de modo anarquista, porque es a partir de la práctica de la ayuda mutua que puede servir leer luego el libro de Kropotkin sobre el tema y no al revés.

Foucault habla a ese respecto de una «tradicionalidad doctrinal» en el platonismo y el aristotelismo, también en el estoicismo, frente a una «tradicionalidad existencial» en el cinismo, escepticismo y epicureísmo. Si el cínico era a su juicio «el héroe filosófico», diremos nosotros que el anarquista es, sin duda, el héroe revolucionario, porque ambos actúan sin desmentir lo que piensan y piensan sin desmentir sus actuaciones. El filósofo anárquico que pudo ser el cínico murió cuando ese quehacer se sistematizó, administró y encasilló como el oficio de enseñar a los demás lo que debían hacer y pensar:

«Indudablemente, esta historia de la filosofía como ética y heroísmo se interrumpiría en el momento, que ustedes conocen bien, en que la filosofía se convirtió en un oficio de profesor, es decir, a comienzos del siglo XIX. Pero, después de todo, hay que señalar que el momento en que la filosofía se convierte en un oficio de profesor y, por consiguiente, la vida filosófica, la ética filosófica, el heroísmo filosófico, el legendario filosófico ya no tienen razón de ser, y la filosofía sólo puede tener vigencia como un conjunto histórico de doctrinas»17.

Cuando la filosofía se convierte en oficio, cuando se generaliza el oficio de profesor, la vida filosófica desaparece, luego desaparece así mismo el filósofo anárquico, del cual el cínico fue una manifestación.

La filosofía deja definitivamente de ser una forma de vida ante todo y pasa a ser un cuerpo muerto de doctrinas muertas escritas por hombre muertos que aprenden los profesores con erudición para repetirlas escolarmente, comentarlas y luego irse a ver la televisión, comprar un coche y pagar los impuestos.

Fácilmente podrá comprenderse que los anarquistas filosóficos e incluso los filósofos anarquistas si es que siguen existiendo, sean hostiles a ese cuerpo de doctrinas y comentarios que en poco inciden en la realidad que somos ni en la realidad en que vivimos, carentes de originalidad y creatividad, que pueblan aulas y universidades.

A la idea de vida verdadera de Platón, recta, derecha, puritana, se opone la realización de vida verdadera alternativa por parte de los cínicos, los escépticos y los epicúreos, en cuanto anárquicos. El cínico modifica la idea de una vida verdadera, rompe con las normas. Foucault no aprecia en la leyenda de que Diógenes falsificase moneda una exterioridad, sino un gesto, nosotros lo vemos más como un situarse en un afuera, cosa como dijimos imposible según el filósofo francés, que no conseguía ver espacios sin poder.

El que los filósofos clásicos pudieran reconocerse en el cinismo y, sin embargo, repudiarlo en la praxis, se explica del mismo modo como los filósofos contemporáneos pueden reconocerse en la anarquía, y sin embargo, rechazarla. Ambos saben que han traicionado a la Filosofía al encaramarse a las cimas Universitarias:

«Así pues, al mismo tiempo que los filósofos se reconocen con tanta facilidad en el cinismo, se distancian muy violentamente de él a través de una caricatura repelente»18.

La filosofía es anárquica, su libertad precede a la pretensión de que todo tenga un fundamento y al establecimiento de una serie de jerarquías que se tradujeron en dominaciones, como todo filósofo sabe y el anarquismo se lo recuerda, hay entonces un rechazo, incluso en el propio Foucault, a reconocerse en la anarquía.

Los filósofos una vez adaptados como profesores universitarios y funcionarios de la burocracia estatal han perdido el coraje de la verdad, la valentía de llevar una vida verdadera que pudiese ser testimonio de una filosofía verdadera, a su teoría le falta praxis y lo saben, se avergüenzan de ello, pero, incapaces de reconocerlo, rechazan la anarquía como inviable o impensable, cuando no la silencian y la acallan. Han perdido la osadía política.

  1. Catherine Malabou ¡Al ladrón! Anarquismo y filosofía. VII. Anarqueología. El último gobierno de Michel Foucault. «Cinismo y anarquismo». ↩︎
  2. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, primera hora. ↩︎
  3. Agustín García Calvo ¡Viva Sócrates! https://editoriallucina.es/es/noticias/ficha/viva-socrates-n61 ↩︎
  4. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 15 de febrero de 1984, segunda hora. ↩︎
  5. Cuando nos ocupamos de la erudición de tal enigma no conocíamos la interpretación de Dumezil que sigue Foucault, pero la hubiésemos calificado como platónica, como hacemos aquí, de haberla conocido entonces. Desde mi punto de vista, Sócrates, simplemente, como médico de la ética de cada cual y de la suya misma, se está despidiendo de los médicos del cuerpo vinculados a Asclepio, antes de morir. Ese es todo el enigma de su epitafio. Véase: Simón Royo El enigma del auto epitafio de Sócrates: https://www.academia.edu/35297948/UN_GALLO_PARA_ASCLEPIO_DEL_ENIGMA_DEL_AUTOEPITAFIO_DE_S%C3%93CRATES_AL_POSTHUMANISMO_CONTEMPOR%C3%81NEO_A_COCK_FOR_ASCLEPIUS_FROM_THE_ENIGMA_OF_SOCRATES_SELF_EPITAPH_TO_THE_CONTEMPORARY_POST_HUMANISM ↩︎
  6. Agustín García Calvo ¡Viva Sócrates! Op.Web.cit. ↩︎
  7. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 22 de febrero de 1984, primera hora. ↩︎
  8. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, primera hora. ↩︎
  9. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, primera hora. ↩︎
  10. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, segunda hora. ↩︎
  11. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, segunda hora. En esta lección Foucault cita el libro de Norman Cohn, En pos del Milenio Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media. Alianza Madrid 1981. ↩︎
  12. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, segunda hora. ↩︎
  13. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, segunda hora. ↩︎
  14. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, segunda hora. ↩︎
  15. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 29 de febrero de 1984, segunda hora. ↩︎
  16. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 7 de marzo de 1984. Primera hora. ↩︎
  17. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 7 de marzo de 1984. Primera hora. ↩︎
  18. Michel Foucault El coraje de la verdad. Clase del 14 de marzo de 1984. Primera hora. ↩︎


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Un comentario en “Historia de la filosofía anárquica 2. Entre Sócrates y Foucault. El Cinismo antiguo y la Anarquía. Primera parte.

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