Maquiavelo y el anarquismo: utopía o realismo

Simón Royo Hernández

1- Dos libros sobre Maquiavelo y el anarquismo: una aproximación a través de sus reseñas y un prólogo.

Inusual resulta realizar un comentario a libros por haber leído dos reseñas y un prólogo, porque supuestamente tendríamos que leernos los libros enteros antes de emitir un juicio sobre ellos, pero no puede uno leerlo todo ni emitir siempre juicios bien fundados, sino que es posible y aconsejable también realizar aproximaciones que permitan tener una primera impresión de los innumerables libros que se nos ofrecen a la lectura.

En nuestro caso queremos compartir esa primera impresión causada por dos libros sobre un tema cuya investigación nos llevará mucho más tiempo y esfuerzo, dos libros a los que, interesados en la realización de una Historia de la Filosofía anárquica, nos hemos aproximado, por tratar ambos del tema de Maquiavelo y el anarquismo.

En una Historia de la Filosofía Anárquica debe estar Maquiavelo, en la sección de Filosofía Política, por supuesto, no porque sea anarquista, pues era más bien republicano, sino porque su obra es, esencialmente, tomada en su conjunto, una férrea defensa de la libertad frente a la tiranía. La tarea de recoger los elementos libertarios que anidan en los escritos de un buen número de los más grandes pensadores no ha sido aún realizada y es la que poco a poco nos vamos atreviendo a realizar.

Vamos a presentar dos libros que no hemos leído en su integridad a través de dos reseñas que sobre ellos se han escrito, de modo tras la primera impresión podamos tanto quien escribe como quien lee ir a los libros mismos y bucear bien en el asunto en cuestión, si la aproximación presente pareciese ser de interés al lector.

En la primera reseña en castellano, ya antigua, de 2008, Claudio Albertani nos presentaba a Luce Fabbri1, una anarquista y traductora de El Príncipe, la cual, veía a Maquiavelo como un autor muy próximo al anarquismo, como un pensador del cual pueden recogerse innumerables elementos afines a la anarquía. De ella solamente contamos con su prólogo e introducción al florentino, luego el texto es breve, pero lo consideramos tan valioso como si de un libro entero de tratase2.

Así, en su prólogo a la traducción mexicana de El príncipe de Maquiavelo, la anarquista Luce Fabbri nos indica que: «Maquiavelo no excluye la moralidad de la política y no es en ese sentido que hay que considerarlo el fundador de la política como ciencia, sino en el sentido de haber estudiado el deseo de poder en su eterno choque con la exigencia humana de libertad, reconociendo en este choque el principal factor de la historia» (pág.12). Párrafo incorporado por Claudio Albertani al principio de su reseña a dicha obra, unas líneas bien definitorias de la consideración que la mítica Luce Fabbri tuvo del escritor florentino.

Tenemos, sin embargo, otra reseña, otro resumen de otro libro, también sobre Maquiavelo y el anarquismo, que conjuntamos, porque entre ambos creemos que puede el lector hacerse una buena idea de lo que está en juego, como hemos hecho nosotros, para poder luego abundar en el tema del enfrentamiento entre la realidad y el deseo, de la dialéctica entre la dimensión utópica del anarquismo y su puesta en práctica efectiva y realista.

Segunda reseña, por tanto, que traducimos íntegra del italiano, a otro libro sobre el mismo tema, pero que no trata ya tanto de recoger los elementos anárquicos inscritos en el pensamiento de Maquiavelo, aunque también, como de dar un preámbulo a lo que sería una lectura maquiavélica del anarquismo, esto es, una interpretación que pueda ayudar al anarquismo a constituirse como una ciencia política eficaz; algo que tuvo el marxismo y de lo cual el anarquismo carecería, dejando así de lado, por ineficaz, en este otro caso, al componente utópico del anarquismo.

En la reseña del libro más reciente del también anarquista Giampietro (Nico) Berti, realizada por el historiador Danilo Breschi, se nos dan las claves de una obra reciente, publicada en 2023, que podemos contrastar con la publicada en 2008.

Si ambas reseñas y el tema de Maquiavelo y el anarquismo interesan al lector, pensamos que serán un buen trampolín para que acuda luego a ambos libros y estudie el tema en profundidad.

En nuestro caso es lo que vamos a hacer. Si tras leer las dos reseñas nos inclinamos mayormente por la posición de la primera antes que la de la segunda es porque no creemos que abandonar la perspectiva utópica sea algo bueno para el anarquismo, ni que eliminar el ideal para adscribirse al realismo político sea lo mejor. Pero nos resta leer ambas obras con detenimiento y pensar más sobre el asunto para poder emitir un juicio más fundado.

Preguntado al ser entrevistado por Redes Libertarias sobre las diversas manifestaciones del anarquismo Giampietro Berti responde: «me parece que confirma la tesis del valor universal del anarquismo, que es una instancia que tiende a presentarse en formas diferentes, pero con problemáticas y contenidos parcialmente análogos en múltiples épocas históricas y en diferentes culturas»3.

La ubicuidad de lo anárquico puede distinguirse de la especificidad del anarquismo sin que tenga que admitirse la centralidad de lo segundo sobre lo primero. Si el anarquismo es reticente a constituirse como ciencia y ser realista es por dos buenos motivos: el primero es que la ciencia también es y puede ser un medio de dominación, un modo de centralización jerárquica, lo segundo porque para el anarquismo la praxis está antes que la teoría y es desde abajo desde donde se constituye lo teórico sin perder la horizontalidad.

Precisamente el anarquismo, al plantearse espacialmente como una pluralidad de confederaciones de comunas descentralizadas, unidas por voluntaria adhesión y ayuda mutua entre grupos de comunistas libertarios, libres e iguales, no crea ningún eje privilegiado y centralizado, ni en el espacio ni en el tiempo.

La ubicuidad en el espacio lo sitúa en todos los países del mundo y la ubicuidad en el tiempo lo localiza en todo tiempo, en cada momento histórico e incluso en la larguísima prehistoria que precede a lo que llamamos Historia y que tan acertadamente ha sabido estudiar David Graeber4, aunque ya Kropotkin vislumbró el anarquismo en los animales primero y luego en diferentes épocas al postular su concepto de la ayuda mutua.

Luego en principio no estamos de acuerdo con quienes como Giampretro Berti o Michel Foucault, consideran, que el anarquismo es resistencia al poder y que no existen sociedades ni relaciones exentas de una dialéctica del poder y del contrapoder que se le opone. Si «se trata de desarrollar la parte propositiva del anarquismo: tener el valor de pensar las relaciones de fuerza en la sociedad en términos de relaciones basadas en la libertad»5, habremos de concluir, entonces, en buena lógica, que una relación basada en la libertad y la igualdad ya no es una relación de poder.

Las fuerzas equilibradas se anulan, la utopía anarquista se convierte en topía, en lugar liberado, cada vez que se logran alcanzar relaciones basadas en la libertad y la igualdad, dentro de las cuales podrán surgir fuerzas que dinamiten esa relación y se tornen hegemónicas, con lo cual, el espacio liberado que se logre alcanzar en cada momento tendrá que ser constantemente defendido por sus integrantes de todo desequilibrio de poder.

Un espacio liberado, una zona temporalmente autónoma, una comuna, no es otra cosa que lo que se crea a través de las relaciones basadas en la libertad y la igualdad, desde el microcosmos de la relación con uno mismo y con los otros hasta el macrocosmos de las sociedades o los pueblos enteros.

Incluso en una fiesta espontánea donde todos son libres e iguales puede decirse, aunque sea un oxímoron, que reina la anarquía, porque cuanto la anarquía es coronada nadie es rey, nadie gobierna, ninguno está por encima de los demás y uno está alegre porque alegres están todos los otros con los que comparte una dicha en común.

Así que, momentos anárquicos hay muchos, pero su duración en el tiempo, eso ya es más difícil. Lo es porque las relaciones de igualdad y libertad tienden a deshacerse, se debilitan debido a milenarios hábitos contrarios a la ayuda mutua, a la generosidad y la solidaridad, a extensas tendencias inoculadas por el poder destinadas a negar que el bienestar propio proviene del bienestar de los demás y surge de la cooperación y la compañía.

2- Traducción al castellano de la Reseña en italiano de Danilo Breschi.

Il Pensiero Historico. Rivista internazionalle di historia delle ideee. A lezione da Machiavelli, l’anarchia si fa un po’ meno utopía:

G. Berti, El Príncipe y la Anarquía. Para una lectura anarquista de Maquiavelo a la luz de una lectura maquiavélica del anarquismo, Rubbettino, Soveria Mannelli 2023, págs. 86, 12,00 €.

https://www.store.rubbettinoeditore.it/catalogo/il-principe-e-lanarchia/

Danilo Breschi.

Aprendiendo de Maquiavelo, la anarquía se vuelve un poco menos utópica.

Comencemos con algo claro. El Príncipe no es un tratado de alabanza del tirano. Maquiavelo nunca fue un escritor monárquico. El secretario de la Segunda Cancillería, como lo demuestra este importantísimo cargo, desempeñado durante la República de Florencia (1498-1512), fue, en todo caso, un republicano que buscó reforzar dicha forma de gobierno mediante el desarrollo y la adopción de herramientas psicológicas y prácticas de emergencia. Civil y popular son los dos adjetivos verdaderamente maquiavélicos con los que se puede y debe describir el principado diseñado para la ocasión, capaz de afrontar una situación extrema de profunda crisis y un cerco amenazante que afectaba a la forma republicana de gobierno y la llevaba al umbral de una era llamada «moderna», en parte debido al surgimiento de la nueva realidad de los Estados nacionales: por aquel entonces, grandes monarquías territoriales que buscaban estabilizar sus fronteras entre la homogeneización interna y la expansión externa.

En resumen, abundan los clichés sobre un autor que podríamos clasificar como muy conocido, quizás incluso demasiado conocido, pero poco o mal comprendido. Sobre todo, incomprendido. La ágil pero penetrante síntesis teórica, presentada en menos de cien páginas por Giampietro Berti («Nico» para sus amigos), permite al lector de hoy volver a las páginas de la obra más famosa de Maquiavelo y saborear su poderoso sabor emancipador. Nada es más liberador que conocer en detalle los orígenes y el funcionamiento de los mecanismos diseñados para oprimir. Si lo sabes, quizás puedas evitarlos. En cualquier caso, mantente alerta y actúa. La previsión, entendida aquí como conocimiento previo del mal, rima con prevención, posible exención del daño. Comprensión para no sufrir.

La situación en torno a la forma republicana de gobierno en la Europa de principios del siglo XVI era extrema y trágica. Quienes sobrevivieron, como la República de Venecia, sufrirían un lento pero inexorable declive interno y un aislamiento externo. Se inauguró la larga era del Estado moderno, aún floreciente a pesar de todo y de todos. Quienes, en esos primeros siglos del surgimiento del Estado, imaginaron formas alternativas de agregación y mando político, como Althusius, solo serían escuchados tres siglos después, y no sin oposición.

Maquiavelo, con su tratado, escrito en gran parte, si no en su totalidad, en 1513, encontró una manera de analizar el Estado sin proponer realmente su fundamento teórico, y mucho menos su apología. Al centrarse en las virtudes del príncipe, se preocupaba, de hecho, por el poder y cómo ejercerlo. Por eso es posible, incluso necesario, conectar sus reflexiones con la ideología anarquista. Esta también tematiza el poder, buscando comprender sus secretos para dominarlo, quizás hasta el punto de sofocarlo. Este no es ciertamente el objetivo final de Maquiavelo, pero tanto para él como para el anarquismo, el verdadero campo de batalla del conflicto político y existencial es el poder. Berti observa acertadamente:

«Maquiavelo no es un teórico ni defensor del Estado como, por ejemplo, Jean Bodin o Giovanni Botero, sino el teórico y defensor del poder: las condiciones para conquistarlo y ejercerlo, el éxito o el fracaso en su búsqueda y mantenimiento. El pensamiento de Maquiavelo no se inscribe en el ámbito de la ciencia del Estado, sino en el del arte de gobernar. […] El Estado es una forma histórica (por lo tanto, transitoria), el poder es una proyección humana (por lo tanto, infinitamente repetitiva): el Estado pasa, el poder permanece. […] El Estado es una expresión histórica del poder, en el sentido de que el sujeto no es el Estado, el sujeto es el poder» (pp. 39-40; palabras y frases destacadas en el texto).

Esto significa, especifica Berti, que Maquiavelo reconoce el poder como tal, con un estatus ontológico, una razón de ser inalienable, consustancial a la naturaleza humana.

Creo que la intención de Berti reside en esto: asegurar que el anarquismo pierda parte de su naturaleza utópica fundamental. ¿Por qué? «En la perspectiva utópica», escribe Berti, «el hombre no es considerado en su contingencia real, es decir, en su dimensión histórica, sino en su hipotética autenticidad natural» (p. 33). Esto implica fomentar una idea metafísica del hombre, disfrazándola de representación de la realidad. Pero este no es el caso, parece insinuar nuestro autor, ni mucho menos.

¿Es realmente posible una lectura maquiavélica del anarquismo, es decir, practicable y fructífera? ¿Puede realmente el anarquismo beneficiarse de ella? La respuesta es afirmativa si reiteramos lo que enfatizamos al principio: que Maquiavelo es un republicano acérrimo que distingue entre la política y el arte de Estado. La primera, según una concepción estrictamente humanista ya predominante a finales de la Edad Media, debe entenderse como el arte del buen gobierno. La segunda, sin embargo, se refiere al estudio frío, distante y técnico de cómo se obtiene y se mantiene el poder. Ambas dimensiones no están necesariamente en conflicto. Al contrario. Si te importa algo, debes comprenderlo y, sobre todo, saber cómo mantenerlo, ser capaz de darle forma, vida y duración. Si amas vivir libremente, y esto aplica tanto al Maquiavelo republicano como al anarquista de todos los tiempos, no puedes evitar aprender a gestionar el poder, que, «entendido en su estado puro, como una relación de fuerza» (p. 80), debe ser controlado, gobernado y dirigido.

Hubo dos ocasiones históricas, una más significativa que la otra, en las que los anarquistas no lograron explotar su temporal superioridad política y social. La razón, explica Berti, fue la coherencia con su ideología y la falta de una ciencia política anarquista. En dos ocasiones bastante cercanas durante la primera mitad del siglo XX, el anarquismo se enfrentó al verdadero problema del poder: en Rusia en 1917-18, en España en 1936-37. En ambos casos, observa Berti, se enfrentó a los mismos enemigos: «uno interno (marxismo-comunismo) y otro externo (capitalismo)» (p. 69). Se alió con el primero en nombre de la unidad de los movimientos obrero y socialista, pero la alianza, como es bien sabido, resultó ser un abrazo asfixiante y mortal. Ya el 30 de julio de 1919, Errico Malatesta pudo escribirle lo siguiente a Luigi Fabbri:

«En Rusia, el proletariado desempeña un papel como el pueblo en los regímenes democráticos, es decir, simplemente para ocultar la verdadera esencia del asunto. En realidad, es la dictadura de un partido, o mejor dicho, de los líderes de un partido; y es una verdadera dictadura […]. El general Bonaparte también sirvió para defender la Revolución Francesa contra la reacción europea, pero al defenderla, la estranguló. Lenin, Trotsky […] preparan a los cuadros gubernamentales que servirán a quienes vengan después para aprovecharse de la revolución y aniquilarla. Ellos serán las primeras víctimas de su método, y con ellos la revolución caerá. Es la historia que se repite: mutatis mutandis, es la dictadura de Robespierre la que lo lleva a la guillotina y prepara el camino para Napoleón» (cit., p. 70; palabras resaltadas en el texto).

Berti añade que los episodios de la rebelión de Kronstadt (febrero-marzo de 1921) y el movimiento makhnovista —«la expresión político-militar de un vasto levantamiento popular, especialmente entre los campesinos, manifestado en la guerra civil que asoló Ucrania de 1918 a 1921» (p. 72)— revelaron cómo el mito de la revolución terminó revelando «la subordinación práctica y teórica de los anarquistas rusos al bolchevismo» (ibid.). La adhesión a la política bolchevique de suprimir la Asamblea Constituyente y la aversión a cualquier hipótesis constitucional, presentada como necesaria para impedir la persistencia del orden capitalista, resultaron finalmente suicidas para el anarquismo y, sobre todo, para las libertades conquistadas con tanto esfuerzo por el pueblo ruso en los meses anteriores.

En España, durante la Guerra Civil, y en particular en Cataluña entre el 19 de julio de 1936 y el 7 de mayo de 1937, la historia anarquista alcanzó su punto álgido y, al mismo tiempo, su mayor fracaso político. En la práctica, la ideología anarquista reconoció «la imposibilidad sustancial de una transición no traumática de una sociedad de dominación a una sociedad de libertad» (p. 73). Debido a la falta de una ciencia política propia, observa Berti, el anarquismo volvió a ceder ante la estrategia comunista. Esto ocurrió a pesar de que los anarquistas eran, con diferencia, el movimiento político predominante en Cataluña. Sin embargo, la libertad alcanzada «no puede existir sin un acto de poder» (p. 74), o mejor dicho, Berti especifica que el poder requiere la política, que es un arte en sí misma, «un conocimiento estratégico orientado a desarrollar decisiones válidas para todos» (pp. 74-75). La revolución social no basta; el orden espontáneo, aunque surja en una fase inicial, siempre es frágil y efímero. Los acontecimientos españoles, con la reabsorción, a veces pacífica, a veces violenta, del movimiento anarquista en el frente antifascista más amplio, dominado por los comunistas liderados por Moscú, «demuestran que la dimensión espontánea de lo social es incapaz de absorber la necesidad de una dirección general del movimiento emancipador» (p. 80). Además, según Berti, los anarquistas españoles sacrificaron la revolución, la autonomía libertaria y el antiautoritarismo (es decir, la aversión tanto a los nazifascistas como a los comunistas) al priorizar la guerra, el frente popular y el antifascismo. En resumen, deberían haber intentado ser coherentes con su proyecto anarquista sumergiéndose en la realidad del poder, hábilmente inclinados hacia el objetivo supremo de una vida libre y autónoma. Lo social no puede ignorar lo político, la revolución no puede ignorar el poder. Lo que se necesita, de hecho, es una ciencia política de la anarquía. Esto explica la utilidad de una lectura maquiavélica del anarquismo. Una lectura anarquista de Maquiavelo, por su parte, nos dice que no puede haber igualdad sin conflicto, pero que este último es «el verdadero generador de la libertad» (p. 67). La política debe ser capaz de traducirse en una gestión «civil e institucional» (p. 66) del conflicto, para que la libertad y la igualdad se mantengan juntas o desaparezcan juntas. La política, el arte de la mediación continua, es difícil. Berti estudia a Maquiavelo porque quiere arrancar la anarquía de la utopía y arraigarla en el aquí y ahora.


  1. Los Fabbri han sido presentados en Redes Libertarias por Capi Vidal: https://redeslibertarias.com/2025/05/08/luigi-y-luce-fabbri-dos-generaciones-de-personas-libres/ ↩︎
  2. Véase el libro: Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, edición bilingüe con prefacio y notas de Luce Fabbri, traducción de Stella Mastrangelo, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008. Libro completo con prólogo e introducción de Luce Fabbri, en pdf: https://www.academia.edu/44363434/El_Principe_Bilingue_de_Maquiavelo – Reseña de Claudio Albertani:
    https://www.acratie.eu/FTPUTOP/ANAR-URUG-FABBRI-MACHIAVEL-ALBERTANI.PDF ↩︎
  3. Conversación con Giampietro (Nico) Berti. Revista Redes Libertarias nº 4, otoño de 2025, p.53. ↩︎
  4. Véase, el libro: El amanecer de todo: Una nueva historia de la humanidad (en inglés: The Dawn of Everything: A New History of Humanity) de 2022. ↩︎
  5. Conversación con Giampietro (Nico) Berti. Revista Redes Libertarias nº 4, otoño de 2025, p.54. ↩︎

2 comentarios en “Maquiavelo y el anarquismo: utopía o realismo

  1. Interesante texto Simón. Tan solo una precisión para no confundir a los lectores: Redes Libertarias NO entrevistó a Berti, quien sí lo hizo fue la Redacción de la revista libertaria italiana Semi sotto la neve publicada en su nº 9.
    Tomás

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  2. Muy interesante. La lectura de Luce Fabbri muestra a ese hombre derrotado, donde ya casi no parecen quedar rastros del que estuvo en la intentona levantisca republicana. Sin embargo, muy lejos de la figura del monstruo fetiche en lo que se lo convirtió posteriormente, como «guía práctica» de empresarios y militares, algo de su esperanza pervive en sus palabras. En su concepto de Virtú se encuentra una clave de todo esto, no desaparece la moral sino que aparece una categoría de análisis novedosa desde donde revalora lo real: la categoría política. Niccoló agrega un criterio de análisis que ha resultado incómodo y a la vez productivo para la tradición ética anarquista.

    Algo que creo refleja esta posición sobre el hombre que busca salvaguardar la idea de libertad en ese pueblo gobernado se encuentra en su Discurso Sobre la Primera Década de Tito Livio: “Porque, así como es difícil reducir a servidumbre a un pueblo acostumbrado a vivir libre, así también es difícil conducir a la libertad a un pueblo acostumbrado a vivir bajo un príncipe.” Puedes poner el énfasis en la parte que más quieras…
    Regino

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