Anarquía y anarquismos: la ontología anárquica.

Simón Royo Hernández

1. La Anarquía.

Al comienzo de su famosa obra El anarquismo, ya en la Introducción, George Woodcock, llega a decir que «anarchos, la voz griega original» significa «sin mando», pero la descarta considerándola una noción confusa, no le da la importancia que tiene a ese vocablo, sino que en el párrafo siguiente nos dice que: «anarquía y anarquista se usaron libremente por vez primera en sentido político durante la Revolución francesa (…) utilizados por varios partidos para zaherir a sus oponentes, usualmente a los de izquierda1».

Hemos demostrado que la Anarquía es mucho más antigua que el Anarquismo2, entendiendo por lo primero una praxis ya localizable tanto en la Naturaleza, en la ayuda mutua que se produce entre los animales, como entre las primeras comunidades humanas a lo largo de toda la Historia; y entendiendo por lo segundo, los movimientos políticos que desde el siglo XIX se han reivindicado a sí mismos bajo esa bandera.

De ese modo, las primeras palabras de la introducción del libro de Woodcock mencionado, lejos de tener que descartarse para caracterizar a la anarquía, son más que apropiadas, con tal que se diferencia entre anarquía y anarquismo, entendidos ambos como dos términos donde el primero, más omniabarcante, engloba al segundo, más preciso: «Todo aquel que rechaza la autoridad y lucha contra ella es anarquista, dijo Sébastien Faure. Esta definición es tentadora por su simplicidad. Pero la simplicidad es, precisamente, lo primero que debe evitarse al escribir una historia del anarquismo».

Cierto, si se quiere escribir, como tan acertadamente hizo Woodcock, una Historia del Anarquismo Político, de acuerdo, pero no es correcto sino desacertado, si lo que quisiéramos escribir fuese una Historia de la Filosofía Anárquica o una Historia de la Anarquía.

Decíamos que la Anarquía se encuentra en la Naturaleza. Hay quizá que explicarlo. Cuando no había humanos y la Naturaleza se autorregulaba sin su intervención, vista la evolución de las especies, no al modo competitivo de Darwin, que demasiado volcó de la sociedad industrial inglesa de su tiempo sobre su obra, sino en el modo como nos enseñó Kropotkin, de quien aprendimos, que en los animales está ya presente la ayuda mutua, acción solidaria y cooperativa que luego se podrá ver en ciertas agrupaciones humanas prehistóricas, hasta llegar después a vislumbrarse en los gremios medievales y las comunas modernas.

Decir que la Anarquía está en la Naturaleza es como decir que la Anarquía está a la base de una Ontología en general. Eso significa que todos los seres participan de la anarquía, de ahí que, el trasfondo del Anarquismo, donde hunde sus raíces rizomáticas más profundas, es en la ontología anárquica, que expone su emergencia sin origen, sin principio, su brotar como caos primigenio, no en el sentido peyorativo de desorden universal, sino en el sentido positivo de autorregulación de la naturaleza de forma libre e igual3.

Como se puede apreciar el lenguaje está atravesado por la jerarquía, ha sido expropiado de su significación original y tenemos que ir corrigiendo las desviaciones que de su sentido primario se han producido a lo largo de la Historia.

2. La ontología anárquica.


Las ballenas jorobadas nadan hasta 5 km para interponerse entre orcas y focas indefensas, documentado en 115 casos donde el 89% involucra la protección de especies ajenas.

En el mundo de la filosofía contemporánea se ha llegado a una suerte de koiné anárquica, esto es, una comunidad de pensadores que se han aproximado al anarquismo sin definirse como anarquistas, pero que, al expresarse en el lenguaje conceptual especializado de la academia filosófica, han realizado discursos que difícilmente traspasan el ámbito de los lectores familiarizados con la filosofía y sus metalenguajes.

Algunos autores han realizado el esfuerzo de traducir esos metalenguajes a un lenguaje más mundano y cercano al habla cotidiana. Y si bien resulta imposible hablar de conceptos sin adoptar en cierta medida un lenguaje conceptual, nosotros seguiremos tratando de explicar el tema de lo que llamamos ontología anárquica de un modo que pueda ser comprendido por todo el mundo, acercando el lenguaje filosófico al lenguaje coloquial, aunque también nos hayamos expresado en otras ocasiones de otras maneras.

Desde el anarquismo, todos los lenguajes son aceptables, desde los más claros a los más oscuros, desde los más especializados hasta los más comunes, desde los mayormente creativos a los que son más convencionales y ajustados a la norma, si bien, para el anarquismo, lo más saludable son, por una parte, los lenguajes más creativos, que abren mundos, y por otra, los lenguajes más sencillos, que cumplen así la labor didáctica y de difusión de ideas que la anarquía promueve. La comprensión común y compartida, aplicando la libertad y la igualdad a todos los entes, será el objetivo de cualquier escritor anárquico.

La ontología anárquica es aquella reflexión que parte de la distinción entre el arché, lo que impera, gobierna, el fundamento, mando, principio, y su opuesto, lo anarché, lo que se opone a todo principio, mando, gobierno, fundamento y a la jerarquía que emana de todo ello.

Lo anárquico parecería que nace de la oposición a lo árquico, esto es, lo ingobernable parece que procede del rechazo a ser gobernado, pero ese parecer es un espejismo, porque si bien lo anárquico aparece como rechazo de lo árquico, como resistencia, le es ontológicamente anterior.

Lo libre, la libertad, está antes que aquello que la sojuzga, que le delimita unas estrechas fronteras de acuerdo con que sean unos u otros los principios de dominación que emergen y se extienden.

Al principio era lo libre y lo libre fue sojuzgado. Así debería rezar un evangelio de la Anarquía en caso de poder existir tal cosa. Podemos denominar ontología anárquica al pensamiento libre y al ser libre, según una cierta armonía preestablecida entre el ser y el pensar, pero que no puede declinarse en singular, sino que ha de precisarse que se trata de algo plural, una multiplicidad original en libre autorregulación y composición sin dominaciones.

Cuando los presocráticos se dedicaron, según leyenda académica, a buscar el arché, cuál era el principio que gobierna todas las cosas o el elemento original del que proceden todas las cosas, para deducir todo según causas más o menos determinadas, buscaron dar razón del gobernar, legitimar el poder. Pero desde la anarquía ontológica, que rechaza dar razones para establecer un gobierno u otro, todos esos principios son arbitrarios, acaban inclinándose e hincando la rodilla ante dioses secularizados, pasándose de ese modo del dominio religioso que le precede al dominio filosófico y científico, que en la lucha por la secularización lleva a reemplazar un dominio por otro, pero no rechaza ni elimina la dominación como tal, sino que la justifica.

Contrariamente, la ontología anárquica es una ontología relacional y no una ontología de la subordinación. La mayoría de los primeros pensadores griegos cometieron un error, fueron antropocentristas, viendo que a su alrededor estaban subordinados unos a otros aplicaron ese esquema de subordinación a la naturaleza de las cosas, ofreciéndonos unas plantillas de subordinación jerárquica para aplicar al ser y al pensar, que, a lo largo de los siglos, se ha seguido desarrollando hasta llegar a clasificar de modo jerárquico, etnocéntrico y homogéneo, desde los primeros pensamientos griegos hasta los pensamientos modernos y contemporáneos.

Los mal llamados presocráticos no fueron pensadores homogéneos sino muy diversos, homologar los restos de sus escritos compilados a través de las citas que se hace de ellos y agruparlos como pensadores de la subordinación fue una operación que culminó en el siglo XX, cuando los filólogos Diels y Kranz publicaron entre 1903 y 1952 la obra Los fragmentos de los presocráticos.

Cierto que algunos de los presocráticos parecen postular que tendría que haber un principio o varios como gobierno de todas las cosas, al modo en que, en su sociedad, gobernaban uno o varios. Procedieron a trasponer la monarquía y la oligarquía al pensamiento, lo cual, fue una de las primeras operaciones del pensamiento griego.

Pero en otros de entre tales pensadores se puede atisbar otro pensamiento, uno que no antropomorfiza, que vislumbra lo anárquico, lo igual y libre, en espontánea interrelación, concibiendo ese movimiento como naturaleza de las cosas en su libre autoorganización.

Solamente la anarquía mantiene lo indómito, lo salvaje, lo libre, lo ingobernable, como punto de partida múltiple, plural y diverso, para poder razonar desde un pensamiento libre, no dispuesto a ceder la igualdad y la libertad originarias a ningún precio. Un pluralismo en materialismo aleatorio que emerge de un caos originario se acaba vislumbrando como la ontología adecuada a la anarquía.

Y al comienzo era la anarquía: una ontología de los seres y sus relaciones, de sus combinaciones horizontales, un caos originario del que irán emergiendo, como los estratos de la geología, las diversas áreas y capas de la realidad.

Para la anarquía no hay Principio alguno, igualmente a como no hay Dios creador alguno. Algunos de los presocráticos secularizaron la religión politeísta de los griegos presentando diversos principios rectores del universo, aunque ya se atisbaba entre ellos el monoteísmo, la pretensión de que hubiese un solo gobierno y mando de todo lo existente. La Monarquía y la Oligarquía se colaron en el pensamiento.

Ni Dios creo a los seres humanos moldeando a Adán del barro, ni Prometeo creo a los seres humanos dotándolos además del uso del fuego. Bien sabemos que los seres humanos proceden junto con los primates de un antepasado común, si es que no de varios y que no fue creado por ningún dios.

El universo mismo, que habríamos de denominar multiverso, pues igualmente no es uno y único, el multiverso decimos, desde la anarquía, o bien aparece como eterno, ni se crea ni se destruye, solamente se transforma; o bien aparece como una emergencia a partir de una nada caótica productiva, siendo el tiempo un momento entre dos eternidades. Esas son dos de las hipótesis posibles entre las variadas reflexiones sobre el origen del «universo» que pudieran ser compatibles con el anarquismo y que quizá exceden la capacidad de reflexión humana, ante lo cual, el anarquismo tampoco tiene reparos en aceptar que lo caótico inicial, libre e igual del que proceden todas las cosas, resulta a la postre inexplicable racionalmente y solamente puede haber hacia ello aproximaciones poéticas, artísticas o místicas.

El ser es libre, igual y común, es lo que dice la ontología anárquica, y debemos defender y promover que lo siga siendo y no pase a ser gobernado, sojuzgado, dominado y administrado por religiones, gobiernos, dirigidos por saqueadores y explotadores.

El comunismo libertario está ya en la naturaleza de las cosas, es la naturaleza de las cosas, desvirtuadas por algunos seres humanos cuando han creado pensamientos e instituciones dirigidas a someter lo libre, igual y común, a diversos gobiernos y jerarquías. Con anterioridad a ese proceso de dominación estaba lo libre, lo común compartido, de ahí el comunismo originario anticipado por las ideas de un paraíso perdido e inicial, tras la irrupción de los saqueadores y el comienzo de la Historia de dominación humana, los libres pasaron a ser resistentes, a defenderse como podían de los principios impuestos y los órdenes jerárquicos que emanaban de ellos.

Está claro entonces que la ontología anárquica es una ontología política, es decir, que, así como hay una copertenencia entre ser y pensar, aunque el ser excede al pensar, también hay una copertenencia entre el pensar la ontología anárquica y vislumbrar que, el más general de los pensamientos posibles, que el del ser en general, ya es un pensamiento político. Es político no porque haya ninguna ciudad del caos aleatorio de los átomos, sino porque lo libre, igual y común, que se realiza en la política del anarquismo, está ya presente en la ontología y en la Naturaleza.

El vocabulario político de una época depende de las transformaciones sociales y un nuevo anarquismo ha surgido de su arrinconamiento, el anarquismo ontológico. Junto al eclipse también del marxismo y de otras opciones de izquierda, ha emergido de nuevo el anarquismo, empezando poco a poco a cobrar la fuerza que tuvo en el siglo XIX, a través de su actualización. Ahora es más necesario que nunca, una vez que las ultraderechas muestran su verdadero rostro sin hipocresías, revelando que todo el sistema de gobierno del mundo se basa en el poder arbitrario y en la impunidad de un puñado de poderosos multimillonarios.

Hoy en día resulta obvio ya el valor universal de la anarquía, resulta patente que hay una instancia, que tiende a presentarse en formas diferentes, pero con problemáticas y contenidos parcialmente análogos, en múltiples épocas históricas y en diferentes culturas, ya es una evidencia que hay una instancia relativa a lo libre, igual y común, que conjuntamente aparece y desaparece, a lo largo de la Historia. La anarquía surge en la rebelión, la insurrección, la revolución y la revuelta de todos los tiempos y lugares, para ser sojuzgada nuevamente, pero sus oleadas no pararán.

Una instancia anárquica busca y buscará liberarse definitivamente de todas las injusticias, imposiciones y opresiones, cumpliendo con ello con el programa del anarquismo. Las oleadas anarquistas tendrán su gran tsunami, la gran ola que arrase con el totalitarismo global que se está forjando y amenaza con el imposible de borrar la libertad y la igualdad de la faz de la tierra.

Precisamente, el anarquismo, al plantearse espacialmente como una pluralidad de confederaciones de comunas descentralizadas, unidas por voluntaria adhesión y ayuda mutua entre grupos de comunistas libertarios, libres e iguales, no crea ningún eje privilegiado y centralizado, ni en el espacio ni en el tiempo, lo cual significa que está en consonancia con la naturaleza de las cosas. Su ubicuidad en el espacio lo sitúa en todos los países del mundo y la ubicuidad en el tiempo lo localiza en todo tiempo, en cada momento histórico e incluso en la larguísima prehistoria que precede a lo que llamamos Historia.

La ontología anárquica actual, piensa las relaciones entre las cosas como relaciones basadas en la libertad, porque una relación basada en la libertad, la igualdad y lo común, ya no es una relación de poder, de modo que, por supuesto que existe un afuera del poder, ha existido y existirá siempre, más allá de la posición de resistencia, más allá de lo anti‑arquico, más allá de lo contrario a ser gobernado, está lo ingobernable. Y de la relación libre, igual y común entre los ingobernables que nos habitan y con los que habitamos es que surge la anarquía.

Tienen razón quienes piensan que no hay nada con ausencia de poder, pues el ser es una potencia, pero en las potencias libres, igualadas y en común, el poder se anula: las fuerzas equilibradas se anulan, de modo que la utopía anarquista se convierte en la topía del ser liberado y del dejar ser cada vez que se logran alcanzar relaciones basadas en la libertad y la igualdad.

La dimensión utópica del anarquismo queda asegurada en la variedad de propuestas de un mundo mejor que se elaboran a partir de las bases ontológicas y éticas que lo animan, sin que la pretensión de realismo y eficacia lleve a pretender establecer una ciencia ortodoxa, la cual, bajo la excusa de atenerse a lo posible (como ocurre con el marxismo y otras pragmáticas de izquierdas), elimine la utopía como horizonte imaginario y fuerza de atracción retroactiva del futuro deseado hasta el presente actual.

En la ontología relacional anárquica del universo y la naturaleza vemos solamente vinculaciones libres e igualitarias, pero sabemos que a nivel de la emergencia de lo humano son relaciones dentro de las cuales pueden surgir fuerzas que dinamiten ese vínculo comunista y libertario y que se tornen hegemónicas. Por eso el espacio liberado que se logre alcanzar en cada momento tendrá que ser constantemente defendido, por sus integrantes, de todo desequilibrio de poder y de toda pretensión de que cualquiera de sus miembros se torne hegemónico. Nosotros mismos mal llamados individuos, como entidades múltiples, tendremos que esforzarnos por una ética que nos lleve a equilibrar todas las virtualidades plurales de nuestra subjetividad sin que ninguna se torne hegemónica, sino como confederación libre e igualitaria de los yoes que nos habitan.

Un espacio‑tiempo liberado, libre, una zona temporalmente autónoma, una comuna, no es otra cosa que lo que se crea a través de las relaciones basadas en la libertad e igualdad en común, desde el microcosmos de la relación con uno mismo, y con los otros, hasta el macrocosmos de las sociedades o los pueblos enteros.

Incluso en una fiesta espontánea donde todos son libres e iguales puede decirse, aunque sea un oxímoron, que reina la anarquía, porque cuanto la anarquía es coronada nadie es rey, nadie gobierna, ninguno está por encima de los demás y uno está alegre porque alegres están todos los otros con los que comparte una dicha en común, desgraciadamente, momentánea.

Momentos anárquicos de esa índole hay muchos, pero su duración en el tiempo ya es más difícil. Y lo es porque las relaciones de igualdad y libertad tienden a deshacerse, se debilitan, debido a milenarios hábitos contrarios a la ayuda mutua, a la generosidad y la solidaridad, a extensas tendencias inoculadas por el poder destinadas a negar que el bienestar propio proviene del bienestar de los demás y surge de la cooperación y la compañía.

La ontología anárquica consiste en indagar en lo originario libre de la realidad en su conjunto, para el anarquismo, eso es: ser libre en general y en un común espacio-tiempo compartido.

Lo originario libre, en ese sentido, se manifiesta luego, también, en los distintos niveles de emergencia que conocemos como la pluralidad de sectores que investigan diversas parcelas de la realidad. De modo que lo libre, igual y común, viene a ser investigado: en lo político, en lo económico, en lo científico, en lo artístico, en lo histórico, en las instituciones, y así, en todas las diferentes áreas de la realidad que se focalizan desde el anarquismo.

3. El sujeto anárquico.

Como la anarquía es sin por qué y puesto que la praxis no tiene fundamento último, siendo originariamente la naturaleza de las cosas pero habiendo sido expropiada, se ejercita entonces como negación, como negativa a ser dominado, sojuzgado, esclavizado, de esa praxis deriva la libertad y si algún día se constituyen comunas libres e iguales de asociados sin jerarquía ni dominación, la anarquía como negación dejará de ser necesaria y surgirá, en la medida que se implante, la anarquía como afirmación, como vida libre y buena, es decir, el anarquismo propiamente dicho.

La figura del marrano ha sido ensalzada por algunos pensadores anarquizantes contemporáneos como aquella que, metafóricamente, mejor pudiera remitir a la figura del anarca actual, aquel obligado a una doble vida, a la que le fuerza el sistema de dominación vigente y a la que desea y practica de manera anarquista, en oposición a la impuesta. Aceptamos el marranismo entre las múltiples posibilidades de ser anarquista y practica la anarquía, aunque pensamos que no es necesario focalizar una figura histórica como la del judío converso, que puede ser vista como una práctica de hipocresía, para reivindicar al sujeto anárquico actual.

El sujeto anárquico actual es a nuestro juicio el anarcántropo, a la vez humano y ya no humano, a la vez forzado a una vida impuesta contra la que se debate y viviendo una vida libre en la medida de todas sus fuerzas.

Del pensamiento, palabra y obra anarquistas, lo más importante son las obras, la praxis, le siguen los pensamientos y las palabras. La anarquía es tanto una ontología, como una estética y ética de la existencia, un habitar como ser libre y un dejar ser libres a los demás.

4. Los anarquismos.

Todos los movimientos anarquistas, los anarquismos, parten de la Anarquía y de una ontología anárquica, sean cualesquiera esos movimientos, todos ellos están conformados por sujetos anárquicos. Hemos partido de lo común y general, las bases profundas compartidas, que se abren y diversifican en una pluralidad con un rizoma compartido, con una raíz horizontal que los alimenta y atraviesa. Los anarquismos comparten una estructura no lineal, que se irradia en multiplicidad y conexión, tanto de manera espontánea como determinada. A diferencia del modelo jerárquico del árbol, el modelo rizomático, expuesto en la filosofía de Deleuze y Guattarí, es el que nos puede mejor servir de referencia.

Como bien ha indicado Laura Vicente, el anarquismo es algo que se deja declinar malamente en singular, no es unívoco ni tiene la vocación de reducir lo múltiple a lo Uno, proponiendo, por tanto, que se diga: los anarquismos, en plural4.

Se pueden enumerar por ese motivo muchos movimientos anarquistas, a cuyo conjunto, sin reducirlo a uno, se le puede denominar anarquismo.

Los anarquismos, el anarquismo, se está manifestando como la ética de nuestro tiempo, como el êthos necesario, en el sentido de la manera de ser y la forma de habitar que corresponden al rechazo del totalitarismo y la opresión, al rechazo del mando y la jerarquía, de la dominación y la explotación, a la afirmación, en suma, de un mundo mejor, comunista libertario, que, por muy posible, ha sido tildado en el pasado, demasiadas veces, de ingenuo e irrealista.

El sujeto anárquico, mediante su praxis, es decir, sus actos, tanto los negativos, su negativa a someterse y su resistencia a la dominación, como los positivos, su colaboración con los otros libres e iguales y su afirmación de la ayuda mutua y la cooperación, pone en obra la anarquía y realiza el anarquismo.


  1. Como ya se hacía en la antigüedad grecolatina, donde se empleó la voz an-arché para denostar la ausencia de leyes y el caos social, literatura de la que los conservadores de la Revolución francesa tomaron el sentido peyorativo de ese vocablo. ↩︎
  2. Véase Simón Royo, El anarquismo en la antigua Grecia. Publicado en el nº0 de Redes Libertarias, revista en papel y también en la Web: https://redeslibertarias.com/2024/01/12/el-anarquismo-en-la-antigua-grecia/ y
    https://redeslibertarias.com/wp-content/uploads/2023/12/redes-libertarias-0.pdf ↩︎
  3. Véase Simón Royo, Ontología anárquica y anarquismo político: https://redeslibertarias.com/2025/01/27/ontologia-anarquica-y-anarquismo-politico-la-igualdad-entre-los-seres/ ↩︎
  4. Cfr. Laura Vicente, Anarquismos. El especifismo. https://redeslibertarias.com/2025/12/30/anarquismos-el-especi%ef%ac%81smo/ ↩︎

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