Luis Ángel Campillos Morón
1. Preludio
Maninfecsto es un texto fragmentario, susurrante, tartamudo, desviado y testarudo. Los márgenes vibran y estallan. Los contornos de las letras se contonean, se desnudan y desaparecen. Emergen líneas después, de improviso. La raíz de manifestar alude a golpear (festus) con la mano (manus). Como cuando alguien golpea la mesa y manda callar. El sentido clásico del manifiesto supone precisamente eso, un golpe en la mesa-mundo, una llamada de atención y, en muchos casos, cierta amenaza. Pero no basta con mandar callar, evidentemente, pues ese también poder ser el punto de inflexión hacia un nuevo orden autoritario. ¿Qué se quiere conseguir? ¿En qué sentido se pretende transformar el mundo? Alejándonos de cualquier forma de sistematización cerrada y opresiva, nos-otras hemos incluido ciertas anomalías. En primer lugar, en el propio término maninfecsto que trastorna el manifiesto clásico, una “n” para que pueda irrumpir el verbo infecstar, compuesto por infectar e infestar. La diferencia semántica entre estas dos acciones se basa en el criterio humano de la visibilidad. Infectan microorganismos como virus o bacterias, infestan macroorganismos como ratas. El primero sugiere una amenaza permanente, pues, a causa de los clásicos umbrales sensoriales humanos, no podemos percibir directamente estos seres minúsculos. El segundo resulta más evidente, salta a la vista, como es el caso de una plaga de langostas. “Este lugar está infestado de ratas”, decían los nazis. “Este lugar está infestado de palestinos”, dicen los sionistas. “Este lugar está infestado de inmigrantes, negros, transexuales…”, dicen Trump y sus esbirros. Sin embargo, no pueden decir, por lo menos todavía, que cierto lugar esté infestado de virus o bacterias. Por ello, convertirnos en estos seres minúsculos es clave. Devenir-minoritarios, en el sentido de Deleuze y Guattari. Debemos poder infectar el Sistema para que nuestros efectos devengan observables (mayúsculos), de ahí la importancia de la invisibilidad y el anonimato. Ahora bien, no solicitaremos derechos de propiedad de los logros obtenidos. Estos no son más que brechas, goteras, grietas, agujeros. No formaremos parte del espectáculo, no nos convertiremos en partido político. La impureza, la hibridación y la imperfección son nuestras señas no identitarias.
Causar estragos en la normalidad dogmática. Destruir los cimientos que sustentan el sistema-mundo (Wallerstein) actual. Evidentemente, sin propósitos mayoritarios, sin políticas masivas. Lejos de Revoluciones, no se trata de generar otro nuevo orden sino de convertir el universo en un lugar poroso donde todo muro se convierta, básicamente, en un juguete. Anarquía, en un palabra. Pero como principio cósmico-caótico, no como un cúmulo de deseos individuales (caprichalismo liberal). Hoy en día, diríamos, con la pléyade de corrientes subversivas que recorren, entre otros, ámbitos tan aparentemente lejanos de la política como la física (Karen Barad) o la biología (Donna Haraway): queerizar1 el mundo, desestabilizar todo canon, transgredir, desobedecer.
Sentimos un profundo respeto –no solo– hacia aquellos seres que son (han sido y serán) señalados y etiquetados con algún trastorno. Transexuales, kurdos, plagas de animales, pobres, meteoritos, palestinos, hongos, indígenas, mujeres, negros. Qué largo y desquiciante etcétera. ¿Estos seres son o están trastornados per se (en sí) o más bien suponen un trastorno para ciertos intereses humanos? Deseamos ampliar los colectivos extraños, heterodoxos y monstruosos, no solo en número, sino también en potencia: en capacidad para resistir a la autoridad de cualquier tipo (clínica, política, educativa…) y luchar por construir otros mundos.
Nuestra propuesta, aquí, es la siguiente: configurar un tipo de monstruosidad, la monstruosidad autista. El monstruo es un relámpago que revela el orden impuesto para subvertirlo. Como todo monstruo, es ingobernable e indefinible.
Somos conscientes de que, al acecho, a la caza de cualquier clase de monstruo, el actual sistema holístico capitalista, cuyo ADN se compone de especismo, racismo, machismo y colonialismo, entre otros, cual camarero súper atento, ofrece carnets de socio (usuario-consumidor) en su límpida bandeja a un módico precio. Capitalismo rosa, capitalismo verde, capitalismo arcoíris, capitalismo monstruoso… Lo que sea con tal de que las monstruos se conviertan al credo imperante. O, simplemente, se cansen de luchar. Por ello, es crucial rechazar de plano cualquier registro e ingreso en la Gran Horma.
La monstruosidad autista no (solo) se manifiesta: infecta e infesta. Las exigencias solicitadas en las manifestaciones (autorizadas) comportan que las propias manifestaciones sean solícitas y educadas y respetuosas. ¿Ante quién! Manifestaciones limpiabotas. Unas cuantas encapuchadas violentas aprovechan el magnífico ambiente festivo y pacífico de la manifestación para… ¿para qué? ¿Alguien les iba a dejar hablar? Además, no quieren hablar, o no con ese lenguaje, en ese lenguaje, quieren poder hablar y vivir de otra manera, solo eso. Es simple. ¡Los violentos no nos representan!, claman los manifestantes. Son señalados y expulsados de la manifestación como señalaron y detuvieron a aquel que trató de asesinar al zar y sucedáneos. Por supuesto que no os representan. De eso se trata, por cierto, de ser irrepresentables. Por eso carecen de rostro, son manada, como apuntaban Deleuze y Guattari. Pero no una masa uniforme de estúpidos, idiotas, idólatras o súbditos sino un amasijo de lobos, vientres y dientes. Monstruos. Más monstruos. Más y más monstruos.

Trastornar la propia concepción de trastorno. Evitar cualquier dependencia tóxica. No rogar. No solicitar derechos ni subvenciones ni limosnas ni siquiera aceptación, empatía o cariño. Aunque el término “trastornado” no comporte necesariamente minusvaloración, sí suele implicar subsunción. Tildar a alguien de “trastornada” puede suponer un insulto o una mofa. Desde la perspectiva de quien emite (o calla) el calificativo, fruto de un juicio racional, la “trastornada” no vale tanto (minus-valor: valor de menos) como la que no lo es. Sin embargo, el término “trastornada” puede (y suele, por ejemplo, en el ámbito del estudio del autismo en el siglo XXI) venir acompañado de buenas intenciones. Estas abogan por eliminar la palabra en cuestión, al considerarla ciertamente denigrante. En este caso, evidentemente, no existe minusvaloración porque se trata a la (ya no) trastornada como una igual, tan valiosa y tan válida2 como cualquiera. No obstante, incluso las buenas intenciones comportan (mayoritariamente) cierto proceso de subsunción a los paradigmas imperantes: modo de vida occidental, economicismo, propiedad privada, trabajo asalariado, etc. Entendemos “subsumir” como un modo de incluir que provoca reducción del potencial del agente al que se incluye.
En el contexto autista, eje de dislocación del presente texto náufrago y nómada, cientos de artículos científicos hacen prevalecer una u otra dimensión inclusiva. Por ejemplo: “la integración y la inclusión no pueden terminar con la incorporación del individuo en un programa ocupacional”3. Inclusión laboral,4 escolar o incluso integral –para toda la vida– para que, en última instancia, el trastorno que sufre autista no trastorne la sociedad. De ese modo ambos ganan. La sociedad puede usarlos como trabajadores precarios y estos, a su vez, beneficiarse tanto económica como emocionalmente. En otras palabras: “es imprescindible un cambio social en los colegios y en la vida social de los adolescentes, adultos y jóvenes para que las personas con autismo se sientan aceptados, respetados y valorados tal como son”5. El problema es la procedencia de este vector: ¿quién adjudica esa aceptación, respeto o valor? ¿Qué son los autistas? En este punto quebramos su discurso al contestar: monstruos que convocan a otros monstruos6.
Gracias al sustrato humanista (de corte analgésico y aséptico y frecuentemente al servicio de algún poder instituido) florecen en la actualidad reiterados discursos benévolos sobre el trastorno del espectro autista. Mas la subsunción subsiste. Nuestro objetivo –tan especulativo como político– es llevar al paroxismo la singularidad de cada autista. Aunando el leitmotiv del “todo autista es único” ya que “no existen dos casos idénticos” y el marco del cambio de paradigma –no sólo neurológico7 sino también ontológico8–, haremos estallar el clásico concepto de autista para producir monstruoautistas. De hecho, en cierto modo, los casi cien aforismos del presente manifiesto se componen de la metralla de esta explosión.
Un esfuerzo para no pensar exclusivamente desde el lado no monstruoso. Hemos escuchado y leído discursos de cientos de víctimas de toda clase. Compartimos rabia. La rabia es deseo libertario subversivo. Es una línea de fuerza que no pertenece a nadie. Atraviesa alegremente los cuerpos y algunos conectamos con ella. No hay peaje. Concibamos un mundo rabioso autista entrelazado –enmarañado– con miríadas de otros mundos monstruosos. Dejemos de asimilar, integrar, incluir. Invirtamos y subvirtamos las fórmulas de poder. Jugando con el término en cuestión (trastorno), las autistas se van a tornar demasiado diferentes. Exceso singular9 autista. Queerizar toda normatividad imperial que adapta, lima y moldea (sea violenta, sea cariñosamente) a las autistas para que no puedan crear cierta comunidad.
La monstruosa comunidad autista puede construirse de todas las formas imaginables. No es asunto humano, ni de animales o cosas. Los monstruos están siempre haciéndose, no son definibles ni definitivos. No son sustancias primeras o segundas. No son sustancias. Su hacerse es, a su vez, deshacer el ordenamiento limitante. Una y otra vez. Un comunismo monstruoso nada tiene que ver con propuestas programáticas. No es un comunismo humanista ni economicista ni estatal. Un comunismo donde lo común no indica propiedad comunal ni bienes materiales sino más bien ciertas funciones insurreccionales. Este suigéneris comunismo monstruoso autista posee un carácter estrictamente formal. Las funciones Dédalo y Minotauro componen la lógica monstruosa autista. Dado que todo monstruoautista las expresa (aunque no es sencillo ni siquiera posible de un modo determinante, como se expondrá después, desde un afuera no-autista, poder dilucidarlo), las funciones son comunes. De ahí el comunismo, nada más y nada menos. Comunismo autista, comonstruosismo autista, comunismo formal monstruoso comunismo minoritario.
En esta comunidad monstruosa predominará la incomunicación. O, por lo menos, no la comunicación que transcurre por los canales oficiales10, donde la exigencia de hablar asfixia a quienes prefieren comunicarse de otros modos, sea de manera gestual, sea en silencio.
El problema fundamental de la existencia humana está arraigado en una incapacidad inherente para comunicar. Esto no significa que las personas sean incapaces de hablar entre sí. De hecho, las personas se dicen mucho unas a otras a lo largo del día: palabras en su mayoría vacías, carentes de significado, que se desvanecen al instante.11
Las redes del poder saben bien que la gente puede opinar casi lo que quiera, ya que las palabras no son, per se, armas políticas subversivas. Eso dicen. Porque no han visto, todavía, las calles anegadas de páginas arrancadas de diarios suicidas y homicidas y registros de mutilaciones y adhesiones de muñones con hilo y aguja. A veces nos censuran para hacernos creer que servirían para algo nuestras palabras y así nos animan a seguir hablando… naderías. No tenemos que hablar en su lenguaje sino quebrar su lógica. Al monstruo autista no le hace falta hablar para desobedecer. Lo hace y punto: gritando, susurrando, gesticulando, en silencio o incluso hablando. Pero en ningún caso formando parte de un diálogo cuyo objetivo es lograr algún tipo de consenso que pueda ser absorbido por alguna autoridad. Las autistas no son títeres (Sócrates) del Poder (Platón). Nadie habla por nosotras. No hay mediadores ni representantes acreditados. Solo ausencia y presencia amenazante. Zarpazos relámpagos. “Lo que aquí se propone es una resistencia a la comunicación en forma de palabra activa bajo un modo que podría llamarse de poética productiva”12. Resistencia en forma de retirada13. Mas no es necesario marchar a ningún sitio. Se trata, simplemente, de no participar del pan y el circo.
Configurado por la relación productiva Dédalo-Minotauro, la monstruoautista no es una, es decir, no es una identidad14 sino siempre doble. Mediante las funciones Dédalo y Minotauro, la monstruosidad autista genera redes políticas sin nombre y sin programa, harto efectivas pero difícilmente perceptibles. Infección. La monstruosa inmediatez es clave en el ser autista:
Símbolos de la fuerza cósmica en estado inmediato al caótico, al de las “potencias no formales”. En el plano psicológico aluden a las potencias inferiores que constituyen los estratos más profundos de la geología espiritual, desde donde pueden reactivarse —como el volcán en erupción— y surgir por la imagen o la acción monstruosa. Simbolizan también, según Diel, una función psíquica en cuanto trastornada: la exaltación afectiva de los deseos, la exaltación imaginativa en su paroxismo, las intenciones impuras.15
La cursiva es nuestra: destacamos la inmediatez y el trastorno. Los monstruos (repárese en el plural que también se encuentra en la definición de Cirlot y que remite a la diversidad de estos seres) preservan su autonomía y su cercanía con un estado salvaje lejos de cualquier lógica formal instituida. Cabe reseñar, asimismo, en la definición de Cirlot, por un lado, el carácter profundo y la amenaza de la erupción –irrupción– y, por otro, el trastorno, que remite a exaltación e impureza. Las monstruastornadas son exaltadas e impuras. Los discursos de la pureza eugenésica, como en el caso nazi, son, por desgracia, archiconocidos… así como archiactuales. La impureza del monstruo significa hibridación y comporta la imposibilidad de identificación. Exaltación, subversión, insurgencia. Esta es la faceta minotáurica del autista, bailando a horca(rca)jadas entre el caos y la amenaza.
Resta la otra dimensión, la dedálica, la otra cara del monstruoautista. En la mitología griega, Minotauro es el célebre monstruo que habita el laberinto de Creta, construido por Dédalo precisamente para que aquel no pudiese escapar. Dédalo es el famoso arquitecto e inventor. El autista-Dédalo se encarga de mantener al autista-Minotauro a resguardo. El laberinto que construye no tiene otro cometido. Recalando de nuevo en el diccionario de símbolos de Cirlot, el laberinto es una construcción arquitectónica, sin aparente finalidad, de complicada estructura y de la cual, una vez en su interior, es imposible o muy difícil encontrar la salida […] Eliade señala que la misión esencial del laberinto era defender el centro.16
De nuevo la cursiva es nuestra. Sin aparente finalidad: ¿cuál es el objetivo? ¿Por qué el autista-Dédalo construye para sí (autista-Minotauro) un laberinto? La respuesta aparece al final de la cita: para defender el centro, lugar en el que se encuentra el monstruo. Es decir, para salvaguardar a Minotauro, para mantener el carácter amenazante. Así pues, en cada autista distinguimos un creador o constructor y un monstruo, a los que llamamos Dédalo y Minotauro, respectivamente. Cosmos y caos. Apolo y Dionisos o bien Dionisos desmembrando a Apolo y creando un nuevo ser ultrabello a partir de los trozos y otros objetos encontrados como el caso de Dalí crucificado y desangrado.
Deficiencias en la reciprocidad socioemocional; deficiencias en las conductas comunicativas no verbales; deficiencias en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de la relaciones; movimientos, utilización de objetos o habla estereotipados o repetitivos; insistencia en la monotonía; excesiva inflexibilidad de rutinas o patrones ritualizados de comportamiento verbal o no verbal; intereses muy restringidos y físicos que son anormales en cuanto a su identidad y foco de interés; e hiper o hiporreactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por aspectos sensoriales del entorno.17
Conozco a una niña [autista] de cuatro años que se puso unas gafas de sol que sus padres habían comprado en Disneylandia, y pasó de poder tolerar cinco minutos en Walmart a poder estar una hora. Para los padres es una gran diferencia poder llevar de compras a su hijo.18
La primera de las citas anteriores habla de deficiencia y anomalía; la segunda, de alegría capital por disfrutar de la normalidad. Ambas promueven (más o menos veladamente) la superación de las deficiencias (autistas) con el objetivo de mejorar nuestras vidas (autistas) y, de paso, las de nuestros seres queridos y, al fin y al cabo, las de toda la sociedad. El prejuicio reduccionista aquí, entre otros, es definir ciertos modos de vida normales, que suelen asociarse a modos de vida occidentales-civilizados, y no a las vidas de algunas tribus de la Amazonía o Madagascar, por ejemplo. No obstante, de acuerdo con lo que el sentido común dicta, los discursos en los que se enmarca esta cita, configuran un amplio acuerdo, un sustrato común sobre la realidad del autismo, sus problemas y sus posibles soluciones.
Sin embargo, como avanzábamos líneas arriba, este texto no tirará del hilo humanista neutro-aséptico-conformista-conformador sino que lanzará directamente al humanismo por la borda. A la contra, tratará de eliminar cualquier lastre que juzgue y sentencie el autismo según sus fundamentos de derecho (no autistas). Y es que, sin necesidad de despreciarlo, dada la estrechísima imbricación entre independencia e indiferencia, el monstruoautismo obvia tanto cualquier fundamento como el derecho que establece. El monstruo funciona o no, nada más que eso. No funda nada ni se funda sobre nada que funcione como engranaje de un sistema dado. Simplemente no encaja en otra lógica que no sea la que constituye para sí. Una lógica, por otro lado, para la que no existe libro de instrucciones. Una lógica, en definitiva, poética.
Sus tratados les retratan. Para los no autistas es cuestión de adopción y adaptación. “Entended a los autistas”, rezan. ¡Imposible! El autista monstruo es sólido y firme dado de impuro azar. Dado su continuo carácter amenazante, no se adaptará jamás. La alta presión del exterior, el ruido excesivo, la capital contaminación semántica… no impiden al monstruoautista crear su mundo. Mundos no hechos a imagen y semejanza. Mundos otros. Seres libres dentro de la Gran Horma. ¿Cómo puede(n) ser?
2. Cuerpo
1. Parafraseando el célebre comienzo del Manifiesto Comunista (1848)19, afirmamos que un espectro se cierne sobre el mundo (más que “sobre Europa”): el espectro autista. Del análisis del concepto espectro llevado a cabo por Jacques Derrida20 sobre la filosofía de Marx21, extraemos los siguientes atributos:
a) transgresión ontológica22: en cuanto a su realidad, de naturaleza anómala e híbrida, extraña mezcla de presencia y ausencia, ¿qué son las autistas? ¿Seres humanos? ¿Animales? ¿Máquinas? ¿Idiotas? ¿Discapacitados? ¿Enfermos?
b) interrupción del presente: remitiendo a (y emitiendo en) tiempos no exclusivamente cronológicos y no necesariamente humanos, las autistas quiebran el orden lineal del presente, pasado y futuro. ¿Poseen memoria? ¿Planes de futuro? ¿Qué hacen? ¿A qué aspiran? Su vida es un continuo ahora aparentemente sin sentido (común).
c) desestabilización del poder: sus afectos y efectos generan cierto desconcierto. Monstruoautismo y colapso son sinónimos. Similar al cartel de “cuidado con el perro”, léase la señal de “peligro, autista”.
2. El autismo23 se halla reconocido como un trastorno por un gran número de instituciones (mas la monstruosidad autista no es reconocible) como la célebre Asociación Americana de Psiquiatría, pero ya es hora de que las autistas expresen a la tenue luz de la noche y ante el cielo negro abismal sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro autista con este maninfecsto.
3. El presente maninfecsto no se relaciona con la constitución de un partido, programa o proyecto políticos sino con el rechazo a toda institucionalización o normalización y la concepción de un nuevo tipo de comunismonstruosidad.
4. El término “espectro” no refiere aquí a cierto rango de características que se manifiestan de forma particular en cada autista, como en el caso del ámbito médico, sino a espectro como sinónimo de fantasma y monstruo.
5. Autista es fantasma en un doble sentido: en primer lugar, de acuerdo con la etimología de “fantasma”, en tanto aparición; en segundo lugar, fantasma como potencial amenaza.
6. El carácter espectral o fantasmagórico comporta un doble: autista que aparece, que se muestra, y autista que amenaza. Ambas dimensiones se encuentran imbricadas y no pueden separarse. Tampoco una dimensión puede cancelar a la otra. Eso sí, puede ocurrir que la amenaza aparente coincidir con la acción, es decir, que el autista que se muestra y el que amenaza parezcan ser el mismo. Mas no lo son. La amenaza no es eliminable. En toda acción subyace una amenaza, incluso en la acción que es juzgada desde afuera como amenazante. Siempre existe un plus de amenaza no cancelable en el autista. Hay, pues, un autista encapuchado y enmascarado dentro de cada autista. Quien se manifiesta siempre es algo más: las apariencias no engañan sino que amenazan. Las apariencias no nos conducirán a la verdad racional sino al monstruo desatado. El sol de la caverna de Platón es un agujero negro.
7. Ninguna ley podrá contener al autista. Ningún código moral. Ninguna autista creará ley alguna (y no por obediencia a este imperativo).
8. La perpetua amenaza autista es de carácter político. Una amenaza contra el orden, en un sentido muy amplio. No sólo el orden legal o en torno a lo legítimo sino también contra aquello que se considera normal, moral o usual. La amenaza comporta la inadaptación, la desobediencia, la posible irrupción de una rareza o anomalía de una clase muy especial: una que no puede convertirse en regla ni tampoco ser asimilada por (o subsumida en) algún ordenamiento.
9. Todo autista es anomal: ni normal ni anormal ni subnormal u otros derivados de la primacía de la norma. En otras palabras, la norma (legal, socio-cultural…) le es completamente ajena. El monstruo sabe, con Heráclito, que el camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo, por tanto, su caminar es un continuo hollar y minar.
10. Toda autista es radicalmente autónoma. Ello no quiere decir que sea un yo, un sujeto cerrado y encerrado en sí mismo con un ego marcado (ni siquiera que sea una persona o un ser humano, ya que escapa de toda categorización), como indica el término griego con que ha sido designado (autos, es decir, sí mismo o “propio”), y que de esa cerrazón provenga su autonomía. Esta remite, más bien, a su inadaptabilidad. En otras palabras, es máximamente autónoma en tanto mínimamente obediente y sumisa. Su capacidad autonómica procede de la conexión con una línea de fuerza impersonal (compuesta por rabia, amor y otros afectos y deseos subversivos) que atraviesa cualquier ordenamiento autoritario.
11. Ni humano ni inhumano ni antihumano ni posthumano ni transhumano, el autista es ahumano.24
12. Subvirtiendo dos de las características principales del trastorno del espectro autista (según DSM525: repetición conductual y déficit en comunicación e interacción social), todo autista repite una y otra vez su singular modo de ser. He aquí la persistencia en su diferenciación evitando cualquier corsé. Ser-en-potencia-monstruosa: monstruo que deviene, que nunca es completamente monstruo (ser-en-acto), por lo que siempre se encuentra en continuo proceso de realización y de imperfección. Monstruosidad autista: devenir-imperfecto + devenir imperceptible.
13. En toda singularidad monstruosa autista se distingue, por un lado, Dédalo, autista que aparece y, por otro, Minotauro, autista que amenaza. Ningún observador puede determinar qué conducta pertenece a quien (si Dédalo o Minotauro). Lo que aparece y que parece ser una acción cotidiana, normal, en absoluto extraña, puede iniciar una serie (un patrón o conducta repetitiva). Asimismo, puede suponer una amenaza para el orden.
14. Lo que un observador externo juzga como conducta normal (forme parte de un patrón repetitivo o no) del autista, en ningún caso es tal, porque toda acción porta y comporta una amenaza (en modo latente o virtual). Incluso, la propia conducta amenazante, patente o actual, contiene una amenaza latente. La monstruosidad autista es excesiva.
15. Lo que denominan deficiencia comunicativa conlleva cierto aislamiento (ausencia de participación del autista de la normalidad) o disrupción (participación de alguna forma más o menos inadecuada o inoportuna). Su supuesta deficiencia remite, pues, a desobediencia.
16. Mediante las, así tildadas por los no autistas, “conductas repetitivas” e “intereses restringidos”, Dédalo construye para Minotauro (ese sí mismo que es a la vez otra) un laberinto harto especial: invisible desde el exterior, luego inexpugnable. El objetivo principal es que la amenaza persista, que Minotauro jamás pueda ser domesticado o normalizado.
17. La fuga del laberinto supone el fin de la amenaza. Por ende, si Minotauro escapa, el autista muere, es decir, es domesticado. En ese caso, Dédalo se desvanece y el autista pasa a ser un individuo normal y a formar parte del rebaño. Cesa así la conexión con la línea de fuerza transversal libertaria y con toda comunidad virtual monstruosa.
18. La conducta repetitiva puede resultar también amenazante: Dédalo y Minotauro parecen integrarse en una danza extática. Pero jamás llegan a hacerlo por completo, pues no hay monstruosidad autista sin conducta repetitiva (o interés restringido) ni autista sin amenaza. En otras palabras, no hay monstruoautista sin laberinto: construido por Dédalo y habitado por Minotauro.

19. El laberinto puede ser de carácter mental (conducta repetitiva cual secuencia de pensamientos), luego nadie puede asegurar, a no ser que esté muerto, que una autista ha dejado de ser autista, ni, por cierto, que siga siendo autista.
20. En casos de conductas repetitivas de carácter mental, la dimensión que aparece (Dédalo) se oculta. Pero nada cambia en torno a la imbricación Dédalo-Minotauro, sólo que el observador exterior no podrá discernir conducta repetitiva alguna y quizá cambie su diagnóstico.
21. El cerebro autista no puede ser lobotomizado ni lobotamizado porque el monstruoautismo no está solo en el cerebro. Mediante el argumento de la neurodiversidad explican la singularidad autista, afirmando que sus cerebros son distintos y de ahí sus extraños comportamientos. Sin embargo, lo que convierte a los autistas en seres diferentes no es su cerebro sino el mundo que construyen. Y lo que hace que esa diferencia sea monstruosa es la conexión con líneas de fuerza destructivas de toda construcción autoritaria.
22. El cerebro no desarrollado adecuadamente26 del autista no se pregunta qué entienden los no autistas (sea en el ámbito académico, sea desde el sentido común) por “desarrollo” y qué por “adecuación”. ¿Cómo se desarrolla y a qué podría adecuarse un cerebro laberíntico y monstruoso? La singularidad autista no tiende hacia ningún fin o forma preestablecidas. Jamás se adecúa. Los patrones cerebrales o neurotipos, más que categorías conceptuales o herramientas experimentales, son instrumentos de caza de autistas que serán conducidos al redil del sistema.
23. Toda autista es, pues, a la vez, arquitecta (Dédalo) y monstruo (Minotauro) suigéneris.
24. No todo vale. La anarquía no es imbécil, estúpida, mucho menos idiota. La autista ha de dotarse a sí misma de cierto ordenamiento en forma de laberinto. Dédalo controla que Minotauro se encuentre siempre a salvo de la normalización para preservar (y perseverar en) su carácter distorsionador. Cosmos subversivo generador de caos en el cosmos normativo. Minotauro necesita que Dédalo le proporcione un laberinto por los mismos motivos: ocultamiento amenazante. Sin Dédalo, Minotauro podría devenir fascista. Sin Minotauro, Dédalo podría devenir nihilista.
25. Cual león propinando un zarpazo desde su jaula, esa es Minotauro. Dédalo, afuera, al lado de la jaula, observa sonriente. La presencia de las monstruosidades autistas convierte a la sociedad circense (del sempiterno pan y circo, última versión) en un espectáculo demasiado peligroso. El peligro acecha. El pan se atraganta y el circo sangra.
26. La forma del laberinto (generada por las susodichas y dichosas conductas repetitivas y/o los intereses restringidos) funciona como filtro o tamiz de las acciones de Minotauro: este siempre actúa desde su laberinto, conforme a su laberinto.
27. En ningún caso el autista-Dédalo se encierra a sí mismo dentro del laberinto. Minotauro podría matarle (suicidio) y acabar con el monstruo. Todo autista es, necesariamente, doble: Dédalo y Minotauro. Repítase hasta el infinito.
28. Dédalo reitera: el laberinto no es visible desde el mundo exterior. Y, dada su transparencia, la autista se percibe desde afuera de forma manifiesta (fantasma como aparición) mas no necesariamente amenazante (fantasma como amenaza), pues en toda acción (sea amenazante o no, componga cierto patrón o no) subyace una amenaza. Por ello, el observador no autista solo ve a una persona (reiteramos que la singularidad autista no es individual ni humana sino autista, nada más y nada menos) realizando cierta acción. Piénsese en cualquier acción cotidiana que, de repente, sin causa aparente, se convierte en un suceso harto extraño, en un acontecimiento (con todas las letras en minúsculas).
29. La transparencia del laberinto (obra de Dédalo) se combina con la opacidad (imprevisibilidad) de Minotauro. Ingobernables desde el exterior gracias a su laberinto, las monstruoautistas son amenazas continuas. He aquí la opacidad de Minotauro: en cualquier momento puede saltar la alarma (el zarpazo), lo que denominan comportamientos violentos, disruptivos, etc.
30. La reclusión en el laberinto en ningún caso supone una reducción, limitación o negatividad (lo que tachan de “déficit” de comunicación u otros sucedáneos), sino la condición de posibilidad de la afirmación monstruosa del autista allende los cánones.
31. La (ilusión de la) comunicación27 uniformiza y homogeneiza, erosiona los escarpes irregulares de los diversos acantilados y convierte el mundo en una gran playa de arena de grano fino, aguas cristalinas, tumbonas y sombrillas. Todo deviene transparente,28 traducible. No obstante, el autista es inconmensurable, de ahí que cada monstruo requiera de una lógica especial aderezada con matemática cuántica probabilista.
32. Dada esta inconmensurabilidad, es imposible hallar la piedra Rosetta de la monstruosidad autista. Pero sí, asintóticamente, vincular cada monstruo con ciertos tipos de piedras y guijarros.
33. Paradójicamente, la autista será libre (en tanto singular) mientras su dimensión minotáurica continúe recluida en el laberinto. Asimismo, evidentemente, mientras Dédalo pueda crear el laberinto.
34. La singularidad (recuérdese: en el sentido de anomalía, unicidad suigéneris y no atomicidad) monstruosa autista remite tanto a la creación arquitectónica (Dédalo) como a la producción vital monstruosa (Minotauro). Reiterado. Táchese.
35. Lo que denominan excentricidad del autista alude al hecho de que no pueda ser adscrita a ningún centro, es decir, emplazada en cierto eje de coordenadas históricas o socio-culturales. Sin embargo, el autista no es en modo alguno excéntrico sino sumamente céntrico, sólo que su centro, el laberinto que habita Minotauro, se encuentra a salvo de los embates de la normalización y, por ello, encriptado.
36. La autolesión del autista puede significar: a) la reparación, el refuerzo o la transformación del laberinto, en este caso, efectuada por Dédalo; b) una acción amenazante para la estabilidad del orden, realizada por Minotauro; c) una mezcla de a) y b). Si la autolesión es excesiva y acaba con la vida del autista: si a), es porque Dédalo destruye el laberinto; si b), Minotauro extingue su carácter amenazante.
37. Una monstruoautista sólo puede ser definida o normalizada (¿¡o diagnosticada!?) por sí misma, formalmente, laberínticamente.
38. El sistema socio-económico-político actual-global, en realidad, no puede soportar a las autistas, por eso trata de aceptarlas, asimilarlas, fagocitarlas, incluirlas, hacerles emprender… domesticarlas. Por eso mismo está hoy tan de moda el autismo. Por eso mismo jamás estará de moda el monstruoautismo, so pena de destruir el paradigma-moda y sus sistemas socios.
39. Todo autista puede dejar de serlo en cualquier momento e ingresar en algún sistema normalizador. Existen dos vías principales al respecto, la ideal o la ideológica. El autista ideal (que, evidentemente, ya no es autista) es aquel que pretende parecerse a algún modelo (siendo copia imperfecta de aquel) o servir de modelo para otros; el autista ideológico, por su parte, menoscaba su potencial monstruoso singular (reprimiendo a Dédalo y/o Minotauro) subsumiéndose en cierto ordenamiento socio-cultural. En este caso, el falso autista (sea ideal o ideológico) ya no es doble sino triple: hay alguien más, un administrador que gobierna a Dédalo y Minotauro al servicio de objetivos fijados desde el exterior.
40. Se colige de lo anteriormente expuesto que el trastorno del espectro monstruoso autista es un trastorno (en el sentido de quebradero de cabeza) para la sociedad, no del ni para el autista.
41. El adverbio de modo “autistamente”, a fecha de ayer, de hoy y de mañana, no está registrado en el diccionario.
42. Toda singularidad autista es anti-Narciso. Representante máximo del individualismo e idiotismo (individualismo político), según el mito, Narciso no concibe que exista algo más (o tan) bello como él mismo. Por (b)ello, cuando se ve reflejado en las aguas, se lanza a por sí (es decir, a por su imagen) en un acto apasionado y, dado que no sabe nadar, se ahoga. Se trata de una estúpida combinación de suicidio y homicidio que simboliza la sociedad (occidental, capitalista global) actual. Narciso, el suicida, no soporta que nadie sea tan bello (y listo y famoso y rico y sucedáneos valores capitales…) como él y lo paga contra sí mismo; Narciso, el homicida, no soporta que nadie sea tan bello (y listo y famoso y rico y sucedáneos valores capitales…) como él y descarga su resentimiento contra el otro, sin saber, evidentemente, que es él mismo. Pero no hay sangre. En realidad no se produce tal homicidio o suicidio porque la imagen a la que tiende Narciso, y aquí emerge el ardid, no es la suya propia sino la del propio capitalismo en alguna de sus realizaciones: fama, dinero, poder, etc. Narciso, simplemente, se mira de reojo al espejo del Escaparate. El monstruoautista, sin embargo, se separa de este marco político idealista (modelos y copias) e ideológico (esclavos felices) al carecer de imaginación (eikasía). En este sentido platónico, imaginar posee un cariz teleológico, habla de aspirar a ser, soñar con, etc., es decir, ser o llegar a ser copia de algún modelo preestablecido. En suma, la monstruoautista se mantiene al margen de la imagen-copia: orate escapa del Escaparate.
43. Autista no protesta ni solicita ni lucha de forma sistemática, institucionalizada, propia de la macropolítica. No sigue una lógica de acción-reacción. En tanto ajena a toda norma y autoridad, deviene asumisa.
44. Las conductas autistas son afirmativas y aditivas. Afirman y afirman y afirman y afirman su condición existencial singular. El único problema de adicción del autista (del que se le acusa por mantenerse anclado en sus rutinas e intereses restringidos, adicto a ellos) sería una suerte de adicción a la adición, luego aquella no supone en ningún caso dependencia limitante o menoscabo en su potencia vital.
45. Todo autista es un lobo estepario. La estepa es un espacio abierto, lo suficientemente amplio para que el autista-Dédalo encierre en algún lugar laberíntico al autista-Minotauro.
46. En el aula, en el centro educativo, o en el trabajo asalariado, el lobo estepario que es el autista, es convertido en perro.
47. El aula del centro educativo y el lugar de trabajo, entre otros espacios reglados, transforman la estepa en zoo.
48. Recordando viejos tiempos escolares, la calificación sistémica-académica que recibe el autista es siempre la misma: NM (Necesita Mejorar) porque no su cerebro No PA (No Progresa –o, definitivamente, no ha progresado– Adecuadamente).
49. En el centro educativo o espacios similares, el autista-Dédalo debe reconstruir (reformar) el laberinto del autista-Minotauro. El objetivo siempre es mantenerse a salvo de la limpieza y pulimentado uniformador del exterior para preservar su impura singularidad monstruosa.
50. Todo autista es caustrofílico pues necesita el encierro de su dimensión minotáurica.
51. La forma más común, y mejor considerada socialmente (en tanto humanista), de domesticación del espectro autista es la educación, sea oficial (centro educativo) u oficiosa (familia). Otra forma domesticadora, muchas veces al servicio de las anteriores, es la medicación.29
52. El objetivo de la domesticación no es otro que atrofiar a Dédalo para, tras derribar los muros del laberinto, colocar una correa y un bozal a Minotauro.
53. La particularidad de cada autista se centra en las excéntricas partes (“¡no se fija en las cosas normales!, ¡no comprende de forma global!”, claman) a las que dirige su atención. El autista se encuentra en proceso constante de hibridación.
54. A colación de lo anterior, el autista (monstruosa particularidad) es anti-totalitario.
55. Intensamente implicado en (mezclado o hibridado con) los pedazos a los que atiende, el autista desprecia la codificación de lo real, es decir, el exclusivo etiquetado de todo aquello que existe para poder ser identificado y convertido en producto.
56. Se dice que hay, hoy, dos grandes clases de productos: los que se encuentran ya a la venta y los que lo harán próximamente. Además de impropio, el autista es económicamente improductivo. Monstruosidad autista alien-inalieanable.
57. Apasionadamente conectado con lo fragmentario, el autista no puede ser calificado de idiota si el idiota es aquel que, encerrado en su burbuja particular, se centra en sus propios intereses individuales.
58. No se rige por códigos sociales ni por el sentido común: no es que el autista evite el contacto visual sino que mira de otros modos (espacio-temporales) y no solamente con los ojos30. Oh, autista, murciélago, tu cueva es un piélago.
59. Lo que denominan falta de empatía del autista se debe a su radical anti-individualismo. Si la empatía habla de ponerse en la piel del otro31 para comprender sus emociones, etc., el autista percibe porciones y fragmentos, luego no ve al otro como un individuo (completo) separable del contexto.32 Empatiza con trozos y muñones y carne vibrante. Ama al pintor Francis Bacon y todo proceso estético-político que configura de algún modo la desfiguración.
60. En cuanto al problema figura-fondo, no encaja en ninguna figura. En continua desfiguración, la monstruoautista se encuentra escondida y abrazada al gran fondo configurador.
61. Todo autista es expático (no em-pático): conecta con el afuera, convierte los fragmentos en situaciones. Llamamos situación a la producción de cierto ensamblaje relacional no predeterminado por ninguna organización de orden superior. Por ejemplo, cuando el autista crea un universo observando la conexión entre dos o más fragmentos que no configuran, a un nivel social-cultural, nada significativo. Productor-creador de sentido, el autista combina ruido minotáurico y señal dedálica.
62. Lo que denominan coherencia central débil, señalando, de nuevo, esa debilidad como déficit, es en realidad harto coherente con el anti-individualismo, anti-humanismo, anti-especismo y todo aquel sistema categorial que se fundamente en algún centro (superior). Todo autista es anti-jerárquico, repite Dédalo. Asiente Minotauro, centrado en su laberinto y concentrado en su labor monstruosa.
63. A todo sistema autoritario le conviene negar cualquier actividad política al autista, de ahí que se le tache de sí mismo o propio (autos) para poder ser luego apropiado por cierto ordenamiento, si así lo juzga conveniente.
64. Los autistas son seres locales (no identitarios) fragmentarios, hiperconectados a la situación concreta, hipoconectados a larga distancia.
65. Dada su hipoconexión con los conjuntos (lo global), los autistas no participan de la sociedad que los trata como partes de la misma ni de cualquier otra sociedad mínimamente homogénea.
66. Los seres encasillados por algún eje de coordenadas socio-culturales ven a los autistas contemplando extraños objetos a través de su microscopio particular y los tachan, como mínimo, de arbitrarios. Gajes del oficio del monstruo imprevisible. Contemplación como experimentación no como actividad científica instrumental (en busca de las leyes que explican el universo) sino como actividad constructora de libertad y destructora de constricción.
67. Como toda monstruosidad vinculada con líneas de fuerza rebeldes, los autistas son transhistóricos e intempestivos.
68. Enjuiciada por el no autista, la frialdad33 del autista es efecto de su singularidad monstruosa. Según Marshall McLuhan34, los medios (de comunicación) calientes no estimulan la participación, por lo que, en cierto modo, vampirizan al público convirtiéndole en súbdito. A la contra, el autista enfría el mundo hoy en día sobrecalentado por las múltiples redes de circuitos comunicativos.
69. El autista se fija más en los objetos (no concebidos como seres pasivos sino portadores del mismo estatus ontológico –activo– que el resto de los seres) que en las caras humanas porque evita los medios calientes. Si la mirada del otro, como afirmó Sartre35, nos convierte en objetos (nos sobrecalienta), el autista prefiere mirar a los objetos (fríos) con los que establece una relación cordial, horizontal y no alienante.
70. Ante la caliente mirada educativa del humano (caña de pescar cuyo cebo es la condescendencia y anzuelo la normalización), el autista-Minotauro muestra los gélidos dientes diferentes de la opacidad.
71. Como las estructuras disipativas de Prigogine, el autista extrae orden de un entramado relacional anómalo, no a partir de sí, como individuo. Se excita ante la novedad (signo de amenaza de normalización) que hace tambalear el laberinto y que obliga a Dédalo y Minotauro a convocar una reunión urgente.
72. Es, hoy, sin embargo, el sistema capitalista homogeneizador, continuo productor de novedades poco o nada novedosas (banales, neutrales), quien teme la radical y monstruosa heterogeneidad autista.

73. El tartamudeo autista significa el tableteo de ametralladora de Minotauro (y las consiguientes carcajadas de Dédalo) desde el laberinto contra los sistemas de comunicación y automatización.
74. La importancia del control en el autista es primordial. Pero, contra el control de fronteras basado en el paradigma individualista (sobre la identidad de los sujetos, de las clases sociales, de las sociedades, de las naciones, de las razas, de los credos…), el autista no quiere tenerlo todo controlado sino controlar que los fragmentos con los que conecta no se conviertan en individuos-identidades. Eso extramuros. Intramuros, por supuesto, Dédalo controla-lubrica el laberinto, es decir, cuida el carácter monstruoso del Minotauro que también es.
75. La monstruoautista escapa del control del DSM (y sucedáneos).
76. La monstruoautista escapa del control del carnet de identidad (y sucedáneos).
77. La inmediatez conductual del autista es contraria a toda mediación o representación. Sus tutores legales o representantes son inútiles.
78. El modo de ser invariante (tendencia de los autistas a las rutinas, resistencia a los cambios en su eterno) del autista habla de la solidez de su singularidad frente a cualquier amenaza esencialista no autista. Mas la solidez del laberinto se combina con la creatividad de su lógica exclusiva, por lo que debemos hablar más bien de soli(qui)dez.
79. Reitera Dédalo que el autista no actúa a imagen y semejanza. Táchese. La invarianza en tanto resistencia al afuera opresor constituye la condición de posibilidad de la creatividad singular del autista.
80. Dédalo insiste: ni amo ni esclavo, el autista persevera en su modo de ser singular al reforzar (y reformar, si es preciso) su laberinto.
81. El dolor y la confusión hablan de la dimensión dionisíaca autista. La organización arquitectónica remite a la dimensión apolínea. La combinación singular (productiva, afirmativa) entre caos (Dionisos) y cosmos (Apolo) da lugar al león y al niño nietzscheanos (este último es el célebre Übermensch, traducido habitualmente como superhombre). El monstruoautista encarna tanto al niño creador de valores como al león, aquel que rechaza y desobedece todo mandato. Así, de las célebres tres transformaciones del espíritu que aparecen en Así habló Zaratustra36, el autista no es camello, ese ser obediente que asiente y se arrodilla siempre sino león-niño. El león desobediente y el niño creador simbolizan a Minotauro y Dédalo, respectivamente. Toda autista es una niña salvaje a salvo de los engranajes de la Maquinaria Autoritaria.
82. Las monstruotrastornadas (autistas) no pretenden transformar el mundo, aunque lo hagan. Para evitar ser radicalmente trastornado, el sistema político imperante cataloga una serie de trastornos (sanables, corregibles), como el del espectro autista. El capitalismo médico actual trata de solucionar el problema del autismo disolviéndolo en la normalidad. A la contra, la monstruosidad autista problematiza todo aquello que se presenta como solución sistémica.
83. “El autista”, afirman los anautistas, “carece de capacidad de imaginación y ficción”. Es decir: Dédalo no puede imaginar que Minotauro sea una ficción.
84. Como el huevo, famoso por el ejemplo que aportaron Deleuze y Guattari del Cuerpo-sin-órganos37, así es el laberinto. Ambos, el huevo y el laberinto, son opacos: no permiten ver ni conocer la composición de la criatura que habita en el interior. Las autoridades no pueden saber, ni siquiera predecir, qué parte aparecerá primero, cómo se romperá la cáscara, qué ocurrirá después, qué ser emergerá. Lo que sí ocurrirá es que, inesperadamente, la cáscara del huevo se regenerará constantemente, gracias al cuidado (llevado a cabo por Dédalo) del laberinto.
85. La monstruosidad autista es inmune a la publicidad. Al dirigir su atención a detalles “poco relevantes”, descuartiza el producto que se intenta vender en miríadas de fragmentos que, en principio, no están a la venta.
86. El autista se desconecta del sistema-mundo para conectar lo imprevisible con lo imposible.
87. La niña-salvaje-autista persiste en su modo de ser. Ante los observadores y educadores, repite lo que escucha (ecolalia): he aquí el eco con el que se encuentran aquellos, producido por el violento choque entre el intento de normalización y los inmensos muros del laberinto.
88. El monstruo autista no actúa como si todo fuera posible, como dicen, sino como si lo normal fuera imposible.
89. Efectivamente, la singularidad autista no otorga ningún sentido al mundo, como proclaman los anautistas. Y lo hacen para seguir sintiendo-conectando con los fragmentos, para proseguir indiferentes a la inquisitorial mirada dogmática-semántica del Todo.
90. No para que no se autolesionen sino para que no atenten contra el sistema político: para eso son acolchadas las autistas. La sociedad les proporciona un colchón para que no erosionen los fundamentos que perpetúan su orden. Mas, oh, autista, amante del rozamiento y la abrasión.
91. Lo común del comunismo autista no refiere a ninguna sociedad, comunidad u otras clases de agrupaciones sino a líneas de fuerza insurreccionales transversales e intrasubjetivas (en el sentido de Karen Barad: no partiendo de sujetos, es decir, no inter-subjetivas). Lo común-struoso es de carácter ficcional. Lo ficcional es tan real como lo real, mas se diferencian en su carácter funcional. Mientras la realidad es normativa, estable y estabilizadora, la ficción es la erótica de la erosión. Agujeros, limaduras, escarpes, quemaduras, excrementos, fragmentos, fermentos, componen el espacio comunal monstruoso autista anti-sacramental.
92. Lo común del comunismo autista es la imposibilidad de todo Sistema de comunicación. Los ebrios y extáticos signos de puntuación quiebran toda estructura estática sintáctica y semántica.
93. Lo común del comunismo autista es la imposibilidad del paradigma copia-modelo. Ningún autista puede copiar a otro. Ningún autista puede imitar a otro. Reiterado. Elimínese. Mensaje para el editor fantasma.
94. Lo común del comunismo autista es la imposibilidad de cualquier organización que aúne a dos o más autistas. Lo común monstruoso es un bloque, siempre es un bloque, un bosque, un desierto, siempre uno no idéntico, siempre uno diferencial haciendo vibrar las fronteras de su mismidad imposible.
95. La comunicación de este comunismo autista no puede generar gramática alguna. Cada contacto entre autistas configura un lenguaje efímero que se desvanece al perder el contacto. Frente al calor que cohesiona y codifica, el frío autista deja espacio para la producción de otras formas de (in)comunicación.
96. El espacio autista es bifaz: espacio virtual del laberinto minotáurico y espacio actual dedálico. Tanto el uno como el otro son reales. Tanto el uno como el otro son producidos por cada autista. Son estos espacios subversivos atravesados por la amenaza (hacia el exterior) y la irreductibilidad (hacia el interior). El espacio autista no puede ser reducido por agentes del orden. Mientras pueda pensar (es decir, organizarse), aunque se encuentre aislado y maniatado, la monstruosidad autista siempre construirá un espacio (aunque sea mental) para configurar su laberinto, luego la amenaza potencial no desaparecerá. Hacha en mano, la ficción tala los pilotis (Le Corbusier) de la realidad. La dimensión horizontal de la ficción siempre supera las ansias verticales de la realidad.
97. Al hilo del espacio, el tiempo autista es presente continuo. Las conductas repetitivas y los intereses restringidos no miran al pasado ni al futuro. Una experiencia traumática del pasado no es olvidada jamás sino incorporada al presente. De ella extrae fuerzas el autista para perseverar en su singularidad y en su potencial amenazante. De ahí que las terapias lenitivas y opiáceas sean inútiles. Por su parte, las amenazas autistas no son futuras sino presentes, sean actuales (patentes, manifiestas) o virtuales (latentes, ocultas). No es la línea del tiempo cronológica que cristalizó en el sentido común la que simboliza el tiempo autista sino los tiempos imprevisibles de las erupciones volcánicas y los géiseres irregulares.
98. Parafraseando el final del Manifiesto Comunista, no hace falta realizar ningún llamamiento a las monstruosidades autistas del mundo para que se unan pues ya comparten una comunidad espectral.
99. Sí hace falta (porque el Todo y el Uno pretenden colmar el mundo y echarnos, precisamente para echarnos en falta y así perpetuar su Orden), en cambio, realizar un llamamiento a las todavía no autistas monstruos del mundo: haceos dobles, Dédalos y Minotauros, sed inadaptables, ¡intolerables!
3. Postludio
La monstruosidad autista posee un carácter fronterizo dual. En primer lugar, Dédalo, creador de la frontera, mantiene a salvo no solo su construcción sino su capacidad exclusiva para transformarla, en su caso. En segundo lugar, Minotauro simboliza la transgresión, pues esta frontera no se halla instituida por algún poder exterior sino que es, más bien, una grieta en el ordenamiento no autista.
Las fronteras autistas (o las autistas-frontera) atentan contra las fronteras clásicas, muros de hormigón engominados con alambres de espino. Frente a la negatividad de estos, la positividad subversiva de aquellas. Fronteras autistas creadas no para servir de muros que separan territorios jurisdiccionales sino para producir agujeros. Fronteras descentralizadoras.
La soledad del autista es un arma defensiva. Protección ante la intromisión de agentes normalizadores: escudo anti-estatal. La soledad del autista es un arma ofensiva: amenaza perpetua: golpe de escudo.
La propuesta monstruosa comunistautista se distancia de la concepción contemporánea de comunidad en tanto colectivo autoorganizado. Comparte con otras vías de liberación, eso sí, enemigo: cualquier clase de poder que menoscabe su potencial transgresor, aquello que Pierre Clastres concibe como Estado38, en un amplio sentido. El autista no tendrá por qué organizarse con nadie más que con él mismo. Pero, pese a lo que pueda parecer, no se trata de individualismo, porque su sí mismo está atravesado por otro(s). Las conexiones rábicas son múltiples. Por ende, en cierto grado, es tanto anónimo como nómada. ¿Cómo identificar, registrar, localizar, emplazar, el laberinto de Minotauro si es de carácter virtual?
Este comunismonstruoso mantiene el nombre de comunismo en memoria viva de todas aquellas que han luchado contra algún poder, en cualquier lugar y época. Toda monstruosidad artista enarbola el tridente poseidónico (recuérdese que Poseidón es el “agitador de la tierra”) que hace tambalear el suelo firme, base de las pirámides, cimientos de las jerarquías.
La monstruosidad autista transforma el alma, esa vieja esencia clásica de lo humano, en arma. Este arma laberíntica materializa políticamente, subversivamente, aquel reducto metafísico. Las autistas desalmadas se encuentran armadas (escudo + golpe de escudo) en todo momento. Mientras combinen sus funciones constructivas y amenazantes, no hay registro o cacheo que pueda reducirlas por completo.
La singularidad autista constituye un (indeterminado) sujeto poroso. Los poros conectan el exterior con el laberinto interior. Los poros permiten que Minotauro se exprese. Bocas de lobo, los poros son pasadizos secretos. El silencio autista es amenazante. Cuerpos porosos autistas, inextricables complejos de túneles y agujeros de gusano(s).

Ser de izquierdas, decía Deleuze39, significa no autolimitarse (a un territorio, a una raza, a un Estado, a una cultura) sino situarse siempre más allá para abarcar el mayor espacio posible y así poder abrazar la compleja diversidad donde acceder a un mayor número de líneas de fuerza. En otras palabras, no ser corto de miras sino cortocircuitar toda mirada reductora y autoritaria y construir comunidades libres. El monstruo autista se encuentra encadenando en un barco rumbo a un campo de algodón norteamericano, es un transexual escupido por el heteropatriarcado, es una mujer recibiendo navajazos celosos, es un niño palestino volando por los aires, es el horror que sumará fuerza rabiosa a la línea potencial subversiva. La rabia monstruosautista es lo contrario del resentimiento.
Contra las autistas cosmopolitas dedálicas y las autistas caospolitas minotaúricas, el Sistema produce y producirá más y más Minos, Teseos y Ariadnas. No hallarán, sin embargo, mapas de los laberintos comunistautistas sino una incesante y danzante lluvia de géiseres.
- Lo queer, como acción, remite a esta resistencia frente a toda normalización. “Lo queer no tiene nada que ver con la identidad, pero sí lo tiene todo que ver con la acción […] Lo queer no es nunca individual; no reconoce jerarquías ni taxonomías de especie (Patricia MacCormack, El manifiesto ahumano, Segovia, Materia Oscura, 2025, p. 71). En este sentido, la acción autista es queer. ↩︎
- En el Diccionario Capitalista de Sinónimos, “válido” equivale a eficaz y “valioso” a eficiente. ↩︎
- Santiago López y Rosa M. Rivas, “El trastorno del espectro del autismo: Retos, oportunidades y necesidades”, Informes Psicológicos, 2014, 14(2), p. 29. https://revistas.upb.edu.co/index.php/informespsicologicos/article/view/1321 ↩︎
- Es, cuando menos, curioso, que una guía de orientación vocacional para personas con TEA inicie las conclusiones ¡con una cita de Henry Ford!: “No hay nadie que sepa lo suficiente como para decir qué es y qué no es posible”. Consultado en: < https://recursos.autismosevilla.org/documentos>. En definitiva: incluir para concluir como siervo o incluir para servir con la lógica capitalista del trabajo asalariado. ↩︎
- Hervás, A. (2024). Comprendiendo la complejidad del autismo. Revista De Psiquiatría Infanto-Juvenil, 41(2), p. 3.https://www.aepnya.eu/index.php/revistaaepnya/article/view/1117 ↩︎
- Véase: Steve Silberman, NeuroTribes. The Legacy of Autism and the Future of Neurodiversity, Nueva York, Penguin Random House, 2015; Sonya Freeman Loftis, “Critical Autism Studies: The State of the Field”, Ought: The Journal of Autistic Culture, 2023, Vol. 5: Iss. 1, pp. 10-17, DOI: 10.9707/2833-1508.1147 ↩︎
- Un precioso ejemplo de monstruosidad, sobre la línea de la rabia trans, es la carta de Susan Stryker a Víctor Frankenstein: Susan Stryker, Cuando hablan los monstruos. Una antología, Barcelona, Bellaterra, 2025, pp. 163-174. ↩︎
- Nicholas Chown, “More on the ontological status of autism and double empathy”, Disability & Society, 2014, 29(10), 1672–1676. https://doi.org/10.1080/09687599.2014.949625. El problema de la doble empatía formulado por Damian Milton hace hincapié en la necesidad de no juzgar al autismo desde el púlpito del no autismo. Véase: Damian E. M. Milton, “On the ontological status of autism: the ‘double empathy problema,’” Disability & Society, 2012, 27(6), 883–887. https://doi.org/10.1080/09687599.2012.710008 ↩︎
- Singularidad como sinónimo de excepcionalidad o unicidad. Singularidad como zona espacio-temporal que escapa de las garras de la definición identitaria. ↩︎
- Antonio Valdecantos, Signos de contrabando. Informe sobre la idea de comunicación, Madrid, Underwood, 2019. ↩︎
- David Peak, El espectáculo del vacío, Segovia, Materia Oscura, 2025, p. 11. ↩︎
- Ibidem, p. 177. ↩︎
- Véase la teoría del éxodo revolucionario, que “propone que la forma más efectiva de oponerse al capitalismo y al Estado liberal no es a través de la confrontación directa sino a través de lo que Paolo Virno ha llamado una retirada emprendedora” (David Graeber, Fragmentos de antropología anarquista, Barcelona, Virus, 2019, p. 93). Entiéndase “emprendedora” como poética productiva, no en el sentido común del término castellano “emprendedor” que los poderes fácticos han promovido sustituyendo (ladinamente) a “empresario” con el objetivo de acentuar el sentido activo (con el sufijo –or) y enmascarar los matices negativos y pasivos (–ario) en “empresario”. ↩︎
- “La noción de la enfermedad mental como un problema químico o biológico individual posee ventajas enormes para el capitalismo […] Es una idea que refuerza el impulso del sistema hacia el sujeto aislado” (Mark Fisher, Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?, Buenos Aires, Caja Negra, 2018, p. 25). ↩︎
- Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, p. 306. ↩︎
- Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, pp. 265-266. ↩︎
- Características del trastorno autista según DSM5 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (2013). En: Isabel Paula, El trauma complejo en el autismo. La urgencia de una intervención sensible, Madrid, Alianza, 2023, p. 265. ↩︎
- Temple Gardin y Richard Panek, El cerebro autista. El poder de una mente distinta, Barcelona, RBA, 2023, p. 126. ↩︎
- “Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo”. Consultado en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm. ↩︎
- “La espectralidad es la estrategia, de hecho, con la cual logra Derrida transgredir las coordenadas -los muros- de la ontología, haciendo posible de esta forma que lo político se ubique en su no-lugar” (RAMPÉREZ, F., “Espectros de Derrida: deconstrucción o marxismo” en: DE PERETTI, C., (ed.), Espectografías (desde Marx y Derrida), Trotta, Madrid, 2003, p. 81. ↩︎
- DERRIDA, J., Espectros de Marx: el estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional, Madrid, Trotta, 2012. ↩︎
- “La cuestión de los espectros es, por lo tanto, la cuestión de la vida, del límite entre lo vivo y lo muerto, donde quiera que se plantee” (DE PERETTI, C., (ed.), Espectografías (desde Marx y Derrida), Trotta, Madrid, 2003, p. 184). ↩︎
- En El manifiesto comunista se afirma que “el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas”, así como “es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido”. Sin embargo, en el presente manifiesto no hay partido… ni se le espera. Consultado en:
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm. ↩︎ - En la línea de: Patricia MacCormack, El manifiesto ahumano, Segovia, Materia Oscura, 2025. ↩︎
- Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (2013). “El DSM-5 utiliza un modelo de dos criterios, o diádico. Déficits persistentes de comunicación social e interacción social. Patrones de conducta, intereses o actividades limitados y repetitivos” (Temple Gardin y Richard Panek, El cerebro autista. El poder de una mente distinta, Barcelona, RBA, 2023, p. 149). ↩︎
- “Los cerebros autistas no están dañados […] Lo que ocurre es sencillamente que no se desarrollan adecuadamente” (Temple Gardin y Richard Panek, El cerebro autista. El poder de una mente distinta, Barcelona, RBA, 2023, p. 44). ↩︎
- De acuerdo con la tesis de Antonio Valdecantos, que presenta la comunicación cual “refulgente término ideológico con que designar el trato verbal que los súbditos mantienen entre sí y consigo mismos” (Antonio Valdecantos, Signos de contrabando. Informe contra la idea de comunicación, Madrid, Underwood, 2019, p. 18). Los sistemas de comunicación son harto peligrosos para todo autista. ↩︎
- “La dominación no está relacionada con el secreto […] sino con la transparencia” (Michel Surya, De la dominación. El capital, la transparencia y la corrupción, Madrid, Arena Libros, 2012, p. 57). “Ya no hay nadie a quien le baste con aparecer (a quien le basten, como hasta hace poco, por tanto, las apariencias). A partir de ahora todos quieren transparecer. Es decir, todos quieren que la transparencia a la que les invita la dominación dé fe de su disposición a cogerla, convirtiéndose así en sus depositarios designados” (Ibidem, p. 34). ↩︎
- Véase: Allen Frances, ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría, Barcelona, Ariel, 2014. “Los medicamentos me tranquilizaban lo suficiente para aprender comportamientos sociales” (Temple Gardin y Richard Panek, El cerebro autista. El poder de una mente distinta. Barcelona, RBA, 2023, p. 122). ↩︎
- John Elder Robinson, Mírame a los ojos. Mi vida con síndrome de Asperger, Madrid, Capitán Swing, 2017. ↩︎
- En relación con el problema de la teoría de la mente, es decir, la “capacidad de imaginarse a uno mismo observando el mundo desde el punto de vista de otro y tener la reacción emocional adecuada” (Temple Gardin y Richard Panek, El cerebro autista. El poder de una mente distinta. Barcelona, RBA, 2023, p. 105). ↩︎
- De hecho, Donna Haraway, recogiendo la cita de Robert Young, insiste en ello: “nada es, en última instancia, contextual; todo es constitutivo, otra forma de decir que toda relación es dialéctica” (Donna Haraway, Las promesas de los monstruos. Ensayos sobre Ciencia, Naturaleza y Otros inadaptables, Barcelona, Holobionte, 2019, p. 261). ↩︎
- Una de las primeras hipótesis del autismo acusaba a las madres, a las que se llamó madres-nevera. Según esta explicación, el autismo del niño era causado por la falta de cariño maternal (Temple Gardin y Richard Panek, El cerebro autista. El poder de una mente distinta. Barcelona, RBA, 2023, pp. 19-21). ↩︎
- Marshall McLuhan, Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Barcelona, Paidós, 2009. ↩︎
- Jean Paul Sartre, El ser y la nada, Madrid, Alianza, 1989, p. 287-299. ↩︎
- Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid 1981, pp. 49-51. ↩︎
- Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pretextos, 1997. ↩︎
- Pierre Clastres, La sociedad contra el Estado, Barcelona, Virus, 2024. ↩︎
- Véase su diccionario, letra G, Gauche (Izquierda): https://www.youtube.com/watch?v=vvNcmpkM2M8. ↩︎
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