Anarquismo y mística: la ecología anárquica como respeto de lo sagrado terrenal

Simón Royo Hernández

«Un hombre justo es aquel que está formado en la justicia y transformado en su imagen»
(Meister Eckhart Obras alemanas. Tratados y sermones. II, s. 6, p. 314)


«Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo»
(Fray Luis de León Vida retirada. Libro I)


“Ser un filósofo no es sólo tener pensamientos sutiles, ni siquiera fundar una escuela, sino amar la sabiduría y vivir de acuerdo con sus dictados una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza. Es resolver ciertos problemas de la vida, no sólo en la teoría, sino en la práctica”
(Henri David Thoreau Walden)

La mística equivale al ateísmo porque declara que toda la Naturaleza es sagrada y divina, al modo spinozista, lo que equivale también a decir, entonces, que toda Iglesia es falsa y que todo Papa y Dios trascendente son mentira, y por ese motivo, es la mística, la única espiritualidad compatible con el materialismo anarquista.

Dentro de la pluralidad de caminos revolucionarios y emancipatorios hay dos tipos de comunismo libertario y dos caminos de la revolución anárquica definidos por su temple: el moderado y el intenso, el de la hybris (desmesura) y el de la sophrosyne (moderación) dos caminos para llegar al mismo sitio. Se trata de dos vías que entrañan, asimismo, dos concepciones de la mística, pero dos vías que son una sola vía, latentes en una sola vida, la de la pluralidad que habita en el sujeto anárquico. De ahí que se equivocase Simone Weil al rechazar su adhesión al «Círculo comunista democrático» debido a la presencia en su seno de George Bataille:

«Para él (Bataille) la revolución es el triunfo de lo irracional, para mí, la acción metódica en la cual cada uno se esfuerza en limitar los daños, para él, la liberación de los instintos en particular de aquellos que se consideran como generalmente patológicos, para mí, de la superioridad de la moral. ¿Qué hay de común entre nosotros? (…) ¿Cómo coexistir en la misma organización revolucionaria (…) cuando entendemos por revolución dos cosas diferentes?1».

Se equivocó, decimos, Simone Weil, en su rechazo a formar parte de ese grupo, ya que tanto lo racional como lo irracional, lo que Nietzsche denominó lo apolíneo y lo dionisíaco, forman, ambos, partes de la revolución comunista democrática y están ambos presentes en el mundo libertario.

Dentro del panorama del llamado irracionalismo si alguna clase de espiritualidad cupiese al anarquismo ésta sería la mística, el sentimiento íntimo, intenso o extenso, de que formamos parte de un todo sagrado, de un entorno que no puede ser otro que la Tierra, en su conjunto, al que se llega no solo a través de la razón, sino también de la intuición y del sentimiento.

Vemos que hay mística en todas las religiones, en las cuales, muy a menudo, han considerado tal cosa como herética y perseguido y quemado a sus integrantes. Y también podemos ver que desde todas las religiones ha habido una aproximación al anarquismo, cuyo punto de contacto ha sido la mística2.

La línea de vinculación entre anarquismo y misticismo se puede perseguir dentro del pensamiento contemporáneo entre autores como Reiner Schürmann3 y Simon Critchley4, antes que ir a encontrarla, desnortados, entre los esotéricos y excéntricos, o en aquellos que suelen desvariar con sus recetas de la New Age, movidas individualistas cercanas al neoliberalismo egoísta del capitalismo triunfante antes que a otra cosa.

La mística anárquica es comunal, comunitaria, colectiva, rompe con el principio de individuación y se basa en una cierta simplicidad y en el desapego hacia las cosas materiales que tanto valora el capitalismo: «Muchas gentes no comprenden esto. No estoy sorprendido puesto que el hombre que debe comprender debe estar muy desapegado y elevado por encima de todas las cosas5. Para comprender la pobreza hay que ser pobre. Para comprender el desapego hay que desprenderse».

Desprenderse del apego a los valores de cambio nos devuelve el valor de uso de las cosas, el desapego del capitalismo nos acerca a la simplicidad de una vida más inmersa y en contacto en la Naturaleza, de la que tanto nos hemos alejado y a la que tanto se ha maltratado y explotado.

De estos últimos pensadores mencionados, cuya lectura es altamente dificultosa, podemos entresacar nosotros, en un lenguaje más comprensible para los no iniciados en la filosofía, las conexiones existentes entre la ontología anárquica actual y el misticismo secular, las conexiones entre el materialismo aleatorio y la espiritualidad del justo, de tal modo, que nos ilustren sobre los vínculos entre la mística y el anarquismo.

Fue Reiner Schürmann quien escogió al místico Meister Eckhart para mostrar las relaciones entre la mística y la anarquía y nos situó en la senda de la ontología anárquica, siendo, por tanto, uno de quien mejor nos fiamos nos puede guiar, inicialmente, para poder articular y potenciar ese movimiento y establecer dicha conexión.

También otro pensador próximo al comunismo libertario, Gianni Vattimo, escogió al místico Joaquin de Fiore, para ilustrar su propuesta del «pensamiento débil», la pretensión de debilitar el pensamiento dogmático o fuerte, jerárquico y absolutista, como el que proclaman las Iglesias monoteístas, sean cristianas, judías o musulmanas o los gobiernos despóticos de todo signo. Lo teológico-político precede a lo político y lo ha constituido secularmente a lo largo de una Modernidad paralela al triunfo del capitalismo y el deterioro del planeta.

La «Tabla XIb» del Liber Figurarum (Libro de las Figuras) creado por el abad Joaquín de Fiore en el siglo XIII

En el caso de otro pensador, uno próximo al anarquismo por haber desarrollado un marxismo no autoritario, Toni Negri, éste escogió a San Francisco de Asís para ilustrar su propuesta filosófico-política, la cual vincula con una «espiritualidad materialista», que encuentra la «divinidad», en la creatividad productiva de la multitud y en el esfuerzo por perseverar en el ser de esa multitud libre y autónoma.

San Francisco y el lobo de Gubbio

La mística en el pensamiento de Negri no se refiere a una espiritualidad religiosa tradicional sino a una forma de mística materialista e inmanente, profundamente vinculada a su lectura de Baruch Spinoza. Consiste en la autoorganización y la potencia productiva de la multitud, que conforma una suerte de «cuerpo místico» secularizado que buscará cambiar la realidad y que tendrá un claro potencial político.

Las críticas a los dogmas, las Iglesias y las doctrinas religiosas de la Modernidad, las de Feuerbach, Nietzsche, Marx o Freud, junto a las de Bakunin, bien pueden aunarse y conformar un corpus ateo que proclame la inexistencia del Dios trascendente de todas las religiones monoteístas. Dicha crítica que se resume en la muerte de Dios deja como posible absorber de entre ellas a todos los místicos de dichas religiones, considerados heréticos y ateos, como Spinoza, al dejar espacio para decir lo que multitud de culturas antropológicas habían ya manifestado: que la Tierra es sagrada y que, por tanto, todo puede ser considerado como sagrado y divino.

En Landauer la mística está unida a la utopía, no como en las religiones que prometen el paraíso para después de la muerte, sino como el lugar (topía) en el que se encuentra, aquí y ahora, el revolucionario libertario que desea cambiar las cosas:

“La utopía es, pues, la totalidad de aspiraciones (…) que en ningún caso conduce a su meta, sino siempre a una nueva utopía. Damos el nombre de revolución momento durante el cual ya no existe la vieja topía y todavía no se ha afirmado la nueva6”.

Al preterir el anarquismo místico un materialismo animista y aleatorio al corporeísta, como hizo Bakunin7, negando así toda trascendencia y al fomentar la igualdad entre los seres y la prioridad del espacio sobre el tiempo, como en Reclus y Kropotkin, tendremos tres cosas que el Anarquismo tiene en común con las culturas amerindias ecológicas: animismo, inmanentismo y el espacio terrenal como único hábitat, tal y como ha señalado Viveiros de Castro:

«Al poner en pie de igualdad, como constituyentes de la ecología, a los seres humanos (yanomami) y a los espíritus, los animales, los árboles, la lluvia, el cielo —todos ellos concebidos como «animados», es decir, capaces de acción (y reacción) intencional—, expresa una posición fundamental en las cosmologías de las sociedades amazónicas y de muchos otros pueblos extramodernos. Los pueblos indígenas «responden» al antropocentrismo occidental (cristiano o moderno) con lo que he llamado, no sin cierta crítica, antropomorfismo, es decir, la inclusión virtual en la categoría de humanidad de todo lo que existe. En las cosmologías indígenas, a menudo encontramos la afirmación de que varias especies de no humanos «son humanos» o «son gente» (es decir, fueron humanos en tiempos míticos, o siguen siendo humanos tras sus «ropajes» animales, o tienen espíritus maestros humanoides, etc.), en el sentido de que poseen varias, si no todas, las capacidades que consideramos distintivas de los humanos. Lo que nos molesta de esta idea es que los indios no reconocen estos atributos como exclusivamente humanos. (…). Es cada vez más necesario llevar a cabo una reforma agraria de la filosofía, un reenfoque de la espacialidad como terreno de la lucha por el sentido de la Tierra8».

La ecología libertaria se hermana entonces con una «espiritualidad materialista», valga de ese modo el oxímoron, que considera la Tierra, como nuestro lugar para habitar, para vivir, espacio que es de todos y de nadie, agradeciendo sus frutos, que también son de todos y de nadie. Nos invita a una ética que promueve la acción comunal como aquella que se comporta con la Tierra aprovechando sus recursos sin destruirlos ni explotarlos, procurando estar en armonía con ella y, por así decirlo, confederados voluntariamente con ella.

Se trata de estar unidos y vinculados libre e igualitariamente no solamente entre los seres humanos y sus agrupaciones libres e iguales, sino también confraternizados con la Naturaleza en su conjunto, con la Tierra considerada como sagrada e inviolable, con los animales y con los demás seres que la habitan. La ecología libertaria se presenta entonces como disciplina de preservación de lo sagrado y como vinculación armoniosa con aquello que nos cobija.

Yendo hacia pensadores ya clásicos del anarquismo, podemos constatar que ya Élisée Reclus o Henri David Thoreau dieron cuenta de la necesidad de una armonía del ser humano libre e igual con la Naturaleza y vislumbrar cómo se esforzaron por poner de manifiesto que el anarquismo es también y lo ha sido siempre, una ecología. En ellos, su forma especial de mística fue, un marcado panteísmo naturalista y animista, pues ambos veían la Naturaleza no como un recurso explotable, sino como un organismo vivo y sagrado con el que el ser humano debía armonizarse.

San Francisco con los animales por Lambert de Hondt el Viejo y Willem van Herp I 

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente sólo para hacer frente a los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que tenía que enseñar, y no descubrir al morir que no había vivido. No quería vivir lo que no era vida. Ni quería practicar la renuncia, a menos que fuese necesario. Quería vivir profundamente y chupar toda la médula de la vida, vivir tan fuerte y espartano como para prescindir de todo lo que no era vida9».

Un anarquismo existencial y un vitalismo ecologista enmarcan la vida y obra de quien propuso la desobediencia civil para hacer frente a las injusticias del sistema dominante de su tiempo.

Reclus concebía a las sociedades humanas como «agentes geológicos» que transforman el medio ambiente, anticipándose más de un siglo a conceptos actuales tales como el del antropoceno y a la negación del progreso como concepción del tiempo. Las sucesivas revoluciones industriales han destrozado el planeta en lugar de embellecerlo, diferentes culturas destruyen o transfiguran armónicamente el entorno terrestre en el que habitan.

«La acción del hombre, tan poderosa para desecar ciénagas y lagos, para nivelar los obstáculos entre los países, para modificar el primer reparto de las especies vegetales y animales, tiene por lo mismo una importancia decisiva en las transformaciones que sufre el aspecto exterior de la tierra. Puede embellecer la Tierra, pero también afearla; según el estado social y las costumbres de cada pueblo, contribuye ora a degradar a la naturaleza ora a transfigurarla10».

Al igual que en el anarco socialismo de Gustave Landauer, que bebía de Kropotkin, Reclus y Thoreau, fusionaron el pensamiento libertario con una cierta mística comunitaria y espiritual de raíz ecológica, admitiendo que la liberación humana podría apoyarse también en un sentimiento de unión espiritual con la tierra sin necesidad de intermediarios religiosos. Una forma de religación que nos une a la tierra de manera inmanente, enfocándose así en una experiencia interior, tanto directa como compartida, experiencia que se centraría en encontrar lo sagrado aquí en la tierra.

Hay que decir entonces que en el anarquismo también existe una forma de espiritualidad, una cierta mística entendida como ecología anárquica, como respeto y comunión con lo sagrado terrenal, pero el decirlo del modo que lo hemos hecho forma parte de una propuesta filosófica que venimos denominando «ontología anárquica», participa de una filosofía que articula las aportaciones del anarquismo clásico con los desarrollos del pensamiento anarquista contemporáneo, mostrando con ello, que estamos en el proceso de construcción y deconstrucción de una base teórica solida para el anarquismo político en la actualidad.

  1. Círculo comunista democrático: https://en.wikipedia.org/wiki/Democratic_Communist_Circle#cite_note-10 ↩︎
  2. En Tolstoi hacia el cristianismo, como es bien sabido: https://www.solidaridadobrera.org/confederal/books/cristianismo-y-anarquismo/
    En: Abdenur Prado El islam como anarquismo místico. Virus Editorial, Madrid 2025: https://viruseditorial.net/libreria/el-islam-como-anarquismo-mistico-2/
    En: Michael Lowy Redención y Utopía. Pensamiento libertario judío en Europa central:
    https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Michael%20Lowy%20-%20Redencion%20y%20Utopia.pdf ↩︎
  3. Reiner Schürmann, Francesco Guercio (ed.), Ian Alexander Moore (ed.)
    Ways of Releasement. Writings on God, Eckhart, and Zen:
    https://www.diaphanes.com/titel/ways-of-releasement-6932
    Reiner Schürmann Wandering joy: Meister Eckhart’s, mystical philosophy:
    http://janushead.org/wp-content/uploads/2020/07/Wandering-Joy-Meister-Eckharts-Mystical-Philosophy-Translations-and-Commentary-by-Reiner-Sch%C3%BCrmann.pdf ↩︎
  4. Simon Critchley Misticismo: la experiencia del éxtasis: https://www.lacentral.com/critchley-simon/misticismo/9788410249660 ↩︎
  5. Meister Eckhart Sermón «Praedica verbum» Die deutschen Werke, op. cit., t. II p108;
    Sermons, op. cit.t. I París, 1974, p. 247. Citado por Reiner Schürmann El principio de anarquía. Madrid. Editorial Arena. Parte IV. El actuar y la anarquía. XIII. Actuar, condición del pensamiento. §39.: https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Reiner%20Shurmann%20-%20El%20principio%20de%20anarquia.pdf ↩︎
  6. Gustave Landauer La Revolución y otros escritos. Madrid, Enclave de Libros, 2016, p.57. ↩︎
  7. Véase Simón Royo Pensar el materialismo anárquico: https://redeslibertarias.com/2025/05/13/pensar-el-materialismo-anarquico/ ↩︎
  8. Eduardo Viveiros de Castro Devenir angélico o humanidad perspectiva: la antropología cristiana puesta a prueba por las cosmologías animistas, en: https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=3207
    Véase Simón Royo: Ontología anárquica y anarquismo político: la igualdad entre los seres, en: https://redeslibertarias.com/2025/01/27/ontologia-anarquica-y-anarquismo-politico-la-igualdad-entre-los-seres/
    Landauer había bebido mucho de Nietzsche, al respecto véase:
    Simón Royo Friedrich Nietzsche: El sentido de la tierra tras la muerte de Dios, en:
    https://www.academia.edu/12754537/Friedrich_Nietzsche_El_sentido_de_la_tierra_tras_la_muerte_de_Dios ↩︎
  9. Henri David Thoreau Walden, en: https://www.mercaba.es/usa/walden_de_thoreau.pdf ↩︎
  10. Élisée Reclus La Tierra. Tomo II, p. 748 apud introducción de Beatriz Giblin titulada Una sensibilidad ecológica, en: Élisée Reclus El Hombre y La Tierra. México. FCE.,1986, p6. ↩︎

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