Alonso Merino Lubetzky
Educador popular y profesor en la UNAM. Me encuentran en: https://alonsomerinolubetzky.blog
Anarquía contra la impostura
Conocí el Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma)* gracias a la clásica historia del anarquismo de Max Nettlau.1 El origen de este panfleto se remonta a la Edad Media en forma de un rumor incómodo al poder que desquició a las monarquías europeas y al papado. Teólogos y sacerdotes —judíos, cristianos o musulmanes— temían y perseguían la circulación de este libelo incluso antes de que viera la luz.

Es finalmente en la antesala de la Ilustración cuando su existencia espectral se materializa en una primera publicación anónima, colectiva y clandestina, cuya intención expresa era rebelarse contra las imposturas y las injusticias de su tiempo mediante la siguiente tesis: el uso político de la religión por parte de impostores como estrategia de control popular, de conquista y mantenimiento del poder. «Escrito ―por si fuera poco― en un lenguaje extremo y concebido como un compendio de ideas antieclesiásticas y antiabsolutistas».2
Los tres grandes profetas monoteístas ―Moisés, Jesús y Mahoma― serán la materia principal de reflexión del panfleto. Aunque también lo serán la concepción misma de Dios, las religiones y el alma.
Las personas estudiosas del Tratado lo califican, para la época en la que fue impreso ―tiempo de reyes, inquisición y persecución del pensamiento libre―, como un escándalo3 de consistencia fantasmática,4 diseminado en sus inicios como un peligroso secreto a voces, mitad mito y mitad leyenda5. Para Diego Tatián (2007), uno de sus últimos traductores al español, «se trata del documento más importante de la cultura clandestina que forjó la ilustración radical de los siglos XVII y XVIII».6
Con esta primera entrada abro una pequeña serie de textos con los que me propongo emplear el Tratado como una herramienta de pedagogía anarquista. Entiendo a las pedagogías anarquistas como un abanico muy diverso de prácticas educativas libertarias, antiautoritarias y colectivizantes, orientadas a la enseñanza y el aprendizaje de los anarquismos con la intención de ensayar nuevas y variadas formas de la anarquía en la cotidianidad —en el hogar, en el vecindario, en el trabajo—. Me interesa lo que este breve y fascinante documento nos puede enseñar del presente, a 300 años de su circulación impresa.
Denunciar las imposturas del presente
Encuentro que el genocidio del pueblo palestino perpetrado por el Estado de Israel, las guerras tecno imperialistas, el colonialismo persistente en tantas geografías del mundo y un nuevo auge del fascismo se muestran en simultáneo ante nuestros ojos empleando discursos religiosos y cuasi religiosos para justificar atrocidades, exterminio, persecución y ocupación.
Las mismas naciones-estado que en los pactos internacionales de la posguerra juraron no permitir y no provocar nuevamente una pérdida de la sociedad democrática y un aumento de la deshumanización, son cínicas provocadoras de violencia o cómplices de las naciones agresoras. Si bien esas naciones nunca han abandonado su doble moral de presentarse al interior de sus países como Estados democráticos, mientras que hacia afuera siguen siendo potencias coloniales, lo que vemos hoy es una regresión ética en el plano internacional por la inoperancia e inutilidad de los acuerdos establecidos entre países.
Gaza, el genocidio y la ocupación israelí de 77 años en Palestina son el ejemplo más certero de una impostura del presente: la promesa de no repetición de crímenes contra la humanidad que hicieron los organismos supranacionales empleando el paradigma de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, basados todos en el liberalismo político heredero de la Ilustración.

La impostura se ensancha si ampliamos nuestra mirada al Congo, Sudán, Etiopía, el Alto Karabaj, y también si recordamos Ruanda, Camboya, Guatemala, Bosnia. Se amplía si comprendemos que las guerras son el motor del capitalismo y se profundiza si observamos cómo los señores de la guerra libran también sus propias luchas intestinas para conservar el poder dentro de fronteras estatales. La impostura se muestra clara si miramos México… La paz que prometen desde ahí resulta también impostora, pues nunca la hemos visto.
Y aun así, frente al engaño, solo nos queda lo que el Tratado de los tres impostores nos recuerda: nuestra capacidad de razón, el pensamiento crítico, la libertad de conciencia, lo humano que queda en nosotrxs, el abrigo de lo colectivo y una sed desmedida por la justicia. El arte de pensar libremente en las peores condiciones de dominación.
Aunque el anarquismo como teoría, práctica y movimiento social es resultado de la época propiamente moderna, la crítica al poder y la defensa de la libertad como condición irrenunciable para personas y pueblos ha sido parte de la humanidad desde su comienzo.1 Para nosotrxs, la anarquía –dice Colin Ward– es «como una semilla bajo la nieve, enterrada bajo el peso del Estado y su burocracia, el capitalismo y su derroche, los privilegios y las injusticias, el nacionalismo y sus lealtades suicidas, las diferencias religiosas y su separatismo supersticioso».7
En ese sentido, es de enorme interés para los anarquismos entender las diferentes expresiones de lucha individual y colectiva contra la autoridad que se han ensayado con el paso del tiempo. Este panfleto radical libertino recordará a sus lectores una práctica anarquista clásica: la acción directa, subrepticia y comunitaria, en condiciones límite de opresión, como lo fue la época de las monarquías absolutas europeas, sus colonias y la Inquisición.
En la próxima entrega haré un breve repaso histórico sobre los orígenes del Tratado, su etapa mítica y su etapa real. Resulta alucinante como la simple existencia de una idea puede hacer tambalear a los impostores.

Génesis de una herejía
Esta es la segunda entrada de una serie de textos con los que me propongo emplear el Tratado de los tres impostores* como un material para difundir, enseñar y aprender sobre los anarquismos. El Tratado es un panfleto antirreligioso y antiabsolutista editado y diseminado clandestinamente por eruditos libertinos en los albores de la Ilustración. Max Nettlau considera este panfleto como un antecedente del movimiento anarquista previo al año 17898.
Como mencioné en la entrega pasada, el panfleto no puede considerarse como un texto propiamente anarquista, puesto que el movimiento ácrata emerge como resultado de la Modernidad y las reacciones obrero-sindicales frente a la explotación y miseria asociadas al primer gran periodo de industrialización acontecida en los siglos XVIII y XIX. Este constituye, sin embargo, uno de muchos esfuerzos por trazar una línea más atrás en el tiempo para identificar el germen de las ideas que nos han permitido comprender el poder, disolver las jerarquías y luchar por la liberación.
Según sus estudiosos, es posible separar la historia del Tratado en dos momentos: uno mítico y otro real; una fase netamente legendaria, y otra textual, en la que finalmente cobra vida como discurso escrito. Según la versión más difundida, la primera etapa del Tratado comienza en el año 1239, durante el régimen de Federico II de Hohenstaufen (1194–1250) como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico; una etapa que se conoce como plena Edad Media.

Federico II fue el primer acusado por el papa Gregorio IX de sostener la tesis impía de que los tres más grandes profetas, Moisés, Jesucristo y Mahoma, “son impostores, falsos profetas”9 y han engañado a la humanidad10. Esta supuesta blasfemia le mereció la excomulgación en el año 1245. Desde ese momento, a la lista de acusados de esta etapa mítica se añaden nombres del talante de Averroes, Bocaccio, Maquiavelo, Hobbes, Cardano, Bruno, Campanella, Rabelais, Voltaire, Uriel da Costa y Baruch Spinoza. Las atribuciones de autoría de nuestro panfleto son mucho más extensas y trascienden los confines europeos.
Louis Massignon (1883-1962), islamólogo y orientalista, demostró el probable origen islámico de la tesis sobre los tres impostores11. Para Massignon, el primer texto en el que se hace referencia a la impostura paralela de los tres profetas es “un texto de iniciación de una secta heterodoxa musulmana, los Cármatas, cuya propaganda secreta lleva a la proclamación de un Califato disidente, el de los Fatimíes en Mahdiyah (Túnez), en el 297/909 de nuestra era”12.
La referencia más directa a la tesis aparece en un segundo texto dentro de la correspondencia confidencial entre el primer Califa fatimí Obaydallâh (934 d. C.) y el jefe de los Cármatas de Bahréin (Golfo Pérsico), Aboû Tâhir Solaymân-ibn al Hasan Janâbi, responsable de tomar la Meca y romper la Ka’bah en el año 312 de la era islámica y el 924 de la era cristiana13. En una respuesta al califa fatimí, Aboû Tâhir proclama:
“En este mundo, tres individuos han corrompido a los hombres, un pastor [Moisés], un médico [Jesús] y un/jinete de camellos [Mahoma]. Y éste fue el peor, el peor prestidigitador de los tres”14
De manera que la leyenda de los tres impostores aparece en el mundo islámico a más tardar en el año 1080 de nuestra era –señala Massignon–, por lo menos 150 años antes de su aparición en el cristianismo occidental. Apuntar lo anterior es de enorme relevancia para contrastar la historia más contada sobre el Tratado, que traza los orígenes del pensamiento radical nuevamente desde una mirada exclusivamente occidental y eurocéntrica.
La etapa real de nuestro texto comienza, sin embargo, entre los siglos XVII y XVIII, puesto que en las versiones conocidas ninguna es anterior al último tercio del siglo diecisiete15. El primer arresto de libreros involucrados en la elaboración de copias manuscritas del panfleto se registró en junio de 1725 en Francia16.

El Tratado de los tres impostores fue originalmente publicado bajo el título La vida y el espíritu del señor Benito Spinoza17, editado junto con la biografía más antigua del filósofo portugués atribuida al médico antiabsolutista Jean Maximilien Lucas, opositor de Luis XIV y exiliado en Holanda18. Además de La vida y el espíritu, existen otras ediciones bajo el nombre mítico del panfleto en latín De tribus impostoribus.
La comparación y cotejo de más de 70 manuscritos pertenecientes a los siglos XVII y XVIII corrió a cargo de François Charles-Daubert en 199919. Todas las copias existentes son, no obstante, un collage o mosaico de fragmentos de pensamiento libertino cautelosamente ensamblados, extraídos de múltiples fuentes y omitiendo propositivamente los nombres de sus autores; todo con la intención de hacer circular una poderosa “máquina de guerra antirreligiosa”20.
El señalamiento directo de autoría a Spinoza se debe en buena medida a sus antecedentes de excomunión del judaísmo (herem en hebreo) y a la difusión de ideas panteístas, consideradas en su momento como ateas. El hallazgo de incorporaciones de fragmentos de su Ethica y su Tratado teológico-político al panfleto ha sido ampliamente debatido y criticado. También han sido identificados fragmentos enteros de Hobbes y Maquiavelo, por mencionar a los más conocidos21.
Lo que resulta, al final de todo, es la certeza de que sus editores eligieron el anonimato, la colectivización del saber y la clandestinidad para priorizar la función política del texto: socavar a la monarquía confundiendo a los inquisidores y minar al fundamentalismo religioso, base de supersticiones y mecanismo de manipulación del pueblo. Vale una cita de J. M. Lucas en la biografía de Spinoza incluida en algunas versiones del Tratado para entonar con la lírica incendiaria que nos heredan:
«Es absolutamente cierto que los eclesiásticos de cualquier religión que sean –gentiles, judíos, cristianos, mahometanos– son más celosos de su autoridad que de la justicia y la verdad, y se hallan todos animados por el mismo espíritu de persecución»*.
En la próxima entrega haré un esfuerzo por recuperar algunas de las claves pedagógicas que nos ofrece el panfleto para la enseñanza y aprendizaje de los anarquismos. Me parece una necesidad no perder de vista las formas religiosas que reviste el poder en un tiempo en el que pululan profetas y súbditos, y se deifica a cualquier cantidad de charlatanes.
Claves de pedagogía anarquista
Esta es la tercera y última parte de la serie sobre el Tratado de los tres impostores. Me interesa recuperar algunas claves para enseñar las formas y la historia de la anarquía; en este caso, de forma previa a la emergencia del movimiento ácrata como tal22. El Tratado contiene una buena dosis de enseñanzas antiautoritarias y libertarias a las que conviene mirar con detenimiento. Lo que sigue a partir de aquí es una lectura educativa a tres siglos de su divulgación clandestina.
Si bien Dios, las religiones, los tres profetas (Moisés, Jesús y Mahoma), el alma y los espíritus son los ejes principales de reflexión del panfleto, resulta fascinante que nuestros libertinos ensamblan su diatriba con una narrativa netamente política y no exclusivamente teológica. Centran la crítica en el campo del poder y no necesariamente en el de la metafísica. Identifican a la ignorancia sobre las causas físicas, el terror a las potencias invisibles y la educación en la servidumbre como los pilares de la impostura de las religiones.
El culto a la jerarquía
En el panfleto no interesa tanto Dios como medida y explicación de las cosas, sino el culto a la divinidad en tanto que articulador de prácticas de dominación y de legitimación de las jerarquías. Es por ello por lo que el Tratado enmarca su antirreligiosidad en la figura central de los profetas, reyes y sacerdotes como impostores –con Moisés, Jesús y Mahoma como su expresión más ejemplar: humanos de carne y hueso que se esconden bajo los ropajes de una supuesta condición suprahumana para manipular al pueblo imponiendo su autoridad, acumulando riquezas y privilegios.
La pregunta fundamental para los editores del Tratado es si “¿hay algo que indique que los profetas y los apóstoles son distintos al resto de los hombres?”23 Si Dios es amo y señor de las cosas muertas y vivientes, creador de todo lo que existe, y si los seres humanos somos iguales –apuntan–, ¿por qué solo unos hombres pueden interpretar la palabra de Dios?

Aunque los prejuicios y renunciar al uso de la razón para acceder a la verdad son parte de la explicación que ofrecen nuestros autores, la confusión radica –dicen– en la costumbre de “dirigirse para todas las cosas a personas que son pagadas para mantener las opiniones recibidas, y por consiguiente interesadas en persuadir al pueblo de ellas, sean verdaderas o sean falsas”. Conservar esa costumbre es abdicar a nuestra capacidad de entender, delegándola a “espíritus mercenarios” que usan la ignorancia para subsistir y mantener sus influencias.
Esta crítica a la autoridad del saber de los profetas bien puede extrapolarse a políticos, científicos al servicio de un régimen, líderes de opinión, los CEO del gran capital, influencers; todos manipuladores “a sueldo”. El objetivo de los profetas y sus leyes ha sido siempre “eternizar su memoria haciendo creer a los pueblos que ellos hablaban con Dios. Los más finos políticos han actuado siempre de ese modo”24.
Temor y esperanza: el reverso de la autoridad
Y en cuanto al sentido de sus profecías, nuestros libertinos se preguntan: si no hay nada extraordinario en ellos, por ser humanos iguales a todos, ¿hay algo en sus escritos que nos obligue a creer lo que dicen de Dios es verdad? ¿Por qué creer que Dios es colérico y celoso, justiciero y misericordioso, tan sensible y material como nosotros, esclavo de pasiones humanas, cuando también nos dicen que es incomprensible y por eso necesitamos de intérpretes divinos?
Las élites religiosas han empleado el temor hacia el castigo de Dios y la esperanza de ser recibido en el reino de los cielos como una de estas estrategias de conservación en el poder. Temor y esperanza desvían la atención de la sociedad de comprender las causas netamente humanas de las injusticias y el sufrimiento. Servidumbre y obediencia son las enseñanzas sociales que resultan del culto a seres imaginarios e invisibles llamados dioses entendidos como los responsables de nuestro destino. Apaciguar su ira o atraer su buena suerte se encuentra en la base de la subordinación de los pueblos a sus élites, señalan los autores del Tratado.

Bakunin nos mostró cómo Dios y el Estado responden al mismo principio de autoridad25. La fidelidad y credulidad en el destino divino es trasladada en la modernidad a la nación, relación plenamente demostrada en su momento por Benedict Anderson26. El culto al capital, al mercado como administrador de la vida y a la aceptación de su privatización por élites económicas responde a principios similares. ¿O ya se nos olvidó la mano invisible de Smith como explicación de las “fuerzas ocultas del mercado”? Aunque la religión no sea ya la disputa principal del poder, los anarquismos no pueden perder de vista las formas religiosas que este reviste, ni los mecanismos rituales con los que se impone y conserva.
Ética biocéntrica
Vemos igualmente en el Tratado una fuerte crítica al antropomorfismo religioso con miras a lo que hoy podemos reconocer como la necesidad de una ética biocéntrica. En el caso del panfleto, esta ética es posibilitada por la reflexión teológica panteísta cuando señalan: “no hay que creer por tanto que el ser universal que comúnmente llamamos Dios presta más atención a un hombre que a una hormiga, a un león o a una piedra; para él no hay nada bello o feo, bueno o malo, perfecto o imperfecto”27.
Más argumentos que apuntan en este sentido pueden encontrarse en los capítulos dedicados a teorizar sobre el alma como una expresión más de la naturaleza, que solo se disipa con la muerte y no va ni al cielo ni al infierno. Si el alma o espíritu de Dios es una existencia omnipresente, materializada en todo lo existente, no hay sentido en atribuirle características propiamente humanas. El antropomorfismo de la religión es uno de los vehículos de la dominación sobre la naturaleza. Por eso en el panfleto apuntan:
Cuando los hombres, así, admitieron la existencia de potencias invisibles que tenían un completo poder sobre ellos, las adoraron para aplacarlas, y además se imaginaron que la naturaleza era un ser sometido a esas potencias. Así, se la imaginaron como una gran masa inerte, o como un esclavo que sólo actuaba siguiendo las órdenes que esas potencias le daban. Después de que esta falsa idea se introdujo en su espíritu, no tuvieron más que desprecio por la naturaleza y reservaron todo su respeto para esos presuntos seres a los que llamaron sus dioses28.
Esas cualidades humanas atribuidas a la divinidad han enseñado también que el mundo está construido por y para los hombres (sic). Se entiende entonces que haya pueblos dispuestos a matar por Dios y también que nuestra sociedad de tradición judeocristiana sea profundamente antropocéntrica cuando se habla de la naturaleza.
Contra la guerra y el odio
En el Tratado se dedican una buena cantidad de páginas a las figuras históricas de Moisés, Jesucristo y Mahoma. Se demuestra que la representación bíblica de los tres impostores como seres inmaculados, deseosos de extender el reino de la paz a toda la humanidad, no tiene sustento histórico. Las grandes religiones monoteístas se han servido del descrédito mutuo para construir su base social, fomentando el odio entre pueblos y lavando la responsabilidad de las élites.
No hay modo de ignorar que líderes como Trump o Netanyahu emplean narrativas religiosas ancladas a la nación, su origen y su destino, para justificar la guerra, la colonización y el genocidio en Palestina. Cruzadas de todo tipo, como las de Bukele contra las pandillas en el Salvador o las de Milei en su batalla cultural contra el “wokismo” son enarboladas con Dios como horizonte de cambio social. Líderes como estos defienden, por igual, que ellos o sus pueblos son elegidos divinos, con lo cual justifican una a una sus atrocidades o atropellos.

Este uso del discurso religioso no distingue de espectro político. Los progresismos latinoamericanos como el obradorismo en México también han recurrido a la religión como tecnología de manipulación popular. En su discurso nación o patria como origen y destino substituyen a Dios, cuando no invocan abiertamente a alguna forma de divinidad para educar moralmente o movilizar a la sociedad. En su momento, AMLO se declaró públicamente inspirado por Jesucristo para gobernar y empleó referencias bíblicas en numerosas ocasiones durante sus discursos.
Los gobiernos y estados resultantes –monarquías en el tiempo de la publicación del panfleto– se han ensamblado a partir de “invenciones y supercherías” y sobre “una larga serie de barbaridades y crueldades”29. El Tratado nos recuerda que gobernar es ante todo dominar: “no hay nadie que no entienda que interesa muchísimo a los gobernantes y a los ricos de la república el hecho de tener alguna forma de religión para debilitar la ferocidad del pueblo”30.
Las imposturas bombardean nuestra cotidianidad y nuestro presente. Frente a las muchas crisis, hay una emergencia de relatos de salvación que se instalan como respuesta. No se nos puede olvidar que son hombres (sic) concretos los que desbaratan el mundo frente a nuestros ojos. Y que también seremos las personas de a pie, organizadas, las que podemos transformar el poder. Deseo que estas breves líneas nos sirvan para no olvidar ser irreverentes, igual frente a las imposturas que a los impostores. Y que Palestina será libre, desde el río hasta el mar.
Descargas:
Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma), Madrid, Tierradenadie Ediciones, 2006
Referencias
*Anónimo, Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma), Madrid, Tierradenadie Ediciones, 2006.
Anónimo, Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma), Buenos Aires, El Cuenco de Plata, 2007.
- Nettlau, Max, La anarquía a través de los tiempos. Biblioteca Anarquista / Antorcha.net, 1935. ↩︎
- Tatián, Diego, “Prólogo”, en Anónimo, Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa, Buenos Aires, El Cuenco de Plata, 2007, pp. 9-21. ↩︎
- De la Cerra Pérez, Jorge, “La transmisión de ideas panteístas desde los eruditos libertinos barrocos a la ilustración radical. El caso del tratado de los tres impostores”, en Barroso Romero, Rafael A.; Castillo Lozano, José. A.; García García, E. Macarena; González Blasco, Lorena; Solera Alfonso, Diego (eds), La diversidad de experiencias en las religiones. Ritos, texto y pensamiento, Teseo Press, 2023, pp. 461-486. ↩︎
- García del Campo, Juan Pedro, “Introducción. El tratado de los teres impostores: un panfleto libertino contra el integrismo”, en Anónimo, Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma), Madrid, Tierradenadie Ediciones, 2006, pp. 5-22. ↩︎
- Maciá Ortuño, Mariana, “Mahoma, Moisés y Jesús: la teoría de los tres impostores en el Tratado sobre herejía de Iacobus Egidii”, eHumanista/VITRA, 25 (2024), pp. 179-191. ↩︎
- Tatián, Diego, “Prólogo”, en Anónimo, Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa, Buenos Aires, El Cuenco de Plata, 2007, pp. 9-21. ↩︎
- Ward, Colin, Anarquía en acción. La práctica de la libertad, Madrid, Enclave de Libros, 2013 ↩︎
- Nettlau, Max. (1935). La anarquía a través de los tiempos. Biblioteca Anarquista / Antorcha.net. ↩︎
- De la Cerra Pérez, Jorge. (2023). La transmisión de ideas panteístas desde los eruditos libertinos barrocos a la ilustración radical. El caso del tratado de los tres impostores. En Barroso Romero, R. A.; Castillo Lozano, J. A.; García García, E. M.; González Blasco, L.; Solera Alfonso, D. (editores). La diversidad de experiencias en las religiones. Ritos, texto y pensamiento. Teseo Press. ↩︎
- García del Campo, Juan Pedro. (2006). Introducción. El tratado de los teres impostores: un panfleto libertino contra el integrismo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Tierradenadie Ediciones. ↩︎
- Maciá Ortuño, Mariana (2024). Mahoma, Moisés y Jesús: la teoría de los tres impostores en el Tratado sobre herejía de Iacobus Egidii. eHumanista/VITRA 25, pp. 179-191. ↩︎
- Massignon, Louis. (2021). La Légende “Des Tribus Impostoribus” et ses Origines Islamiques. Revista de Teología. Revista de Estudios Sociorreligiosos, 14, No. 1. ↩︎
- Massignon, Louis. (2021). La Légende “Des Tribus Impostoribus” et ses Origines Islamiques. Revista de Teología. Revista de Estudios Sociorreligiosos, 14, No. 1. ↩︎
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- García del Campo, Juan Pedro. (2006). Introducción. El tratado de los teres impostores: un panfleto libertino contra el integrismo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Tierradenadie Ediciones. ↩︎
- Tatián, Diego. (2007). Prólogo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa (p.9-21). El Cuenco de Plata. ↩︎
- De la Cerra Pérez, Jorge. (2023). La transmisión de ideas panteístas desde los eruditos libertinos barrocos a la ilustración radical. El caso del tratado de los tres impostores. En Barroso Romero, R. A.; Castillo Lozano, J. A.; García García, E. M.; González Blasco, L.; Solera Alfonso, D. (editores). La diversidad de experiencias en las religiones. Ritos, texto y pensamiento. Teseo Press. ↩︎
- Tatián, Diego. (2007). Prólogo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa (p.9-21). El Cuenco de Plata. ↩︎
- Maciá Ortuño, Mariana (2024). Mahoma, Moisés y Jesús: la teoría de los tres impostores en el Tratado sobre herejía de Iacobus Egidii. eHumanista/VITRA 25, pp. 179-191. ↩︎
- Tatián, Diego. (2007). Prólogo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa (p.9-21). El Cuenco de Plata. ↩︎
- Tatián, Diego. (2007). Prólogo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa (p.9-21). El Cuenco de Plata. ↩︎
- Nettlau, Max. (1935). La anarquía a través de los tiempos. Biblioteca Anarquista / Antorcha.net. ↩︎
- Anónimo (2006). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Trad. García del Campo, J. P. y Carmen Martínez, J. Tierradenadie Ediciones. ↩︎
- Anónimo (2006). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Trad. García del Campo, J. P. y Carmen Martínez, J. Tierradenadie Ediciones. ↩︎
- Bakunin, Mijail. (2019). Dios y el Estado. Terramar. ↩︎
- Anderson, Benedict. (1993). Comunidades imaginadas: Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica. ↩︎
- Anónimo (2006). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Trad. García del Campo, J. P. y Carmen Martínez, J. Tierradenadie Ediciones. ↩︎
- Anónimo. (2007). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). Trad. Diego Tatián. El Cuenco de Plata. ↩︎
- Anónimo. (2007). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). Trad. Diego Tatián. El Cuenco de Plata. ↩︎
- Anónimo (2006). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Trad. García del Campo, J. P. y Carmen Martínez, J. Tierradenadie Ediciones. ↩︎
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