José Mª Polo Sáez
El flamenco llora hoy la muerte de uno de sus cantaores más emblemáticos y con él se nos fue, como del rayo, su voz poderosa y carismática. Se llamaba José Domínguez Muñoz, «El Cabrero» y Andalucía perdió a una de sus voces más auténticas, insobornables y profundas. Falleció a los 81 años en Bormujos, este 13 de mayo de 2026, y Andalucía, su campo, su sierra, su viento, sus aguas y hasta sus propias cabras se resentirán de tan lamentable pérdida.
José nunca necesitó artificios para ser grande. Cabrero desde los seis años (él nunca dejó de pastorear), su arte brotó de la misma tierra que pisaba, nutriéndose de la dureza del campo y la dignidad del trabajador. Fue el artista que traía la verdad del monte a los teatros. El cantautor de la libertad y de la rebeldía.
El inmenso caudal de verdad y sinceridad de este artista único en su género, fluía inalterable —como él diría—, pendiente abajo, entre riscos y peñascos, por entre tajos y angostas gargantas, hasta provocar un auténtico alud, un desbordamiento en las conciencias de todos aquellos hombres y mujeres que buscan en su cante, en su sola pero profunda verdad, el consuelo de ese sueño inalcanzable de la igualdad y de la libertad.
Su estilo, enmarcado en el cante jondo más sobrio —fandangos de Huelva, soleares, seguiriyas y tonás—, se convirtió en una herramienta de denuncia social durante la Transición. Con letras reivindicativas y una filosofía de vida libertaria, El Cabrero siempre cantó contra los abusos del poder y la falta de libertad.
“Cuando hay algo que decir,
no se puede uno callar,
porque callar es morir”.
El Cabrero puede considerarse como el cantaor que mejor ha sabido captar la propia esencia del hombre trabajador, del hombre que labra la tierra y le da vida. Él mismo forma parte también de ese anónimo y heroico trabajador que cada día se funde con el paisaje para obrar el milagro de vivir y al mismo tiempo permitir y posibilitar vida a los seres de su entorno.
El Cabrero era un auténtico personaje de leyenda viva, un cantaor para la más eterna de las tradiciones populares, porque dentro de un siglo se seguirá hablando de El Cabrero, se narrarán sus hechos y hazañas como sucesos fabulosos que irán volando de boca en boca al más puro estilo de tradición oral, porque él mejor que nadie ha sabido calar en el pueblo y el pueblo lo quiere y lo respeta, y lo seguirá respetando, admirando y sobre todo lo seguirá queriendo como a un símbolo vivo de una Andalucía utópica que no se calla ni de doblega ante nadie.
El Cabrero era uno de los pocos seres humanos de los que hoy cuesta tanto trabajo encontrar, más que nada y sobre todo por su sinceridad y autenticidad, o dicho de otra forma, en él encontramos al hombre —rememorando a Machado— en el buen sentido de la palabra, bueno. Pero de una bondad combativa, una bondad entendida y conquistada en la lucha día a día. Un hombre que se hundía en la tierra como él lo hacía y que necesitaba de ella como el pez necesita del agua. Sí, se hundía en la tierra a la que mimaba y adoraba y que nunca la abandonó por más tentaciones que le llegaban desde ese otro mundo, como él diría, “embustero y canalla”.
A El Cabrero puede considerársele una de esas pocas voces que, en toda la historia del flamenco, mejor han plasmado la auténtica realidad socio-económica y laboral andaluza y además, ha sido capaz de publicarla, de denunciarla y de combatirla con su cante y eso nunca se lo han perdonado ni los caciques de turno ni sus propios compañeros del flamenco, sobre todo, los que del cante solo buscaban el arte por el arte.
En definitiva, El Cabrero ha sido o puede considerársele como un auténtico e irrepetible fenómeno social de masas en esto del flamenco. Por tanto, lo que más nos ha llamado siempre la atención de él es su cante, su cante esencialmente puro, sin concesiones a la galería, cante peleado en cada tercio, con pasión y con rigor.
Y ahí estará siempre El Cabrero para recordarnos que no hay nunca que pararse, ni conformarse, que hay que caminar siempre alerta, siempre pendientes de nuestro destino para que éste no nos venga ya marcado de antemano. Que la tierra le sea leve.

El Pastor de las Verdades
(Homenaje a El Cabrero, 1944-2026)
El Cabrero: la voz sin artificio,
que a nuestro cante dio la fuerza y la porfía,
delatando la injusticia en rebeldía,
leal a su cante y a su oficio.
Hoy se queda muda la dehesa,
el monte y las jaras hoy suspiran,
el pastor-cantaor ya se retira,
denunciando con fuerza la pobreza.
Se nos va un cantaor, hombre valiente,
el que nunca se rindió ante el poder
puso alma y corazón al defender
de ladrones y de caciques a sus gentes.
Nunca quiso lisonjas ni riquezas,
prefirió la libertad y la utopía,
con sus cabras por los riscos cada día,
cual tesoro más hermoso de la tierra.
Camarada, cantaor de la igualdad,
que la tierra te acoja en su seno
y tu cante poderoso y sereno,
se torne en grito de libertad.
(José Mª Polo Sáez)
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