García Calvo, Sacristán y la caputxinada

José Álvarez Cobelas

Técnico por la Escuela de Artes Gráficas de Madrid y Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid. Su línea de investigación se ha centrado en el movimiento estudiantil y la universidad franquista, y colateralmente en las líneas de ferrocarriles secundarios

El objeto de esta contribución son las intervenciones de Agustín García Calvo y Manuel Sacristán en la caputxinada, y sus diversas concepciones sobre la lucha estudiantil antifranquista, el papel del universitario en la sociedad, así como el contexto en que se produjeron.

Sin lugar a duda, García Calvo y Sacristán fueron los dos intelectuales, término que probablemente Agustín rechazaría, más originales, influyentes y en su día conocidos, aunque como suele ocurrir con frecuencia, mal comprendidos, de la segunda mitad del siglo XX en España.

Y por supuesto, comprometidos, palabra en boga durante el franquismo, y hoy en desuso.

Su influencia, su capacidad de análisis y su activismo, ya lo había captado la dictadura y sus representantes: autoridades ministeriales, rectores, decanos y numerosos catedráticos que, en 1966, cuando ambos participaron en la caputxinada, una de las pocas victorias simbólicas en la lucha contra el franquismo, los había expulsado de la Universidad.

Sintetizando mucho, a mediados de los años 60, sectores preclaros del Régimen, en el peor sentido del término, se habían dado cuenta que era más beneficioso ampliar la base social que lo sustentaba, limitando la represión a los sectores de la oposición más politizados, aprovechando el incremento del nivel de vida de la población, aunque fuera por autoexplotación, pluriempleo, como consecuencia del crecimiento económico en Europa Occidental, la situación geográfica de España y el Plan de Estabilización.

Esto dio lugar a una apertura de oportunidades, en términos sociológicos, y ello explica negociaciones como la del cincopuntismo, las conversaciones entre delegados electos del sector del metal, el entrismo en los sindicatos verticales por parte de las Comisiones Obreras y las Asociaciones Profesionales de Estudiantes (APE), que recondujeron, de una forma “neutra”, hacia el franquismo pasivo a la mayoría de la población.

El objetivo se cumplió entre las clases populares, más de lo que habitualmente se ha comentado, pero entre los estudiantes universitarios y una parte significativa de los profesores universitarios asociados, los que serían titulados como profesores no numerarios, en muchos casos apenas mayores que sus alumnos, resultó un fracaso, porque mayoritariamente adoptaron una ideología democrática, aunque casi todos sus activistas pretendían sociedades más utópicas.

En este cambio de mentalidades tuvieron mucha importancia los sucesos que se produjeron durante el curso 1964-65, una movilización general en la universidad Central de Madrid, que cambiaría para siempre la forma de pensar de una mayoría de estudiantes, universidad que englobaba aproximadamente a un tercio de todos los estudiantes de España, y que concluyó con una negociación celebrada en Villacastín, Madrid, entre representantes electos estudiantiles y Herrero Tejedor, prohombre franquista y mentor de un tal Adolfo Suárez ―José Álvarez Cobelas, Envenenados de cuerpo y alma: La oposición universitaria al franquismo en Madrid (1939-1970), Siglo XXI de España Editores, 2004, páginas 137-157―. El verano, con los estudiantes de vacaciones, lo aprovecharon las autoridades para desdecirse, y salvo convertir con el tiempo al SEU en un organismo administrativo dentro del ministerio de Educación, así como un debilitamiento en la represión contra algunos estudiantes, poco más quedó.

En Madrid, García Calvo, era un recién llegado, había obtenido la cátedra ese mismo año y procedía de Sevilla, pero contaba con un reducido número de discípulos y de relaciones de origen con prestigio y, sobre todo, se implicó de forma continuada y pública en las sesiones de la Asamblea, y participó en ellas hasta el final y ello le dio notoriedad.

El curso siguiente 65-66 la contestación pasó a la Universidad de Barcelona, para acabar con las APE, el nuevo chanchullo franquista, y en ella Sacristán tuvo un protagonismo innegable.

A Manuel Sacristán no le habían renovado el contrato, de lo que después se llamó profesor no numerario, en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas por presiones políticas (y tampoco obtuvo la cátedra por las mismas razones).

La creación de la titulación en Ciencias Políticas y Económicas y con ella la correspondiente facultad fue una de las pocas aportaciones de la Falange que han perdurado. Su objetivo era crear cuadros para la administración y la empresa, que hasta entonces estaban en manos de las diferentes especialidades de ingeniería, sobre todo Caminos, Canales y Puertos y de los licenciados en Derecho.

Fue un éxito que ha llegado hasta nuestros días, pero lo que no podían esperar es que el alumnado sí se politizase, aunque en una dirección opuesta a la ideología de sus promotores.

Y en esa Facultad de la Universidad de Barcelona, por una carambola, y en un ambiente propicio, impartió clases Sacristán durante años, clases a las que podían asistir alumnos de otras Facultades.

La Universidad de Barcelona tenía una serie de características diferenciales:

  • El reducido número de estudiantes, 12.650 sin contar los de escuelas técnicas, permitía que los contactos fueran más fluidos.
  • La hegemonía del Partido Comunista de España, al contrario que en Madrid, entre los estudiantes antifranquistas, en buena medida gracias a Sacristán, que además de un ideólogo, era un gran organizador, aunque dependiente del mito del Partido.
  • Por último, una burguesía que, a su vez, salvados sus intereses tras la Guerra Civil, había derivado de nuevo en un discurso nacionalista catalán, dando soporte práctico a sus hijos y ayudada por una parte minoritaria, pero significativa, de la Iglesia.

Ello no implicaba que la Universidad no siguiese en manos de autoridades y organizaciones franquistas, pero en estas primaba la pertenencia a la clase social: una cosa era repartirse las prebendas y otra señalar a los hijos de sus amigos.

Bajo los auspicios de Sacristán y, en buena medida, siguiendo los puntos sugeridos por él, los estudiantes discutieron largos y detallados artículos que constituirán los estatutos del SDEUB, lo que demuestra su capacidad de persuasión y la mentalidad muy reglamentista del momento.

Y pretendieron aprobarlos, simbólicamente, en un acto en el que estuvieran representados la Universidad y la cultura de Cataluña.

Para reunirse, sólo podían hacerlo en los locales de la Iglesia, pues era la única institución que, además de apoyar mayoritariamente al Régimen, mantenía una autonomía frente a éste.

Consiguieron el convento de los caputxinos de Sarrià, barrio de la burguesía de Barcelona. Allí se fueron reuniendo entre 400 y 450 delegados de los estudiantes y unos 20 representantes de lo que hoy llamamos la sociedad civil catalana.

Es significativo que, aunque solo unas 10 personas conocían donde se celebraría la reunión, la policía no se enteró hasta unas horas después.

Probablemente, hasta la declaración del Estado de Excepción de 1969, tras el asesinato de Enrique Ruano y el juicio de Burgos, los órganos represivos franquistas no infiltraron policías como estudiantes, por ahora, no se han encontrado informes para la policía por parte de profesores franquistas sobre las actividades de sus alumnos, pero dice mucho del clasismo de la policía de esa época que no siguiesen a los delegados de facultad cuyos nombres eran públicos.

Durante años el método más común para de-tener a nuevos activistas fue seguir a militantes ya fichados, la CNT es un triste ejemplo, y comprobar dónde y con quién se reunían.

Jorge Semprún, que hasta su expulsión del PCE en 1965, ya había comprobado el hecho aplicable a profesionales estudiantes, pero la realidad es que se trasladaron a centenares de personas sin fallos de seguridad.

Para el tema que nos ocupa, el modelo de sindicato y cómo luchar contra la dictadura, las intervenciones más interesantes fueron la de García Calvo y la respuesta de Sacristán, que de alguna manera ya había dado su opinión al sugerir los estatutos de Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB). Por cierto, ambos estuvieron situados silla con silla en el congreso de constitución.

Los dos reflexionaron sobre qué modelo de Universidad debería ser. García Calvo con el Panfleto amarillo (1968) y Sacristán con el documento La universidad y la división del trabajo, pero ambos ya discutieron sobre ello antes de 1968.

La fuente principal es el número 10 de la revista Realidad, órgano del PCE en cuyo pie de imprenta figuraba Bruselas, entre otros, y cuyo resumen se realizó a partir de las grabaciones del acto, que estaban, y están, en poder del PCE (no del PSUC) lo que dice mucho sobre quién lo había coordinado.

Probablemente, el resumen original fuese de Sacristán, pero la revisión última no le correspondiera y él, que era un militante disciplinado, lo aceptaría sin presentar quejas.

Pese a la longitud de la intervención de García Calvo (para una cita) resulta esclarecedor reproducir una parte: (9 de marzo de 1966).

“Realmente os confieso que no habría probablemente venido hasta aquí (Barcelona), no habría querido molestar con mi presencia si no hubiera creído que tenía que decir alguna cosa más es que pudiera seros útil hasta cierto punto”

Esto es, Agustín no estaba dispuesto a ser una figura decorativa en el acto (era el único de los catedráticos presentes que aceptó ir al acto, el resto se disculpó) si no pretendía continuar con su labor de profesor.

“Esta alegría, vuestra y mía, por haber conseguido formar el sindicato que pueda presentarse a la luz pública en esta asamblea constituyente”.

En ningún momento García Calvo afirmó que tenía miedo a que la asamblea estuviera permitida como aparece en las palabras atribuidas a la presidencia (Els esudiants de Barcelona sota el franquisme. Josep Colomer y Calsina. Curial 1978, pp 234-235).

Lo que dijo fue otra cosa:

“Quiero deciros que es lo que pienso poderos ser útil, es tratando de haceros reflexionar un poco sobre este triunfo, sobre este logro que hoy festejamos.

Si os hablo así es porque, naturalmente, mi visión de vuestro movimiento en el sentido de que aquí no se está jugando algo estrictamente universitario.

Si os dejáis arrastrar a un tipo de movimiento meramente sindicalista, es decir, que solamente trate de arreglar como buenos administradores los problemas dentro de la casa, corréis el gran peligro de encontraros al cabo de los años (el subrayado es mío) teniendo una democracia sindical perfectamente organizada como la que hay en otros países y que contribuye, simplemente, al mantenimiento de lo mismo.

Una asamblea vuestra, un organismo vuestro, tiene que tener, esencialmente, una función crítica. Es decir, tiene que ser lo que la universidad sería si la universidad existiera. Tiene que ser un elemento crítico, en primer lugar, frente a la propia universidad, inexistente, que presenta todas las apariencias de ser”.

Tras esta declaración dijo un par de frases que algunos pudieron interpretar como demasiado optimistas:

“Es decir, que no se limitaran a este aspecto burocrático que, sobre todo desde el momento que os constituyáis consentidamente, corre el peligro de ahogaros para todo lo demás”.

La caputxinada. https://agustingarciacalvo.blogspot.com/2015/12/hemeroteca-9-de-marzo-de-1966.html

Pero en realidad, y después de la negociación en Villacastín, más da la impresión de que García Calvo esperaba cierta permisividad por parte de las autoridades académicas y no tanto una auténtica representatividad.

“Sé que es un poco pronto, que este triunfo apenas está logrado; sé que es la primera vez que esto aparece a la luz pública por este medio consentimiento que de tanto temor me llena”

“(Con) los peligros de la inserción, vuestra misión esencial es la de la conciencia, la de la reflexión y la de la crítica respecto a la sociedad en que vivís”.

Sus palabras fueron acogidas con una gran ovación, no sabemos si porque la concurrencia estaba de acuerdo o, sencillamente, por su prestigio y ser el único catedrático presente.

El problema de los resúmenes es que tienden a resaltar las opiniones previas y los intereses de quienes lo hacen, y reducen los matices.

Según la grabación (Archivo Histórico del Partido Comunista de España, Fondo Sonoro PCE, DVD 32, Pista 3), García Calvo se congratula hasta cuatro veces por la constitución del SDEUB y manifiesta su alegría por ello, y tras comparar positivamente la situación del movimiento estudiantil de Barcelona con la de Madrid declara “si esta sesión se desarrolla así (sin interrupciones ), no se os puede ocultar que se trata al menos de un medio consentimiento por parte de la sociedad que esta Asamblea se produzca”.

Y el posible consentimiento viene determinado por las características de Catalunya “no se os oculta que las características sociales especiales, es decir la estructura de la industria y del capital justamente que, en esta región, no pueden menos de tener alguna relación con las diferencias que el movimiento estudiantil ha tomado con el resto de las demás regiones”.

Y ello porque consideraba que “la reacción nunca es estática, nunca ha sido estática y que, en nuestra época, la reacción tiene un carácter más dinámico que jamás”.

Es decir, al contrario que en Madrid, Agustín esperaba una mayor permisividad, por parte de las autoridades, debido al contexto social.

En realidad, lo que García Calvo temía es que España llegase a ser como Francia o Alemania. Y aspiraba a que los estudiantes, que no se podían identificar como trabajadores, se convirtiesen en una corporación crítica que planteara un nuevo y distinto modelo de universidad y de sociedad.

Las posteriores palabras de Sacristán no fueron tanto una respuesta al modelo sindical cuanto a la posible integración en el sistema del intelectual crítico.

“También el eterno protestatario crítico, tan absorbible que hasta a veces le dan cargos”.

En todo caso, si estas palabras eran un ataque contra García Calvo, eran injustas, pues tanto Sacristán como García Calvo recibieron propuestas de contrato en universidades extranjeras y ambos las rechazaron para mantenerse con exiguos sueldos, uno como traductor y el otro montando una academia. García Calvo solo se decidiría a exiliarse años después tras veintidós días seguidos de interrogatorios en la Dirección General de Seguridad y cuando supo que estaban organizando un montaje para encausarle por cuestiones no políticas.

En el fondo, lo que subyacía, era de nuevo, y salvando las distancias, si al igual que durante la guerra civil había que hacer la revolución, en este caso cambiar radicalmente la institución universitaria y las mentalidades de quienes la poblaban, al tiempo que se defendía la lucha contra la dictadura o, como habían defendido los comunistas, lograr la democratización para avanzar hacía una nueva universidad.

La paradoja es que Sacristán también creía con valores distintos, comunistas según su interpretación, en una universidad no burocratizada.

Otra cosa era la dirección del Partido.

Una vez más, Franco resolvió el problema dando la orden de disolver la reunión so pena de entrar a la brava en el convento con el sempiterno comisario Creix a la cabeza, que estaba muy interesado en que saliera García Calvo del recinto.

Y que cada uno saque sus propias conclusiones sobre quién tenía razón y si el advenimiento de la democracia dio lugar a un modelo de universidad y universitario distintos a la que con sus diferencias ambos aspiraban.

En todo caso, poco después se impondrían las multas por participar en el acto : 100.000 pesetas a Sacristán1, solo superada por la que impusieron a Antoni Tàpies, 200.000 pesetas, a pesar de que no quiso hablar, alegando “que ya lo hacía con los pinceles”, lo que desagradó a Agustín2, se declaraban ilegales a los sindicatos democráticos, impidiendo así un funcionamiento abierto en las facultades y se cerraba la ventana de oportunidades, llegaba el 68 y, sobre todo, el franquismo entraba en una nueva etapa represiva que llegaba, con matices, a los universitarios.


  1. https://editoriallucina.es/es/noticias/ficha/un-quart-de-segle-de-la-caputxinada-n935 ↩︎
  2. https://editoriallucina.es/es/noticias/ficha/el-futuro-es-un-vacio-que-no-nos-deja-vivirn166 ↩︎

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