Orwell: 2+2=5

Dirección y guion: Raoul Peck
EEUU/Francia, 2025

Capi Vidal

Reseña publicada en Redes Libertarias núm. 5 (primavera 2026)

Eric Arthur Blair (1903-1950) fue el nombre auténtico del británico George Orwell, un autor que supo conciliar muy bien su faceta como escritor con su compromiso político y sus experiencias revolucionarias. Dos de sus obras literarias más conocidas, Rebelión en la granja y 1984, rememoradas una y otra vez en el documental Orwell: 2+2=5, escrito y dirigido por Raoul Peck, mediante estimulantes imágenes procedentes de diversas adaptaciones a otros medios, sirven de hilo conductor para hacernos comprender que las advertencias del escritor no se limitan a regímenes totalitarios. Cualquier Estado, sin actuar siempre de manera explícitamente autoritaria, puede manipular la verdad para controlar a la población, acaparar lo recursos y asegurar el privilegio de unos pocos. Este valioso y necesario documental nos ofrece también trazos biográficos del propio Orwell, cuya educación le llevó muy joven a ingresar en la policía imperial india y a conocer los horrores del colonialismo en Birmania, por lo que no es casualidad que parte de las imágenes actuales que se nos ofrecen en esta obra correspondan a la convulsa realidad del país, hoy llamado Myanmar.

A diferencia de gran parte de sus compatriotas, las experiencias de Orwell como miembro del grupo opresor le condujeron a renunciar a esa condición, a una irreductible conciencia social y a detestar las diferencias de clase. Partidario de un socialismo antiautoritario, no sería casualidad que simpatizara con los anarquistas al venir a España a combatir el alzamiento fascista; la película Tierra y libertad, dirigida por Ken Loach, algunas de cuyas emotivas imágenes recoge también el documental de Peck, se inspira en cierta medida en las experiencias del escritor en la guerra civil y social librada en tierras hispanas. Y es que Orwell: 2+2=5, de forma muy habilidosa, realiza un paralelismo entre los temores del autor en su propia época, con el auge del totalitarismo, y una no menos terrible actualidad, en un mundo quizá muy diferente, pero en el que la perversión de la tecnología ha hecho que un torrente de imágenes nos distancie de la realidad, mientras que la permanente desinformación ha sido caldo de cultivo para nuevos autoritarismos (incluso, consolidados “democráticamente”).

Peck, director también del documental I Am Not Your Negro, sobre el racismo en los Estados Unidos, y de la ficción El joven Karl Marx, donde realiza un interesante y nada complaciente semblante biográfico del autor de El capital en su juventud enfrentado a otros pensadores antiautoritarios, mezcla en Orwell: 2+2=5 fragmentos cinematográficos de diversa procedencia, lecturas del diario y de epístolas del propio Orwell con escalofriantes secuencias reales de la actualidad. Resulta casi imposible, para un espíritu sensible no apartar la mirada de lo expuesto en el documental, tan atractivo en su realización, como espeluznante a nivel moral. Visto todo ello, solo es posible aceptar con un escalofrío en el cuerpo lo visionarias que resultaron las aportaciones literarias del escritor. Orwell: 2+2=5 funciona bastante bien, va de menos a más al buscar la reacción del espectador hilvanando las dos épocas, a pesar de sus muchas diferencias, y concluye que conceptos de Orwell como el doblepensar, el hecho de aceptar como verdadero lo falso o de considerar ideas contradictorias ambas como correctas, son hoy una permanente propaganda por parte de los nuevos poderes políticos y económicos. No es casualidad que el apellido del escritor se convirtiera en un devastador adjetivo, “orwelliano”, para designar y evocar la peor de las pesadillas convertida en una terrible realidad social y política.

George Orwell ha sido tan acaparado, en ocasiones por conservadores que han tratado de llevar a su terreno las advertencias sobre construcciones utópicas (ignorando que el autor de 1984, indudablemente partidario de una transformación social permanente en busca de un mejor horizonte, se refería exclusivamente a las diversas formas de autoritarismo) como vilipendiado por cierta izquierda dogmática incapaz de aceptar sus propios y terribles errores en la praxis política. Sin embargo, la reivindicación más honesta de la obra del autor que nos ocupa es posible que la hayan realizado siempre las y los anarquistas; llegando a la actualidad, podemos seguir recuperando las advertencias de Orwell al evidenciar que la mejor forma de dictadura es aquella en la que los oprimidos ni siquiera la perciben como tal. Es posible evocar también la propuesta distópica de otro autor, Aldoux Huxley y su Un mundo feliz, pienso que también del gusto de los libertarios, cuando advirtió que quizá la autoridad no necesitaría ya prohibir el conocimiento, sino convertirlo en irrelevante de una manera más eficiente para la dominación. Esta desesperanza actual, que demanda menos actitud quejumbrosa y una permanente resistencia, se produce debido a la alienación producto de una tecnología perversa (lejos de estar al servicio de la liberación), a la ya constante manipulación mediática en la que todo vale para desinformar, al empobrecimiento del lenguaje y a la ya casi ausencia de racionalidad y pensamiento crítico. Valga el visionado del documental Orwell: 2+2=5 para ser conscientes de todo ello y en su parte final, muy emotiva, se invita al optimismo al mostrar numerosas muestras de protesta y solidaridad ante cualquier forma de opresión. Quizá el único reproche (más que cuestionable por no ser responsable de ello) que pueda hacérsele es que su vendaval de imágenes, para tantas personas más bien acríticas no demasiado proclives al estímulo intelectual y moral, puede seguir sirviendo para ocultar la más triste realidad y quizá reafirmar, de forma paradójica, aquella sociedad del espectáculo de la que nos habló Guy Debord. Ojalá no sea sea así y una obra audiovisual, de indudable hondura en sus propuestas discursivas, sirva esta vez para la mejora de las conciencias, incluso de aquellas más difíciles de sensibilizar, sobre el mundo social, político y económico que continuamos sufriendo.


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