“Visceral”, de María Fernanda Ampuero: cuando el cuerpo se convierte en territorio de lucha

Diana Cordero

Autora: María Fernanda Ampuero

Editorial: Páginas de Espuma, Madrid, 2024

Número de páginas: 176

Visceral,1 de María Fernanda Ampuero, es un libro bastante difícil de encasillar. Es una mezcla de autobiografía, ensayo, memoria y reflexión, en la que la autora parte de su propia vida y, sobre todo, de la relación con su cuerpo, para hablar de cuestiones mucho más amplias. La propia editorial lo define como un libro entre la autobiografía, la memoria y la autoficción, y como una suerte de manifiesto atravesado por la actualidad.

Habla de lo que significa crecer siendo mujer: la presión sobre el cuerpo, la gordura, la belleza, la sexualidad, la violencia, la maternidad y la no maternidad, la familia, el envejecimiento, la migración, la soledad y también el sufrimiento emocional. Habla de la infancia y de la vida adulta, del deseo y de la vergüenza, de la enfermedad, de la salud mental y de las marcas que dejan experiencias que muchas veces aprendemos a considerar simplemente “cosas de nuestra vida”.

Pero Visceral no cuenta estas cosas como problemas personales. O, mejor dicho: no permite que nos quedemos en lo personal.

Porque muchas de las experiencias que vivimos como íntimas están atravesadas por relaciones de poder. Por el patriarcado, pero también por la clase social, la cultura, el colonialismo, la migración y las expectativas que se imponen sobre nuestros cuerpos. La editorial señala precisamente entre los ejes del libro la violencia contra las mujeres, el cuerpo rechazado, el deseo y la sexualidad, la salud mental, la obesidad, las maternidades, el poscolonialismo, la ecopolítica y el feminismo.

Y ahí está, para mí, una de las cuestiones más potentes del libro: el cuerpo de una mujer convertido en territorio donde se cruzan la violencia, los mandatos sociales, el deseo, la vergüenza, la enfermedad, la libertad y la rabia.

Ampuero escribe desde el cuerpo y desde la rabia. Y lo hace sin intentar suavizar demasiado aquello que cuenta. Hay momentos de una crudeza considerable. La escritura es muy buena, pero precisamente por eso consigue que algunas cosas lleguen más lejos: no solo las entiendes, te afectan.

Ampuero viene además de la literatura del terror, y esa mirada está presente incluso cuando Visceral no es un libro de ficción. El miedo no aparece únicamente como algo interior: está en la violencia cotidiana, en los abusos, en la pobreza, en determinados espacios, en los cuerpos que aprenden desde muy pronto a estar alerta. Una lectura crítica del libro señala justamente cómo Ampuero convierte violencias sociales reales en materia literaria, utilizando recursos próximos al terror para hacerlas visibles.

Por eso tampoco diría que Visceral sea un libro de psicología, ni un libro de autoayuda, ni siquiera un libro que pretenda “sanar” lo que cuenta. No ofrece una salida tranquilizadora. No convierte el dolor en una oportunidad de crecimiento personal ni termina diciéndonos que todo lo vivido nos ha hecho más fuertes.

Y esto me parece importante. Porque hay algo profundamente político en negarse a convertir toda experiencia de sufrimiento en una historia individual de superación. A veces lo que nos pasa no necesita ser convertido en una enseñanza. Necesita ser nombrado. Y, en ocasiones, también necesita ser denunciado.

Visceral es un libro muy personal, pero precisamente por eso consigue hablar de algo colectivo: de cuánto de nuestro malestar no nace realmente de nosotras, sino de todo aquello que hemos aprendido que deberíamos ser.

No es fácil de leer. No me resultó fácil la primera vez. De hecho, necesité saltar páginas. No porque Ampuero escriba mal —todo lo contrario— sino porque escribe demasiado bien y leerla sacude brutalmente.

Ahora he vuelto a él y estoy pudiendo leerlo completo. Y quizá también eso forme parte de la experiencia de Visceral: hay libros que no podemos leer en cualquier momento porque determinadas palabras encuentran lugares en los que todavía no queremos entrar.

Pero quizá precisamente por eso merece la pena leerlo: No para sentirnos cómodas, sino para mirar de frente aquello que tantas veces nos han enseñado a esconder.


  1. María Fernanda Ampuero, Visceral, Madrid, Páginas de Espuma, 2024 ↩︎

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