Nuevo número de Rompiendo Filas – Revista de la Red Antimilitarista de América Latina y El Caribe

Rompiendo Filas

Editorial

Las fronteras nacionales se cierran a los migrantes pero se hacen permeables al fascismo. Los nacionalismos en América Latina florecen en los juegos que se juegan en Norteamérica. ¿El escudo de acero pretende cubrir la región de qué? Del sionismo no es, ¿Acaso del Partido Comunista Chino?  ¿Cuál es la protección ante el fascismo que de Argentina y Chile sube a Ecuador, se posa en Colombia mientras regresa a Brasil?

En Colombia, el nuevo gobierno del primer colombiano con nacionalidad estadounidense, un dizque artista, fascista empresario y del seno profundo de las mafias y del narco, busca hacer real el plan de deportar 27.000 colombianos y colombianas desde Estados Unidos, país en donde más del 80% de los votantes votaron por el mismo fascista el pasado junio. Este gobierno que anuncia guerra y más guerra se declaró firme en el propósito de “destripar a la izquierda”, anunció en campaña que reducirá las instituciones que constituyen lo que llaman Estado en un 40%; eso es reducir la presencia institucional en los territorios de las comunidades que resisten a la guerra, lo que llevará irremediablemente a que se sigan abriendo los espacios donde las economías mafiosas, de los que llaman narcoterroristas, disputan militarmente los territorios. Es una jugada muy sofisticada de los que podemos llamar sin duda narco-neoliberales.

El Escudo de Acero al que convoca el gobierno de Estados Unidos es una protección que garantiza la injerencia en los procesos electorales, ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y en el Pacífico, el secuestro de presidentes. Es un escudo para poder seguir saboteando la justicia que dicen defender como con el caso del narco indultado en Honduras, para seguir apoyando campañas como la del defensor de narcos que ahora gobierna en Colombia; para seguir callados sobre los barcos de la empresa familiar del presidente de Ecuador cuando llegan con cocaína a Europa. El escudo ese es un para la protección de los narcos, de los neoliberales, que en últimas la misma mierda son.

Venezuela es hoy epicentro de las disputas extractivistas del Norte Global. El fraude electoral de Nicolás Maduro en el 2024 culminó con una intervención militar norteamericana en enero del 2026 que ha sido seguido por un “tutelaje” imperial con la anuencia del gobierno interino y la complacencia de las fuerzas armadas venezolanas.  Este nuevo escenario ha generado una apertura gubernamental a empresas trasnacionales extranjeras en sectores como petróleo y minería, que dejan pasivos ambientales y daños antropológicos en los pueblos originarios, así como el compromiso de restructuración y pagar de la deuda externa venezolana calculada en 240.000 millones de dólares, lo que significara una eliminación de facto de los planes sociales (alimentación, educación, seguridad social, etc.).

Aparte de esta anuencia con la hegemonía del Norte Global, las fuerzas armadas venezolanas han demostrado un pobre apresto operacional que han devenido en lamentables situaciones de saqueo como ocurrió durante el doble terremoto que azotó el país este año; así como su permisividad con el gobierno interino cuyo mandato se venció el 02 de julio del 2026.

Pero frente a esta realidad, la sociedad civil venezolana ha mostrado una organización horizontal y autogestionaria importante para poder afrontar las múltiples crisis que enfrenta. Desde refugios hasta la articulación de brigadas de salvamento comunitarias, han demostrado tener una capacidad superior al Estado para gestionar las vidas de las personas. Bajo el lema de “solo el pueblo, salva al pueblo”, un andamiaje cooperativo de venezolanos construye, día a día, nuevos senderos inclusivos y de libertad.

Una de las características del fascismo social tan aceptado sin problematización es la simbología, subjetividad y la aspiración militar que está siendo usada con audacia y el poder de los datos para colocar en los gobiernos de la región a varixs clases políticas fascistas. En países como Perú, donde se vivió entre 1980 y 2000 un conflicto armado interno, se creó la historia oficial elevando la figura de lo militar a sinónimo de salvación, orden y progreso, aún siendo el Estado a través de su fuerza militar el segundo responsable de más de 70 mil asesinadxs y más de doscientos mil afectadxs por este conflicto.

El artífice de esta arma cultural desde los 90 es el Fujimorismo, una de las clases políticas alineadas con el fascismo global, cuyo eslogan es orden y mano dura contra el caos. El regreso al gobierno del Fujimorismo, con la hija del dictador, Keiko Fujimori, también se debe a ello. Más de 30 años normalizando el discurso oficial de lxs vencedores, convirtiendo en valores cívico y práctica cotidiana el eslogan militarista y estirando la historia de la guerra hasta ahora para no dejar de nombrar como terroristas a lxs supuestxs otrxs, y seguir creando bajo la figura del militar un nosotrxs imaginario que puede sindicar, castigar y hasta aniquilar al diferente.

La aspiración a ser como el “milico” quizá sea la fase más madura de esta conversión fascista, y que tristemente estamos viendo hoy en varios países. Si hay alguna tarea indispensable para el antimilitarismo está también en el campo de la subjetividad, de la imaginación y sobre todo de la memoria, para no dejar de reconocernos en lo que somos, hemos sido y seguiremos siendo bajo el paradigma de la justicia.

Nos dicen silencio y cantamos; nos dicen servicio militar obligatorio y gritamos objeción de conciencia; nos dicen «¡Fuera!» y nos sembramos en el centro de la tierra que cuidamos con sus montañas, ríos, mares y seres humanos y más que humanos; nos dicen militarización y ya estamos en las calles preparando una olla comunitaria, pintando muros y creando danzas en encuentros y abrazos que no reconocen fronteras; nos dicen odio, ¡y amamos de todas las formas y colores!; nos dicen miedo y sí que lo sentimos, pero mientras lo sentimos, cantamos, objetamos por conciencia, sembramos, abrazamos, creamos, pintamos y danzamos.

Es cierto, luego de 12 años sostenidos como RAMALC, tal vez las historias de nuestros territorios no son más optimistas entre fascismos y ultraderechas, pero eso que llaman resistencia sucede en nuestro andar digno y libertario, sucede en este boletín antimilitarista que trae la palabra de territorios diversos para recordarnos que, en muchos lugares de América Latina, el Caribe y el mundo entero, sabiéndonos cerca unes a otres, más allá de cualquier frontera, las apuestas por la libertad y una vida sin guerras ni autoritarismos se abren camino. ¡Seguimos inventando mundos! 

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