Grupo Surrealista de Madrid
28 de septiembre – 22 de octubre de 2026
No existe mundo más que donde hay una iluminación. La luz difiere de aquello que ilumina, de lo que, al aparecer, la refleja; así como se dice de la belleza que es resplandeciente porque refulge al reflejar la luz. Esta diferencia entre lo que manifiesta y lo que es manifestado define el terreno de la aparición, ese movimiento entre lo que es expuesto al mundo y lo que lo expone.
(Alèssi Dell’Umbria, Antimatrix)
Sombra no, luz en el espejo: no hay un fantasma en el barrio, el barrio
entero es el fantasma.
(Mariano Auladén, Sombra no, luz en el espejo)
LOS DESLUMBRAMIENTOS
I
“Habrá aun asambleas en las plazas públicas, y movimientos en los que uno jamás habría pensado en tomar parte».

Decía André Breton en el Primer Manifiesto del surrealismo, y tal promesa aparecía como lema, y conjuro anticipatorio, en la portada del número especial de El Rapto. Observatorio del sonambulismo contemporáneo que en enero de 2012 dedicamos al 15M y su inaudita floración en la Puerta del Sol.
Quince años después el espectáculo consumista y turístico se enseñoreaba impúdicamente de lo que volvió a ser la más desoladora plaza dura, la gentrificación y la infame avaricia de los fondos buitre limpiaron las calles de vecinas y compañeros mientras que los cadáveres andantes del turismo de masas ocupaban el lugar de los espíritus errantes de la deriva, se recrudecía el aislamiento y la misantropía, y el orden volvió a reinar en Madrid como si nunca hubiera pasado nada.
Ciudad-mercancía aséptica e irreconocible, calles genéticamente modificadas, mutiladas y desinfectadas que, al parecer y así nos decían, volvían a ser suyas como en los viejos tiempos del fascio y el cilicio.
Y aunque sabíamos que volveríamos, y por eso nos empeñábamos en seguir invocando a la Ballena Blanca de la ciudad insurrecta, no acertábamos a imaginar cuándo y cómo.
Es que «la ciudad muere de vejez, o accidentalmente, o por suicido, incluso asesinada, pero nunca conserva su vida como una sola vida», observaba Eugenio Castro con la lucidez visionaria del que sabe porque ve y siente: y la ciudad muere “para revivir de sus muertes sucesivas”: y se reencuentra consigo misma y con sus habitantes enamorados en los lugares donde la poesía fue: porque “los hechos de la libertad que han acontecido en determinados momentos de la historia, se han depositado en el tiempo y en el espacio, y son latentemente revitalizados al ser frecuentados por los individuos en sus luchas personales y colectivas mediante un nuevo acontecer”.
Así Madrid rediviva.
Y así…
II
Y así una nueva ola de rebelión recorre España, una rebelión contra el capital pero también contra el Estado, o contra la complicidad y cohabitación miserable de capital y Estado. Consiga o no sus objetivos, sea con o sin esperanza, la rebelión ya ha cumplido su principal tarea: cuestionar y romper los límites de la dominación y abrir el horizonte de lo posible.
Lo posible: lo imposible: lo que no está escrito: lo que no nos permite escribir, pensar, soñar, desear: lo que a veces tememos escribir, pensar, soñar, desear: por hipocresía, por oportunismo, por cobardía: eso es el realismo: disfrazarse con los colores del ambiente: todo y cualquier realismo: realismo capitalista, realismo racionalizado, realismo de la prosa lógica y del manual de instrucciones técnicas y expertas, realismo de la costumbre caducada y el hábito mortuorio y la experiencia fosilizada: nuestro enemigo.
Y así el distanciamiento social se cuartea y la promiscuidad del roce y del encuentro resurge y se acaricia, las pasiones ardientes anulan a las tristes, y la divina sorpresa de la disponibilidad y la potencia del Único con la Comuna se insinúa en el horizonte utópico señalando el umbral de la otra parte donde todo se tendrá que poner en cuestión tarde o temprano.
Allí donde se cortocircuitan y colapsan los caminos de la economía, el Estado y la mercancía.
Donde apareceremos en y por la totalidad.
Y no lo llamaremos 15M…
III
Y no lo llamaremos 15M.
Pero sí la ciudadela de Sol: la Ciudad del Sol del mito que resurge en la utopía.

Una ciudad que es una joya prodigiosa del urbanismo poético y pasional. Una ciudadela, una Comuna en la que se vive la vida no mediada, la vida no medida, la vida en su pura manifestación, como ya sabemos quienes vivimos la anterior acampada. Una ciudadela y Comuna en la que la solidaridad substituye al dinero, el afán de justicia al afán de lucro, la sabiduría y el poder de lo colectivo a la ignorancia y a la impotencia de lo individual. En la que la fuerza de lo común se impone por su propia potencia cohesiva y creativa. Donde ciertamente, como se lee en una de sus pancartas, la acción del amor se impone al cálculo del dinero.
Hasta formar una comunidad unida por el sueño: duermen todas juntas, duermen en común, duermen en comunidad. Una comunidad unida por el sueño: son la Comuna del Sueño.
Lo que demuestra que el sueño no es lo opuesto a la realidad, sino que muy al contrario, el sueño se comunica con y tiene acceso a la realidad y la moldea a través de caminos y vericuetos muchas veces ignotos. Su sueño, mientras duermen y mientras velan, es acción, es apertura radical a lo posible, y por tanto a lo imposible, es negación y revuelta contra lo impuesto e impostor.
Porque como zanjaba la declaración surrealista Ruptura inaugural en el tan lejano año 1947, “el sueño y la revolución están hechos para aliarse, no para excluirse mutuamente. Soñar con la Revolución no es renunciar a ella, sino llevarla a cabo por partida doble y sin reservas mentales”.
De tal manera que su sueño nos sostiene. Y nosaltres sostenemos el mismo sueño común y compartido.
Dicho esto…
IV
Dicho esto.
La Razón ardiente puede y debe seguir razonando a través del entusiasmo, y la imaginación visionaria ver las vendas, anteojeras y antifaces opacos que amenazan la visión que ilumina y actúa convocando a la acción.
Y basta un paseo por la Puerta del Sol para encontrarse con asambleas donde la feliz y poderosa puesta en común del pensamiento, aun caótica, aturdida y hasta delirante, esa kermesse heroica, esa nave de los locos, ese fértil pandemónium que fue el mayor y mejor blasón del 15M, se sustituye por las instrucciones pragmáticas y las consignas indigestas. Y saltan a la vista y la hieren las siglas y las banderas identitarias de los mezquinos grupúsculos y sucursales de la Política y las ONG, que siempre amenazan, debilitan y por general sustituyen la emergencia de lo político común y autónomo y el apoyo mutuo que semejante erupción comunal necesariamente convoca. Y así la fecha de caducidad de la acampada y sus objetivos concretos y definidos cierran el abismo de lo imposible tanto como, tal vez y ojalá pues la causa de la vivienda es evidentemente justísima, el camino de lo posible.
Porque como recuerda Adrián Almazán a propósito del 15M y de sus fantasmas, aquella “Comuna de Madrid estaba construida, incluso en su propia disposición, como espacio de apertura, de encuentro, de vida. Un lugar en el que estar allí y en ese momento junto a los demás. Pensar y construir otro mundo posible y abolir, en la mejor tradición libertaria, la distancia que separaba los medios y los fines”. Y sin embargo, a día de hoy, “la misma construcción de la acampada actual inscribe espacialmente esa mirada que se dirige sobre todo hacia fuera de sí misma”, quizás por “la forma en que todos esos colectivos que forman la trama de la acampada vienen compitiendo por hegemonizar su mensaje y hacer avanzar sus objetivos”.1
De tal forma que el deseo que se encierra hasta el ensimismamiento en castillos de cartón para buscar el paraíso, corre el peligro cierto del blindaje excesivo y la clausura estructural y formal que anulan la ósmosis con el medio ambiente que apoya su insurgencia y del que procede, paralizando la circulación de la sangre de la revuelta entre la Acampada y las muchas querellas y causas de las que podría y debería ser su corazón enamorado, su punto de encuentro incandescente, su concejo abierto a todas las iniciativas y gestos de la subversión.
¿Otro tiempo, otro lugar, otras necesidades, otra lucha?
Claro está.
Por eso no lo compararemos más de lo estrictamente necesario con el 15M, convocando su mito como modelo y ejemplo que, por lo demás, se agostó por sus propios límites que abocaban precisamente, tarde o temprano, a la (peor) Política de insignificancias vacías, núcleos irradiadores apagados, fanfarrones bocazas de dacha y nomenklatura y vergonzosos muñecos diabólicos de piel de aliades.
No more líderes anymore.
Porque en efecto nadie quiere un nuevo 15M sino todo, como afirman tantas voces y comunicados.
Pero precisamente todo y ahora es lo que quería el 15M… o al menos buena parte de sus ingredientes e intensidades y aunque fuera a larguísimo plazo, y así se llamaba el llamamiento del Bloque libertario y autónomo del 9 de mayo de 2011 que convocaba a participar en la manifestación del 15 para «rebelarse contra un mundo en descomposición» y «extender el conflicto».
¿Os acordáis, hermanas, qué tiempos aquellos?
V
Nos acordamos: y recordaremos: que fue la mismísima indefinición congénita y funcional del 15M, por muy torpe y confusa que fuera, la que le permitió convertirse en el imán de todos los deseos y el crisol alquímico de todas las quimeras, más allá de las mezquinas reformas electorales y las ambiciones partidistas de este o aquella autoproclamada portavoz: al menos en su largo verano incandescente y sus ¿dos, tres? primeros años.

No importa. Las supuestas lecciones de la historia no nos bastan. Aquí y ahora.
¿Qué nos va a pasar?
Saldremos una vez más a Sol a averiguarlo. Para que la vida nos sorprenda las veces que quiera y queramos desear. Y volveremos si es que mañana nos vamos. Hacia, por qué no, la proclamación de la Comuna de Madrid, como ya se atrevieron a clamar en aquel 15M los licántropos y l@s abrasad@s de Sol.
Porque el espectáculo debe terminar.
Porque las calles siguen abiertas.
Porque tal vez, tarde o temprano, allí y en cualquier lugar reencantado por el genio de la revuelta sin freno ni marcha atrás, se hará verdad esta otra exhortación oracular de André Breton:
Que hay que “detener ese cáncer del espíritu que consiste en el hecho de que ciertas cosas son, mientras que otras, que muy bien podrían ser, no son”.
Hasta que lo sean.
¡Y que ningún pastor administre, controle, modere, manipule o cancele esta rabia!
LOS CLAROSCUROS
I
Hay vasos que nada comunican excepto el desistimiento, el conformismo, la resignación, la rutina: la invalidez de nuestra potencia: la cancelación del espíritu: la vida delegada.
Porque la urna cierra lo que la calle abre: si las urnas se llenan las plazas se vacían: uno, dos, mil colegios electores son otras tantas acampadas y huelgas generales que podrían desinflarse, o no conocer siquiera el milagro de su aparición y su presencia desafiante.
Y de la libre palabra sin amos que reúne y vivifica a los que ayer se sentían mudos y solos, de la creatividad abierta a lo imposible que presagia la Comuna, pasaríamos al discurso ajado y la propaganda disciplinaria de los partidos.
Todos los partidos.
Con los viejos cuentos equivalentes que nos han contado mil veces y que ya no nos hacen reír: que no nos deberían hacer reír en ningún parque donde lo común germina hasta colmar el recuerdo, en cualesquiera acampada por donde quiere salir y reinar el sol negro de la revuelta: realismo progresista: progreso realista: libertad sin ira: libertad dentro de un orden: Expaña cañí: antifascismo y unión sagrada: mal menor: trabajo asalariado: salario mínimo y vida minimizada.
Y demás monsergas.
Porque tal vez el adelanto de las elecciones no perseguía sólo ni principalmente el momentum más propicio para el PSOE, su portentoso rey de la baraka oportunista y el patético séquito izquierdista que le sigue a todas partes, sino prestar un último servicio a la irracional Razón de Estado: distraer, desviar y sofocar, por si acaso y en sus primeras llamaradas, el hipotético incendio de una revuelta autónoma y radical que quién sabe dónde podría ir o llegar.
Hacia aquellas cosas que muy bien podrían ser aunque todavía no son.
Por ejemplo el desguace apremiante y la cauterización inexcusable de la ya tristemente citada “izquierda de la izquierda”, y su evacuación urgente del inmerecido y contraproducente espacio social, psicológico e imaginario más o menos amplio tirando a raquítico que todavía ocupa en la línea del frente, para que por todas sus esquinas y rincones entre y revivifique el huracán ingobernable de la revuelta inspiradora que imagina y alienta huelgas salvajes, reapropiaciones de los bienes materiales, crítica y reinvención de deseos y necesidades, autogestión de la vida toda, la Comuna y el comunismo del genio.

Contingencias terribles e incontrolables que hay que marchitar y arrancar de raíz.
De tal forma que “el sanchismo” no podía ni quería, como especula Santiago Alba Rico descubriendo ingenua o (más bien) cínicamente las decisivas claves de cifrado, “haber aguantado un poco más antes de convocar elecciones para dar tiempo a la oposición en la plaza a que le hiciera la campaña electoral (…) aunque no sea ese su propósito o precisamente porque no es ese su propósito”.2
¿Entonces toda esta exuberancia pasional tiene que conducir a una vaga crisis ministerial? ¿Como siempre y una vez más? ¿Por el sobado pretexto de la eficacia virtuosamente oportunista que no teme maniobrar con un gobierno y unos partidos hasta ayer inmundos, pues un Decreto de la vivienda de mínimos (aun necesarios y legítimos) bien vale una Acampada, y hasta respaldar o como poco confluir táctica y tácitamente con su campaña electoral? ¿Con la excusa del antifascismo que vale para un roto ya descosido? ¿Es la eficacia instrumental del pragmatismo a toda costa, es el chantaje emocional del antifascismo, por tanto y definitivamente, contrarrevolucionarios? ¿O simplemente realistas? ¿El realismo, nuestro enemigo?
¿Qué nos va a pasar?
¿Qué deseamos que pase?
II
Maricarmen Abascal ha muerto.
El capitalismo está vivito y coleando muerte, terror, miseria y tristeza sin alternativa que evite el fin de su mundo (o eso dice).
Es una doble desgracia para cualquier ser humano honesto.
Y sin embargo.
Muerta la vieja loba…¿se extenderá la rabia? ¿Se contagiará aún más y por todas partes el ejemplo de su obstinada lucha sin esperanza?
Sin esperanza: porque sus enemigos eran todopoderosos: porque el mercado siempre tiene la razón y cuando no la tiene se la dan las leyes, los gobiernos y la policía: porque no es realista soñar con lo imposible: porque es lo que hay: porque lo que no puede ser nunca será y además todo es utópico en el reino de la distopía.
Obstinada: contra viento especulador y marea judicial: porque ella lo valía: porque su casa, su barrio, su ciudad tenían el valor incalculable que teje y desteje el sentido de una vida: porque así lo deseaba: porque ante el deseo irreprimible no hay realismo ni conformismo ni palabra razonable y pragmática que valga: porque no estaba sola y su sueño y su deseo fue común: porque no lo estamos: porque soñamos: porque deseamos.
Su lucha: contra la trituradora de la especulación inmobiliaria y la destrucción de la ciudad, sí, que implica y necesita desdoblarse en la guerra de la libertad contra la miseria económica y vital del trabajo asalariado que machaca y asesina y, por tanto, contra la dominación del Capital y del Estado que necesitan, diseñan y perpetran tales sevicias.
Incluyendo el circo electoral, los partidos mafiosos, el querido líder salvador del último momento, los sindicatos zombies que ahora gesticulan tras su larga y bochornosa hibernación poniéndose a la cabeza de la huelga general para mejor domesticarla desde su misma eclosión.
Títeres y polichinelas tras la pantalla opaca del espectáculo donde la Economía omnipotente mueve todos los hilos, y el Estado lacayo estira los músculos del crimen y del castigo.
Toda esa ralea que ya conspira para domesticar lo que podría haber sido una huelga general espontánea, autónoma, comunal, salvaje, ingobernable y utopista.
¿Que podría haber sido y no fue? ¿Será alguna vez? ¿Y si todavía es?
III
¿Qué es lo que podría haber sido y todavía será?
Las brechas: las grietas: los muros que caen: los horizontes de lo posible que se insinúan.
Así por ejemplo la muy espuria, tóxica y finalmente ridícula barrera intergeneracional que ideólogos y publicistas de la dominación han levantado entre viejos boomers y jóvenes resentidos, que se ha resquebrajado cuando una anciana como Maricarmen, y no solo ella, se encuentra con sus nietos putativos y apócrifos en la misma línea del frente de la vida cañoneada por la precariedad, el desahucio y la miseria, y la misma lucha que la empatía visceral reclama y la solidaridad alimenta.
Primer muro de Babilonia que implica también el del egoísmo narcisista que nos corroe como el primer y peor veneno: el segundo es la desconfianza y la incomunicación que nos aísla: el tercero el miedo que nos paraliza.
Pero cuando un muro se derriba los demás tiemblan.
Porque todo lo que está arriba sufre y clama y desespera y convulsiona como lo que está abajo y no digamos a los lados.
Y así la cuestión de la vivienda quimérica y la quimera del inquilino en vías de extinción, y los fondos buitres y los rentistas usureros, empieza a mezclarse con el escándalo atroz de los humillantes sueldos depauperados que no sirven ni a fin de mes, ni al final de una vida ni cuando esta se despeña en la enfermedad, la exclusión o la mala estrella del drama de amor.
Corazón de las tinieblas de la economía que palpita en todo: las condiciones tantas veces indignas de ese trabajo, el latiguillo moralizador del esfuerzo que señala la cola del paro, la trampa pornográfica de la autoexplotación. Y el sentido de tal profesión sobrevenida o vocacional: para qué, cómo afecta, a quién sirve y a quién perjudica. Y por qué el ocio cansa, y la distracción aburre. Y por qué la carne digital es triste, y la IA prefabrica todos los libros, imágenes y canciones. Y por qué la ciudad se pudre en un campo que se desvanece. Y la pantalla y lo sensible.
Y el cómo vivimos: y el cómo podríamos vivir la vida que todavía será.
IV
Es tal desmesura cosmogónica lo que podría ser esta huelga general.
Por medio sin duda de una lucha “que se dirija y se oriente desde las asambleas, que las asambleas se conviertan en los órganos de la lucha autónoma del proletariado y que no permitan que nadie decida por ellas el curso a seguir”, como explica el Grupo Barbaria y Balance y avante.3
Las asambleas, sí, las asambleas territoriales de deliberación, sueño, deseo, acción y decisión: ese “espacio unitario desde donde se piensa, se organiza y se actúa, todo al mismo tiempo”: las asambleas desmesuradas: la misma desmesura única e indivisible.
¿Se puede organizar y consolidar la desmesura sin reducirla ni manipularla? ¿Desde ese sindicalismo revolucionario de nuevo cuño del que al parecer se reclama el Sindicato de Inquilinas?
“Una huelga general”, leemos en un ensayo tan notable como inquietante propuesto por tres de sus miembros, “si alguna vez llega a adquirir verdadera dimensión de masas (…) no podrá ser únicamente ´la huelga del Sindicato´, tendrá que convertirse en una huelga de miles y después de decenas de miles de personas, muchas previamente organizadas y la mayoría, con suerte, sin haber pertenecido anteriormente a ninguna organización”.4
Siempre ha sido así.
Y en efecto “eso obliga a pensar formas organizativas más amplias: comités de huelga por barrios, asambleas abiertas, coordinaciones entre bloques, estructuras donde participen sindicatos, colectivos existentes y personas que llegan por primera vez. Ahí las organizaciones fuertes no deberían desaparecer, pero tampoco deberían pretender sustituir al movimiento. Su papel sería proporcionar columna vertebral a una fuerza social necesariamente más amplia que ellas mismas”.
Y también y cómo no “el regreso del liderazgo”.
¿Qué sindicatos, qué colectivos y organizaciones, qué líderes, cuál sería su fuerza y peso específico, y cómo se manifestará? ¿Rompiendo las vértebras de la autonomía, cortando la médula espinal de la asamblea?
Porque el “manual de organización” que utiliza el Sindicato de Inquilinas es eficaz en la lucha por la vivienda y contra la especulación y el desahucio, pero por su propia naturaleza, fuerza y dinámica tiende irremediablemente a especializarse en la resolución de asuntos muy concretos y sectoriales. Y la preocupación legítima y pertinente por dar respuesta a los dilemas de la estabilidad y reforzamiento de las luchas en el tiempo, la sedimentación de experiencias y subjetividades, la autonomía material, la reconstrucción (o reinvención) tal vez de una nueva clase o demos o comunidad a partir de las esquirlas huérfanas y escindidas que ha diseminado el neoliberalismo por el desierto social y psicológico, podría deslizarse fatal pero inevitablemente por los chiqueros de dirección única y circuito cerrado de la burocratización vertical y partidista incluso a su pesar.
En vez de proponer sensibilidades y formas de actuación, de vida y de pensamiento, que vayan más allá de los estrechos límites de la reivindicación sectorial, y se propongan alumbrar un nuevo mundo que deje atrás las miserias de este.
Porque el sindicalismo, por sí solo, no da para la revolución querida, si es que como suele ser habitual no está contra ella, y la entorpece y aturde con sus grandes victorias en los juegos del hambre asalariada como ya advirtieron hace más de medio siglo Benjamin Péret y Grandizo Munis, y si en el mejor de sus casos anarcosindicalistas no se dirige de forma consciente a un horizonte revolucionario que el deseo ya presiente y apunta en la misma explosión exasperada que caracteriza y hermana las revueltas en curso salvaje de París a Tirana, de Nueva Delhi a Lieja, de Roma a Santiago de Chile, de Lisboa a Milán, de Madrid a Buenos Aires, y las que vienen y vendrán.
Pero como siempre en la Historia todo queda abierto: el acontecimiento que desborda acontece sin duda con la ayuda de las organizaciones más válidas y entregadas que encuentra y reinventa en el fragor de la calle y el calor del conflicto: pero también y necesariamente fuera y a pesar de ellas.
¡Y contra ellas!
V
Es aquí donde lo posible vuelve a entremezclare con lo imposible. ¿Hasta obturarlo?
La resolución de tal enigma, que es sobre todo la grande apuesta del Gran Juego, es sin embargo y en cualquier caso la única que nos interesa y nos parece digna de ser explorada.
Por las tierras todavía ignotas de los comités de huelga y las asambleas que nacen y se reproducen por los barrios, los centros de trabajo, las acampadas, los centros sociales okupados, quizás los nodos territoriales, la Comuna ojalá.
Dejando todo el viejo mundo atrás y saliendo a los caminos que iluminan las estrellas provisionalmente fugaces de las revueltas que ya están formando la constelación revolucionaria.
Todo lo demás es política: muerte: muerte súbita: muerte lenta: muerte en vida.
Y nosaltres estamos del lado de la vida.
Que nos sorprenda la vida. La vida nos sorprenderá. Y nosaltres a ella.

Y si no es hoy será mañana, pasado mañana, el próximo martes, el tercer viernes de enero de 2027, el día más corto, el día más largo, el día gris que parecía anodino, el día en rojo de la fiesta del mañana, el aniversario de aquel día que soñaste tu sueño preferido, la noche que soñarás tu mejor sueño, la tarde que será tan grande.
Porque aunque el Tiempo de los Asesinos les pertenezca, el Tiempo del Oro está tan de nuestra parte como los fantasmas.
¡Y la llama ebria de la poesía abrasadora que está y se hace en la calle!
Este texto se ha ido cocinando a fuego lento y corazón acelerado desde que el nuevo (y por ahora penúltimo) maremoto de protesta, rabia, revuelta y deseo, emulsionado por el ejemplo de Maricarmen, rompió contra los rompeolas, barreras y quitamiedos del realismo capitalista, su realidad psicosocial miserabilista, su miserable imaginario hiperrealista.
Y así se sucedieron la llamarada de solidaridad generosa ante el enésimo desahucio, el renacimiento de una segunda Acampada de Sol análoga (y por tanto distinta y hasta antónima en ciertos aspectos claves) a la del 15M, la convocatoria de una huelga general que deseamos autónoma y radical, así como las eternas maniobras de noche confusionista y niebla recuperadora de partidos y sindicatos de mercado, estado y régimen, sin olvidar las otras revueltas europeas y mundiales que aquí y ahora riman con la nuestra en el vértigo de lo que sigue sucediendo y sucederá.
Es precisamente al ritmo convulso e incierto de tales acontecimientos que redactamos desde el 28 de septiembre al 22 de octubre de 2026 estas breves y urgentes notas, que fuimos publicando en las redes sociales de nuestras Ediciones de la Torre Magnética, medio de (dudosísima) comunicación donde los haya por su propia naturaleza, y muy poco eficaz a pesar de las apariencias publicitarias o precisamente por ello mismo. Sin embargo hemos decidido mantener y articular tales materiales en el presente texto, con las correcciones de ángulo más imprescindibles aquí o allá para matizar siquiera levemente esto o aquello, junto con otras reflexiones todavía inéditas escritas en el mismo periodo de tiempo, ya que al menos podrían tener la virtud de la primera impresión espontánea y apasionada que también reivindica y se reconoce en el lenguaje poético, esa inocencia terrible que asume la razón ardiente de la intuición visionaria aun imprudente y falible, y que por tanto no teme ni el error apresurado ni el juicio de valor injusto o excesivo, si a cambio salvaguarda y transmite la intensidad del momento, su deseo y su necesidad, su anhelo desesperado.
De la misma manera se ha decidido igualmente cerrar el texto a fecha del 22 de octubre, no porque sea un arbitrario punto de inflexión, una conclusión prematura, un absurdo hito conmemorativo, sino todo lo contrario: la iluminación de un momento incandescente que aparece en un proceso imprevisible sin solución de continuidad, un umbral liminal del rito de paso de la subversión que interrumpe el Tiempo del Oro asesino, y reinventa el Oro del Tiempo que resuelve la communitas temporalmente igualitaria y fraternal en Comuna permanente para que el mundo sea.
De lo que se deduce que no se pretende ni sentar cátedra ideológica, ni dar lecciones infalibles, ni imponer hegemonías culturales, ni sermonear catecismos moralistas, ni siquiera adivinar (y mucho menos prescribir) el futuro que engendra la contingencia utopista como abole la reacción realista.
Nos basta y sobra lanzar estas razones e intuiciones, estas hipótesis fragmentarias, estas preguntas que todavía no sabemos responder, estos fogonazos que desean perforar el oscuro eclipse del siglo, estos deseos irreductibles más allá de la esperanza y del cálculo de posibilidades, como otras tantas maldiciones y sortilegios contra el muro de la dominación y el presente clausurado.
¡Y que la vida verdaderamente nos sorprenda desmintiendo nuestras premoniciones más sombrías!
- “La acampada de Sol: un paseo entre fantasmas”, El Salto 2-10-2026, https://www.elsaltodiario.com/vivienda/acampada-sol-un-paseo-fantasmas ↩︎
- “El espóiler”, Público 6-10-2026, https://www.publico.es/opinion/columnas/espoiler.html ↩︎
- “A la mierda el parlamento y sus leyes. Por un verdadero movimiento autónomo del proletariado”, https://barbaria.net/2026/09/30/bya-barbaria-octavilla-a-la-mierda-el-parlamento-y-sus-leyes/ ↩︎
- “Más allá de la autonomía: hacia un nuevo ciclo del sindicalismo”, Assiatu Diallo, Elisa Molina y Pablo Pérez Ruiz, Zona de estrategia 13-10-2026, https://zonaestrategia.net/mas-alla-de-la-autonomia-hacia-un-nuevo-ciclo-del-sindicalismo/ ↩︎
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