A modo de introducción: variedad y riqueza de las utopías libertarias

Michel Antony

A pesar de las numerosas críticas anti utópicas formuladas por los anarquistas es importante considerar la utopía desde una perspectiva positiva: como un pensamiento o acción necesarios que ponen en cuestión a una sociedad condenable y perversa, y que se esfuerzan por ofrecer un mundo diferente, una alternativa real.

La utopía, sea más o menos libertaria, rechaza la coerción y prioriza la libertad de pensamiento y de vida como programa principal. El «significado fundamental de esta libertad es la autonomía»1 del individuo; y esta autonomía «conduce al autogobierno y a la democracia directa»2 (a la autonomía de las comunidades).

Esta forma de utopía rehúye la perfección y, por lo tanto, es pragmática e inacabada (por naturaleza y por elección): se trata, en efecto, de «un proyecto siempre parcial que se reproyecta constantemente»3. El humanismo resulta más coherente en este sentido, ya que la humanidad es aceptada tanto por sus vicios como por sus virtudes. La posibilidad de un futuro resulta siempre posible. Corresponde a los individuos y a las sociedades experimentar y emprender otras aventuras, incluidas aquellas que se enmarcan en la diversidad (véase la escuela italiana de Malatesta, Luigi Fabbri o Camillo Berneri, sin olvidar a la añorada Luce Fabbri). Los medios empleados deben estar lo más alineados posible con el fin previsto pues esa es la coherencia esencial de la ética libertaria. Esta descripción revela, por tanto, que la utopía libertaria (si no anarquista) es «a-histórica», como pretende demostrar la investigación de Francesco Codello4 en Italia. La utopía libertaria abre un camino, pero no cierra ninguna puerta.

Nos encontramos, pues, ante la antítesis absoluta de «la utopía tradicional» o «clásica». Esta última describe casi siempre un mundo o un proyecto social que enfatiza la organización estatal, caracterizado por un «dirigismo riguroso y un totalitarismo imperial»5, así como por un «control social y mental implacable»6. Una «regulación frenética» de la vida pública y privada y una homogeneización omnipresente suelen ir acompañadas de una planificación urbana obsesiva y restrictiva. «La libertad que se proclama en principio carece, de hecho, de sentido». La supuesta perfección reivindicada sirve para paralizar la evolución, ya que, si todo es perfecto, ¿para qué cambiar? Por consiguiente, todo se hace para «desactivar un individualismo anárquico y temible» y eliminar «todo lo que pueda ser perturbador»7: los sueños, el amor, el azar, la imaginación, la vida privada y, por ende, la utopía misma.

Esta es la enorme paradoja del acto o la escritura utópica: un esfuerzo libre, liberador y libertario que expresa un voluntarismo vital, y que su resultado, sea a menudo pre-totalitario («un modelo del sueño totalitario», como lo expresa Pessin). Fue Fiódor Dostoievski, citado por Gilles Lapouge, quien, tras abandonar su fourierismo juvenil, sería el primero en comprender esto, o al menos el que lo hizo con mayor lucidez, al retratar en Besy, Los Posesos o Los demonios (1871-1872), al utópico extremista y nihilista Chigalev, quien, sin embargo, era bastante honesto, ya que afirmaba: «Debo declarar que mi sistema aún no está completamente desarrollado, que mi conclusión contradice directamente la idea que me sirvió de punto de partida. Partiendo de una libertad ilimitada, he llegado a un despotismo ilimitado»8.

Aunque es un tema poco estudiado y rara vez destacado, es importante recordar que los libertarios han explorado prácticamente todos los aspectos de la utopía:

—Han desarrollado proyectos o propuestas para trazar posibles caminos hacia un mundo mejor: todos los grandes teóricos, desde el británico William Godwin hasta el estadounidense Murray Bookchin, incluyendo, por supuesto, al ruso Piotr Kropotkin y al francés Élisée Reclus, se han aventurado, aquí y allá, a ofrecer consejos o ideas utópicas.

—Han escrito poemas, novelas, cuentos, obras de teatro y a veces han realizado películas o videos que evocan una experiencia o temática utópica.

—Participaron en vastos movimientos de cambio: sindicalismo, revueltas, insurrecciones, revoluciones (la mítica España de 1936, el «breve verano de la anarquía»9, pero no solo eso) en un intento por vivir en una sociedad diferente.

—Crearon o se unieron a comunidades de todo tipo: sindicatos, cooperativas, colonias y comunas, kibutz y okupas, centros sociales y ateneos, empresas autogestionadas o «caracoles» neozapatistas, para poner en práctica algunas de sus ideas, experimentar la utopía de inmediato en la vida cotidiana y vivir de una manera coherente con el fin que anhelaban.

Si, como hace Caroline Granier, tomamos solo el ejemplo de la literatura, podríamos distinguir tres categorías principales:

—Escritos libertarios, no necesariamente anarquistas, pero que priorizan la libertad.

—Narrativas distópicas (anti-utopías) que, al denunciar la utopía clásica e inmutable, esbozan claramente su opuesto.

—Los escritos anarquistas o escritos de anarquistas, que, por lo tanto, buscan acercarse y se encuentran más próximos a «la Idea» (al pensamiento anarquista).

Las utopías libertarias son mucho más numerosas de lo que se suele creer. Han existido desde tiempos inmemoriales, si centramos nuestro estudio en la palabra «libertad», en lugar del término mucho más preciso y reduccionista de «anarquismo». De hecho, existe una corriente «oscura» (libertaria) que recorre las obras utópicas desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Sin embargo, estas utopías libertarias son muy diversas, de distinta importancia y con estilos muy variados. Comparar la «Petite Bétique» de Fénelon10 (de pocas páginas) con la totalidad de la novela de William Morris11 resulta prácticamente imposible. Por lo tanto, es necesario distinguir entre los vestigios de libertarismo en un texto y una obra casi completamente imbuida de espíritu libertario.

Si tuviéramos que elaborar, en una lista preliminar, las principales obras anarquistas o libertarias a considerar, serían éstas quizá las de: Aristófanes12, Rabelais13, Fourier14, Morris, Wilde15, Verne16, Wells17, Zola18, Breton19, Ginsberg20, Le Guin21, Callenbach22 Vaneigem23, y Robinson24. Obviamente, esto no significa que todos fueran anarquistas o libertarios declarados (excepto Ursula Le Guin durante un tiempo), ya que su obra es muy diversa y sus posturas variaron con el tiempo.

Un conjunto particular de obras puede considerarse legítimamente perteneciente al movimiento libertario: la distopía. El género utópico de las distopías es bien conocido, pero a menudo se limita al grupo de Zamyatin, Huxley y Orwell, ya que la mayoría de las distopías están vinculadas al terrible contexto del siglo XX: guerras mundiales y la «brutalización» extrema de las sociedades afectadas, crisis económicas, desastres nucleares y bacteriológicos, catástrofes ecológicas o climáticas, Estados autoritarios y totalitarios, eugenesia y genocidio. Sin embargo, este género es sin duda mucho más amplio y variado, y cuenta con numerosos precedentes.

Muchas características de las distopías, que buscan denunciar y contrarrestar (a través de refractarios y otros disidentes) los aspectos nocivos de la utopía (la utopía en el sentido clásico, es decir, conformista y antiindividualista), en particular, sus aspectos autoritarios y totalitarios, permiten clasificar este género entre los escritos libertarios.

Basta con mencionar a Aldous Huxley (1894-1963). Entre 1931 y 1932 publicó Un mundo feliz, sin duda una de las obras antiutópicas más famosas sobre los excesos de la ciencia. Al estilo de Swift, parodia las utopías, y quizás especialmente Hombres como dioses (1923) de Wells. Su denuncia de los efectos nocivos de la biología y la psicología debe mucho a la investigación de su hermano Julian, renombrado genetista. Probablemente también se inspiró sin duda en el concepto de «ectogénesis», introducido por el genetista John Burton S. Haldane en 1928, un concepto que predice el desarrollo del embrión humano fuera del cuerpo femenino y que anticipa la obra de Henri Atlan, más científica que utópica, El útero artificial (2005)25. Pero la postura política de la obra resulta sorprendente. La postura libertaria de Huxley era, de hecho, muy firme durante esos años y se refleja en toda su obra. Como relata el historiador anarquista sudamericano Cappelletti, Huxley escribió en la revista Left Review en 1937 que: «mis simpatías están naturalmente con el gobierno [español durante la Guerra Civil], pero aún más con los anarquistas, porque estoy convencido de que el anarquismo está mejor posicionado para lograr el cambio social deseado que el comunismo dictatorial y centralizado»26. En un prefacio de 1946 para una reedición de su Un mundo feliz, incluso lamenta no haber propuesto una alternativa «descentralista» y libertaria, «de política cooperativa y kropotkinesca (sic)»27.

Las obras más políticamente comprometidas y anarquistas son igualmente numerosas y prestigiosas, pero rara vez se agrupan. Como escribió Ugo Fedeli en 1958, hay que empezar con Thomas Holcroft, y especialmente con William Godwin, puesto que este último es el «verdadero precursor de las ideas libertarias»28, «el primer teórico del anarquismo digno de tal nombre (…) cuya negación de la ley y del Estado se ajusta a todas las variantes del anarquismo»29. El verdadero auge de la utopía libertaria, si prescindimos de Godwin y omitimos a Fourier, fue asegurado por la generación de 1848 (Proudhon, Déjacques, Cœurderoy, etc.) y solo se generalizó tras el nacimiento «histórico» del movimiento en las décadas de 1870 y 1880 (la Comuna de París suele servir como punto de referencia inicial casi indispensable). Sin embargo, y como era de esperar dado su impacto y alcance, fue dentro del movimiento libertario ibérico (décadas de 1910 a 1930) donde la utopía libertaria, o más bien anarquista, pareció alcanzar su apogeo. Una última oleada, muy rica y diversa, acompañó la década de 1960 y la prolongó (véase la reciente utopía «anarquista» de Raoul Vaneigem). Aún es demasiado pronto para afirmar que la muerte del socialismo de Estado con el colapso del sistema soviético haya dado un nuevo vigor a su antiguo adversario, aunque encuentre una justificación muy sólida en retrospectiva para sus diversas y arraigadas posiciones antiautoritarias. La revancha de Bakunin contra Marx llega, sin duda, demasiado tarde para ser validada.

Pierre Versins confirmó en 1972 que «no hay utopías más utópicas que las que se autodenominan anarquistas»30. Sin embargo, según él, «no están muy extendidas». Para Caroline Granier, «las utopías anarquistas (en el ámbito literario francés que estudia entre 1871 y 1914) en sentido estricto son bastante raras»31. Laurent Portes32 contabiliza siete utopías libertarias para la Francia del siglo XIX. Su valoración favorable, no obstante, se basa en un análisis muy incompleto, aun cuando cita los elementos esenciales para el contexto francés de ese periodo. La antología editada por Gómez Tovar33 para la Fundación Salvador Segui presenta diez para España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, lo cual dista mucho de ser exhaustivo. Cuando complementamos su trabajo con el de Xavier Paniagua sobre la Sociedad libertaria, publicado en Barcelona en 1982, nos damos cuenta fácilmente de que el número de textos con connotaciones utópicas es mucho mayor, ya que en la década de 1930, que corresponde al apogeo del anarquismo ibérico, casi todos los escritos teóricos se aventuran a hablar de la sociedad futura, de la sociedad del porvenir, la mayoría de las veces comunista-libertaria, a pesar de (o debido a) los muchos significados que se le atribuyen.

Así, Francisco Madrid Santos afirma (al menos para la Península Ibérica) que «los anarquistas hicieron un amplio uso de este género literario (la utopía) para expresar sus ideas sobre la reconstrucción social»34. Mis investigaciones lo confirman: las utopías anarquistas conforman un corpus de obras mucho más sustancial de lo que se creía. He analizado decenas de obras, en su gran mayoría hispanas, pero también están bien representadas las esferas, francófona, británica (Colin Ward, Herbert Read) e italiana (Rossi), por mencionar solo algunas. Esto contradice en gran medida las visiones tradicionales que marginan sistemáticamente la utopía de la libertad, destacando las utopías de la restricción y presentando el género como nocivo. Caroline Granier reconoce implícitamente esta importancia, ya que afirma que «es lógico que la reflexión sobre el futuro, o más bien sobre los futuros posibles, ocupe un lugar destacado en la literatura anarquista», aunque matiza acertadamente al recordar que esta utopía, al negarse a ser fija, «es visión y no sistema, meta de la acción y no quimera del pensamiento, sueño en movimiento en lugar de representación fija».

Estas utopías libertarias o puramente anarquistas demuestran «fortaleza y originalidad», y, en comparación con la mayoría de las demás utopías que exhiben una «obsesión» por el orden y la regulación, son bastante abiertas, deliberadamente imprecisas y a menudo pluralistas (véanse, en particular, sobre este último punto, los autores que se consideran afines al alemán Gustav Landauer, al italiano Luigi Fabbri o al estadounidense Paul Goodman), por su preocupación por la libertad individual y el florecimiento humano, considerados como primordiales.

Estas obras marcarían el «retorno de los poetas» en el sentido de Alain Pessin35 o Benjamin Péret36; el poeta encarnaría entonces el rechazo al sistema, al confinamiento, prefiriendo la «ensoñación del vagabundo», la imaginación libre, y posicionándose «como un desertor del Estado» (Pessin). Para ellos, la libertad prevalece sobre la igualdad y la equidad, sin por ello eliminar jamás estas últimas.

Todos estos escritos son obras de propaganda, al igual que los periódicos, panfletos, canciones, volantes u otras obras literarias que pueden calificarse de políticas, libertarias u «obreristas», según el análisis de José Llunas I Pujals37 sobre el libro de Anselmo Lorenzo Justo Vives, de 1887. Para él, un escrito «obrerista»(no en el sentido peyorativo del término, al contrario) es una obra que describe de manera crítica y sensible la condición de la clase trabajadora y que se posiciona a favor de su rehabilitación y autoemancipación.

La gran mayoría de estas obras libertarias, anarquistas o de tendencia anarquista priorizan la libertad y la autonomía individuales, pero el individualismo stirneriano solo se propone en un número muy reducido de ellas.

La mayor parte, por el contrario, propone asociaciones libres y federadas, sin jerarquías, que practiquen la ayuda mutua, un concepto que Kropotkin, entre otros, procuró desarrollar. Crear un mundo autogobernado, sin jerarquías, que respete tanto al colectivo como al individuo, es el desafío declarado de las propuestas anarquistas.

La educación integral es una de las claves de muchas utopías. Las «utopedagogías», como las denomino, conforman una densa constelación de utopías libertarias, a las que tuve que dedicar todo un capítulo entero (véase el sitio web sobre Utopías Libertarias que administro, y al que se hace referencia al final de esta introducción).

Las demás temáticas se centran en el rechazo a toda forma de discriminación entre individu(a)s, así como al rechazo del nacionalismo, el racismo y el sexismo. La igualdad entre hombres y mujeres y la emancipación de la mujer aparecen con mucha frecuencia.

Las preocupaciones ecológicas cobran cada vez más relevancia y Élisée Reclus fue uno de los pioneros en desbrozar ese camino.

Pero no todo es perfecto: muchas utopías anarquistas están marcadas por su época, tanto por su estilo a veces difícil de leer (por ejemplo, me cuesta mucho comprender la acumulación de ideas de Proudhon o el énfasis de Louise Michel), como por sus clichés (o peor aún, rastros de antisemitismo y antifeminismo ¡Proudhon!) que incluso a los anarquistas a veces les resulta difícil rechazar. A pesar de Fourier, Paul Robin, Élisée Reclus o el belga Georges Eekhoud, muchos anarquistas tienen dificultades para reconocer la plena libertad de las mujeres y el pluralismo sexual libre de todo tabú, asuntos que distan mucho de ser unánimemente aceptados.

Si intentamos llegar a una conclusión preliminar sobre las utopías literarias o programáticas que pueden integrarse en un marco anarquista, podemos destacar los siguientes puntos:

1. La utopía anarquista es abundante y diversificada, el pluralismo es la norma, no la excepción, desempeña un papel original y fructífero a pesar del espacio limitado que recibe tanto en las antologías de utopías como entre los propios escritores anarquistas. En ello reside una extraordinaria paradoja entre el pensamiento libertario, a menudo reivindicado hoy por muchos intelectuales e investigadores que se han alejado de dogmas y tendencias, y su escaso interés por textos que resultan inquietantes o simplemente difíciles de categorizar.

2. Esta utopía rara vez es dogmática o ejemplar en el sentido negativo del término. Su objetivo es ser simplemente una «ilustración libertaria» (Caroline Granier) y, por lo tanto, es inherentemente abierta, experimental y en constante evolución.

3. Es cierto que muchos escritos ya no son accesibles, no están traducidos ni distribuidos (pienso particularmente en Francia en los escritos de Jean Grave o en la Enciclopedia Anarquista), y que quienes no tienen conocimientos de español se encuentran en clara desventaja en este análisis.

4. Esta utopía anarquista ha evolucionado, por supuesto, alejándose de los modelos más refinados (El Humanisferio de Déjacque) para llegar a un utopismo libertario vago, lo más abierto posible y, por lo tanto, lo menos descriptivo posible.

5. Sin embargo, hay que reconocer que incluso entre los autores anarquistas más clásicos, el deseo de apertura, el sentido del pragmatismo, de la historia, del contrato abierto y revocable, siempre han estado presentes y se han afirmado. Este es uno de los puntos esenciales que nos permite distinguir la utopía anarquista de todas las demás, excepto, claro está, de aquellas que se definen como antiautoritarias.

6. En la utopía anarquista, Kropotkin tiene un lugar privilegiado, tanto como principal teórico como por sus gigantescos descendientes o próximos: desde el Támesis de Morris, desde los kibutzim influenciados por Martin Buber, hasta las ciudades jardín del escocés y amigo de los Reclus, Patrick Geddes, y del inglés Ebenezer Howard, pasando por el comunismo libertario ibérico de Isaac Puente, hasta los Anarres de Le Guin, donde encontramos constantemente su huella.

7. Entre la utopía anarquista soñada y la utopía anarquista practicada, las conexiones son considerables. Desde los experimentos de Giovanni Rossi38 en la Toscana o en Brasil, hasta los experimentos comunales europeos, pasando por los kibutzim israelíes y los colectivos españoles, abundan las referencias. Los anarquistas son aficionados a los panfletos, y a menudo escriben numerosos textos sobre sus sueños o experiencias. La utopía a veces precede a la materialización (el comunismo libertario antes de los colectivos de 1936), y a veces extrae su esencia misma de ella (Le Guin y sus fuentes de inspiración). Pero el sueño y la propuesta siempre conservan la esperanza de una eventual realización. La utopía anarquista ha sido, en efecto, «motor de la historia», parafraseando la fórmula de los Encuentros de Blois del año 200039.

Adenda

Desde la década de 1990, inicialmente en la página web de profesores de historia de la Academia de Besançon (cuna de Fourier, Proudhon y Charles Piaget), y posteriormente de forma independiente, he puesto a disposición de personas interesadas, investigadores y activistas mis diversos trabajos (que incluyen bibliografías, artículos y cronologías, con un total de miles de páginas) sobre utopías libertarias y anarquistas. Llevo más de 40 años trabajando en estos proyectos y los sigo ampliando con la inestimable ayuda de escritores, investigadores, activistas y personas simplemente curiosas. Cuento con la colaboración de todos los lectores para corregir errores y completar la información. Gracias.

Los datos son de libre uso. Si los utiliza, aunque sea parcialmente, simplemente cítelos. La página web se encuentra actualmente en https://acratie.eu/

Mi correo electrónico es michel.antony@wanadoo.fr.

Saludos libertarios, Michel Antony, 19 de mayo de 2026.

Traducción del francés: Simón Royo Hernández

  1. COLOMBO Arrigo L’utopia. Rifondazione di un’idea e di una storia, Bari, Dedalo, 452 p., 1997, p. 314. ↩︎
  2. COLOMBO Arrigo Op. cit., p. 323. ↩︎
  3. COLOMBO Arrigo Op. cit., p. 396. ↩︎
  4. CODELLO Francesco Un anarchismo a-storico, Libertaria, a.5, n° 3, Roma, jul-sept. 2003 y CODELLO Francesco La buona educazione, Milano, Franco Angeli, 2005. ↩︎
  5. TROUSSON Raymond Église et religion en utopie, D’utopie et d’utopistes, París, L’Harmattan, 1998. ↩︎
  6. PESSIN Alain L’imaginaire utopique aujourd’hui, París, PUF, 2001, p. 109-110. ↩︎
  7. PESSIN Alain L’imaginaire utopique aujourd’hui, París, PUF, 2001, p. 117. ↩︎
  8. LAPOUGE Gilles Utopie et civilisations, París, Albin MICHEL, 1990, p. 255. ↩︎
  9. ENZENSBERGER Hans Magnus Le bref été de l’anarchie, la vie et la mort de Buenventura DURRUTI, París, Gallimard, 328 p., 1975. ↩︎
  10. FÉNÉLON Aventures de Télémaque fils d’Ulysse, suite du IVème Livre de l’Odyssée, 1699. ↩︎
  11. MORRIS William News from nowhere or An epoch of rest, 1889-1890. ↩︎
  12. Véase ARISTOPHANE L’Assemblée des femmes, 392. ↩︎
  13. Véase RABELAIS, Gargantúa (1532), con su famoso «Fay ce que vouldras» («Haz lo que quieras»), y la abadía de Thélème como primera comunidad libertaria. ↩︎
  14. Véase FOURIER Charles Le nouveau monde amoureux, redescubierta y publicada en 1967, es decir, un siglo y medio después de su creación. ↩︎
  15. Véase WILDE Oscar The soul of the man under socialism (L’âme de l’homme sous le socialisme) escrito hacía 1890. ↩︎
  16. Véase VERNE Jules Les naufragés du Jonathan, póstumo en 1909. ↩︎
  17. Véase WELLS H.G. A modern utopia (Une utopie moderne), 1905. ↩︎
  18. Véase el neo-fourierista ZOLA Émile Travail, 1901. ↩︎
  19. Véase BRETON André Ode à Charles FOURIER, 1947 o Arcane 17, 1944. ↩︎
  20. Véase GINSBERG Allen Howl – Hurlements, 1955. ↩︎
  21. Véase LEGUIN Ursula The dispossessed: An Ambiguous Utopia (Les Dépossédés: une utopie ambiguë), 1974. ↩︎
  22. Véase CALLENBACH Ernest Ecotopia ,1975. ↩︎
  23. Véase VANEIGEM Raoul Voyage à Oarystis, 2005. ↩︎
  24. Véase la trilogía marciana de Kim Stanley ROBINSON, 1993-1996. ↩︎
  25. IACUB Marcela L’utopie de l’utérus artificiel, Les utopies aujourd’hui, Nouvel Observateur HS, n° 59, jul-ago 2005. ↩︎
  26. CAPPELLETTI Ángel Utopías y antiutopías despues de MARX, Montevideo, Recortes, 203 p., 1997, p. 115. ↩︎
  27. HUXLEY Aldous Le meilleur des mondes, París, Pocket Junior, 1994, p. 9 & 10. ↩︎
  28. FEDELI Ugo Viaggio alle «isole Utopia», Ivrea, Centro Culturale Olivetti, 200 p., 1958. ↩︎
  29. ARMAND E. Les précurseurs de l’anarchisme, Orléans, L’En-dehors, 1933, p. 15. ↩︎
  30. VERSINS Pierre Encyclopédie de l’utopie et de la science fiction, Lausanne, L’Âge d’Homme, 1037 p., 1972, p. 42. ↩︎
  31. GRANIER Caroline «Nous sommes tous des briseurs de formule» : les écrivains anarchistes en France à la fin du XIXè siècle, Vincennes-St-Denis, Thèse en Lettres Modernes à Paris VIII, 1400 p., diciembre 2003, p. 811. ↩︎
  32. PORTES Laurent Littérature française et utopie au XIX° siècle, Utopie, BNF, 2000. ↩︎
  33. GOMEZ TOVAR Luis y PANIAGUA Javier II. Utopías libertarias españolas. Siglos XIX-XX, 1991. ↩︎
  34. MADRID SANTOS Francisco Literatura anarquista, http://www.ua.es/cgt/rosa/ponen/litanar.pdf, 23 p. A4, consultada el 08/05/2007. ↩︎
  35. PESSIN Alain L’imaginaire utopique aujourd’hui, París, PUF, 228 p., 2001. ↩︎
  36. PÉRET Benjamin Le déshonneur des poètes, 1945. ↩︎
  37. LLUNAS I PUJALS José Literatura obrerista, Barcelona, 01/05/1893 (texto reeditado en 1991 en II. Utopias libertarias españolas, de GOMEZ TOVAR Luis y PANIAGUA Javier). ↩︎
  38. Véase sobre todo ROSSI Giovanni Cecilia, comunità anarchica sperimentale y Un episodio d’amore nella colonia «Cecilia» en 1893. ↩︎
  39. N.T. El autor se refiere a los Encuentros de Blois del año 2000, los Encuentros de Blois (Les Rendez-vous de l’histoire) del año 2000 celebraron su tercera edición dedicándose al tema central de Las utopías. Los Encuentros de Blois son el festival cultural e histórico más importante de Francia y atraen a decenas de miles de asistentes. Su 29ª edición se celebrará del 7 al 11 de octubre de 2026, y el tema central de este año será «Les marchands» (Los mercaderes). ↩︎

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