Julián Vadillo Muñoz
Artículo publicado en Redes Libertarias núm. 5 (primavera 2026)
Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), es Profesor de educación secundaria y profesor de historia contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid. Especializado en historia del movimiento obrero, ha centrado su campo de estudio en la historia del anarquismo, siendo uno de sus libros Historia de la FAI. El anarquismo organizado (Los Libros de la Catarata, Madrid, 2021)
El comodín de los lugares comunes
Una de las cuestiones más esgrimidas al analizar la historia de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) es desfigurarla, de forma consciente o inconsciente, de su verdadero rol dentro de la historia del movimiento libertario. Es muy común encontrar referencias de una FAI mitificada, compuesta casi por hombres de hierro o la ejemplificación de una organización que impone su visión particular y de fuerza sobre la organización sindical CNT. Una «dictadura de la FAI» que, no solo casaba mal con la propia estructura del movimiento libertario, sino que chocaba con los orígenes del propio organismo anarquista.
En realidad, si se analizan de forma pormenorizada las fuentes primarias de la organización específica del anarquismo podremos comprobar su heterogeneidad compositiva, así como su verdadero hacer en el interior del movimiento libertario. Desmitificar a la FAI y sacarla de sus lugares comunes es una tarea aún por ejecutar.
Un movimiento de dualidad militante
Aunque el nacimiento de la FAI se produjo en julio de 1927, el modelo por ella representada de organizar de forma efectiva a los grupos específicos diseminados por el territorio peninsular, así como mantener una doble vía de militancia en algunos integrantes entre el campo sindical y el político-social, no fue producto de la década de los veinte del siglo XX, sino de los orígenes del anarquismo organizado en España.
Una casualidad quiso que cuando Giusseppe Fanelli llegó a España en diciembre de 1868 lo hiciera con dos estatutos bajo el brazo. Uno, el de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), que venía a estructurar al movimiento obrero societario en España. Y otro, el de la Alianza de la Democracia Socialista, grupo fundado por Bakunin como grupo cohesionador de las sociedades obreras cercanas al incipiente anarquismo. Aun así, la estructura de ambas entidades era diferente. Una se guiaba por el concepto de clase y el mundo del trabajo y la otra era de mayor contenido ideológico.
Aunque en el ínterin en el que Fanelli está en España, Bakunin disolvió formalmente la Alianza por los problemas que se iban a presentar en el interior de la AIT, en España aquella doble militancia marcó el devenir del movimiento obrero español.
Los trabajadores españoles se organizaron en sociedades obreras, fundando en 1870, tras el Congreso Obrero de Barcelona, la Federación Regional Española (FRE) de la AIT.1 Pero, al mismo tiempo, surgió también un organismo paralelo a las sociedades obreras cuya organización no partía del concepto de clase o de oficio sino de la afinidad ideológica, que denominaron Alianza de la Democracia Socialista. Este grupo tuvo una doble finalidad. Por una parte, mantener lazos de sociabilidad y unión en los momentos críticos del movimiento obrero, para mantener un núcleo de estructuras que permitiese una reorganización rápida en una vuelta a la legalidad. Por otra, el desarrollo, a partir de la propaganda, de las ideas anarquistas. Sin embargo, lo que se denominó Alianza en España respondió a muchos criterios, pues algunos pertenecían al ella, otros a la antigua alianza de Bakunin y otros eran, simplemente, contactos del pensador ruso en España.2
Aunque esta doble militancia fue la razón de la división de la Internacional en España, continuadora de la división de la AIT a nivel mundial, el modelo organizativo vino para quedarse, y la combinación de estructuras obreras y grupos específicos fue la norma en la historia del movimiento libertario.
La Alianza mantuvo siempre un grupo específico activo que permitió ser efectivo cuando en 1881 se impulsó la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) o cuando en 1888 se impulsó la creación del Pacto de Unión y Solidaridad como organismo obrero y la Organización Anarquista de la Región Española (OARE) como organización de grupos específicos.3 En momentos más críticos, la afinidad fue más importante que el oficio.4
La búsqueda del camino
La crisis finisecular del anarquismo, provocada por la represión y por la estrategia violenta de un núcleo reducido del mismo, provocó una dispersión de fuerzas. Sin embargo, con el inicio de siglo y al calor de la crisis económica de 1898, comenzaron a reorganizarse en sociedades obreras que condujeron a la convocatoria de huelgas solidarias en el periodo 1900-1901. Se ponía las bases de lo que sería en 1907 la organización Solidaridad Obrera y, en 1910, la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).
Fue en un entorno hostil como la dictadura de Primo de Rivera cuando se dieron los condicionantes para la fundación de un organismo de coordinación de los grupos anarquistas
En ese tiempo, la especificidad del anarquismo siguió actuando a través de grupos específicos de carácter local, que proliferaron por muchos lugares, y alrededor de órganos de prensa, vehículo preferencial del anarquismo organizado. Andalucía, Galicia, Madrid, Cataluña, etc., fueron los centros neurálgicos de una propaganda anarquista a través de grupos y periódicos. Lo que no concretaban los libertarios en ese momento era un organismo coordinador de sus actividades y de contacto. Incluso desde el exterior, y esto sería determinante en el nacimiento de la FAI, se animaba y estructuraba esos grupos específicos anarquistas, con puntos de importancia en Francia, América Latina o EEUU.5
La celebración del Congreso Anarquista por la paz en Ferrol en 1915 o los debates surgidos al calor de la Revolución rusa de 1917, anidaron la posibilidad de coordinación de grupos anarquistas en España. Y razones no faltaban, dado que algunos como Los Iguales en Madrid, impulsados por Mauro Bajatierra, marcaban dinámicas de organización, estructuración y debate.
En medio de las luchas sociales en Barcelona y el desarrollo del pistolerismo patronal, con el cadáver de Salvador Seguí aún caliente, se celebró en marzo de 1923 un Congreso Nacional Anarquista impulsado por el grupo Vía Libre de Zaragoza. De aquel congreso salió la Federación Nacional de Grupos Anarquistas6, que es el antecedente más inmediato de la FAI.
La fundación de la FAI
Fue en un entorno hostil como la dictadura de Primo de Rivera cuando se dieron los condicionantes para la fundación de un organismo de coordinación de los grupos anarquistas dispersados por la geografía ibérica e, incluso, fuera de la misma.
La dictadura había condenado al anarquismo a la clandestinidad y el exilio. Las consecuencias del pistolerismo patronal cayeron sobre una CNT que había perdido una parte importante de sus militantes más valiosos bajo las balas de los pistoleros (Evelio Boal o Salvador Seguí, entre otros).
Aunque muchos anarquistas llegaron a Francia, norte de África o cruzaron el Atlántico para establecerse en el continente americano, otros continuaron su labor en el interior del país, aprovechando las brechas del propio sistema dictatorial o estableciendo una lucha clandestina.
A esto se unía la mentalidad de crear un organismo que no solo abarcase el espacio español sino también el portugués. El desarrollo del anarquismo en el país vecino hundía sus raíces en los grupos que se formaron al calor de la AIT en la década de 1870. Personajes de frontera como Antero do Quental o militantes libertarios como Joao Bonança, Antonio Joaquim Morais o Eduardo Maia, fueron conformando un importante movimiento anarquista portugués. La llegada de la Primera República a Portugal en 1910 abrió un proceso de libertades democráticas que fue aprovechado por los anarquistas para constituir en 1914 la Unión Obrera Nacional, al estilo de la CNT española, que en 1919 pasó a denominarse Confederación General de Trabajadores (CGT) con su órgano de expresión A Batalha.
Mientras el campo sindical se conformaba, también lo hacía el específico anarquista, partiendo que la dualidad organizativa fue llevada al país vecino por los anarquistas españoles. En los inicios de la República portuguesa fueron surgiendo la Federación Anarquista de la Región del Norte, la Federación Anarquista de la Región del Sur, la Unión Anarquista Algarveña o la Alianza Anarquista de Coimbra. Todos estos grupos desembocaron en 1923 con la constitución de la Unión Anarquista Portuguesa (UAP).7
Las estructuras españoles y portuguesas estuvieron siempre en permanente contacto, buscando uniones dentro de la concepción iberista que existía dentro del anarquismo. La idea que anidaba en la mente de los libertarios portugueses y españoles era la conformación de una entidad federativa que uniese los grupos de ambos países.
Los días 25 y 26 de julio de 1927, en Valencia y de forma clandestina, una serie de grupos anarquistas portugueses y españoles, con la participación de integrantes de las sindicales, fundaron la Federación Anarquista Ibérica
El 1 de julio de 1926, en la ciudad de Marsella, ya se acordó la constitución de la FAI, pendiente de ratificarse en un congreso que se celebraría en territorio peninsular. Pero por aquel entonces la historia de España y Portugal no sonreía a los grupos anarquistas. Desde 1923, en España gobernaba de forma dictatorial, con el apoyo del rey Alfonso XIII, el general Miguel Primo de Rivera. Ese mismo año de 1926, en Portugal, el general Carmona dio un golpe de Estado contra la República e instauró un régimen de carácter militar, que sería la base sobre la que se constituyó en 1932 el Estado Novo con Salazar a la cabeza. La celebración de un congreso en Portugal para certificar el nacimiento de la FAI se vio frenada por ello.
Habría que esperar un año, los días 25 y 26 de julio de 1927, en Valencia y de forma clandestina, para que una serie de grupos anarquistas portugueses y españoles, con la participación de integrantes de las sindicales, fundaran la Federación Anarquista Ibérica. La base fue la fusión de la Unión Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española, estableciéndose un Comité Peninsular que rotaría entre España, Portugal y Francia.8 Estableciendo como organización hermana a la CNT, la FAI pretendía coordinarse con esta para la extensión de la propaganda anarquista a través de sus grupos de afinidad. Igualmente, se alejaban de hipotéticos contactos con grupos políticos en la oposición a la dictadura, dejando esa labor a la CNT, única organización con la que ellos iban a pactar.
Desde el inicio, se estableció una trabazón entre ambos organismos, cada uno con su independencia, pero donde podían compartir objetivos inmediatos comunes. Por ejemplo, en la constitución de Comité Pro-Presos. Igualmente, la FAI iba a impulsar periódicos, revistas doctrinales y editoriales para extender y difundir la propaganda anarquista. El ejemplo de Malatesta se veía reflejado en el nacimiento de la FAI.
Lejos de una imagen monocorde, la FAI fue desde su inicio un organismo diverso y heterogéneo, dependiendo del lugar de desarrollo, de las ideas de sus grupos de afinidad y de su modelo de extensión de propaganda. En la fundación de la FAI intervinieron militantes anarquistas de diversas tendencias: Progreso Fernández, Pedro Falomir, Mauro Bajatierra, Melchor Rodríguez, José Alberola, Eleuterio Quintanilla, Manuel Buenacasa, etc.
La oposición a la dictadura de Primo de Rivera y el tipo de relación que se iba a establecer con la CNT, fueron los debates más dinámicos de una FAI que iba a conocer su momento más álgido durante la Segunda República.
La FAI en el periodo republicano
Si hubo una época donde se forjaron los mitos intencionados de la FAI, esa fue la Segunda República. El objetivo que se había marcado la FAI en su conferencia fundacional de 1927 era el del desarrollo de las ideas anarquistas a través de la conformación de grupos específicos de desarrollo de propaganda. Esos grupos, y la propia FAI en su conjunto, determinarían cuáles iban a ser sus relaciones con la CNT, organización a la que la mayoría de los faístas estaban afiliados y con la única con la que se planteaban relaciones organizativas. Pero, y siempre quedaba claro, manteniendo una independencia de ambas organizaciones que actuaban en espacios distintos.
A pesar de que los militantes de la FAI eran sindicalistas y actuaban como tal en los órganos de representación, las luchas que se dieron en la organización sindical salpicaron a la específica que, sin quererlo, se vio envuelta en una tensión entre grupos de presión. La imagen del faísta como militante que pretendía poner a su servicio las estructuras de la CNT proliferó en algunos órganos de prensa y círculos sindicales que nunca aceptaron la existencia de una federación de grupos. Pero, en realidad, las personas señaladas como faístas en su mayoría no eran de la FAI, aunque se les adjudicase esa etiqueta. Cierto que García Oliver, Durruti o Ascaso pertenecían a grupos anarquistas, pero no todos los grupos anarquistas estaban en la FAI. Incluso la visión que personajes como García Oliver tenían de la FAI en 1931 era especialmente peyorativa.
Esta cuestión se produjo también por los debates que se dieron en la CNT entre los «treintistas» y aquellos que se oponían a su estrategia sindical. Como se puso apellidos a todo, los opositores fueron calificados de faístas pero en realidad nada tenían que ver con la FAI. El debate real es entre sindicalistas y anarquistas, pero en las luchas de poder la FAI se vio inmersa sin quererlo, aunque sí debatió sobre ello.
La verdadera importancia de la FAI en la Segunda República estribó en los organismos de trabazón que quisieron conformar con la CNT y que no siempre se produjeron. Los organismos más fructíferos fueron los Comités Pro-Presos donde ambas entidades tuvieron una colaboración más efectiva.

En 1932, la CNT aprobó la creación y desarrollo de los Grupos de Defensa Confederal, como organismos sindicales de desarrollo de la acción directa. En aquellos grupos se dejaba la puerta abierta a que la FAI tuviera representación propia. Y aunque hubo lugares donde sí se dio esa trabazón, en otras, la CNT bloqueó cualquier posibilidad de colaboración con la FAI. Esto, evidentemente, generó roces entre los grupos anarquistas y la organización sindical.
El último elemento de trabazón fueron los llamados Comités Revolucionarios. Partiendo de que el análisis anarquista daba una lectura de la República como un proceso revolucionario que había que continuar, ante las situaciones generadas en el primer bienio y hasta la huelga de 1934, fueron surgiendo por todo el territorio comités revolucionarios que estaban conformados por la CNT y la FAI. Aunque tuvieron una actitud protagonista en algunos episodios, en realidad fueron entidades poco efectivas, pues el resultado final no fue el esperado, unido a que no siempre se produjo la ansiada unión.9
Dos aspectos más hay que destacar de la FAI en este periodo. El primero fue el trabajo en el campo cultural y de la transnacionalidad del anarquismo. La FAI siguió manteniendo contactos con los grupos anarquistas españoles en Francia, América y norte de África, apoyando, incluso, una posible Federación Anarquista Africana.
Por otra parte, también se vio inmersa en los debates de colaboración con otros grupos políticos, donde los grupos anarquistas se dividieron entre colaboracionistas y anticolaboracionistas. Estos debates fueron fatales pues llevaron a una división de la FAI que duró hasta enero de 1936, cuando se produjo una reagrupación de grupos.10 Reuniones y plenos muy importantes de la FAI donde marcaron muy bien la diferencia entre un grupo específico anarquista y los diferentes grupos de acción que no eran de la FAI y cuyas estrategias no apoyaban.
Con una FAI unida y en plena efervescencia revolucionaria, se produjo el golpe de Estado de julio de 1936.
La FAI en la guerra y la revolución
La correlación de fuerzas y el rol jugado por la FAI van a cambiar radicalmente durante la guerra. Es durante este tiempo cuando se hizo más evidente su papel subalterno a la CNT (nunca al revés, como se ha intentado ofrecer). La guerra marcó una política de colaboración del movimiento libertario con las instituciones republicanas donde fue la CNT quien asumió ese protagonismo. Nunca hubo ministros de la FAI (aunque se quiera presentar así a García Oliver y Federica Montseny), sino ministros de la CNT. La trabazón CNT-FAI se extendió por todo el territorio republicano, pero era la entidad sindical quien marcaba los tiempos.
Esta posición de subordinación fue lo que provocó un cambio en la propia FAI. Aquella organización de grupos específicos basados en la afinidad ideológica dio paso en julio de 1937 a una organización de agrupaciones unidas por una misma ideología. La FAI se había convertido en un partido político anarquista.11 Y en esas disputó espacios de poder incluso a la CNT, incluyéndose como organización del Frente Popular. La FAI criticó muchas posiciones de la CNT, y fueron sonados algunos enfrentamientos entre Mariano Rodríguez Vázquez y José Grunfeld.
Junto a la guerra, la FAI y sus integrantes apoyaron el proceso revolucionario abierto en julio de 1936 y fueron partícipes de los debates y críticas entre los distintos sectores del antifascismo.
Pero el final de la guerra significó la represión de la FAI. En la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939 aparecía explícitamente la FAI como organización a reprimir.
A la Federación Anarquista Ibérica le esperaban casi cuarenta años de clandestinidad, exilio y represión.
- Primer congreso obrero español (Barcelona, 18-26 de junio de 1870), Madrid, Zero ZYX, 1972. ↩︎
- Eckhardt, Wolfgang, La Primera Internacional y la Alianza en España. Colección de documentos inéditos o raros, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2017. Pág. 25. ↩︎
- Termes Ardevol, Josep, Historia del anarquismo en España (1870-1980), Barcelona, RBA, 2011, pág. 105. ↩︎
- Tierra y Libertad, número 4. 1 de diciembre de 1888. ↩︎
- Sánchez Cobos, Amparo, Sembrando ideales. Anarquistas españoles en Cuba, Madrid, CSIC, 2008; Sueiro Seoane, Susana, El anarquista errante. La aventura transatlántica del tipógrafo Pedro Esteve (1865-1925), Madrid, Marcial Pons, 2024. ↩︎
- Gómez Casas, Juan, Historia de la FAI, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo y otros, 2002, págs. 66-67. ↩︎
- Zarcon, Pier Francesco, El anarquismo en la historia de Portugal, Madrid, La Neurosis, 2019, págs. 25-29. ↩︎
- Archivo del Comité Peninsular de la FAI (ACPFAI). “Extracto del acta de la conferencia celebrada en Valencia los días 25 y 26 de julio de 1927”. ↩︎
- Vadillo Muñoz, Julián, Historia de la FAI. El anarquismo organizado, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2021, págs. 145-156. ↩︎
- ACPFAI. Actas del Pleno Local de Grupos Anarquistas de Madrid afectos a la FAI. 11 de enero de 1936. Leg. CP-11E. ↩︎
- Estatutos generales de la FAI, Valencia, 1937. ↩︎
Descubre más desde Redes Libertarias
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.