Sebta [Ceuta] en el cruce

Rafa López

He tardado más de lo que pensaba en atreverme a pensar seriamente esta serie de acontecimientos desencadenados aquí, en uno de los extremos sur de la occidentalidad como es Sebta. Al Norte del Sur, en el límite, en el muro de la europeidad-cristianocéntrica. En el otro lado del estrecho, frente a la bahía de Cádiz en este conjunto de lugares que es el Magreb. Lugar de fronteras, prejuicios, subalternidades; pero también de encuentro, un cruce de caminos, comprensión y resiliencia.

He tardado quizás porque la situación requería de una calma y una paciencia que pudiera generar en mí una respuesta en forma de discurso ante el atropello informativo, de gestión y solución, sobre esta crisis migratoria, que ha sido y es, un caldo de cultivo para este salto mortal que acabamos de dar en el despliegue de la crisis del modo de producción capitalista. Lo que se viene, aunque incierto, puede comprenderse para el que sabe poner la oreja al compás del soniquete de los tiempos. Ante la proliferación de las organizaciones fascistas y su connivencia con la Policía y otros dispositivos e instituciones de poder, la islamofobia latente en esta España que se funda en su oposición como Estado-Nación a esta forma de espiritualidad abrahámica y que este año ha vivido su peor pico de violencia y pulsión, en el mismo momento donde el proceso del neo liberalismo abre nuevas formas de capitalización y privatiza arrasando con todo lo que tiene “jechura” de público, de la gente, del pueblo.

Alguno pensará: vaya rodeo está dando o, que manera de irse por las ramas. Pero lo cierto, es que esta situación catastrófica en casi todos los sentidos ―su significado, sus flujos y codificaciones, los gestos, los encuentros y desencuentros…―, no aparecen de la nada. Son consecuencia de múltiples fenómenos solapados, de procesos de expropiación, explotación de los cuerpos y las mentes, así como de la tierra tan rica que es África ―plutonio, uranio, coltán, cobalto, petróleo y demás “recursos”― condición sine qua non del constructo asocial performático que es el capitalismo, o sistema mundo, como gusten más. Explotar África y otros lugares es requisito indispensable en este modelo. Un sin fin de procesos coloniales enlazados desde hace siglos -desde que el eje cambió del Sur al Norte- que construyen lo que hoy llamamos España o Marruecos y que no podemos olvidar ni dejar de tener en cuenta, vividos en sus propias carnes por nuestros ancestros, que fueron víctimas de las peores atrocidades como cómplices, cuando fueron dominados y desplazados y cuando fueron conquistadores y dominadores. Habría que recordar que algunos no tienen más en propiedad que sus carnes y otros ni tan siquiera eso. Convendría también pensar, que muchos no somos soberanos de nuestras vidas y la capacidad de decisión y obrar es mínima; y que son los acontecimientos y circunstancias los que posibilitan, empujan, arrastran, mandan, ejecutan, disponen… ¿Que podemos nosotras solas ante el poder de mando?

Para mí, es muy duro hablar de esto por diversos motivos. Me duele en el alma ver una fatiga tan grande a las puertas de mi casa, ojos que imploran, miradas de desconcierto, de angustia y cansancio. Niños, ancianos, madres, que podrían ser mis hermanos y hermanas, mis primos y primas. Duele ver la cosificación de las personas por los gobiernos locales, nacionales y continentales; su uso estratégico en una negociación callada, donde los que toman las decisiones nunca sufren sus consecuencias. Recordemos como acertadamente decía Cedric J. Robinson que no hablamos de abstracciones ―aunque a veces nos abstraigamos― sino de categorías vivas, los fenómenos son vividos y padecidos; dejan huellas, cicatrices y poso. Duele ver el desconocimiento del funcionamiento de la sociedad donde vivimos, los mecanismos que tiene el poder a la hora de hacer o derogar leyes, la distribución de competencias y gestión del dinero, control de las empresa privadas, el tema de la energía, o qué es y qué dice la Constitución. El poco esfuerzo que somos capaces de hacer por comprender cuando tocan los privilegios de uno, el rechazo a la diferencia aquí donde “tené buen coló” es ser moreno, aquí donde estuvieron fenicios, tartessos, helenos, semitas… donde el calor y el hálito de los primeros seres organizados en sociedad y los primeros pueblos.

Cierto es, que ha sacado a relucir astillas y puñales clavaos en las entrañas misma de Sebta, tal y como hoy la conocemos. Porque lo quieran o no asumir los “caballas” había muchas cuestiones latentes entre cristianos y musulmanes, arrastradas desde los tiempos de la “reconquista”. Es más que una de las preguntas más frecuentes que se suele hacer o que a mí me han hecho de toda la vida en cualquier paseo por sus calles, es: ¿cristiano o musulmán? Gauri o Jawli. Pienso que si existen tantas palabras insultantes para referirte de diferentes formas a marroquíes, musulmanes, amazigh u otros pueblos de esta zona del Magreb, es porque es sintomático de la ausencia de procesos de descolonización reales, consecuencia de la formación de guetos y de la separación entre unos y otros, en lugar de construir y forjar redes de afinidad, espacios comunes de encuentro.

No voy a mentar ese lenguaje deshumanizador con todos los asteriscos que se le puede poner al concepto de humanidad, tan cargado de elitismo y expresado en la historia de forma sanguinaria aquí, pero estoy seguro de que si algún ceutí me está leyendo, se le han venido tres o cuatro formas de nominación colonial excluyente. Estas formas racistas en la relación entre las dos grandes comunidades de la ciudad intercultural ―de lo que tanto se presume― son hechos. Lo cierto es que está tan dentro que muchas veces ni ellos mismos son capaces de verlo, de saber que son excluyentes y crueles. La normalización de los comentarios sobre la población musulmana, su infantilización constante, los prejuicios establecidos como verdades absolutas inherentes a ellos. La actuación de la policía determinadamente racializada y racializante, además de que el control exhaustivo ayuda a fomentar y mantener la gran desigualdad. Si algunos habitantes de la localidad se sienten molestos, que me respondan: ¿cuál es la proporción de personas musulmanas en la universidad y cual el de las cristianas? ¿Cuántos se van fuera? La blanquitud y la cristiandad están ligados a la españolidad con sangre, cruz y fuego; a garrote y galera; a corona y espada.

Pienso además en el comportamiento excusador y poco autocrítico ―con la seguridad de que cuando se hablaba de racistas en la península se hablaba de ellos y no era tan así― que ha estado presente en las últimas semanas, disparando odio contra cualquier cosa que pareciera querer decir algo diferente sobre lo que estaba ocurriendo. La realidad es que la asunción de los marcos del debate propuesto por el gran capital, al mismo tiempo que se ha producido un bombardeo masivo de información falsa o adulterada, ha sido en la ciudad devastador y una brecha que si sana, será dentro de muchos años.

Se han tapado los gestos, detalles y acciones de corazón y han acabado ensombrecidas por el odio que ha copado los últimos días. Y la tendencia de ser siempre cruelmente críticos con la izquierda, con la complacencia de los fascistas, es un fenómeno que me sorprende cada vez que acontece. En esta pequeña ciudad, la diferencia en el conflicto de clase es visual y no hay que andar mucho para verlo. Por supuesto que el puesto más bajo en la pirámide lo tienen los recién llegados migrantes y las personas más pobres en barrios periféricos, directa y estratégicamente en exclusión social.

Claro que hay muchas personas “cristianas” que viven también en una gran pobreza sobre todo las personas de origen andaluz y que vienen de familias de pescadores, marineros o que han llegado a Ceuta por la necesidad más que por los negocios, pero el factor racial y religioso determina el último puesto en el reparto de medios y riquezas. La brecha se acentúa debido a la disparidad de vidas que se viven tan cerca, casi de una calle a la siguiente. Del centro a Benzú, a la estación o al sardinero, al Recinto, a Hadú, a la loma del Colmenar, a los Rosales, la Pantera o la barriada Juan Carlos I, “el Príncipe”. Evidentemente en el acceso a la formación, a trabajos mejor pagados y con mejores condiciones, o con acceso de puestos públicos y “subcontratas” relacionados con temas portuarios o con financiaciones públicas, es y sigue siendo en su mayoría “blanca”. Y este es otro tema que se me astilla, por eso puse blanco entre comillas, porque la cantidad de personas que apenas tenían cabida en la España de los Reyes Católicos, los Austrias y Borbones, y que en otros lugares de la Occidentalidad hegemónica serian tratados, mirados y jeraquizados dentro de la misma diferencia que ellos rechazan. La realidad es que el Estado castellano se funda en contra de una gran parte de los pueblos y gentes que hemos habitado estas vereas, estas sierras y marismas desde tiempos inmemoriales. Contra mercheros, agotes, pasiegos, chuletas; contra judíos, moriscos,

helenos, fenicios, mudéjares, andalusies, nazaríes ―y demás genealogías que persisten en esta tierra― y por supuesto el pueblo roma. Muchos desaparecidos y otros completa o relativamente asimilados.

El hecho de que antes del COVID ―y se puede mirar en múltiples artículos fáciles de encontrar― entraban todas las mañanas unas 70000 personas a trabajar diariamente ,por supuesto, en los puestos más precarios y volvían a sus casas por la noche. Muchas trabajando en la reproducción de la vida que es el trabajo doméstico, dando a la clase media baja ceutí una sensación de ascensión en la posición social estructural y que ayudaba a perpetuar las relaciones de servilitud venidas directamente de la colonialidad. Podría mentar trabajos precarios en venta ambulante, o todo el mercado que abre el hecho de la frontera que daría para alguna tesis doctoral.

Como mentaba al principio, es una tierra de frontera, un cruce ―vallado― de caminos. La “valla” de Florentino, que vela por los intereses del Bien en el mundo, encarnado por las grandes corporaciones bancarias, farmacéuticas, energéticas, fondos “buitre” y un largo etc., en contra de la hidra cuyas culpables cabezas cambiantes representan los pobres del mundo, en todas sus expresiones pluridiversas. El gran peligro para los que tienen es no tener.

Debiéramos partir del presupuesto, que es un hecho, del gran desconocimiento de África como continente y Marruecos como país, de su formación, historias y avatares históricos que no sean para fomentar el nacionalismo español. De sus costumbres y motivos, pesares, de nuestra historia común, ligados y vinculados por el Mediterráneo y la vecindad de los siglos, para lo bueno y para lo malo. Lo mucho que desconocemos de Marruecos es igualmente proporcional a lo mucho que se habla, juzga y pide de él, de ellos. No voy a ser yo aquí quien defienda la dinastía monárquica de Marruecos -por otro lado, puesta en el poder por las potencias hegemónicas del momento y por España y Francia en su pérdida de control sobre el territorio- pero no se puede asimilar en ningún país, aún menos otro tan grande como Marruecos, población y dirigentes políticos. Pero tampoco hacer la vista gorda a la de relaciones empresariales entre nuestras clases altas financieras etcétera, como Amancio Ortega, Florentino Pérez y una gran ristra de susodichos del Ibex 35.

El punto más importante que combatir, y sobre el que mucha autocrítica debe hacer la izquierda ceutí y los que se consideren “demócratas” sea lo que sea que quiera decir eso en este momento histórico, es el de haber caído en la retórica belicista que sitúa el punto clave en la división en el eje amigo/enemigo, entre estos dos polos irreconciliables que tienden de forma deliberada a la violencia.

Nunca la sociedad civil, el pueblo, el proletariado y campesinado ―y aún menos el desposeído― pueden ser invasores. No lo fuimos los españoles o andalusíes en los diferentes periodos y etapas de la Historia Universal gadje en las que tuvimos que huir, ni lo son los ucranianos que acogemos a cientos de miles, ni los niños rusos de la gran depresión post soviética, etc. etc.

No pueden serlo porque una invasión refiere a una ocupación directa o indirecta de los espacios de poder ―tales como Ayuntamientos, fuerzas del orden, empresas―, de las viviendas de los habitantes de la ciudad y una transformación y redistribución de la riqueza, la producción, las condiciones del trabajo. Una sustitución del pequeño y gran poder que es el poder de mando concreto de una Nación. Está claro que eso no ha pasado y que aunque sean miles y la ciudad doble su población, personas descalzas, cansadas, sedientas, sin camisetas y desorientadas no son una masa organizada ni armada. Resulta terrible tener que decir esto. Por mucho que pudiera haber sido motivado, puesto en situación de posibilidad, un tejemaneje entre Estados-USA, Marruecos, Israel, el contraestado franquista dentro del estado español, no puede hablarse así de personas en vulnerabilidad extrema, víctimas fehacientes de la cara más cruda y violenta de nuestro Estado de Derecho burgués y los intereses de las grandes corporaciones. Sucumbir a esa retórica ha supuesto la legitimación de todos los discursos de odio que se han lanzado en prime time y de las acciones de lo que llamamos extrema derecha y sus desclasados. El bombardeo constante en Twitter, Instagram, televisión, todo tan organizado y estructurado, ha provocado que la ciudad se haya convertido en un espacio de capitalización del sufrimiento. Cierto que la población ceutí sufre, pero el que sufre es el que está en la calle. Esta caída en la jerarquización del dolor propio, o me duele más a mi o tengo más derecho a ello que tu porque soy español. Es un sinsentido. Ha demostrado que el nivel de empatía de algunas personas es mínimo y menos cuanto más morenito y diferente hable.

El ataque a las ONG, que suele ser una norma en este tipo de conflictos, quitarte del medio a quienes intentan ayudar. O también a quienes van a contar las cosas tal y como pasan. El capitalismo como siempre funciona como una especie de integral que permite la cristalización y uso de todo lo que es beneficiosamente excluyente para un sector, casualmente los que están en el poder en un lugar concreto del mundo y combinarlos. Y aquí en este punto tan pequeño del globo se condensan casi todas, si no todas, las contradicciones de nuestra forma de vida, las consecuencias, las heridas abiertas, huidas, persecuciones, guerras, los conflictos y exclusiones de género, clase, raza. Como si una nube que como en los dibujos animados ―o en apariencia al menos― solo llueve sobre Ceuta. Es curioso el aislamiento inconsciente que se produce cuando hay situaciones catastróficas, que apenas nos deja mirar lo que sucede en otros lugares, aunque sean cuestiones igual de graves.

No quiero que la sensación sea que impugno las vivencias personales de cada uno, pero si poner el foco en el papel que juega esto en el desarrollo del sistema capitalista y su pugna con otros modos de producción posibles y sus necesidades estratégicas. Ceuta es ya una contradicción en sí misma, una anomalía ―debido a que pertenece a una forma de colonización de otros periodos y procesos― con una función importante debido a su localización en el principio y fin del Mar Mediterráneo. Lo que se jugó aquí ayer, hoy y mañana es clave en el futuro de la vida social de la tierra y su posibilidad en ella y lo deciden personas y agrupaciones con poderes transnacionales… ¿qué posibilidad tiene una ciudad autónoma?

La gente lo que quiere es recuperar sus derechos y otros acceder a ellos, eso no hay discusión. Poder estudiar, acceso a sanidad de calidad, a trabajo con buenas condiciones y que permita hacer vida con familiares y amigos, tener una casa y asegurarte de que tus hijos también la tengan, poder darse algún capricho en el poco tiempo de estar sin trabajar ―un viaje, una cena, un paseo―, tener una pensión después de una vida de encarnar la creación del plusvalor mientras que este es expropiado, de invertir una experiencia vital en la generación de rentas y beneficios de otros. Que se cuiden tus barrios, tus monumentos y las cosas que le dan motivo y sentido al ser y perfomar la ciudad. Calles limpias, que no se malgasten recursos, ni se tiren deshechos en las aguas y montes que nos velan.

Seguridad, igualdad o proporcionalidad en las oportunidades, respeto, atención… son cuestiones que no cabe duda que son las deseadas y por las que se luchan de múltiples formas en el capitalismo tardío; por las que lucharon nuestros abuelos y los que estaban ya antes de ellos que nos han posibilitado estar aquí hoy, por los que pude aprender a leer y escribir, mi personalidad crítica, activa, consciente, mi memoria que es la suya colectiva y este fuego que me dice que las cosas pueden ser de otra manera y no puedo fallarles. Poder ser en el mundo tal y como es uno, o va siendo en cada momento y durante sus transformaciones en el aprendizaje que es este camino de ser. Ser sin miedo, o rechazo, discriminación de la expresión vital que soy.

El foco no debería estar tanto en el juicio de la gestión de los sentimientos, emociones, pasiones, acciones individuales, la respuesta de la sociedad civil. Y aún menos de los migrantes sometidos a control, vigilancia, obligados a merodear, con medios insuficientes, ni estructuras, ni herramientas; y con el lavado cómplice tanto del gobierno local como del nacional. Si no precisamente de estos últimos que son los que disponen de los recursos humanos, logísticos, de presupuesto, etc.  y han dejado ―sobre todo los primeros días desde el local― que la tensión aumentara con la dejadez. Es más, el desbordamiento no solo es causa de ahora. ¿Los millones de euros de fondos europeos precisa y exclusivamente para la gestión fronteriza dónde están? ¿porque se privatizan las empresas que gestionan estas cuestiones? ¿porque no se usan solares vacíos y edificios gubernamentales, empresariales o de los militares para alojar en caso de extrema urgencia a personas en caso de crisis humanitaria? ¿Por qué la sensación es que ese dinero se invierte en cuestiones tales como las calles del centro, sus farolas para que aparente una calle céntrica de Málaga, Sevilla, Madrid o Bilbao?

¿Cómo puede ser que nadie supiera nada?¿Acaso nadie ha leído la cantidad de trabajos y entrevistas a periodistas situados en estas partes del globo al respecto de precisamente como esto iba a convertirse en fenómenos que irían ocurriendo cada vez más por las lógicas propias del capital y cómo se determinan, concretan y materializan en el desarrollo de la Historia, porque forma parte de lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá aunque no aparezca en la Historia Universal Gadjé de Salones, Nobles, Hombres Aventureros, Empresarios Emprendedores Propios de sí ―y para sí― Mismos.

Cierto es, sin embargo, que Ceuta está fuera del imaginario político. Y no es olvidada, ahora, si no siempre; porque en realidad hay que hacer como si no estuviera. Curioso cuanto menos que se de en la zona que hay otra anomalía entre los países ricos como es Gibraltar. No me apetece pasar a discutir avatares históricos, sobre Enrique el Navegante, la puerta califal y procesos coloniales, en un recorrido donde no tenemos qué ganar. Me parece más interesante aprovechar estos últimos renglones para hacer dos cosas: una, mirar otra vez al gobierno local y al nacional en relación a la vecindad diversa de Sebta y la otra los migrantes con los que pude hablar un poco.

La gestión a nivel local por parte del PP que lleva décadas en el Ayuntamiento y del PSOE, viene a ser la misma que se esperaba y vienen realizando el 15 M. Siguiendo las notas, direcciones del capital financiero y corporativo, vendiendo el país que dicen defender o por el que velan, jugando con fondos extraídos de la riqueza que generan todas las personas que viven en estas tierras. Y que una y otra vez abandona, desaparece, se opaca, hace ghosting de ese a los mensajes y clamores de la ciudadanía. Incluso cuando estábamos medio de acuerdo hasta llevarnos al desacuerdo. La ley es papel mojado, menos cuando se trata de oprimir al trabajador. Las decisiones de las diversas instancias de poder tienen unas consecuencias que, aunque evidentemente la altura desde donde viene la decisión influye de manera enorme, a veces desde instancias más concretas y que no están mediadas ni tan separadas y aún menos en una ciudad tan pequeña.

Este episodio que emborrona y abochorna, quedará como uno de esos episodios de violencia Históricamente no reconocida y no sancionada que hablaba Walter Benjamin. Nadie pagará esta miseria a la que se ha arrojado a los miles. Si este filósofo en su juventud entendía que la huelga de masa, como acontecimiento político fundamental en su etapa histórica, podía fundar o modificar relaciones jurídicas, ¿que podría alterar una crisis migratoria? ¿Qué campo de acciones abre como posibilidad? ¿Qué pone en el centro de la discusión? Para Benjamin, el militarismo -que ha sido la solución propuesta por ambos gobiernos- “es la coerción al empleo generalizado de la violencia como medio para los fines del estado” (p. 25), que queda claramente reflejado en la “gestión” de la crisis. Además, añade después mientras replantea cuestiones sobre la policía, se da cuenta que en muchos casos aparece y toma control en momentos y situaciones donde no está muy clara las determinaciones jurídicas. Foucault empezaba su libro Vigilar y Castigar, precisamente con una imagen de una ejecución bajo pena de muerte y como este método burgués de castigo se transforma de ser visualizado y vivido de forma colectiva, desplazado y ocultado a la individualidad del criminal castigado. Aunque podríamos pensar que el hecho de estar tan alejado en la distancia, en un extremo, límite de la europeidad, juega con esta idea. Pero si observamos cautelosamente, vemos que precisamente es la sobre exposición de imágenes y noticias, alteradas y descontextualizadas conforma uno de los modos del poder a la hora de la gestión de las situaciones anómalas y para imponer el relato; con ayuda de la Policía que en relación inmediata con los sujetos expropiados de sus derechos fuera de los “ojos del mundo” y cuando está dentro lo hace apareciendo como escena dentro de un guion orquestado.

Por último, añade: “en el gran criminal se le enfrenta esa violencia con la amenaza de fundar un nuevo derecho, ante el cual se estremece el pueblo en muchos casos significativos, aún hoy se estremece como en épocas inmemoriales, a pesar de su impotencia” (Critica de la Violencia p. 25). Resulta interesante como hace él pensarlo al calor abrasante de este fenómeno, donde vemos la violencia suprema que trata sobre la vida y la muerte. Hemos visto las imágenes, de las escenas del caos y la lucha por no sucumbir, de los ahogamientos, las lágrimas y la felicidad, pero la solución ha sido la de no actuar de forma humanitaria. Dejar morir si no fuera por la propia población de Ceuta.

Para acabar voy a hacer algunas preguntas para ampliar una reflexión, que después de esto, pienso que es donde deberíamos quedarnos: ¿Se podría haber gestionado de forma diferente? ¿Es violencia pasar una frontera? ¿Ilegal? ¿No lo es acaso pegar, vejar, acosar y saltarse las leyes del Derecho Internacional? ¿Qué podemos esperar del futuro en estas condiciones y qué sucedería si tuviéramos que vernos nosotros en circunstancias parecidas? ¿Nos arrancaremos las camisas y arañaremos la cara? ¿Lloraremos también la sangre de nuestras hermanas y hermanos?


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Un comentario en “Sebta [Ceuta] en el cruce

  1. Método para conceptualizar -hacerla aguda, siempre y cuando no sea palabra aguda -si es palabra aguda acabarla en -s Se puede conceptualizar con música, más tedioso, eliges del remanente musical, una palabra, y le das la vuelta, varias veces cuando aparece,…ta Chan, te la quedas. Puedes orientar hacia hemisferio derecho: creativo. O hacia hemisferio izquierdo más racional.

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