Simón Royo Hernández
1. Los cuidados y ayuda mutua en la micropolítica y la macro política.
Desde un punto de vista anarquista buena parte de «los cuidados» que ofrece el Estado no son sino una forma de proteger a un rebaño adocenado y dirigido que se explota sin cesar y se exprime como si fuesen naranjas de las que sacar zumo, el jugo de la plusvalía pasa a beneficiar al capitalismo, se extrae de todo trabajador ese líquido vital traducible en dinero hasta dejar una monda de naranja seca, al trabajador ya viejo, inservible, con una jubilación que ya se ha pagado con creces o incluso sin ella o con ese ridículo estipendio al que llaman jubilación no contributiva.
De tal modo, el llamado Estado del bienestar, resulta ser, el estado del malestar. Es el lugar donde se abandona a niños y ancianos, enfermos mentales y parados, inmigrantes y personas consideradas no-productivas, existiendo ya un abandono de trabajadores precarios, de quienes no han cotizado 40 años. El Estado capitalista solamente procura que su inversión, los seres humanos que producen, generen la mayor riqueza para los capitalistas, beneficiarios de toda producción, cuidan de la gente como los pastores del ganado cuya carne van a vender en el mercado.
Así y todo, no solamente los seres humanos están descuidados, lo está la tierra, los animales, el entorno, dividido en escasos lugares habitables frente a un espacio cada vez más grande y cada vez más inhóspito e inhabitable. El primero es una cárcel aparentemente suave que se está volviendo cada vez más autoritaria y totalitaria, mientras que el segundo espacio, con el cual se justifica que la cárcel es buena y lo mejor, es una carnicería insegura, peligrosa, miserable. Un mundo malo se considera el bueno y el mejor porque se compara con el infierno que provocan en el resto del mundo para mantenerlo, nutriéndose de sus materias primas y emponzoñando de basura el planeta.
Pero existen y subsisten, pese a todo, otras formas de cuidar y cuidarse, teniendo cuidado, que no son las del Estado y la productividad capitalista, formas de organización horizontal, autónomas y cooperativas, en las cuales no se tiene una finalidad crematística, donde no se reducen los cuidados a una cuestión de dinero, estadísticas y porcentajes.

Esas formas de organización en ayuda mutua son las que el anarquismo denomina «cuidados», que habrá que distinguir bien de los otros.
Criados desde hace varias generaciones bajo el capitalismo los seres humanos somos mayoritariamente egoístas, encerramos a bebés en guarderías y a ancianos en residencias y a eso lo llamamos «cuidarlos».
Efectivamente, el trabajo no permite los vínculos del cuidado mutuo y el capitalismo externaliza los cuidados, de modo que las mujeres pudientes contratan a mujeres pobres para que hagan esas tareas domésticas, denostadas y no pagadas, que el sistema patriarcal tenía bien implantado. Hemos sido criados en guarderías, metidos en establos, donde ser adoctrinados para una formación profesional en la que rindamos sin cesar, sin ocuparnos de ninguna otra cosa ni de nadie, excepto de producir dinero para nuestra supervivencia y los beneficios de los capitalistas
Mujeres ahora viejas que dieron sus vidas cuidando sus casas para que sus hijas y su marido hiciesen sus carreras y ganasen dinero y puestos elevados en la sociedad son ahora abandonadas en su senectud por esos hijos a los que cuidaron, una vez que, más longevas, han enterrado a sus maridos.
Las mujeres que se descuidaron a sí mismas por cuidar a los demás, madres de los boomers, viven solas sus últimos días y aparecen muertas en sus casas cuando los vecinos se dan cuenta de que huele mal y llevan varios días pudriéndose.
Las madres posteriores ya se han emancipado bastante del patriarcado, entregan a regañadientes a sus hijos a las guarderías y a sus madres a las residencias para así ocupar sus altos puestos de responsabilidad laboral casi en paridad ya con los hombres, bastante emancipadas por un feminismo de la igualdad socialdemócrata que nada sabe de la ayuda mutua ni del amor libre.
Al viajar en los aviones te dicen que, si hay una descompresión y salen las mascarillas, primero te la pongas tú a ti mismo y luego ayudes a niños y ancianos a ponérsela, el por qué es sencillo, si te desmayas o mareas no puedes ayudar a otros. Así, para poder ayudar a los demás, dicen, hay que ayudarse primero a uno mismo. Y en ese caso puede ser cierto pero el arte de sin descuidarse a uno mismo cuidar a los demás está por inventarse.
El que padece un mal parece poco facultado para ayudar. Pero esa regla la vemos contravenida sociológicamente cuando vemos que quienes menos tienen son los que más se ayudan y comparten, mientras que los que más tienen atesoran sus riquezas de la manera más egoísta y nada aportan a nadie, sino que procuran acumular cada vez más, sin cesar. El capitalismo es el sistema más contrario al ayuda mutua y solamente combinado con un socialismo parcial permite que existan, vía impuestos, unos escasos servicios públicos para los ciudadanos, sanidad y educación, que son puestos al servicio del rendimiento bajo el capitalismo.
En el anarquismo son la ayuda mutua, el comunismo libertario y el mutualismo los conceptos que mejor remiten al cuidado de sí y de los otros. La ayuda mutua, concepto legado por Kropotkin al anarquismo, supera con creces al novedoso término de los cuidados como campo de estudio interdisciplinar. De modo que, desde una posición anarquista o anárquica, consideramos mucho mejor emplear como central y esencial el término ayuda mutua en lugar del término cuidados para el abordaje del problema de las múltiples relaciones de interdependencia benéfica común entre los habitantes de la tierra, lejos del Estado y el Mercado, en la era del dominio globalizado del Capital.

Bajo el capitalismo se anima la competencia y el crecimiento se concibe como sobresalir sobre los demás de manera egoísta, su antecedente en la teoría política moderna es Hobbes, con su lema homo homini lupus, el hombre es lobo para el hombre. La noción hobbesiana de bienestar parte de un gozo perverso al verse por encima de los otros: «Toda alegría del ánimo y todo contento residen en que haya alguien con quien, al compararse, uno pueda tener un sentimiento alto de sí mismo»1. Narcisismo neoliberal aumentado por el ego de las redes sociales actuales, por una atomización en la que el individuo se considera como dice la etimología de esa palabra como un ser monolítico e indivisible que debe disponer exclusivamente de sí mismo pero para mayor gloria del capitalismo triunfante.
Por eso el anarquismo prefiere a un Rousseau, bien comentado y criticado por Bakunin, que ya lo resituó en su momento, despojándolo de idealismo y contratos ficticios, que a cualquier Hobbes. Siendo al anarquismo al que puede servir más que a nadie el siguiente párrafo que solemos citar a menudo:
«El primero que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir esto es mío y encontró personas lo bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, miserias y horrores no habría ahorrado al género humano quien, arrancando las estacas o rellenado la zanja, hubiera gritado a sus semejantes!: ¡Guardaos de escuchar a este impostor!; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie»2.
Todo depende de que se ponga en primer lugar lo común y plural o se pretenda que lo primero, primario y primitivo es lo individual, que se considere colectivo y compartido todo en su origen o que se pretenda que desde un principio hubo una propiedad que como bien dijo Proudhon, solamente deriva de un robo.
2. Los cuidados y la ayuda mutua en la filosofía y la biología.
De filósofos contemporáneos como Foucault o Heidegger, pasando por filósofos modernos como Rousseau, teniendo en el centro a Kropotkin, podemos valernos para repensar el tema de los cuidados a la luz de la ayuda mutua, situándolos bajo el paradigma anarquista para alejarlo del paradigma neoliberal.
En filosofía, los cuatro grandes pensadores que podría decirse más se han referido a los cuidados son Platón, Heidegger, Kropotkin y Foucault, aunque el segundo de la manera más abstracta y difícil de entender.
De Platón toma Foucault la palabra griega epimeleia (cuidado) y Heidegger emplea la palabra alemana Sorge (cuidado) para referirse al tema que nos ocupa.
El concepto de la ayuda mutua de Kropotkin, elemento esencial del anarquismo, puede nutrirse de las otras reflexiones para desarrollarse más extensamente, si bien, dentro de áreas como la de la biología, se ha complementado abundantemente a través del concepto de simbiosis (palabra griega que significa: vivir juntos) o colaboración de los individuos de distintas especies dentro del mundo animal en aras del bienestar y la supervivencia.
La simbiosis de beneficio mutuo o mutualismo no es otra cosa sino la ayuda mutua que Kropotkin puso de manifiesto tanto en la naturaleza como entre los seres humanos, mientras que el príncipe anarquista expuso la ayuda mutua como el cuidado entre los individuos de la misma especie hasta el punto de que el anarquismo es difícilmente concebible sin el mutualismo, la simbiosis ha puesto de manifiesto la ayuda mutua entre diversas especies.

La simbiosis es una relación de convivencia estrecha entre dos organismos de diferentes especies donde al menos uno de los organismos (llamados simbiontes) se beneficia de la interacción.
El concepto fue introducido por Anton de Bary y abarca diversas formas de interacción, desde aquellas donde ambos se benefician (mutualismo) hasta casos donde uno se beneficia a costa del otro (parasitismo) o donde el beneficio es unilateral y el otro no se perjudica (comensalismo).
La simbiosis es fundamental en la naturaleza, ya que permite la supervivencia de muchas especies y es un motor de la evolución, más allá de la famosa lucha por la supervivencia, tan acorde con el capitalismo y su religión de la competencia y la supervivencia del más fuerte. Es un proceso que ha dado lugar a asociaciones cada vez más estrechas a lo largo del tiempo, como en el caso de los líquenes, que representan una unión tan fuerte que sus componentes no pueden vivir por separado.
La teoría simbiogenética de Lynn Margulis es una teoría sobre la evolución que propone que la mayoría de la novedad y diversidad biológica (cambios y la aparición de nuevas especies) provienen de procesos de simbiogénesis, siendo irrelevante la evolución a consecuencia de acumulaciones de mutaciones aleatorias.
En la actualidad, la comunidad científica acepta que la novedad y diversidad biológica surge como consecuencia de la acumulación de mutaciones aleatorias (errores en la replicación del ADN) formuladas desde la teoría de la síntesis evolutiva moderna; no considerando a la simbiogénesis como un proceso generalizado, no aceptando su gran importancia en el proceso evolutivo, salvo en el caso concreto del paso de procariotas a eucariotas (la endosimbiosis seriada).
Volviendo a la filosofía, la epimeleia, el cuidado, vemos que en Platón se remite al cuidado de sí mismo (epimeleia heautou) como una práctica ética fundamental para transformar al ser humano hacia la virtud y el conocimiento verdadero mediante prácticas y ejercicios, como la gimnasia o la música. No se limita al bienestar físico, sino que implica un trabajo interior constante mediante la reflexión, el examen de conciencia y la transformación para alcanzar una vida plena y convertirse en un sujeto ético y político.
En Foucault, «epimeleia» (ἐπίμέλεια), o epimeleia heautou, se refiere al «cuidado de sí» y es un concepto central de su filosofía ética tardía, que va más allá de los planteamientos de Platón. Implica un conjunto de prácticas y tecnologías del yo, arraigadas en la cultura greco-romana y actualizadas para la vida moderna, para transformar y construir la subjetividad, autoconstituyéndose, mediante la atención vigilante a los pensamientos, la defensa frente a lo inducido por una sociedad que controla y vigila, la transformación personal y la creación de la vida como una obra de arte. La ética se convierte en una estética de la existencia, donde la vida misma es una obra de arte que se construye a través del cuidado de sí, que finalmente implica también el cuidado y la preocupación por los otros.
En la filosofía de Martin Heidegger, Sorge (el cuidado) es un concepto fundamental que describe el modo de existencia del Dasein (el ser humano). No es una cualidad psicológica, sino el existenciario más primario del ser, estructurado por tres componentes cooriginarios: la existenciariedad (la capacidad de proyectarse hacia el futuro y sus posibilidades), la facticidad (el hecho de estar arrojado en el mundo) y la caída (la tendencia a perderse en la cotidianidad y en la preocupación por el mundo de las cosas), la tendencia del ser humano a perderse en el mundo exterior, en las cosas y la opinión pública, en lugar de vivir de forma auténtica. Sorge es un término más amplio que, además de cuidado, de uno mismo y de los otros, puede significar inquietud, preocupación o desvelo por sí mismo.
La Sorge heideggeriana se divide en Besorgen y Fürsorge.
En la filosofía de Martin Heidegger, la «Preocupación» o Besorgen es la dimensión del Sorge (Cuidado) que se refiere al ocuparse de los entes, es decir, de las cosas y herramientas que nos rodean en el mundo, que es una forma de nuestra existencia como Dasein (ser-ahí). Este ocuparse es una parte constitutiva del Sorge, que es la estructura fundamental de la existencia humana, y se expresa como una pre-ocupación constante por las cosas, es decir, estar siempre ya ocupado y proyectado hacia el mundo.
La «Solicitud (Fürsorge)» se refiere a un concepto filosófico como parte del cuidado (Sorge). Especialmente la Fürsorge que implica un procurar por o un cuidar de otros, siendo una estructura fundamental de la existencia del Dasein (ser-ahí). Este cuidado puede manifestarse de formas diferentes, incluyendo la existencia impropia y la deficitaria. Explicándolo más inteligiblemente viene a decirse con ello que si el altruismo lleva al olvido de sí mismo, al descuido de uno mismo, siendo excesivo, también puede ser negativo y no positivo, siendo el cuidado de los otros algo positivo y beneficioso.
La existencia humana (el Dasein) está siempre ligada al cuidado. La existencia no se limita a existir, sino a «estar cuidado», a preocuparse por el mundo, por las cosas y por los otros seres. El cuidado (Sorge) se manifiesta de diferentes maneras.
Heidegger distingue la existencia impropia, donde el Dasein se ocupa del mundo de forma superficial, la deficitaria, donde hay una indiferencia o sustitución de la responsabilidad por uno mismo y la existencia auténtica, donde el cuidado de sí y de los otros encuentra su equilibrio.
Desde las conceptualizaciones más abstractas de algunos célebres filósofos hasta los estudios empíricos y reflexiones micropolíticas más concretos, contamos con elementos suficientes para repensar los cuidados de otro modo, buscando la transformación del cuidado socialdemócrata deficiente en un cuidado anarquista pleno y eficiente, aquel que siempre se ha llamado ayuda mutua.
- Hobbes De Cive, cap.1. ↩︎
- Rousseau Sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Alianza ed. Madrid 1988, pág.205. ↩︎
Descubre más desde Redes Libertarias
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.