Simón Royo Hernández
«Las revoluciones se cimientan sobre la memoria de las injusticias pasadas y no tan pasadas, sobre el recuerdo de los agravios y los crímenes padecidos, sobre la revancha y el castigo de las opresiones anteriores. La lucha en favor de la justicia y por un mundo mejor se nutre sin cesar del triste y ominoso recuerdo de su rostro contrario. De una memoria negada por la hegemónica».
(Edgar Straehle, Memoria de la revolución, Girona, Càtedra Walter Benjamin de la UdG: Documenta Universitaria, 2020, p.14)

El título del presente texto coincide con el de una película que está bien si se ha visto, pero que resulta innecesaria para entender este escrito, pues nada tiene que ver con la película concreta, sino con lo que significa librar una batalla tras otra.
En realidad, las experiencias anarquistas y comunistas después de librar innumerables batallas contra el capitalismo son las de ir de derrota en derrota, lo cual, a la vez que podría entrañar cierta melancolía de la izquierda, sin duda refleja la resistencia y buen empecinamiento de quienes no admiten el triunfo del neoliberalismo fascista que se nos ha venido encima.
Hay muchos ejemplos de empecinados rebeldes y revolucionarios que lucharon en la España del 1936 y luego contra los nazis entre el 1939 y el 1945. Labor encomiable de los historiadores es la de recoger las vidas ejemplares de tales héroes.
Más recientes son los recuerdos de las vidas los luchadores de 1968 y los años 1970, que después han proseguido, a su manera, la confrontación contra la marea monstruosa del capitalismo y su avance globalizado.
Los finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI han visto con perspectiva cuantos testigos (no uso la palabra mártires que tiene una connotación religiosa, aunque el significado etimológico de la palabra es el de testigos) han muerto o han pasado sus vidas en una cárcel.
La represión y la venganza siempre han sido brutales y, sin embargo, no han logrado erradicar la bandera negra de la libertad del corazón de los combatientes. Hoy el anarquismo, mientras aparentemente se encuentra anticuado y desarticulado, querellándose entre sí, disputándose la herencia de su pasado esplendor, sin embargo, fuera de esa apariencia y mirado más profundamente, está más extendido que nunca.
Los anarquismos se multiplican sin que esos numerosos colectivos que con sus prácticas los ejecutan declinen su nombre y se definan como tales. Así que, mientras que nunca su nombre tuvo tanto descredito, nunca tampoco sus practicantes han sido tan numerosos.
En un artículo titulado: “¿Eres anarquista? ¡La respuesta te podría sorprender!”,1 David Graeber indicaba que mucha gente es anarquista pero no sabe que lo es. Dado que se comportan como anarquistas, según argumenta, entonces, lo son, aunque no se auto reconozcan como tales.
Personas que se autoorganizan en asociaciones voluntarias tomando decisiones por consenso sin necesidad de que les digan cómo desde ninguna jefatura y sin necesidad de que los vigile ninguna policía, se comportan como anarquistas, luego lo son.
Aquellos que creen que la policía y los ejércitos, las jerarquías de poder y las desigualdades económicas son innecesarias, y que, tal como han sido creadas, se pueden deshacer para establecer en su lugar un mundo más justo, asumen la crítica anarquista a la sociedad capitalista y piensan como anarquistas, luego lo son.
La mayoría de las personas tienen principios razonables y decentes, igualitarios y solidarios, unos valores que, llevados a sus ultimas consecuencias, arriban al anarquismo y la ayuda mutua.
Lo único que hace que el anarquismo expandido no cuaje es el convencimiento de todas esas personas de que organizar la sociedad enteramente de esa forma es imposible, con lo cual, se afanan en la micropolítica dejando de lado la macro política. Ese proceder tiene sentido fuera de la verticalidad del poder instituido, la macro política desaparece sustituida por innumerables pequeñas políticas horizontales.

Sin embargo, un muy largo adoctrinamiento mediático nos indica sin cesar que la policía y el ejército, el gobierno y la burocracia, los dirigentes y sus masas, son necesarios, de modo que mientras la mayoría lleva finalmente unas vidas privadas dentro de lo razonable y lo decente, se ven forzados a trabajar y vivir en unas condiciones de competencia, egoísmo y fraude, unas condiciones de la existencia que han sido tan impuestas que parecen inamovibles.
Peter Gelderloos nos ofreció un relato esclarecedor: “Un conocido mío relató la interesante historia de una conversación que tuvo con un deprimido científico climático. El científico no veía salida alguna al desastre que presenta el cambio climático. Se lamentaba de la falta de alguna red global de personas activas con una visión de una sociedad descentralizada y no-industrial, y describió algo muy similar al movimiento anarquista, sin saber que ya existía. El hecho de que prácticamente ningún científico climático esté involucrado en la acción directa y luchando junto al movimiento (y son un grupo de personas muy desesperadas) es evidencia de nuestra falla en comunicarnos con un grupo clave de aliados potenciales”.2
Más allá de considerar aliados potenciales a quienes tienen una visión anarquizante de la ecología y el medio ambiente habría que conectar a todo el movimiento ecologista con los postulados anarquistas, dado que pensadores anarquistas como Elisée Reclus o Piotr Kropotkin aventuraron en su tiempo las premisas de apoyo mutuo y harmonía con la naturaleza que hoy día muchos ecologistas y preocupados por el cambio climático están proponiendo.
Si el anarquismo es ingobernable es debido a que incorpora acontecimientos impredecibles en su práctica, tiene en cuenta y a su favor el factor caos, que pese a lo que Gelderloos advierte en el artículo que hemos mencionado: “producir información ayuda al sistema”, hace que las autoridades del poder y la jerarquía nunca puedan llegar a mapear completamente las redes del movimiento anarquista con fines de represión y eliminación.
“La renovación de la vida se hace en nosotros por la acción espontánea de las fuerzas anárquicas”
Un movimiento acéfalo es imposible de descabezar, como surge en rizomas autónomos, algunos que llegan a interconectarse y otros que no, difícilmente puede atacarse en bloque.
Una nueva religión mística, pagana y atea se extiende sobre la tierra, también sin que lo sepan sus fieles son anarquistas, sus comunidades son “áreas de resistencia”3 de un “delirio deliberado de panteísmo”.4
Lo que Peter Lamborn Wilson alias Hakim Bey proponía era una ampliación de la perspectiva del anarquismo expandida:
“Estoy proponiendo que los cultos fascistas y fundamentalistas no deben ser confundidos con las tendencias espirituales antiautoritarias representan das por el auténtico neo-chamanismo, espiritualidad psicodélica o enteogénica, la religión Americana de la Naturaleza de acuerdo con anarquistas como Thoreau, compartiendo muchos intereses y mitos con el Anarquismo verde, el primitivismo, tribalismo, la resistencia ecológica, actitudes nativo-americanas hacia la naturaleza”.5

La batalla que libraron los anarquistas del siglo XIX contra el trono y el altar estuvo presidida por la Ilustración, por la creencia en la Razón y la Ciencia sobre todas las cosas, en alianza con muchos de los ideales de la Revolución francesa, tras ese contexto y con esa influencia, Elisée Reclus, ya señalaba que al derribarse esos ídolos los más sencillos volvían a las religiones de la tierra una vez que tenían claro la farsa de la religión celestial:
“esa misma masa acaba por no obedecer los impulsos atávicos: se la ve volverse indiferente a la palabrería religiosa que ya no comprende; no ve en el cura un representante de Dios para perdonar los pecados, ni un agente del demonio para embrujar hombres y bestias, sino un vividor que desempeña una farsa para vivir sin trabajar: lo mismo el campesino que el obrero no temen ya a su párroco, y ambos tienen alguna idea de la ciencia, sin conocerla aún y, esperando, se forman una especie de paganismo, entregándose vagamente a las fuerzas de la naturaleza”.6

Quizá Reclus no fuese del todo consciente, al menos en ese escrito, de que la ecología que estaba proponiendo en sus otros textos podía entroncar perfectamente con esa especie de paganismo al que se retornaba tras el declive de las autoritarias, dogmáticas y jerárquicas religiones monoteístas, ya que, a su juicio, la solidaridad y la ética nacían de forma libre entre las personas sin necesidad de un miedo divino o de mandatos religiosos:
“La renovación de la vida se hace en nosotros por la acción espontánea de las fuerzas anárquicas”.7
Tras una batalla tras otra, el anarquismo actual, puede verse, no como derrotado sino como triunfante, siempre y cuando se expanda su mirada y se amplie su horizonte.
Precisamente en los tiempos en que parece que son las extremas derechas, el fascismo y el post fascismo, lo que más ha prosperado desde el inicio del siglo XXI, lo cierto es que la crisis de la socialdemocracia gubernamental y parlamentaria, no solamente ha permitido el avance de la extrema derecha sino que ha expandido el horizonte de la extrema izquierda, una izquierda que no tiene nada de extrema, excepto ese calificativo, pues es la izquierda decente, moderada, razonable, aquella que es tildada de extremista por no venderse ni al Estado ni al Mercado.
- David Graeber, ¿Eres anarquista? ¡La respuesta te podría sorprender!, 2013, https://es.anarchistlibraries.net/library/david-graeber-eres-anarquista-la-respuesta-te-podria-sorprender ↩︎
- Peter Gelderloos, La diferencia entre la anarquía y la academia, 2009, https://es.anarchistlibraries.net/library/peter-gelderloos-la-diferencia-entre-la-anarquia-y-la-academia ↩︎
- Hakim Bey, Religión anarquista, 2009, https://es.anarchistlibraries.net/library/peter-lamborn-wilson-religion-anarquista ↩︎
- Hakim Bey, Ibid, véase al respecto: Simón Royo Anarquismo y mística: la ecología anárquica como respeto de lo sagrado terrenal, https://redeslibertarias.com/2026/04/19/anarquismo-y-mistica-la-ecologia-anarquica-como-respeto-de-lo-sagrado-terrenal/ ↩︎
- Hakim Bey, Religión anarquista, Op. cit. ↩︎
- Elisée Reclus, La anarquía y la iglesia, 1900, http://acracia.org/la-anarquia-y-la-iglesia/ ↩︎
- Elisée Reclus, Op. cit. ↩︎
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