Simón Royo Hernández
El anarquismo clásico del siglo XIX fue eminentemente racionalista y moderno, en la era de la lucha contra el Trono y el Altar, contra los reyes y los Papas, contra la Iglesia y el Estado en su forma aún medieval, los anarquistas adoptaron el pensamiento más puntero y certero para combatir tales abominaciones. La asociación con liberales y socialistas para derrocar a los aristócratas fue entonces comprensible. Pero tras un siglo XX en el cual por la parte liberal se ha entronizado al capitalismo y por la parte socialista se dio lugar al socialismo autoritario, desvelándose durante el siglo XXI cómo los sueños de la razón crean monstruos, el anarquismo contemporáneo acoge tanto lo racional como lo irracional, la totalidad de la experiencia humana, como terreno desde el cual luchar contra toda dominación.

Esa deriva del pensamiento anárquico contemporáneo hacia formas mixtas de razonamiento intuitivo al tiempo que, de pensamiento conceptual y científico, impulsada por la integración de las críticas a la Modernidad del postestructuralismo que se han venido a denominar postmodernas ha llevado a que los nostálgicos del anarquismo clásico protesten con vehemencia, queriendo anclar una tradición y practicar una forma de anarquía monolítica y propia de los siglos pasados.

El postanarquismo o la ontología anárquica no pretende negar nada del pensamiento de Bakunin, Kropotkin, Proudhon y otros clásicos que son tenidos en cuenta en su integridad, sino actualizarlos vinculándolos a pensadores contemporáneos de talante anárquico que han manifestado y propuesto tesis relevantes para la evolución, desarrollo y puesta en práctica del anarquismo.
Ir de Reiner Schürmann a David Graeber, pasando por Giorgio Agamben o Cornelius Castoriadis, por Jacques Rancière o Gilles Deleuze, Michel Foucault o Jacques Derrida, como han hecho pensadores contemporáneos como Catherine Malabou, Donatella Di Cesare, Andityas Matos, Miguel Abensour, Tomás Calvo, Jordi Carmona o nosotros mismos, solamente puede enriquecer el anarquismo clásico añadiendo un giro anárquico al pensamiento contemporáneo que entronque y favorezca al anarquismo político, anquilosado y lastrado por el pasado.
Desde un posicionamiento filosófico anarquista contemporáneo, sin embargo, el pasado está lleno de anarquía que reivindicar y una historia de la filosofía anárquica se torna indispensable, una contrahistoria que impugna el relato de la Modernidad y que nos hace ver la anarquía puesta en práctica en lugares y épocas en los que había sido silenciada.
Asimismo, está claro hoy en día que el anarquismo y la anarquía no son ya algo tan específico del proletariado, clase social difuminada por la creencia de que gran parte de las poblaciones de los países llamados más desarrollados serían “clase media”, aunque sigan siendo asalariados y fuerza de trabajo, de modo que “proletariado” ya no está claro a qué grupo social designa y si designa a los que trabajan con sus manos en el campo y la industria, no integraría esa denominación ya hoy en día a los millones de trabajadores del sector servicios, casi inexistente en tiempos de Bakunin, oficinistas, técnicos, trabajadores online y millones de otros que son fuerza de trabajo también.
La anarquía y el anarquismo atraviesan a todas las clases sociales difuminadas y hasta puede encontrarse, como hizo Pessoa, si se quiere admitir la paradoja de su famoso relato, algún que otro Banquero anarquista.
Obviamente las paradojas horrorizan al pensamiento Moderno, pero no tanto al pensamiento contemporáneo, que admite la paradoja y la contradicción, que integra la totalidad del ser humano, con sus aspectos múltiples, polimorfos, cambiantes y paradójicos, para realizar propuestas anarquistas sin cometer los errores eurocentristas, colonialistas, de racionalidad instrumental, tecnificación y cálculo, reductores de la cualidad a cantidad.
En ese sentido lo irracional, el inconsciente, el sentimiento y la intuición son tenidos en cuenta por el anarquismo contemporáneo y de entre lo tenido por esotérico y despreciado como no científico y escasamente racional, también se pueden entresacar lecciones de anarquía, como ha hecho Andityas Matos, al atreverse a pensar y escribir de manera diferente y otra a cómo es obligado en la academia científica, reivindicando bucear en la alquimia, supuesto precedente de la química, para encontrar también en ella a la Anarquía:
“Primera conclusión, por tanto: las contrapolíticas alquímicas son an-arquicas, sin fondo, sin fundamento, sin ser separado, sin mando, sin destino, sin finalidad”1
También otro filósofo anárquico, Giorgio Agamben, ha recogido ideas anárquicas de la alquimia. Agamben equipara el acto de escribir y crear arte con el trabajo del alquimista de la Edad Media, para ambos, el proceso no consiste simplemente en producir un objeto externo —la piedra filosofal o la obra— sino en transformar al propio creador durante el proceso, como expresó en “Opus Alchymicum”, un ensayo publicado en su libro El fuego y el relato, donde demuestra que la transmutación poética y ontológica y la transmutación material están indisolublemente unidas:
“El pintor, el poeta, el pensador —y, en general, cualquiera que practique un “arte” y una actividad— no son los sujetos soberanos titulares de una operación creadora y de una obra; son, más bien, vivientes anónimos que, contemplando y haciendo siempre inoperantes las obras del lenguaje, de la visión y de los cuerpos, buscan tener la experiencia de sí mismos y de mantenerse en relación con una potencia, es decir, de constituir su vida como forma-de-vida. Sólo llegados a este punto, obra y Gran Obra, el oro metálico y el oro de los filósofos, pueden identificarse por completo”.2
Ensayo que comenta Andityas Matos y al que añade, tras citar a Agamben, que además: “el verdadero alquimista (…) cuidándose, trabajando sobre sí mismo, se autodestruye y autoregenera”.3
La Anarquía es como ese alquimista que se autodestruye y autoregenera, como ese fuego que Heráclito consideraba como el elemento primordial, energía siempre fluyente.
Nosotros entonces, siguiendo sus ejemplos y buceando un poco en los grabados alquímicos, especies de cómics mágicos de los que entresacar enseñanzas, hemos encontrado en uno de ellos el más famoso Símbolo anarquista, que seguramente sea de ayer y de hoy, de mañana y de siempre, pues seguramente no tendrá origen, aunque históricamente se le quiera poner fecha. Una A encerrada en un círculo ya aparece y nos habla desde tiempos remotos.4

Y es que entre los grabados alquímicos del siglo XVII del grabador Raphael Custos encontramos ya el Símbolo Anarquista en el centro de una de las cuatro láminas que acompañan al Tratado titulado: Cábala, Espejo del Arte y de la Naturaleza, en Alquimia (de 1615), un enigmático tratado de alquimia y misticismo.
Ese Tratado se atribuye a menudo al editor de Augsburgo Stephan Michelspacher, pero, sin embargo, la única parte del texto del Cábala reclamada explícitamente por Michelspacher es una disculpa preliminar aduladora, referida al médico Johannes Remmelin, donde le pide perdón por haber pirateado su libro anatómico de solapas Catoptrum Microcosmicum (1613). El autor real de Cábala sigue siendo un misterio y permanece anónimo.
Los cuatro paneles son espejos que sirven como portales de magia gráfica, esto es, son una serie de puertas para que los lectores alcancen la iluminación y descubran la piedra filosofal, que, si bien remitía a los ingredientes para convertir el plomo en oro, aquí está interpretada como trasmutación de los conocimientos en verdadero pensamiento y en acceso a la fuente de la vida.
Del panel que nos interesa, en la figura N° 1 se indica el grado de calcinación, que se entiende como regeneración y acumulación. La A al encerrarse en un círculo puede remitir al conjunto del lenguaje. El anónimo autor nos explica la relación entre la ontología, lo que las cosas son, y el arte: “el agua viscosa es el primer ser. Como para vosotros, los blancos, son para leer a través del arte. Nuestra naturaleza nació con la tintura más elevada, los Tres Principios: en ella, nuestra piedra es triple: mineral, animal y vegetal”.
Un esotérico alquimista intuye que lo mineral, animal y vegetal no han de separarse y que estamos formados de ellos, que un flujo primigenio al que denomina agua viscosa está en el origen, y que, si esa es la Naturaleza, el Arte no es sino sacar ese mismo flujo del blanco de un lienzo.
El autor nos insta en el prefacio a completar un círculo, pero hay diversas maneras de adentrarse en él: “Una línea recta atraviesa el círculo por todas partes. Así que ve por uno hasta el centro. También fuera del centro en tres, a través de los cuatro en el círculo completamente libre” (Entrada al lector de este arte).5
Cada lamina compone una Gestalt (figura) cuya observación atenta puede llevarnos a atravesarla, como quien atraviesa un espejo, lo que se nos ofrece como un camino de la sabiduría.
En el grabado que nos interesa aparecen las cuatro cualidades y los cuatro elementos, que sucesivamente son: fuego, tierra, agua, aire, lo caliente, lo seco, lo frío y lo húmedo, factores propios de la Naturaleza correspondientes con las cuatro disciplinas primordiales, la Filosofía, la Astronomía, la Alquimia y las Virtudes, es decir, la Ética, propias del Arte, donde para la Alquimia se centra en cuatro de los espíritus químicos, sulfuro, antimonio, vitriolo y arsénico, mostrando cómo el universo entero está hecho de la misma materia primordial en diferentes estados de evolución.
Dos círculos, uno del lado de la Naturaleza, centrado por la palabra hebrea Zot, significa a la Naturaleza toda como algo divino según el misticismo, otro círculo del lado del Arte, con un círculo central y un punto en su centro.
Vemos que la A rodeada de un círculo está en la parte de arriba de la división en círculos antedicha, hay otras letras que remiten al alfabeto, pero la que nos interesa ya tiene el sentido de que el inicio, la primera letra del alfabeto, contiene la totalidad, el círculo y significa tanto el Orden de las Ciencias y las Artes como el Caos de la Naturaleza primordial.
Como el significado último y el sentido de este espejo o portal, al igual que los otros tres de esta obra, resultan desconocidos, libramos la interpretación de toda historiografía cabalística y pensamos entonces en que la A rodeada en un círculo, el símbolo anarquista, pudo tener ya uno de sus múltiples y plurales orígenes en unas obras esotéricas como la que aquí mostramos.
“La alquimia es una política, una política de la no separación y de la mezcla, del desorden, de la belleza y del peligro, de la transición, de la dismorfia y de la amorfia. Su lógica es la de la mixtura; nada en la alquimia es, sino que todo está continuamente siendo, no hay posiciones fijas, objetos ni métodos previos”.6
Desde luego estamos ante un lenguaje diferente, lleno de lo que hoy denominaríamos errores científicos e interpretaciones arbitrarias, pero la A dentro de un círculo se nos aparece, se muestra, desafiando a nuestra racionalidad desde una oscura Edad Media que no pedía las mismas explicaciones que se darán en la era Moderna.
Un Símbolo es algo intermedio entre lo racional y lo irracional, también el símbolo anarquista que nos evoca la libertad y nos remite al comunismo libertario.
El anarquismo contemporáneo no desprecia nada, absorbe todo lo que puede manifestarse como anárquico y emplea todo aquello que pueda potenciar la libertad, la igualdad y la fraternidad en su no falseada forma moderna, en la manera postmoderna que tiene el pensamiento contemporáneo de operar sobre la realidad vigente y promover la desaparición de todas las dominaciones.

- Matos, Andityas, Contrapolíticas de la alquimia, España, Ned Ediciones, 2024, pp. 95-96. ↩︎
- Agamben, Giorgio, El fuego y el relato, Madrid, Editorial Sexto Piso, 2016, p.108. ↩︎
- Matos, Andityas, Contrapolíticas de la alquimia, España, Ned Ediciones, 2024, p. 83. ↩︎
- Véase no obstante el artículo: https://redeslibertarias.com/2024/04/09/origen-de-la-a-en-un-circulo-el-nacimiento-de-un-simbolo/ ↩︎
- Los cuatro grabados, paneles o láminas, pueden verse en: https://publicdomainreview.org/collection/cabala-spiegel/ ↩︎
- Matos, Andityas, Contrapolíticas de la alquimia, España, Ned Ediciones, 2024, p.28. ↩︎
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Razón tienes Simón, la A en un circulo existe desde tiempos remotos, probablemente desde que se creó el alfabeto, otra cosa es ese grafismo como símbolo deliberado del anarquismo.
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